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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2018

Celebracin por el marxismo mundano de Armando Bartra

Andrs Lund Medina
Rebelin


1. Un marxista mundano

Armando Bartra naci en Barcelona pero es mexicano; es un destacado intelectual pero tambin es un militante; es un lector con rigor conceptual y al mismo tiempo un pensador visual; escribe pero tambin dibuja; conoce como pocos la obra de Marx y como nadie la historia del comic en Mxico; piensa y escribe pero tambin vive y se compromete con causas emancipadoras.

Su familia form parte del exilio espaol que se vino a Mxico luego de la derrota de la Repblica espaola. Aunque formado en una tradicin familiar catalana, Armando Bartra eligi hacerse mexicano. Al parecer, pas brevemente por Ingeniera para luego estudiar la carrera de filosofa en la Facultad de Filosofa y Letras de la UNAM, en los aos sesenta -pero los previos al movimiento estudiantil y popular de 1968, en el que tambin particip como militante de una organizacin de izquierda. Muy joven, entr al Partido Comunista Mexicano para salir casi de inmediato con una escisin que fund al espartaquismo en Mxico. En esos juveniles aos, milit en la Liga Comunista Espartaco, fundada entre otros por Jos Revueltas, escriba en su peridico El Militante e intent replicar La Causa del Pueblo maosta en Mxico, mientras lea a Hegel, a Sartre, al marxista peruano Maritegui y al joven Marx de la mano de Adolfo Snchez Vzquez.

Al mismo tiempo que estudiaba filosofa y militaba, Armando Bartra viva, tena sus experiencias, y empezaba a integrarse al mundo a su manera. Y en esa manera de vivir, leer era importante: por eso lea novelas, clsicas, contemporneas, latinoamericanas, mexicanas; lea historietas o comics (es un conocedor del clsico La familia Burrn); lea el cine y juntaba carteles de cine; lea obras de historia y antropologa, pero sobre todo lea la vida y comenzaba a volverse un coleccionista, pasendose por la ciudad de Mxico, entre reuniones militantes y mercados de viejo Sin saberlo, parece practicar la epistemologa de lo fragmentario a la Walter Benjamin volvindose un paseante as como un coleccionista y un ropavejero de mitos que se atreva a tener experiencias.

2. En la circunstancia del marxismo mexicano

Ya desde entonces, el joven Armando Bartra, haba optado por ser un marxista mundano, integrado a la vida. Estudiaba filosofa pero recibi muy bien la advertencia del casi adolescente Marx: Las profesiones ms peligrosas para un joven son aquella que, en vez de integrarlo a la vida, se ocupan de las verdades abstractas. Pero, ser un marxista mundano, proclamarse un marxista mundano, no es una redundancia? Acaso no el marxismo quera realizar a la filosofa en el mundo, volver a la praxis revolucionaria para cambiar al mundo?

En realidad, el marxismo que apost y se arriesg por la praxis revolucionaria, el de la segunda generacin de marxistas con figuras como Lenin, Rosa Luxemburgo, Trotsky, Gramsci, Lukcs y muchos otros, tambin fue mundano: retom al marxismo para interpretar su mundo y buscar revolucionarlo. Intentaron hacer una Revolucin prodigiosa pero les gan la contrarrevolucin.

Sobre esa contrarrevolucin se levant el Mito de la URSS, el mal llamado socialismo real, que segreg su burocracia y su ideologa con el marxismo ortodoxo y dogmtico (Materialismo Histrico y Materialismo Dialctico), as como su expresin institucional en los autodenominados Partidos Comunistas, que se olvidaron de la praxis revolucionaria para servir a la burocracia de la URSS.

En sus mrgenes creci lo que se llam el marxismo occidental: un marxismo acadmico, desligado de las cuestiones econmicas y polticas, dedicado a las llamadas cuestiones superestructurales: la filosofa y la epistemologa, el arte y la esttica, la ideologa Esos eran los marxismos no mundanos que dominaban en el mundo, y en Mxico, hasta los aos sesenta.

El marxismo ortodoxo, abiertamente estalinista, haba sido sistematizado y expuesto por Vicente Lombardo Toledano e institucionalizado en el PPS (que subordin por aos al PCM), como Materialismo Dialctico (de las leyes del Ser) y Materialismo Histrico (de la leyes de la Historia) para imponer el Dogma de la revolucin por etapas (primero, desarrollar el capitalismo y, despus, plantearse el socialismo) que sirvi para apoyar al PRM (que luego devino en PRI) y al gobierno en turno incluso despus de la matanza del 2 de octubre de 1968.

De ese marxismo, que fue tambin el del PCM, se liber Jos Revueltas para abrir el espacio para una estela de marxismos disidentes en los aos sesenta y setenta: algunos teorizantes como el de Jaime Labastida, algunos militantes como el de Enrique Gonzlez Rojo o el del propio Revueltas, otros maoizantes como el de algunos espartaquistas, algunos trostkistas, como el del PRT

Pero el marxismo acadmico tambin se cultiv en Mxico, con dos importantes expresiones que Armando Bartra conoci directamente: el de Adolfo Snchez Vzquez y el de Bolvar Echeverra.

Aunque el marxismo de Snchez Vzquez quiso replantearse como Filosofa de la praxis, todava pes en parte de su obra el marxismo ortodoxo y la censura comunista: tal vez por eso, la praxis a la que se refera era ms poitica que tico-poltica, y se ocup ms del arte y la esttica que del mundo y su transformacin. Con todo, Armando Bartra estudi con Snchez Vzquez cuando ste buscaba en el joven Marx ideas para su esttica (aunque dej de lado su Dialctica de la Enajenacin). De hecho, los textos marxistas de Snchez Vzquez ms interesantes son los ltimos, aquellos en los que trata la cuestin del socialismo y de la praxis tica-poltica. El otro marxismo acadmico que conoce Armando Bartra es el de Bolvar Echeverra, filsofo ecuatoriano que viene a Mxico luego de estudiar en la escuela de Frankfurt. El suyo fue un marxismo liberado de la ortodoxia que se propona volver sobre el Marx maduro y leer El capital, para luego pensar la cultura desde el marxismo.

El marxismo de Armando Bartra viene, entonces, tanto del marxismo marginal que abre la ruptura de Jos Revueltas con el partido comunista y del marxismo mundano y militante del espartaquismo, pero tambin del marxismo acadmico de Snchez Vzquez, que lo llev al joven Marx. Pero su marxismo adquiere forma cuando participa, con Bolvar Echeverra y otros, en el Seminario de El Capital., que se desarrolla en la Facultad de Economa de la UNAM. En ese Seminario no slo adquiere forma el marxismo renovador de Bolvar Echeverra o el de Armando Bartra, tambin el de Jorge Juanes (que abandona para dedicarse a pensar el arte) o el marxismo de la comuna de Jorge Veraza.

Por cierto, aos despus, en los aos ochenta y noventa, con la cada del llamado socialismo real, una generacin de marxistas va a renegar del marxismo (el de la versin estalinista en la que se haban formado) y virar hacia la derecha en un viaje institucional que va del PCM al PSUM y de ste al PMS (en los que todava se mencionaba al socialismo en sus siglas) para finalmente volverse PRD (y la revolucin deba ser democrtica en los marcos institucionales liberales) y luego MORENA.

Pero el fenmeno fue mundial.

La gran mayora de los partidos autodenominados comunistas se colapsaron en todo el mundo con la cada de la URSS y el mal llamado socialismo real. Sin embargo, todos ellos ya eran partidos infectados por el dogmatismo y el autoritarismo contra-revolucionario estalinista.

Por eso, en Europa del este, sociedades enteras renegaron del marxismo y del comunismo, que identificaban con la ideologa y la dictadura estalinista. En la Europa del oeste, gran parte de los dirigentes y militantes comunistas abandonaron sus dogmas de fe (la URSS como la patria del socialismo y un marxismo simplificado en clave estalinista) y se volvieron hacia la derecha neoliberal o se reciclaron como socialdemcratas (el caso ms ejemplar fue el PCI), pero lo hicieron exactamente cuando la socialdemocracia asuma abiertamente los dogmas del liberalismo econmico y poltico.

De este modo, muchos ex-comunistas pasaron del dogmatismo estalinista al dogmatismo neoliberal, de la dictadura burocrtica a la dictadura del Capital, del autoritarismo poltico al autoritarismo del mercado.

En esos aos se viva el Fin de la Historia (el capitalismo triunf sobre el fascismo y el comunismo), de las Utopas (que incluso se vean como peligrosas por pretender ir ms all del capitalismo realmente existente), de las Ideologas (la lucha de ideas ha terminado) as como la imposicin dogmtica del pensamiento nico neoliberal, esto es: de una doctrina extremadamente simplista, determinista y economicista, teleolgica y racionalista.

3. Un marxismo que se mundaniza y se vuelve heterodoxo

En esos aos, muchos marxistas mexicanos, supuestamente radicales, no slo tiraron o remataron sus bibliotecas de libros de marxismo sino que se volvieron furibundos liberales, siguiendo y alabando a Octavio Paz y luego a Enrique Krauze, buscando puestos polticos donde fuera, incluso en el PAN.

Despus de los aos posteriores al colapso del socialismo irreal y del marxismo ortodoxo, cuando soplaban los vientos cnicos y posmodernos, declararse marxista ya no sonaba subversivo sino anacrnico. Sin embargo, pese a que los vientos soplan y soplaban en contra, Armando Bartra se mantuvo y mantiene en su empeo por renovar, ampliar y enriquecer a un marxismo que deba y debe ser mundano. No por casualidad, en el Prembulo de su extraordinario libro El hombre de hierro, pone como epgrafe, citando a John Berger: S, entre otras cosas, sigo siendo marxista.

En los aos sesenta, Armando Bartra era un joven marxista mundano que buscaba en el joven Marx un marxismo de la praxis, diferente al marxismo ortodoxo, fatalista, determinista y economicista. Pero tambin tomaba distancia de la moda estructuralista y del marxismo estructuralista y positivista de Althusser (que atrajo fatalmente a otro brillante joven marxista como Carlos Pereyra), buscando en el Sartre de la Crtica de la Razn Dialctica un marxismo del sujeto y de la libertad, de la praxis como capacidad de negar la negacin del sujeto. Tambin era lector del marxismo latinoamericano, encontrando en el peruano Jos Carlos Maritegui, que valoraba el papel de los campesinos y los indgenas en la revolucin socialista, a su principal representante. Tal vez en l encontr el proyecto de mundanizar el marxismo y hacerlo indoamericano con estas clebres palabras: "No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en Amrica calco y copia. Debe ser creacin heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano."

En esa tentativa, Armando Bartra quiso conectar al marxismo con la tradicin revolucionaria mexicana y por eso pas de leer a Lenin o a Mao a leer a Ricardo Flores Magn, publicando un libro sobre sus escritos en Regeneracin.

Pero la posibilidad de la mundanizacin del marxismo se la ofrece el Acontecimiento que supuso ese ao prodigioso que fue el de 1968. El ao de 1968 supone una ruptura en el tiempo histrico porque en l se condensan muchas cosas extraordinarias, no slo la ofensiva militar del pueblo vietnamita que acabara por expulsar, aos despus, al ejrcito invasor norteamericano sino, sobre todo, la masiva rebelin estudiantil y juvenil en Alemania. Estados Unidos, Francia, Mxico, que cuestion radicalmente al orden capitalista. En Pars, el mayo de 1968 pareca el ensayo general de la revolucin pues se generaliz la huelga ms extensa de estudiantes y trabajadores de la postguerra. Sobre este Acontecimiento escribi Armando Bartra uno de sus primeros textos: 1968 el mayo de la revolucin, en el que narra cronolgicamente los hechos de ese movimiento en breves captulos, muchos de ellos con epgrafes de Mao.

En Mxico, 1968 signific un enorme movimiento estudiantil y popular que, de julio a octubre, puso en crisis al rgimen poltico mexicano, ferozmente autoritario. Y Bartra detectaba bien su significado: En el comienzo eran los jvenes. Era verdad: en 1968 se incorpor una nueva generacin de jvenes en la tarea de cambiar el mundo, de volver los ideales una realidad, de hacer mundanos los pensamientos revolucionarios.

-Y despus del 68, el marxismo mexicano rompi con el molde del Partido Comunista mexicano y florecieron cien marxismos. En la propia UNAM se abrieron cursos sobre Marx y en la entonces Escuela Nacional de Economa se organiz un Seminario de El Capital para estudiar esta obra de Marx. Como Bolvar Echeverra lleg antes, le toc dirigir el estudio del tomo I de El Capital. Y como Armando Bartra lleg despus le toc el estudio del tomo III de El Capital, el que trata sobre el proceso de la produccin capitalista en su conjunto.

-Y leyendo el tomo III de El Capital Armando Bartra empez a desarrollar un marxismo fiel a Marx pero heterodoxo en relacin a los propios marxismos crticos que se liberaban del estalinismo y de los manuales de Materialismo Histrico y Materialismo Dialctico.

Estudiando a Marx, Armando Bartra redescubri la importancia de la renta del suelo como parte del proceso de la produccin capitalista, de modo que el capitalismo, segn Marx, no se defina slo por la oposicin de dos clases, los capitalistas que explotan la plusvala a los obreros, sino por cuatro: los terratenientes y los campesinos, caracterizados como otra clase explotada.

Esto pareca ir contra la idea de un marxismo que apostaba por la clase obrera constituyndose en un sujeto revolucionario en su lucha contra el capitalismo industrial, para, con conciencia para s, transitar hacia el socialismo. El hecho de subrayar la importancia de la renta de la tierra y de la explotacin campesina pareca ir contra un marxismo que vea en el campo y en las relaciones campesinas meras supervivencias de un pasado precapitalista.

Pero, por otro lado, subrayar el asunto de la cuestin agraria cobraba sentido cuando en Mxico haba importantes luchas campesinas recuperando tierras y en contra de los latifundios. Sin duda, Bartra estaba abriendo nuevos territorios de investigacin as como la reflexin sobre nuevas polticas desde el marxismo para los campesinos.

Tan importante fue el estudio del tomo III de El Capital trabajado por Armando Bartra que se hizo necesario abrir otro seminario: un Seminario sobre la cuestin agraria, que gener una revista: Cuadernos agrarios, publicada por la Universidad Autnoma de Chapingo. El asunto se desarroll hasta culminar con la organizacin de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, en la que confluyeron diversas organizaciones, entre ellas grupos polticos marxistas que reivindicaban la lucha campesina. En ese marco de reflexiones y discusiones, Armando Bartra escribi sus clebres ensayos sobre los mecanismos de explotacin capitalista de los campesinos (recopilados en su libro El Capital en su laberinto) y sus mltiples libros sobre los movimientos campesinos.

Que es vigente e iluminador en la crisis actual del capitalismo este marxismo mundanizado y heterodoxo, centrado en la importancia de la renta y los campesinos, lo dice el reimpulso de las luchas de los pueblos originarios y de los campesinos, los campesindios, en Mxico y varios pases de Nuestramrica.

4. Un marxismo mundano y renovador

Armando Bartra es un escritor prolfico que ha publicado ms de 30 libros y cientos de artculos y ensayos. Muy joven escribi 1968 el mayo de la revolucin y en su proyecto de mundanizar y mexicanizar el marxismo public en 1977: Regeneracin, 1900-1918: la corriente ms radical de la revolucin mexicana de 1910 a travs de su peridico de combate.

Entre los trabajos que destacan en su incursin en la cuestin agraria est un libro de 1979: La explotacin del trabajo campesino por el capital, que luego incluir con otros ensayos fundamentales sobre la renta y los campesinos en El capital en su laberinto. Pero no deja de escribir tambin sobre los movimientos sociales, particularmente sobre los movimientos campesinos, publicado en 1982: Tierra Y Libertad: El Movimiento Zapatista, en 1985: Los herederos de Zapata: movimientos campesinos posrevolucionarios en Mxico, 1920-1980, en 1996: Guerrero bronco, en 1996: El Mxico brbaro: Plantaciones y monteras del sureste durante el porfiriato, en 2001: Crnicas del sur. Utopas campesinas en Guerrero, en 2003: Cosechas de ira, en 2010: Campesindios: aproximaciones a los campesinos de un continente colonizado, en 2012: Los nuevos herederos de Zapata. Campesinos en movimiento: 1920-2012, en 2014: Haciendo milpa.

Pero tambin escribe sobre sus otras lecturas y publica en 1988: Puros cuentos: 1934-1950, escrito con Juan Manuel Aurrecoechea en dos tomos, as como un Catlogo sobre una exposicin del artista contemporneo Gabriel Orozco. En 2010 publica: Sueos de papel: el cartel cinematogrfico mexicano de la poca de oro y en 2011 saca un hermoso librito sobre el caf: La hora del caf. En 2013 publica otro libro/imagen: Hambre/Carnaval. Y no deja de escribir sobre la poltica en Mxico y en 1992 publica: Desigualdad y democracia, en 1995: El impacto social de las polticas de ajuste en el campo mexicano, en 2002: Economa Poltica del Plan Puebla Panam: foro organizado el 11 de julio de 2001, con Alejandro Alvrez y Andrs Barreda Marn, en 2011: La utopa posible, recopilando artculos y ensayos breves sobre la poltica mexicana.

Sin embargo, es en sus ltimas obras donde el marxismo de Armando Bartra adquiere una mirada ms totalizadora, profunda y compleja, sin dejar de ser un marxismo mundano (enfocado en este mundo), para volverse realmente un pensamiento innovador sin abandonar sus principios crticos, un marxismo libre y liberador, abiertamente utpico y dialgico. Me refiero a obras como El hombre de hierro (2008), Tomarse la libertad: la dialctica en cuestin (2010), Tiempo de mitos y carnaval (2011), Crisis civilizatoria y superacin del capitalismo (2013), Goethe y el despojo (2016) y Hacia un marxismo mundano (2016).

En estas obras de madurez de Armando Bartra su voluntad de forma es ms evidente y eficaz: de hecho, es esclarecedor y divertidsimo su mezcla de lenguaje culto y coloquial, en donde lo mismo se cita a un filsofo (Sartre, por ejemplo) que a Borola Burrn para presentar ms que un argumento, una imagen. Adems, el autor no slo defiende la estetizacin del discurso crtico poltico, apelando a lo mtico (Sorel), a lo apasionado (Croce) o a lo catrtico (Gramsci), as como a las imgenes, metforas, alegoras y narraciones sino que sus grandes escritos (como El hombre de hierro) resultan narrativos (cuentan historias), son metafricos y alegricos (hablan de Monstruos), producen iluminaciones.

Sospecho que Bartra tuvo la tentacin de presentar El hombre de hierro como una novela policiaca ilustrada. La trama podra girar sobre el intento de asesinato de la izquierda. Un famoso detective independiente, Hctor Belascoarn Shayne, se dedicara a investigar el caso asesorado por Armando Bartra. Se descubrira, entonces, que la izquierda no est muerta aunque s mal herida, pero sigue dispuesta a pelear el siguiente round. Finalmente, se descubrira al culpable: un Monstruo enajenado y enajenante, el Capital, que es un asesino serial. La investigacin descubrira sus modus operandi y armara un amplio y detallado expediente, con todas las pruebas en su contra por hacer negocios con el fin del mundo. Pero, como se sabe, no hay Poder Judicial que pueda con ese Monstruo, de modo que la Justicia slo podra venir de una amplia conspiracin de los diferentes (obreros, campesinos, mujeres, pueblos originarios y pueblos contra los megaproyectos, ciudadanos crticos, jvenes), unidos y organizados, con la voluntad de acabar con l. El final de la novela, por supuesto, quedara abierto

Un marxismo contra una filosofa de la historia fatalista

El marxismo crtico de Armando Bartra se levanta contra un marxismo dogmtico que adquiri la forma de una filosofa de la historia -el tristemente clebre Materialismo Histrico- simplificada y simplificadora, perezosa, determinista, fatalista y economicista, racionalista y providencialista.

Su marxismo es todo lo contrario: para Bartra, Marx no construy una filosofa de la Historia sino una crtica al capitalismo, compleja y complejizadora, una crtica activa, que ve a la realidad agrietada y abierta a posibilidades emancipadoras que la libertad proyectada de los sujetos -la praxis social- puede hacer reales, pero sin una razn histrica que garantice la reconciliacin del hombre consigo mismo y con la naturaleza.

-En otra tradicin marxista, la del marxismo trotskista de la Cuarta Internacional, todo ello ha sido planteado y asumido en un extraordinario libro: Marx intempestivo de Daniel Bnsaid, publicado en el ya lejano 1995. En ese libro, Bensad anuncia su lectura de Marx, a contracorriente y contratiempo de sus lecturas pasadas y del abandono de su lectura en el presente neoliberal, determinando tambin las tres grandes partes en las que se divide su libro:

1 Marx crtico de la Razn Histrica: en donde argumenta que no hay en Marx una filosofa de la historia ya que ste, ms bien, la deconstruye, la desacraliza, le quita la seguridad de que logre un fin justo; queda, entonces, abierto a una historia profana, incierta, determinada tanto por la necesidad como por la lucha, con una nueva escritura de la historia: la de los ciclos, ritmos, crisis del Capital, con sus contratiempos y discordancias.

2 Marx crtico de la Razn Sociolgica: en donde razona que no hay en Marx una sociologa que formula clases sociales dadas sino una determinacin mltiple, compleja, totalizadora y sujeta al proceso de la lucha misma que nos permite seguir pensando una sociedad desgarrada por la lucha de clases.

3 Marx crtico de la positividad cientfica: en donde prueba que no hay en Marx un cientificismo positivista (determinista) ni una mera dialctica hegeliana sino una tentativa de construir una ciencia alemana, es decir: un saber complejo de la totalidad y el devenir, que asume su proceso conflictivo, con tendencias y necesidades condicionadas...

Por cierto, el libro cierra con una Contribucin a la crtica de la ecologa poltica que apunta al proyecto ecosocialista reivindicado y aprobado en el XV Congreso Mundial de la Cuarta Internacional celebrado en el 2003.

Las crticas de Marx se implican y complementan, definiendo al marxismo (de Marx), segn Bensad, como una teora crtica de la lucha social y de la transformacin del mundo que por ello mismo es una teora del contratiempo, de la discordancia de los tiempos, de la no contemporaneidad de lo econmico, lo poltico, lo jurdico, lo esttico... Pero es asimismo una teora abierta a las posibilidades: por eso Bensad habla de un Marx transbordador de lo posible un Marx intempestivo, tironeado por el presente, pasado y porvenir, interpretado por lecturas diversas. Y Bensad asume las suyas: las de Walter Benjamin y Antonio Gramsci -y confronta a Popper y la contraofensiva liberal as como al marxismo analtico. En ese sentido, recupera una teora que liga la temporalidad definida por los ciclos infernales del Capital con la poltica, con la estrategia. Se trata de terminar, al fin, con el marxismo subordinado a la razn de Estado, con el que le rindi culto a la Modernidad, y de recuperar a un Marx crtico de la Modernidad: Incierta, la historia no promete ni garantiza nada. Indecisa, la lucha no siempre repara las injusticias.

Un marxismo que recupera la Dialctica de la Enajenacin (de Marx y de Sartre) y la praxis de los sujetos

Ese marxismo sin filosofa de la historia de Armando Bartra se sustenta en el propio pensamiento de Marx: en una dialctica de la enajenacin que desde el joven Marx hasta el Marx maduro caracteriza a su pensamiento crtico.

Recordemos que el joven Marx (1843) empieza a formular su propia filosofa cuestionando ya no la enajenacin religiosa, pues la crtica a los cielos haba sido cumplida por Feuerbach, sino la enajenacin poltica: la de un Estado que se enajena de la sociedad y se vuelve contra ella.

La crtica a esa enajenacin, que no ocurre en la conciencia sino en la realidad poltica, exige una praxis poltica revolucionaria que desenajene al Estado e instituya la democracia.

Tratando de descubrir la razn de esa enajenacin poltica, Marx empieza a llevar a cabo la crtica de la economa poltica (1844), descubriendo la enajenacin del Capital. Para el Marx no slo de los Manuscritos econmico-filosficos de 1844 sino el de los Grundrisse, de la Contribucin a la crtica a la economa poltica, de El Capital, de Las teoras de la plusvala, el Capital es una fuerza hostil, enajenada, ajena al control social, autonomizada, que funciona por s misma mercantilizando y explotando al hombre y a la naturaleza, generando un mundo invertido donde el sujeto (humano) es cosificado y la Cosa se vuelve sujeto dominador como valor que se valoriza. Para desenajenar al Capital no basta la crtica del pensamiento: se requiere una praxis revolucionaria que desinvierta al mundo.

Por eso, en Marx la praxis tico-poltica es un elemento necesario de la Dialctica de la Enajenacin: el momento del sujeto revolucionario que termina con la enajenacin.

El Capital es, por tanto, una fuerza hostil que mercantiliza todo, incluso al ser humano y a la naturaleza (los lmites sociales y naturales del capital, dice Bartra con razn), para explotarlos y exprimirles plusvala.

El Capital es una Mercanca que eclipsa al valor de uso por el valor lucrativo y se enfrenta a nosotros en el Mercado; es Dinero que enajena el ser por el tener, derrumbando los valores cualitativos bifilos de las potencialidades humanas por el valor cuantificador necrfilo del tener; es un hombre de hierro (una mquina) que domina al ser humano de carne y hueso; es el poder econmico que subordina al poder poltico (al Estado), a la Cultura (que vuelve industria enajenante del entretenimiento) y a la propia Ciencia, que vuelve tecnociencia a su servicio.

El Capital, dice Bartra en El hombre de hierro, es multiforme y sus Monstruos enajenados y enajenantes son diversos:

-es el Monstruo que como hombre de hierro no slo se encarna en las mquinas sino en las industrias contaminantes y la megaurbes, en la Bomba y dems armas de destruccin masiva, en la agroindustria y megaproyectos ecocidas

-es el Monstruo apocalptico que ha convertido a las Fuerzas Productivas en Fuerzas Destructivas

-es el Monstruo colonizador y homogenizador que se mete dentro de nosotros

-es el Monstruo ilustrado que coloniza las conciencias con la industria cultural

-es el Monstruo electrodomstico que refuncionaliza al patriarcado y sus inequidades y violencias contra las mujeres

-es el Monstruo insostenible que con su productivismo y consumismo ilimitado promueve el ecocidio acelerado y planetario as como el Vuelco Climtico

-A la pregunta sobre qu es el Capital, ste podra responder como el demonio le contest a Jess: -Mi nombre es Legin.

Ms all de cierto marxismo crtico, Bartra sostiene, con muy buenas razones, que el anlisis crtico-poltico del Capital no puede reducirse a la cuestin de la explotacin (extraccin de plusvala) y a la contradiccin entre el Capital y la clase obrera explotada. Considerando las diversas formas del Capital, el anlisis crtico-poltico marxista debe incluir la explotacin de clase (de obreros y campesinos, de la clase trabajadora) pero tambin el dominio neocolonial y el colonialismo interno, el racismo, la opresin de la mujer y de la diversidad sexual, la exclusin, el autoritarismo poltico, econmico y cultural, la crisis ecolgica Slo as podemos entender la emergencia de los movimientos sociales actuales y la necesidad, agregara Daniel Bensad, de una poltica contra-hegemnica que conforme un bloque histrico anticapitalista.

Para Marx, el Comunismo significa el fin de esa enajenacin, en donde las comunidades de productores libremente asociados pondrn la produccin al servicio del desarrollo de las potencialidades humanas y del equilibrio metablico con la naturaleza.

Sin embargo, para Bartra, y en esto es fiel a Sartre de la Crtica de la Razn Dialctica, la Dialctica de la Enajenacin es ineliminable. Ello es as no porque los seres humanos no pueden afirmarse como sujetos de una praxis colectiva que como proyecto de libertad puedan negar la enajenacin (que es la negacin del propio sujeto). La enajenacin es una amenaza permanente porque esa praxis libre tiende a materializarse en lo prctico-inerte enajenante y porque el proyecto de libertad ya objetivado puede volverse contrafinalidad enajenada por una escasez que es originaria y ontolgica. Por eso, para Bartra y para Sartre, la praxis de sujetos colectivos que afirman su libertad slo puede ser una experiencia pasajera: la vivencia de la utopa, dice Bartra, como xtasis liberador pero momentneo. Para Bartra, la utopa no puede ser un nuevo orden social sino un hacer de colectivos que se afirman como sujetos de una praxis social liberadora.

-Desde la tradicin trotskista no estamos en desacuerdo en la bsqueda de la vivencia de la utopa en las luchas sociales, pero ese nfasis hace perder a la utopa ecosocialista (que puede ser multicultural) como proyecto de crtica anticapitalista y gua para una poltica estratgica de superacin global del capitalismo para la instauracin de un nuevo orden social.

Sin embargo, la mejor tradicin trotskista sabe muy bien que toda revolucin lleva dentro de s la posibilidad de la contra-revolucin (el proyecto libertario que puede volverse contrafinalidad enajenada, en la terminologa sartreana), que todo proceso revolucionario puede segregar burocracias reaccionarias (que la praxis instituyente puede devenir en lo prctico inerte) que traicionen a la revolucin. De hecho, es muy probable que el propio Sartre fuera escptico de la institucin de la praxis revolucionaria en un nuevo orden social por la propia experiencia de la revolucin y contrarevolucin burocrtica rusa. No en vano la Crtica de la Razn Dialctica qued inconclusa cuando Sartre intent comprender la degeneracin revolucionaria a partir de las personalidades de Stalin y Trotsky anlisis que contrasta con el sobrio diagnstico de Trotsky en La revolucin traicionada, en el que realiza un riguroso examen de la sociedad sovitica, considerando su estructura econmica, poltica y cultural, con datos empricos y estadsticos, desde la perspectiva de la revolucin y de su burocratizacin.

Un marxismo ecologista

El inters de Armando Bartra sobre el campo y la vida de los campesinos lo lleva a asumir la crtica radical del ecologismo al capitalismo. Aunque Bellamy Foster ha probado que existe La ecologa de Marx, Bartra vuelve sobre el Sartre de la Crtica de la Razn Dialctica para asumir el conflicto entre la sociedad y la naturaleza ms all de sus relaciones metablicas fracturadas o no: lo hace partiendo de que los hombres se relacionan entre s por la contradiccin entre la praxis productiva y la escasez en su relacin con la naturaleza, lo que no slo genera conflictos y desigualdades sociales sino la amenaza permanente de la contrafinalidad y el extraamiento, es decir: la amenaza de la enajenacin de sus objetivaciones.

Ms all de esta perspectiva filosfica que remite al debate hegeliano-marxista sobre la fatalidad o diferencia entre la objetivacin y la enajenacin, Bartra asume la cuestin de la crisis ecolgica y la examina siguiendo ms a James OConnor que a John Bellamy Foster (al que le reclama su silencio sobre la renta). James OConnor, en su esplndido libro Causas naturales: ensayos del marxismo ecolgico, distingue entre dos tipos de contradicciones que genera el Capital que Bartra retoma, a saber:

1) De acuerdo a la Primera Contradiccin del capitalismo, el desarrollo de las Fuerzas Productivas (FP) choca con las Relaciones Sociales de Produccin (RSP), por lo que se generan crisis de sobreproduccin, que obligan a reestructurar a las propias FP y a las RSP.

-Las FP (la produccin en exceso) chocan con las RSP (la circulacin se frena e impide la realizacin de las ganancias). Este tipo de crisis es la causante de los movimientos sociales tradicionales, de los trabajadores, ya que el Capital frena la produccin con su secuela de desempleo, cada de salarios, miseria. La crisis y reestructuracin implica ms explotacin (trabajo ms flexible y precario) y los trabajadores se limitan a luchar por el empleo, las condiciones laborales y el salario. Un Socialismo no ecolgico slo luchara por nuevas RSP y por el crecimiento de las FP, con una justicia distributiva.

2) De acuerdo a la Segunda Contradiccin del capitalismo, el desarrollo de las FP y las RSP chocan con las Condiciones de Produccin (CP), por lo que se generan crisis de subproduccin, que obligan a reestructurar a las FP, las RSP y a las mismas CP.

-Las FP y las RSP entran en oposicin con las CP: la naturaleza y sus ecosistemas sufren deterioro ecolgico, la fuerza de trabajo sufre daos fsicos y mentales, la infraestructura o capital social se privatiza y vende sus bienes y servicios generando ms miseria. Este tipo de crisis es la causa de los nuevos movimientos sociales: ecologistas, urbanos, feministas, campesinos, indgenas y de sectores de trabajadores, ya que la afectacin de las CP implica desatencin de salud y seguridad, devastacin y contaminacin ecolgica, as como el deterioro o descuido de la infraestructura social. La crisis y reestructuracin de las CP implica incrementar la privatizacin y mercantilizacin de los servicios pblicos y de la naturaleza, afectando la reproduccin social de la fuerza de trabajo y la reproduccin de la naturaleza, de modo que los nuevos movimientos sociales luchan por: 1) la salud y la seguridad de los trabajadores, 2) contra la privatizacin, agotamiento o contaminacin de los recursos naturales (disputas por tierras y bosques, agua, transgnicos, desechos txicos, etc.), y 3) contra la privatizacin y mercantilizacin de la infraestructura social (salud, educacin, etc.), que consideran bienes comunales o inters pblico. Un Socialismo ecolgico (un ecosocialismo) luchara por nuevas RSP y el control democrtico de las FP y las CP, por una justicia distributiva y productiva, con su vertiente anti-capitalista que pone en cuestin al Mito del Progreso y a la ilusin tecnolgica.

Gracias a la tematizacin de la segunda contradiccin se hace visible la tentativa de privatizar y convertir en mercanca a las CP (a la Naturaleza, la fuerza productiva humana y el capital social o infraestructura) a travs del Estado. Permitirlo es abrirle la puerta al Capital para que se apropie de ellas y las domine, dejando de ser bienes sociales, naturales o servicios pblicos para convertirse en medios de lucro; dejar que ello suceda es aceptar que el Capital prive a la sociedad de sus bienes sociales, arrebate a las comunidades sus bienes naturales o quite a la sociedad los servicios pblicos; adems, es permitir que sean explotadas, degradadas y destruidas por la lgica de las ganancias que se concentran en un grupo social oligrquico y minoritario.

Bartra asume esta distincin de OConnor y relaciona la segunda contradiccin del Capital con la llamada acumulacin por desposesin o despojo desarrollada por David Harvey. Es verdad que el despojo bien puede caracterizar al capitalismo desmecatado y gandalla de nuestros tiempos, pues el Capital se mueve buscando, por medios violentos y delincuenciales, despojar, privatizar, mercantilizar las CP, sobre todo como bienes naturales: tierra, petrleo, metales, agua, aunque tambin presas o carreteras, etc. Pero hace una distincin analtica importante: el despojo no es en s mismo acumulacin capitalista: es un paso previo que se vuelve acumulacin si forma parte, como en efecto ocurre, de la acumulacin ampliada que se sustenta en la explotacin de plusvala. Y, explica, el despojo se vuelve acumulacin a travs de la renta. La renta sobre la tierra, el petrleo, el agua, la biodiversidad, etc., no viene de los propios bienes naturales sino de la inversin capitalista que obtiene sobreganancias a partir de bienes naturales escasos monopolizados, apropindose de esta manera de parte de la plusvala social. El despojo y saqueo ecocida es brutal en el siglo XXI porque el capitalismo de nuestros tiempos es rentista y se enriquece en las crisis de escasez (de petrleo, agua, alimentos, etc.). A mayor escasez, ms ganancias rentistas. Para este Capital rentista, el fin del mundo, el ecocidio, es un buen negocio. Esta es la dimensin que Bartra pretenda meter en su polmica con Blanca Rubio sobre la crisis alimentaria.

-Para el marxismo de la Cuarta Internacional, es importante ecologizar al marxismo y por eso, decamos, el XV Congreso Mundial de la Cuarta Internacional, celebrado en el 2003, se asumi como Ecosocialista, abandonando el productivismo y pensando a la revolucin como el freno de urgencia. El siguiente Congreso discuti centralmente el tema del Cambio Climtico, que ahora redefinimos como Vuelco Climtico para salirnos de la discusin sobre la historia de la Tierra y centrarnos en la historia del capitalismo como principal causante de este desastre natural que tiende a volverse una amenaza para la supervivencia de la civilizacin y la especie humana.

Un marxismo holstico y radicalmente crtico

Armando Bartra reivindica un marxismo crtico, holstico o totalizador pero complejo y complejizador, que rompa con los enfoques disciplinarios y se vuelva abiertamente interdisciplinario, pero sustentado en la propia dinmica del Capital.

Con ese enfoque aborda la crisis actual del capitalismo, a la que llama la Gran Crisis. As como el Capital es multiforme y se encarna en distintos Monstruos, su crisis tambin es multiforme pero, insiste Bartra, es una, que se expresa en diversas crisis entrelazadas: crisis medioambiental (determinada por los efectos del Cambio Climtico), energtica (como escasez de combustibles fsiles), alimentaria (por escasez y especulacin, pero tambin por el agotamiento de la fertilidad de la tierra), sanitaria (en la explosin de enfermedades de pobres y de ricos), migratoria, poltica, blica, econmica (por el derrumbe del sistema financiero especulativo). Aunque admite que afirmar que es una Gran Crisis con varias dimensiones es una simplificacin, prefiere decir eso que sostener el monlogo disciplinario que la reduce a una dimensin.

-En ese entrelazamiento de crisis habra que tomar en cuenta el crecimiento de la miseria espiritual que promueve, de acuerdo a Fromm, el carcter social del modo del tener (necrfilo) por encima del modo de ser (bifilo) que nos ha llevado al avance de la insignificancia (Castoriadis), a la era del vaco (Lipovetsky), a la vida de consumo (Bauman) y a una enorme crisis de las relaciones humanas que se manifiesta con fenmenos como el amor lquido o las crisis de las estructuras de acogida y las transmisiones (familiares y escolares) y en las relaciones intergeneracionales en las que prevalece la incomunicacin. Por cierto, en algunos textos de Franz Hinkelamert se incluye otro Monstruo, el de la racionalidad instrumental capitalista y otra crisis, la ms grave segn l: la crisis de las relaciones humanas pues cada vez se desvanecen ms los mundos intersubjetivos de modo que los lazos de apoyo, solidaridad, fraternidad, dilogo, encuentro, acuerdo, amor, compasin, justicia, etc., se diluyen y se colapsan. Daos colaterales de la sociedad lquida, dira Bauman, es decir: efectos de los cambios culturales ocurridos en la fase neoliberal del capitalismo gandalla.

-Pero Bartra quiere distinguir su concepcin de la Gran Crisis de las crisis econmicas tal y como se han entendido desde el marxismo.

Mientras que la Gran Crisis es una crisis de escasez (de recursos naturales, de combustibles, de alimentos, de tierras y aguas, etc.), las crisis recesivas son crisis de sobreproduccin. La Gran Crisis es una crisis externa que se debe al choque de las FP y las RSP capitalistas con las CP (naturales y humanas), al ecocidio, el deterioro de la calidad de vida y de las posibilidades de reproduccin de la propia vida; en contraste, las crisis recesivas son crisis internas que se deben a la competencia capitalista, al desplome de ganancias. Las crisis recesivas son coyunturales, breves y cclicas, meros tropiezos econmicos que alientan renovaciones; en cambio, la Gran Crisis es estructural, civilizatoria, que supone un deterioro duradero de las condiciones naturales y sociales de la produccin.

En realidad, quizs el trmino crisis encubra lo que dice Bartra: desde la perspectiva de la ecologa anticapitalista, la escasez no es cclica o pasajera sino una tendencia devastadora que promueve un capitalismo que por fin ha convertido las Fuerzas Productivas en Fuerzas Destructivas: en literal destruccin de la naturaleza, de recursos naturales, de tierra productiva, pero tambin de vida humana, de tiempo de vida, de sociedad y comunidad, de futuro. Todo indica que el Capital top con sus lmites: de crecimiento econmico y devastacin ecolgica. Algunos analistas del capitalismo sostienen que la economa mundial en su conjunto tiende a disminuir en su crecimiento a partir de la dcada de 1970 hasta nuestros das. Lo cierto es que las tasas de crecimiento anual de los pases de la OCDE vienen cayendo desde 1960, y son los que presumen de tener las mejores economas del mundo. Por otra parte, los salarios mundialmente han decrecido mientras que crece el desempleo por todos lados (hay quienes hablan del fin del trabajo), generando el trabajo precario (sin derechos) y la exclusin. Por otro lado, el Capital ha provocado un Ecocidio global y acelerado que ha destruido, hasta ahora, ms del 45% de los ecosistemas del planeta, provocando adems un cambio climtico que puede tener consecuencias catastrficas para la humanidad. A esto se le puede llamar, tambin, crisis civilizatoria del capitalismo, que nos remite al agotamiento de la era del Capital en tanto que:

1) es un sistema que ya no puede prometer una vida social mejor pues slo puede ofrecer empeorar la existencia humana (se termina as con los Mitos del Progreso, del Desarrollo, del Crecimiento capitalista), y

2) es un sistema enajenado vuelto contra nosotros y contra la naturaleza que ha chocado con sus lmites: si el capitalismo es un sistema que pretende producir y producir de manera ilimitada, lo cierto es que funciona en una biosfera finita a la que destruye aceleradamente al tiempo que impide su regeneracin (se est terminando entonces la "fiesta" del derroche productivista y consumista).

Con todo, tiene razn Bartra cuando seala que slo hay crisis si hay sujetos que la cuestionan y la perciben como necesidad de cambiar o salir del sistema. Esta disyuncin la replantea de otro modo: cambiamos de timonel o hundimos el barco? Ante la Gran Crisis parecen abrirse estas dos opciones. El cambio de timonel es inviable si el barco sigue enfilado hacia el Mito del Progreso, de modo que parece mejor opcin buscar sobrevivir al hundimiento del barco en lanchones dispersos, desarrollando un neoutopismo autogestionario, promoviendo autonomas y redes de economa solidaria, reivindicando el modo de vida campesino como opcin ecolgica y civilizatoria. Ya sabemos el gusto de Bartra por las utopas rinconeras y agrarias

-Sin embargo, Armando Bartra descarta otra opcin: cambiar de timonel y de rumbo del barco, la opcin de la revolucin permanente ecosocialista, es decir: conquistar el poder poltico para iniciar una revolucin permanente como un largo proceso de cambios polticos (democratizadores), econmicos (un nuevo orden con una economa del sujeto humano), culturales, de la vida cotidiana, tanto a nivel nacional como internacional, porque el ecosocialismo (no uniformador sino multicultural) slo puede serlo a nivel mundial.

Ese proceso implica la vivencia de la utopa: la experiencia de estar cambiando el mundo y afirmando la libertad (como praxis tica-poltica instituyente), pero tambin la necesidad radical (Agnes Heller) de un horizonte utpico que sea referente crtico y estrella orientadora en el viaje incierto hacia un nuevo orden social (praxis instituida).

-Por qu Bartra no menciona esta opcin?

De hecho, l rechaza que las revoluciones del siglo XX, principalmente la rusa, fracasaran por la inmadurez socio-econmica pues ello implicara asumir un inaceptable determinismo economicista. En ese sentido, reivindica al Gramsci que habla de la revolucin contra El Capital pues sta, deca el revolucionario italiano, no es un mero hecho econmico sino un acto que viene de una voluntad social colectiva, haciendo nfasis en el sujeto y la libertad.

Por cierto, en la propia Rusia prerrevolucionaria, Trotsky cuestiona desde su libro 1905, dedicado a relatar y pensar la experiencia del primer soviet de la historia, la concepcin de una especie de dependencia automtica de la dictadura proletaria (socialismo), respecto de las fuerzas y los medios tcnicos de un pas. A eso lo vea como un prejuicio de materialismo econmico simplificado al extremo. Tal criterio nada tiene de comn con el marxismo... Rompiendo con esa concepcin, llega a la idea de la revolucin permanente. En otro texto, Balance y perspectivas, que escribe en la crcel despus de la vivencia de la utopa de la revolucin rusa de 1905, el joven Trotsky explica su concepcin de la revolucin como disputa del poder poltico: La revolucin es una prueba de fuerza abierta entre las fuerzas sociales en lucha por el poder.

Pensando la revolucin en un pas poco industrializado, con una enorme masa campesina y una reducida clase obrera, Trotsky afirma que esa revolucin no ser llevada a cabo por la burguesa sino por el proletariado, realizando tareas de una revolucin burguesa (reparto agrario, libertades polticas) y tareas socialistas (expropiaciones y constitucin de un poder obrero). Para que la dominacin poltica del proletariado no sea slo un episodio pasajero ser necesaria, dice, una alianza con el campesinado, instaurando as una dictadura obrera y campesina como sustento de la revolucin permanente. Como concibe, con los clsicos marxistas, al socialismo como sistema mundial piensa que las condiciones objetivas para el socialismo han sido creadas por el desarrollo econmico de los pases capitalistas avanzados. Pero la revolucin rusa slo podr subsistir si entrelaza su destino con el de la revolucin socialista en Europa. Trotsky no lo saba, pero estaba sacando las mismas conclusiones de Marx despus de la experiencia de la Revolucin de 1848, cuando manda una Circular del Comit Central a la Liga Comunista en marzo de 1850. En este documento Marx expresa abiertamente la idea de la revolucin permanente:

Las peticiones democrticas no pueden satisfacer nunca al partido del proletariado. Mientras la democrtica pequea burguesa deseara que la revolucin terminase tan pronto ha visto sus aspiraciones ms o menos satisfechas, nuestro inters y nuestro deber es hacer la revolucin permanente, mantenerla en marcha hasta que todas las clases poseedoras y dominantes sean desprovistas de su poder, hasta que la maquinaria gubernamental sea ocupada por el proletariado y la organizacin de la clase trabajadora de todos los pases est tan adelantada que toda rivalidad y competencia entre ella misma haya cesado y hasta que las ms importantes fuerzas de produccin estn en las manos del proletariado.

En realidad, Bartra cuestiona una visin de la revolucin ligada a una violencia concebida como partera de la Historia que libera a las Fuerzas Productivas, esto es: como otra versin del Mito del Progreso y como culminacin del Desarrollo econmico. Rechaza la idea de revoluciones sociales vistas como atajos o saltos para alcanzar el desarrollo econmico de los pases imperialistas.

Para l, las revoluciones son procesos largos y lentos. Dice:

Las verdaderas revoluciones son morosas porque su cometido no es alumbrar un cuerpo social ya formado sino modificar de raz el mundo material en entredicho.

Trotsky concibe de esa manera a la revolucin permanente: como toda una poca histrica y mundial en la que las masas toman el destino en sus manos cambiando de raz el mundo con revoluciones polticas econmicas, sociales, culturales, de la vida cotidiana

-Y estas revoluciones comienzan (no culminan) con la disputa del poder poltico. De modo que cuando los sujetos sienten la realidad como crisis, como la Gran Crisis, surge la necesidad radical de cambiar el mundo, el sistema, la realidad. Esa necesidad radical de cambio puede explotar y volverse un Acontecimiento que produzca, en primera instancia, una crisis poltica que abre oportunidades revolucionarias. Por eso es importante, dice Bensad, que las resistencias tengan un horizonte utpico y estratgico as como una expresin poltica.

El problema de las utopas rinconeras o de las islas anticapitalistas de autonoma es que en realidad no pueden escapar de la lgica devastadora del Capital: del ecocidio globalizado y acelerado y del Vuelco Climtico nadie se salva, como tampoco de una tecnociencia tambin demecatada y gandalla que cuanto ms poder tenga, ms peligrosa se vuelve, o de las violencias sistmicas, simblicas y subjetivas, en una palabra: de la barbarie que cada vez ms caracteriza a un capitalismo atravesando la Gran Crisis o crisis civilizatoria. Otro problema de perder el horizonte utpico ecosocialista es lo que ha ocurrido, por desgracia, con las experiencias de los gobiernos progresistas, que quedaron atrapados en la lgica institucional y econmica del capitalismo hasta que el imperialismo y la derecha ms retrgrada decidieron eliminar su mal ejemplo en Amrica Latina.

-Y no es que uno sepa dnde est el ecosocialismo o cmo llegar a l preservando su carcter democratizador, anticapitalista, feminista, libertario, ecologista, descolonizador, igualitario y justiciero, pero el marxismo crtico renovado y renovador no debe perder sus ganas de ser revolucionario porque de otra manera corre el riesgo de volverse un pensamiento conformista que finalmente acepta lo que hay: la utopa rinconera y al gobierno progresista esperando que el barco capitalista se hunda Esto nos lleva a otro problema: cmo hacer poltica emancipadora y revolucionaria? -Me gusta mucho la idea de la praxis carnavalesca, de estetizarla e incluso teatralizarla, de disear acciones simblicas con imgenes, metforas, alegoras y narrativas, pero sigo pensando, con Bensad, que una poltica emancipadora sin partido emancipador, de los trabajadores y oprimidos diversos, no llega a ser poltica. Que debe promoverse una poltica estratgica anticapitalista y contrahegemnica no para hacer la Revolucin, esa las hacen los pueblos, sino para prepararse para la explosin revolucionaria, el Acontecimiento, y generar un amplio poder poltico desde abajo que dispute el poder del Estado para recomenzar la revolucin permanente hacia el ecosocialismo

Un marxismo de la libertad y del sujeto

Contra las concepciones deterministas dominantes en el marxismo, ya sea economicistas o estructuralistas, Bartra ha defendido, con el joven Marx y el viejo Sartre a su lado, el regreso al sujeto de una praxis que al elegir la libertad elige ser una praxis de la liberacin de todos los explotados y oprimidos.

Justamente porque esa praxis tica-poltica es libre, nada la determina y la vuelve efecto de una causa (as sea una causalidad estructural), pero tampoco existe alguna Providencia o Finalidad histrica que asegure el logro de su proyecto.

Aunque liberada de determinismos fatalismos y providencialismos, el sujeto colectivo e intersubjetivo de la praxis siempre est en situacin y desde sta se plantea su proyecto libre y liberador hacia la utopa posible. Con Sartre sabemos que esa libertad puede enajenarse en sus objetivaciones, en lo prctico inerte o las contrafinalidades. Con Trotsky sabemos que toda revolucin encierra el riesgo de una violenta contrarrevolucin.

Slo con un marxismo del sujeto y de la libertad puede concebirse la praxis revolucionaria que hace Historia y ver a la historia como una hazaa de la libertad, como le gusta repetir a Bartra.

Para afirmar la posibilidad de esa praxis e Inspirado en el historiador ingls E.P. Thompson, Armando Bartra ha contado la historia hecha por los jvenes del mayo del 1968 francs, pero tambin la historia hecha por los campesinos zapatistas y por sus herederos. Ha recordado y narrado la historia hecha por Ricardo Flores Magn y por Felipe Carrillo Puerto, por la izquierda mexicana y por los neozapatistas, por los pueblos que luchan contra la minera y otros megaproyectos en Mxico o en Bolivia, y, una y otra vez, la historia hecha por los movimientos campesinos. Ha contado esas historias porque son narraciones simblicas que nos ensean a hacernos sujetos, de preferencia en tiempos prolongados y espacios anchurosos.

Contra los Monstruos enajenados del Capital, contra el marxismo determinista, contra la Gran Crisis, contra el hombre de hierro, Armando Bartra insiste: radicalizar la perspectiva del sujeto. No podemos estar ms de acuerdo en ello.

Andrs Lund Medina, UCI-red

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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