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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2018

Entre el recurso del discurso y el curso de la poltica real de las izquierdas en el poder

Roberto Herrera
Rebelin


Ay, Nicaragua, Nicaragita, la flor marchita de mi querer


Los medios de comunicacin recurren usualmente a la generalizacin del concepto poltico derechas e izquierdas, cuando se trata de diferenciar las diversas corrientes y posiciones poltico-econmicas e ideolgicas existentes en el mundo. Esta costumbre se remonta a los das de la revolucin francesa, en la que los diputados que estaban por los cambios polticos y sociales se posicionaron arbitrariamente a la izquierda del presidente de la Asamblea Legislativa y los que queran mantener el statu quo se ubicaron a la derecha. Al centro se sentaron todas aquellas fuerzas polticas que no tenan un proyecto o agenda poltica propia. Debido a esta reduccin de conceptos, no es extrao, pues, encontrar en el saco de izquierdistas a partidos polticos con programas de gobierno esencialmente de derechas, es decir, con agendas poltico-econmicas que contribuyen al mantenimiento y a la consolidacin del modo econmico capitalista globalizado.

La retrica revolucionaria es tan elstica como una goma de mascar y con ella se puede insuflar burbujas de fantasas y hacer pompas del quehacer poltico. Pero no siempre coincide la teora revolucionaria con la prctica de la poltica real, porque, entre el recurso del discurso y el curso de la poltica real de las izquierdas en el poder, casi siempre encontramos un desfase, una incoherencia y en algunos casos, hasta contradicciones antagnicas.

Cul es la vara entonces, en el sentido marxista, con que se debera medir el verdadero izquierdismo de las izquierdas a nivel global y, en particular, en Latinoamrica?

En primer lugar, el contenido del programa de gobierno y el carcter social (popular o antipopular) de la distribucin de la riqueza del pas y de los recursos que el aparato econmico produce anualmente. Es decir, cules son los beneficios reales y concretos que recibe la gran mayora de la clase trabajadora. En segundo lugar, cules son los poderes fcticos que estn representados en la supraestructura e infraestructura del Estado, es decir, cul es la clase dominante en la sociedad.

Analizadas, as las cosas, se llega irremediablemente a la conclusin que en el conjunto de pases latinoamericanos denominados izquierdistas, el nico estado y gobierno realmente de izquierdas es el de la Repblica de Cuba. Pero esa harina o azcar, es de otro costal.

En los ltimos cuatro meses he ledo muchos artculos acerca de la situacin actual en Nicaragua y he escuchado muchas opiniones relacionadas con la crisis poltica que viven los nicaragenses. Tambin me ha tocado leer la serenata de puteadas que fieles furibundos orteguistas han lanzado contra aquellos traidores, vende patrias y renegados que han osado criticar a San Daniel y a Santa Chayo, es decir al binomio Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Sin embargo, hay dos artculos que me han llamado mucho la atencin en los ltimos das. Primero por ser sus autores, dos conocidos escritores latinoamericanos de renombre en el mbito de la izquierda latinoamericana y, en segundo lugar, por la forma en que ambos intentan a toda costa, revivir o mantener vivos, consciente o inconscientemente, a dos cadveres histricos: El FSLN y la Revolucin Sandinista.

Me refiero al chileno Manuel Cabieses Donoso, director de la revista Punto Final, quien fuera secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) tras la muerte de Miguel Enrquez, el 5 de octubre de 1974 en Santiago de Chile y al argentino Atilio Born, doctor en ciencias polticas y catedrtico de la Universidad de Buenos Aires.

No quiero que mi voz se confunda con los rugidos del imperio o con los ladridos de sus perritos falderos, escribe Donoso en la introduccin de su artculo La leccin de Nicaragua, de lo cual se infiere que el autor no quiere ser catalogado de ser un traidor o renegado de la causa revolucionaria marxista, por su crtica al binomio Ortega-Murillo.

Y sobradas razones tiene Donoso, pues todava en estos das del siglo XXI se sienten los sntomas inhibidores de lo que yo denomino el sndrome del Dcimo Congreso del partido comunista ruso marzo 1921. En dicho congreso se aprob la mocin planteada por Lenin como una medida provisoria para salvaguardar la unidad del partido y defender as la revolucin bolchevique. A partir de esa fecha la formacin de fracciones y, por lo tanto, la crtica constructiva y el debate poltico-ideolgico al interior del partido y en la sociedad quedaron prohibidos. Stalin se bas en esta resolucin, despus de la muerte de Lenin, para reprimir todo tipo de oposicin contra la lnea del partido, es decir, su propia visin de la revolucin y de la lucha ideolgica. Para Stalin, las cosas eran en blanco o en negro. O se est con la lnea del partido o se est en contra. No haba espacio para ningn matiz.

Por eso, durante muchos aos del siglo pasado, cualquier crtica que se hiciera a los gobiernos socialistas o a sus respectivos partidos y dirigentes, despertaba una ola de resquemores en la ortodoxia militante y dogmtica, y en muchos casos, hasta dudas acerca de la lealtad revolucionaria del escritor o del militante disidente. Por eso encuentro valiente la actitud de Donoso al presagiar el derrumbe del gobierno sandinista, y adems por sealar, sin pelos en la lengua, que ese es el destino que la historia reserva a los revolucionarios que traicionan sus principios.

El Binomio Ortega/Murillo me hace recordar a la pareja Robert Mugabe y Grace Mugabe. Ms all de las diferencias, sobre todo las tnicas, hay muchas similitudes en el quehacer poltico y en el estilo de gobernar de este cuadrinomio de polticos vidos de poder.

Atilio Born, por su parte, en su artculo Nicaragua, la revolucin y la nia en el bote, parte del supuesto que Daniel Ortega es el protector o vigilante de la revolucin sandinista. A qu revolucin se refiere Born? La nia que adopt Daniel Ortega en las elecciones presidenciales 2006, ya en aquel entonces no era la nia linda que naci en Len, sino una vieja arrugada e infectada de neoliberalismo hasta la mdula.

Cmo salvar a la nia?, se pregunta Atilio Born. Botando el timonel (Ortega y Murillo) al Gran Lago de Nicaragua y dejando que se hunda el bote (el estado y el gobierno que lo administra) para que se los coman los tiburones? Esa nia que naci de la sangre derramada contra la dictadura de Anastasio Somoza en julio 1979, fue descuartizada por el tiburn imperialista vigilante del Gran Caribe durante la contrarrevolucin de los aos ochenta del siglo pasado.

En el artculo de Atilio Born, l sugiere de manera sibilina la poltica del mal menor. Es mejor que Daniel continue en el timn del barco argumenta el acadmico argentino puesto que no se sabe, s lo que vendr ser peor para los nicaragenses. Despus de la derrota electoral de los 90, se sucedieron en la presidencia de la Repblica Violeta Chamorro, Arnoldo Alemn y Enrique Bolaos, tres gobiernos derechistas y, la verdad es que no s cul fue la diferencia cualitativa entre la situacin actual que se vive en Nicaragua y la que se vivi en esos aos de gobiernos de derechas. No lo s. Atilio Born, recomienda, adems, s no sera ms productivo que toda la flota de botes en esa zona del Caribe y Centroamrica se apresten a ayudar al desastrado (yo dira ms bien desastroso) timonel Ortega para que corrija el azimut revolucionario. La fragata salvadorea Farabundo Mart? El barco petrolero de Maduro? Quin, podra lograr entonces que Daniel de un giro de 180 grados?

La metfora utilizada por Born, para describir la situacin actual en Nicaragua es un intento melanclico de revivir a la nia revolucionaria, la flor ms linda de nuestro querer que Nicaragua fue en el siglo pasado y que muchos apoyamos y defendimos, pero que se marchit y dej de existir hace ya mucho tiempo atrs. Si de metforas se tratar para describir lo que en Nicaragua est ocurriendo o, mejor dicho, lo que le sucede a Daniel, pienso que el cuento de hadas del dans Hans Christian Andersen, El Rey desnudo, es ms apropiado; aunque hay que decir que Daniel de pasmado no tiene ni pizca y no se ha dejado engatusar por nadie, ni siquiera por Rosario Murillo. Pero al parecer s, por el poder y la vanidad, porque stos pueden deslumbrar y dejar ciego a cualquier gobernante.

Tanto Manuel Cabieses Donoso como Atilio Born, en sus respectivas apelaciones, parten de dos premisas falsas. Ni el actual FSLN es un partido poltico marxista revolucionario ni la sociedad nicaragense se encuentra inmersa en un proceso revolucionario. Tanto el FSLN histrico como la revolucin sandinista ya no existen. Ya no son. Dejaron de ser lo que fueron. El FSLN, aquel que Carlos Fonseca fund con otros compaeros en la dcada de los sesenta, siguiendo el ejemplo de la revolucin cubana, el que derrot a la dictadura de Tacho Somoza y el que hizo todo lo posible por derrotar a la contrarrevolucin planificada y financiada por el gobierno de Ronald Reagan, no es el mismo FSLN que dirigen Daniel Ortega y Rosario Murillo. Lo nico que ha quedado son las cuatro siglas y la foto del General de Hombres Libres, Augusto Cesar Sandino. Hasta el color de la bandera lo cambiaron. Lo nico que le ha quedado a Daniel Ortega de su poca revolucionaria es el recurso del discurso antiimperialista, pero el bote que timonea ya no est navegando en los ros de leche y miel de los que retricamente anotara en su diario Toms Borge en sus aos de guerrillero encarcelado ni tampoco creo que el velero Chayo Murillo atraque en el puerto que Sandino so.

Obviamente, la situacin en Nicaragua es muy compleja y tiene muchos matices, como para facilitar un diagnstico diferencial poltico acabado a distancia que se aproxime tendencialmente a lo que ah est sucediendo. Desde afuera, lo que se ve es una inmensa montaa verde a la Omar Cabezas [1] y desde cerca, lo nico que se ven son muchos rboles amontonados. La lucha de clases en Nicaragua se est transformado o ya se transform en un rio revuelto, en el cual todo el mundo poltico quiere sacar provecho.

El devenir del proceso poltico-social y econmico que est viviendo el pueblo nicaragense depender en gran medida de la correlacin de fuerzas de las partes polticas en contienda; pero sobre todo de la actitud de la gente, de la gran masa annima que apoyar o le dar la espalda a Daniel y a Rosario.

En todo caso, no ser ni la solidaridad ni la antipata que se tenga con Daniel y Rosario en el extranjero la que determinar el futuro del pas hermano. Nicaragua, segn parece, est diciendo no al sandinismo de Ortega y Murillo.

Nota:

[1] Omar Cabezas: comandante guerrillero, autor de la novela testimonio La montaa es algo ms que una inmensa montaa verde.

Blog del autor: http://robiloh.blogspot.com/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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