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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-07-2018

Declaracin de la Coordinadora Socialista Revolucionaria
En defensa de la libertad y la democracia sindicales

Rebelin


Luego de la irrupcin electoral masiva de la poblacin en favor del candidato triunfante del partido Movimiento de Regeneracin Nacional (Morena), Andrs Manuel Lpez Obrador (AMLO), una idea est permeando dentro del conjunto del sindicalismo democrtico, e incluso de sectores burocrticos, la de que el nuevo gobierno se comprometa a apoyarlos para sacar de la cpula de sus organizaciones sindicales, a las corruptas y gansteriles dirigencias charras.

En tal sentido, un portal de izquierda, Sin Embargo, se pregunta Podr AMLO llevar democracia a sindicatos que han servido por dcadas a los gobiernos y al PRI?; trabajadores petroleros demandan a AMLO, que su mafioso dirigente, Carlos Romero Deschamps, sea encarcelado; un sector burocrtico del Sindicato de Trabajadores de la Educacin, representado por Elba Esther Gordillo, est al acecho para desplazar a la dirigencia ligada al Partido Revolucionario Institucional (PRI). En el sentido contrario, esta vez contra la democracia sindical, otro connotado lder prista traidor al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), Jorge Snchez Garca, aliado de facto con opositores que vienen de la izquierda radical, como Jos Antonio Almazn Gonzles y Mario Bentez, demandan su intervencin para que haga lo que las bases electricistas repetidamente les ha negado: derrocar a la dirigencia del SME.

Todos estos sectores estn ilusionados en que se repita una espectacular y autoritaria decisin del poder Ejecutivo, como el Quinazo, para encarcelar a los odiados dirigentes charros y que imponga a las dirigencias que l considere las ms representativas y democrticas. Confunden los procesos judiciales como tarea obligada del nuevo gobierno contra la corrupcin que promete combatir, con nuestras tareas como trabajadores y trabajadoras en la construccin de la democracia y la independencia sindicales. Sustentar la democracia y la independencia en esas medidas gubernamentales contra la corrupcin de los lderes corporativos reproduce una mentalidad paternalista, en este caso por parte de un gobierno progresista, renunciando al control de su propio destino y abonando a la edificacin de un nuevo corporativismo. La pregunta que sirve de ttulo al reportaje Podr AMLO llevar democracia a sindicatos que han servido por dcadas a los gobiernos y al PRI? es improcedente e incide en la lgica corporativista que ha sujetado al sindicalismo mexicano durante toda su existencia post revolucionaria, con las excepciones del caso. Lograr la democracia sindical junto con su inseparable independencia poltica y su autonoma frente a las patronales, los partidos polticos y los gobiernos es tarea de los propios trabajadores y no de los gobiernos. De otra manera estaramos hablando de una democracia tutelada que encierra en s misma su negacin. Una autntica democracia sindical jams provendr de ningn gobierno, as sea de un gobierno revolucionario -que no es el caso-, por una sencilla razn: los intereses de Estado, de contar con el control y la fidelidad de las organizaciones sindicales, siempre estar por encima de garantizar la democracia e independencia sindicales. Los sindicatos estn obligados a construir y mantener su independencia an en el caso de que se tratare de un gobierno de los trabajadores, que tampoco es el caso.

La tarea de los gobiernos, incluido el prximo, es respetar los Convenios Internacionales en materia de libertad sindical y derecho de asociacin, contratacin y negociacin colectiva y huelga, as como poner a tono la legislacin nacional Constitucional y secundaria con esos principios amparados por esos Convenios. La reforma Constitucional de 2017, cuya correspondiente ley reglamentaria est en proceso, se tiene que concretar pero habra que advertir que es completamente insuficiente para garantizar esos derechos de todos y todas las trabajadoras. La reforma constitucional aprobada en 2017, que se centra en la justicia laboral, es muy limitada y habra que ampliar sus alcances. Es el caso de que dicha reforma Constitucional ignora que la mera existencia del Apartado B que reglamenta los derechos y relaciones laborales de los trabajadores al servicio del Estado, parte de derechos laborales de asociacin, negociacin colectiva y huelga, muy limitados por no decir que inexistentes. Tambin es el caso pattico -tampoco considerado en la reforma constitucional aludida- de la contradiccin existente en la propia Ley Federal del Trabajo, que por un lado contempla el derecho de asociacin, y por tanto de negociacin colectiva y huelga, de carcter nacional, y por otro lado, en uno de sus apartados especiales, limita ese derecho de asociacin -y por tanto de negociacin y de huelga- a la sola constitucin de sindicatos de gremio o de institucin (de empresa). Nos referimos a los trabajadores de las universidades e instituciones de educacin superior autnomas por ley. El resultado: la violacin del derecho desde la norma misma, el ApartadoB, y en el propio instrumento normativo reglamentario, la LFT. Los trabajadores universitarios conocen con detalle el agravio histrico que signific este atentado en su contra y las nefastas consecuencias que permanecen hasta la fecha no slo en detrimento de los derechos laborales y sindicales de los trabajadores de estas instituciones sino en perjuicio de cualquier pretensin de avance del conocimiento cientfico, tecnolgico y de calidad en y al servicio de los mayoras. Buena parte de la crisis de este nivel educativo puede ser atribuida a la destruccin del sujeto colectivo -el sindicato nacional- y principal protagonista de la educacin universitaria: sus trabajadores acadmicos y administrativos organizados. Construir pues la libertad sindical obliga a una reforma de la LFT para derogar las limitaciones al derecho de asociacin de los trabajadores universitarios.

Es completamente cierto que, con el prximo gobierno, se crean las condiciones de posibilidad para lograr que se acaten los Convenios de libertad sindical y la negociacin colectiva, 87 y 98, de la Organizacin Internacional del Trabajo (OIT), pero estos derechos jams se lograrn si no existe un movimiento sindical autnticamente independiente y democrtico. Nunca ha sido ms cierta la consigna de que la emancipacin de la clase obrera, es obra de la clase obrera misma.

Una clase trabajadora, verdaderamente consciente, jams demandar que el gobierno en turno resuelva sus propios problemas. Podemos, eso s, demandar al nuevo gobierno que juzgue y encarcele a las dirigencias burocrticas por sus delitos del fuero comn y federal; que no los proteja ante las demandas de recuento; que no meta sus manos en los asuntos internos de las organizaciones sindicales; que haga pblicos el registro de asociaciones sindicales y de contratos colectivos, que no obstaculice el nacimiento de las organizaciones sindicales independientes con las tomas de nota. Pero, jams dejar en sus manos la organizacin de las y los trabajadores y la eleccin de nuestras dirigencias.

La cada del gobierno prista no significa que, automticamente, caern las dirigencias charras. Sera confundir la democracia electoral, que incluso apenas se plantea como posibilidad con los resultados del primero de julio, con la democracia real y sustantiva en las organizaciones sociales del campo y la ciudad, particularmente en las de los trabajadores, en sus sindicatos existentes y por construir. Ese objetivo, el de la democracia e independencia sindicales, slo se lograr con la combativa participacin de la clase trabajadora. De hecho, el haber podido sacar del gobierno al PRIAN y al PRD es fruto de ms de 30 aos de lucha de diversos movimientos sociales que hemos resistido los embates del neoliberalismo. Paradjicamente, la misma debacle del PRD, de alto significado, expresa la de la ruta de la transformacin del pas por la va parlamentarista y electorera que privilegi la mayora de la izquierda de la generacin del 68, al tiempo que desnuda los estragos que caus la ideologa neoliberal en la organizacin y en la consciencia de la clase trabajadora y de sus ncleos revolucionarios que en la jornada electoral slo se pudieron expresar como ciudadanos individualizados, y no como clase con opcin propia. Fueron las masas, prioritariamente los y las ciudadanas trabajadoras, las que por la nica va a su alcance, la electoral, las que empezaron a cavar la tumba de sus opresores y las que estn iniciando la verdadera transicin a la democracia real y sustantiva, la que pretende construir la madre de todas la autonomas: la de la unidad democrtica e independiente de la clase trabajadora, la de la ya organizada en sindicatos democrticos -pero hasta ahora aislados y fragmentados- y la del noventa por ciento de trabajadoras y trabajadores, sobre todo jvenes y mujeres, en el sub y desempleo, los desplazados por la automatizacin y la inteligencia artificial, en la informalidad, la subcontratacin, en falso rgimen de honorarios, los homologados, en el autoempleo, migrantes, en el campo, etc., todos ellos y ellas no organizados. Es esta la gran oportunidad y el enorme peligro que abre la irrupcin electoral de las masas como mera posibilidad, que se plantea como disyuntiva: o se acepta el reto de construirse como sujeto unido, organizado democrtica e independientemente del nuevo gobierno, lo que significa recuperar su sentido clasista, o permite con su ausencia o sectarismo que se repita la historia de la debacle pero ahora con tonalidades trgicas.

El mejor ejemplo de esta disyuntiva lo representan nuestros compaeros y compaeras de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educacin (CNTE). El anuncio en campaa de AMLO de la cancelacin de la mal llamada reforma Educativa, en caso de materializarse, ser un triunfo de la CNTE, misma que debe empezar por reconocer el resultado de su persistente lucha de aos para evitar que sean otros, incluidos los charros, lo que se paren el cuello. Es con esa autoridad moral, poltica y educativa-pedaggica que la CNTE ahora puede y debe exigir que efectivamente se cancele tal reforma de forma integral y proponer el proyecto alternativo de educacin, que junto con el resto del sindicalismo de otros niveles educativos, el de la ciencia y la cultura, debe construir para ofrecerlo y oponerlo al de las concepciones empresariales que seguramente seguirn presentes, eventualmente con ms bros. Es el momento que la CNTE debe aprovechar para demandar la realizacin de un Congreso General Extraordinario, electo democrticamente, y nuevas elecciones para renovar al conjunto de las direcciones delegacionales, seccionales y nacional del SNTE. Es, en ese mismo rumbo, el momento para que la CNTE y los dems sindicatos democrticos de la educacin de las universidades, los tecnolgicos, los centros de investigacin y los de la cultura, recuperen sus derechos laborales colectivos plenos y den pasos hacia una nueva organizacin de todos los y las trabajadoras de la educacin, la ciencia y la cultura de todos los niveles. La otra opcin en esta disyuntiva est clara: la renovacin del corporativismo sindical y la imposicin de un modelo educativo pro empresarial, adems de la cancelacin de las aspiraciones ms amplias del conjunto del sindicalismo democrtico.

Por otro lado, es tambin tarea del nuevo gobierno dejar de lado los nimos corporativos del pasado y auspiciar las aspiraciones de autonoma e independencia del sindicalismo autntico. Corresponde en ese rumbo, si la lucha contra la corrupcin aspira a una tonalidad de credibilidad, atacar el ncleo de la corrupcin presente en las organizaciones sindicales y, sobre todo en la relacin de esos sindicatos y centrales con las empresas y con los gobiernos. La as llamada en el mbito sindical, la Delincuencia Sindical Organizada, habla slo de uno de los participantes, los lderes sindicales, en unas relaciones laborales corruptas en las que actan de manera interesada y deliberada, los patrones y los gobiernos. Su expresin extrema, ya lo sabemos, es el sindicalismo y contratismo de proteccin que encuentra su terreno ms frtil en el outsourcing, el bueno y el malo. El malo que viola la ley y el bueno cuya legalidad no alcanza a encubrir su carcter corrupto y mrbido.

Finalmente, consideramos que siendo los derechos laborales colectivos mencionados -derecho de asociacin, contratacin colectiva autntica y de huelga- sumamente importantes y muy ligados a la corrupcin y al control corporativo y patronal de los trabajadores y trabajadoras, lo que obliga a su amplia e irrenunciable defensa, la mayor corrupcin se encuentra en el fraude que significa el establecer como principio rector la promocin del trabajo decente en el Artculo 2 de la Ley Federal del Trabajo aprobada de forma inconsulta por el PRIAN en 2012, y acto seguido, en el resto de los artculos construir justamente la anttesis del trabajo decente: el mundo de la precariedad laboral y sindical. El combate a fondo de la corrupcin pasa por la elaboracin de una Nueva Ley Federal del Trabajo que destierre el engao fraudulento de la ley aprobada en 2012. No se trata de cerrar los ojos ante las evidentes transformaciones del mundo empresarial y del trabajo en su organizacin y en el uso de las nuevas tecnologas de la produccin y la distribucin de mercancas. Por el contrario, se trata de contemporizar, en la regulacin del trabajo y de las relaciones laborales, con los nuevos mtodos de la produccin y la distribucin, con el uso de las nuevas tecnologas, dejando de lado las concepciones retrgradas patronales y del sindicalismo entreguista, disfrazadas de modernas. Se trata de construir nuestra propia concepcin para profundizar las derechos laborales colectivos como la va cierta para un trabajo y vida decentes.

La pregunta de Sin embargo Podr AMLO llevar democracia a sindicatos que han servido por dcadas a los gobiernos y al PRI?, con la ayuda de Abraham Nuncio, puede ahora ser reformulada como Pueden los trabajadores esperar una nueva etapa de mejora? S, pero a condicin de que luchen por ella y no se esperen al prximo periodo electoral.

Por una Nueva Ley Federal del Trabajo!

Crcel a los lderes sindicales corruptos!



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