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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2018

Dinmicas & Feminismo mayoritario
El largo camino del feminismo: dogmas y disensos

Paloma Ura Ros
Pikara Magazine

En un momento de movilizaciones masivas a favor de los derechos de las mujeres, Paloma Ura Ros pone encima de la mesa algunas dinmicas del feminismo mayoritario que la inquietan. Entre otras, el blindaje de las identidades de gnero, el abuso del castigo y de la censura y el estado de pnico moral que propagan lemas como Nos estn matando


Imagen de la multitudinaria manifestacin del 8 de marzo en Bilbao./ Ecuador Etxea

El feminismo en Espaa, tanto en su vertiente organizativa como en sus manifestaciones tericas e ideolgicas, reaparece y se manifiesta con fuerza a la muerte del dictador, y sus avances van paralelos con los avances de la democracia y, a veces, en vanguardia. Sus acciones unitarias son variadas y ocurren sobre todo en los primeros diez o quince aos. Su efecto en la opinin pblica es notorio aunque contradictorio: suscita por igual simpatas y apoyos o rechazos y desconfianzas. Sus logros son impactantes, tanto en lo que se refiere a la accin legislativa como a la penetracin en el mbito cultural y a la fuerza y confianza en s mismas que confiere a las mujeres.

Si nos atenemos a los avances legislativos, en los primeros diez o quince aos se alcanzan las reivindicaciones ms sentidas, enriqueciendo de esta forma la naciente e imperfecta democracia: derechos civiles, derechos sexuales, igualdad formal. Los avances sociales son tambin importantes y se manifiestan en el crecimiento del empleo, la irrupcin imparable de las mujeres en los estudios superiores, su cada vez mayor presencia en la poltica y en bastantes mbitos de la cultura. Pasados, sin embargo, estos primeros aos de logros, llega la percepcin de lo que se dio en llamar el techo de cristal en lo que se refiere a los avances econmicos y sociales, y se ponen de manifiesto con crudeza algunas de las lacras que afectan a la vida de muchas mujeres: los malos tratos, las agresiones sexuales, la intolerancia ante lo que vulnere la norma heterosexual, la persistencia de la cultura machista, el paro y la precariedad laboral.

Por lo que se refiere a la influencia del feminismo sobre la opinin pblica, los efectos han ido variando. Despus de aquella primera poca de impacto y, quiz, de sobresalto, vino una etapa de relativa aceptacin que se manifestaba en las encuestas y en una cierta tranquilidad en la vida social, contrastada con la constante presencia en los medios de comunicacin del goteo incesante de crmenes machistas que suscitaban una condena generalizada y una cierta sensacin de impotencia ante la dificultad de ponerles fin.

La vertiente terica del feminismo se ha caracterizado ms por sus por sus diferencias y polmicas que por sus acuerdos. En estos ltimos quince aos, el Instituto de la Mujer y las organizaciones afines han llevado la iniciativa en el discurso feminista, sin que por ello hayan dejado de orse voces diferentes procedentes de sectores feministas con menor influencia en la opinin pblica. La movilizacin social feminista disminuy, casi limitada a las protestas ante los asesinatos machistas. Pero hubo al menos tres hitos que manifestaban que algo se mova en la retaguardia. Uno de ellos fue la masiva asistencia a las Jornadas que organiz la Coordinadora de Organizaciones Feministas en Granada en diciembre del 2009y en la que aparecieron nutridos grupos de chicas jvenes con novedosos planteamientos. Otro fue la importante movilizacin contra el intento del gobierno del PP de cercenar la ley de interrupcin voluntaria del embarazo, protagonizada por el Tren de la Libertad en enero del 2014, impulsada principalmente por organizaciones afines a PSOE pero con una nutrida asistencia femenina de todo tipo. El tercer hito se est produciendo ahora y parece que tiene un carcter internacional. Comienza con las manifestaciones contra las agresiones sexuales, con el movimiento #MeToo y tiene su eclosin con la impresionante movilizacin del 8 de marzo de 2018 y la huelga feminista. Todava es pronto para valorar esta movilizacin y en qu medida puede modificar o rejuvenecer el discurso feminista.

El feminismo como objetivo y como ideologa

En lneas generales podemos afirmar que los objetivos concretos ms difundidos del feminismo hoy no suscitan grandes discrepancias; los lemas que se han aireado en la huelga feminista estn bsicamente asumidos por todas: igualdad salarial, reparto de los cuidados, erradicacin del maltrato y de las agresiones y de los abusos sexuales. A estas se pueden unir otras reivindicaciones ms minoritarias y polmicas: contra la norma heterosexual, por los derechos de los colectivos LGTBI y por los derechos de las trabajadoras del sexo. Sin embargo, el discurso que subyace o que se expresa abiertamente como discurso feminista mayoritario presenta determinados rasgos que suscitan algunas discrepancias, como las manifestadas ya en los orgenes del movimiento, y que hoy se unen a ciertos posicionamientos propios de una democracia en retroceso. No obstante, el reparo ante algunos de estos rasgos no invalida, en absoluto, lo positivo y liberador tiene el feminismo en la actualidad.

Los principales problemas se derivan de dos postulados caractersticos de algunas corrientes feministas: la confusin del plano estructural con el individual y la conversin del feminismo en un movimiento identitario, muy en la corriente de la actual deriva de los movimientos sociopolticos.

Por lo que se refiere a la primera cuestin, hay una tendencia a desplazar las responsabilidades derivadas de una sociedad todava marcadamente patriarcal hacia los individuos del gnero masculino. No es que no existan culpas, privilegios y complicidades individuales entre los hombres, pero ello no puede hacernos olvidar que tanto hombres como mujeres nos hemos educado, formado y hemos vivido en una sociedad en la que las mujeres hemos ocupado un papel determinado, habitualmente subordinado al gnero masculino. Precisamente por eso, el movimiento feminista, ya desde el siglo XIX, dirigi sus demandas principalmente a los gobiernos y a las instituciones para exigir cambios radicales en las leyes, normas y costumbres. Al mismo tiempo, el feminismo pretenda dirigirse a toda la sociedad para lograr cambios en la conciencia y en el comportamiento social, mediante la educacin, la sensibilizacin y la difusin de sus justas demandas, de suerte que entre todos se pudiera alcanzar una sociedad ms igualitaria, justa y libre. La lucha contra los individuos quedaba reducida a las denuncias de graves abusos perpetrados por personas concretas para las que se peda la accin de la justicia.

En la medida en que se fueron aprobando leyes ms justas e igualitarias para las mujeres, las instituciones y algunos grupos feministas a ellas vinculados tal vez creyeron haber hecho lo suficiente y desplazaron en parte su accin a culpabilizar a los individuos, pero no solo a los individuos concretos que incumplan las leyes o presentaban un comportamiento gravemente machista, sino al gnero masculino en su conjunto. No se trata ya solo de prevenir una agresin o reeducar a un probable machista, sino de dirigirse a todo el gnero masculino como posible y, quiz probable agresor, dominador o abusador de sus privilegios masculinos. El gnero masculino es culpable de machismo hasta que no demuestre su inocencia y buen comportamiento.

Paralelamente, el gnero femenino (la mujer) es, tambin por definicin, la eterna vctima, siempre dominada, subyugada, maltratada y agredida, independientemente de su condicin social, su estatus, profesin, etnia. Porque resulta que si una mujer es agredida o maltratada, lo somos todas las mujeres. Sin embargo, no hay razn para que las mujeres se sientan ms horrorizadas cuando un hombre mata a su pareja que cuando un ultra, por ejemplo, mata a un mendigo, ni han de sentir ms rechazo que el que sienta un varn que muestre su empata y su repudio de la violencia. Cmo se puede entrar en estas subjetividades, no ya personales, sino sociales?

A este victimismo contribuye la predisposicin de ciertos sectores del feminismo a afirmar que toda discriminacin es violencia. En un principio, en el feminismo se reservaba el trmino violencia para el dominio o el abuso ejercido mediante el uso de la fuerza fsica o psicolgica, especialmente la ejercida en el acoso sexual, la violacin o en el maltrato domstico, porque si a todo llamamos violencia, qu nombre reservamos para el maltrato fsico o psicolgico y la violencia sexual, dos de las lacras ms graves que sufren todava muchas mujeres en nuestra sociedad?

Proteccionismo que limita la autonoma personal

Para la mujer-vctima se reclaman constantemente leyes y disposiciones que la protejan y la defiendan, y aunque estas medidas sean necesarias, sin embargo se desconsidera la capacidad de autodeterminacin de las mujeres, y no se tiene en cuenta la importancia de fortalecer la autonoma personal, como ocurre con la exigencia de denuncia y las rdenes automticas de proteccin y alejamiento en los casos de maltrato, sin tener en cuenta las opiniones y deseos de las mujeres. La misma desconsideracin de la capacidad de decidir se manifiesta cuando se considera que las prostitutas estn siempre obligadas o forzadas, confundiendo deliberadamente la trata con la libre decisin, o cuando se decide que ninguna mujer en su sano juicio femenino se prestara a una gestacin subrogada.

Un movimiento identitario

Otro problema emana de tratar de construir un movimiento fuertemente identitario. El feminismo contemporneo nace y se desarrolla en la que podramos llamar etapa de transicin entre la modernidad y la postmodernidad. Por una parte, las grandes luchas sociales interclasistas: del proletariado contra la burguesa; de los pobres contra los ricos, de los colonizados contra los colonizadores, y las grandes luchas ideolgicas: del comunismo contra el capitalismo, de la democracia contra el nazismo y el fascismo, en las que los contendientes se vean atravesados por distintas identidades tnicas, nacionales, ideolgicas y sexuales (o de gnero). Y por otra parte, las luchas identitarias: tnicas (black power), religiosas (islamismo), nacionales (los Balcanes) En este contexto renace la lucha feminista.

En un primer momento, las mujeres que inician este movimiento probablemente no tenan un proyecto identitario claro; de hecho, la mayora procedan de las luchas sociales y del campo de la izquierda. Pasado el tiempo, sin embargo, por la evolucin de los contextos nacionales e internacionales o por la propia evolucin interna del movimiento, al final se encontraron afirmando una identidad fuertela femenina, frente a otra igualmente blindadala identidad masculina. Bien es cierto que a partir de los noventa el propio movimiento pone sobre la mesa las diferencias entre las mujeres (tnicas y de preferencia sexual, principalmente) y posteriormente se cuestiona el concepto de gnero y, por tanto, la identidad fuerte, pero estos cuestionamientos preocupan a sectores minoritarios, o quiz amplios pero menos visibles en el movimiento feminista organizado, el cual, en su perfil ms conocido, sigue apareciendo como un movimiento de mujeres, de todas las mujeres, con una identidad de gnero claramente diferenciada, si no opuesta, al gnero masculino. As, las explotaciones, los objetivos y los intereses son comunes a todas las mujeres. Por ejemplo, en las ltimas movilizaciones se exiga poner fin a la brecha salarial y se ponan ejemplos de diferencias salariales entre directores de cine, presentadores de televisin, catedrticos de Universidad de ambos sexos, desigualdades ciertas e injustificables, pero cmo relacionarlas con los 2,5 euros por hora que cobran las camareras de piso de los hoteles? No tienen estas ms que ver con los contratos precarios y abusivos de camareros, repartidores, peones de la construccin, a pesar de la innegable diferencia salarial por razn de gnero? Sobre todo si tenemos en cuenta el creciente proceso de acentuacin de las desigualdades econmicas y sociales en la actual coyuntura.

Por otra parte, al establecer un estricto binarismo de gnero, clasificando el sexo y gnero en dos formas opuestas que se identifican rgidamente con lo masculino y lo femenino, al construir una identidad femenina rgida, queda poco campo para las ambigedades. As en amplios sectores del feminismo se ve con sospecha y desconfianza al movimiento LGTBI y en concreto al transgnero y no se comprende que se adopte una identidad dbil o mutable, ni se entiende el deseo de trnsitode gnero.

Consecuencias

Basndose en esta concepcin del gnero y en esta identidad femenina fuerte, esta versin del feminismo se ha hecho doctrinaria y dogmtica en determinados sectores del movimiento. Es un feminismo que decide cules son los intereses de la mujer, establece la tica feminista, fija la sexualidad feminista normativa y, finalmente, sentencia quin o qu es feminista o no lo es. Son algunas feministas las que establecen en qu consiste ser feminista y quines traicionan los ideales feministas. Promueven una tica que no admite discrepancias y las disidentes son rechazadas por engaadas o vulneradoras de esos principios ticos. As, las mujeres que defienden los derechos de las prostitutas, y qu decir de las propias prostitutas, estn violando los sagrados principios del feminismo.

Esta identidad feminista fija principalmente en el cuerpo sexuado la identidad o la imagen femenina. La proteccin de la mujer es, sobre todo, la proteccin de su cuerpo. Por ello se entiende que toda intervencin ajena es un atentado a la dignidad e integridad de la mujer. En donde ms claramente se manifiesta la pretendida proteccin de la dignidad de la mujer es en el rechazo a la representacin de las mujeres desnudas o con actitudes provocadoras, ya sea con fines estticos, erticos o publicitarios, y se desconfa de las mujeres que voluntariamente, por las razones que sean (publicitarias, crematsticas), exponen su cuerpo, olvidando que la dignidad est ntimamente ligada al respeto a su autonoma y a sus decisiones. En los primeros tiempos del feminismo unitario predominaba el entusiasmo por la liberacin sexual, el abandono del puritanismo y del pudor a que la educacin religiosa y retrgrada del franquismo nos haba constreido; sin embargo, la influencia del feminismo cultural estadounidense pronto se dej sentir. No se comprende que las mujeres puedan sentirse orgullosas o cmodas con mostrar su cuerpo y su sexualidad, porque consideran que se estn exponiendo a los deseos erticos o sexuales incontrolados de los hombres. Esta idea est explcitamente argumentada en la condena a la pornografa, que lejos de ser considerada como una forma lcita de obtener placer, tanto para hombres como para mujeres, se ve como una incitacin a la violacin, y sin embargo, la pornografa responde en realidad a las fantasas sexuales, al deseo y no al orden de la realidad y del acto.

El anlisis, la censura, la crtica y el castigo

Se ha creado la impresin de un ambiente de agresividad masculina generalizada y de un peligro constante para las mujeres, afirmala autora

La discriminacin, la desigualdad y, a veces, el sometimiento de las mujeres siguen formando parte de nuestra vida social y personal. Ante esta situacin, el feminismo denuncia y se moviliza, como hemos visto en los ltimos tiempos. Pero, adems, algunos sectores mantienen ciertas actitudes que parecen ms dudosas, como es el abuso al recurso de la denuncia judicial y de la censura.Es importante para combatir el machismo que las agresiones (malos tratos, violaciones, abusos sexuales) se denuncien ante los tribunales y ante la opinin pblica, aunque no me parecen defendibles las denuncias annimas contra personas concretas en las redes sociales. Bien es cierto que los tribunales de justicia pueden ser poco o nada sensibles a las exigencias de las mujeres y tambin que el Cdigo Penal puede ser claramente mejorable en su tratamiento de las agresiones sexuales, como ha puesto de manifiesto la reciente sentencia de la manada, pero ello no impide que sigamos denunciando y exigiendo sentencias justas y reformas legales pertinentes.

Sin embargo, al recurrir a los tribunales, se plantean problemas que es preciso tener en cuenta y que muestran las causas por las que muchas mujeres son reacias a denunciar los malos tratos; tampoco se pueden minimizar los problemas que las denuncias por violacin o acoso sexual suponen para algunas mujeres, que prefieren no pasar por el calvario de un juicio o una exposicin pblica de su agresin, mxime con el comportamiento que ltimamente han tenido los medios de comunicacin, aireando todo tipo de comentarios, juicios y opiniones sobre las vidas privadas.

Otra cuestin a tener en cuenta es que, por muy indignante que resulte una agresin machista y aunque se denuncie, no es posible abstraerse del derecho a la presuncin de inocencia del acusado y su derecho a la defensa efectiva y a no reconocer su culpabilidad ante los tribunales. El movimiento feminista hace la denuncia y exige justicia, pero no juzga ni dicta la sentencia, aunque se reserve el derecho de criticar sentencias y tribunales y de movilizarse como protesta.

En la ltima campaa de mbito internacional contra el acoso sexual bajo la etiqueta #MeToo, que ha alcanzado un inusitado protagonismo, y las polmicas suscitadas, se consigui hacer relevante ante la opinin pblica un verdadero problema que genera sufrimiento a muchas mujeres. Pero en la campaa hay algunos aspectos sobre los que conviene reflexionar. Se ha tendido a mezclar conductas gravemente criminales, como las agresiones ejercidas haciendo gala de violencia, intimidacin o poder, con otras conductas que, si bien pueden ser rechazables, no presentan la misma gravedad: acosos de menor intensidad, muchas veces ejercido por amigos o compaeros de trabajo, como puede ser un tocamiento o un beso no deseados, una invitacin insistente, ciertas miradas lascivas, los chistes verdes e inclusos requiebros y piropos que pueden molestar u ofender a algunas mujeres, mientras que a otras les resulta indiferente. Hay conductas que constituyen delitos y que siempre o casi siempre se deben denunciar, pero hay otros comportamientos a los que las mujeres pueden y deben responder con su protesta y su rechazo; esta es la mejor manera de hacer ver a los acosadores el derecho de las mujeres a su libertad sexual y a su autonoma. Tambin es importante la actividad educativa en los centros de trabajo o de estudio que se pueden activar desde los planes de igualdad, por ejemplo.

El problema es que al aparecer todos estos comportamientos, ms o menos agresivos, ante la opinin pblica y con insistente publicidad, se cre la impresin de un ambiente de agresividad masculina generalizada y de un peligro constante para las mujeres; es decir, se dio lugar a lo que podemos considerar un pnico moral. Los pnicos morales tienen como base, habitualmente, algn hecho o varios hechos reales que tienden a generalizarse y a convertirse en pnicos. Aunque no exclusivamente relacionados con la sexualidad, hemos tenido ejemplos que se aproximan a crear una situacin de alerta generalizada. Hace unos aos fue el bullying o acoso escolar: pareca que los centros escolares se estaban convirtiendo en centros de tortura. El maltrato en la pareja es otro ejemplo; sin querer minimizar su importancia, el foco se poneen los asesinatos, y parece que todas las mujeres corremos serio peligro de acabar nuestros das bajo el hacha del verdugo. Frases del movimiento feminista, como nos estn matando o Espaa no es un pas para mujeres son indicativas de este estado de nimo. Al mismo tiempo, se difunden datos de encuestas que arrojan una situacin de violencia muy extendida entre la poblacin, especialmente la juvenil, entre otras razones porque las encuestas no establecen claramente una diferencia entre el maltrato con el no tratarse siempre bien; sin embargo, algunas investigadoras sostienen que, si bien en la adolescencia y juventud perviven comportamientos violentos, ningn estudio demuestra que la juventud sea ms violenta que el resto de la poblacin o que lo sea ms que en el pasado. Ahora puede ocurrir lo mismo con el acoso sexual.

Los delitos de odio

Nos encontramos, a veces, con la expresin de ideas y comportamientos que no implican violencia o coaccin fsica, sino verbal, figurativa, plstica, musical, que no suponen acoso sexual o que no incitan abiertamente a la violencia, aunque puedan hacerlo de manera indirecta. Con frecuencia, estas expresiones tienen un contenido racista, antisemita, homofbico o misgino. La gravedad de estos ataques ha llevado al legislador a introducir en el Cdigo Penal la tipificacin de los delitos de odio (art. 515.4). Este nuevo artculo ha recibido numerosas crticas desde mbitos jurdicos y democrticos porque su redaccin es sumamente ambigua y general y permite la tipificacin como delito de aquellas crticas o descalificaciones dirigidas contra quienes no nos gustan, desaprobamos o incluso hasta odiamos, pero acaso es delito odiar? El Cdigo Penal es un instrumento que solo en ltima instancia se debe utilizar, y sin embargo, los poderes pblicos recurren a los tribunales cada vez con ms frecuencia para abordar los problemas sociales y polticos, haciendo dejadez de su responsabilidad como dirigentes democrticamente elegidos. No parece oportuno que el feminismo y el movimiento LGTBI invoquen este artculo del CP sobre delitos de odio; su denuncia debe centrarse, como han hecho siempre, en la crtica y en la movilizacin social.

Otras veces, sin que se presente denuncia judicial, se alzan voces desde el feminismo y desde los Institutos de la mujer que piden a la Administracin que prohba, retire o censure determinadas manifestaciones, lemas, artculos o carteles que son discriminatorios o que denigran verbal o visualmente a determinados colectivos o que lesionan el principio de igualdad. En estos casos debera predominar la libertad de expresin y no la prohibicin o censura; en cambio, se debe ejercer con firmeza el derecho a la crtica ante cualquier ataque a la dignidad e igualdad de las personas. Por otra parte, el sentido denigratorio de algunas de estas expresiones es discutible o, en todo caso, opinable, como las representaciones o referencias al cuerpo femenino o a su sexualidad, cosa que ocurre con frecuencia en el mbito de la publicidad.

Los estereotipos. El arte, la literatura

En el movimiento feminista se han combatido los estereotipos que han moldeado en parte nuestra cultura; es decir, los papeles, caractersticas y rasgos que se atribuyen a la masculinidad y a la feminidad y que, en gran parte, contribuyen a mantener la situacin de desigualdad y la heterosexualidad como norma. Es importante desvelar y tratar de superar la influencia de estos estereotipos tal como se dan en la vida real, en la relacin entre las personas, en las relaciones sociales, en las costumbres, en la educacin, etc.

Blanco de las crticas feministas suelen ser a algunos aspectos de la cultura popular y tradicional: canciones, chistes, monlogos, refranes Sin embargo estas manifestaciones son actos culturales que pueden analizarse, si es el caso, en su contexto histrico y social, pero respetando y, por qu no?, disfrutando o divirtindose con su expresin.

Ms grave parece la creciente tendencia a la crtica y a la censura de determinadas obras de arte o de literatura que no se ajustan a lo polticamente correcto, especialmente en el mbito de lo sexual (aunque no solo). Se han censurado y prohibido en exposiciones y museos obras de reconocidos artistas, como fotografas de Mapplethorpe o cuadros del pintor austriaco del siglo XIX, Egon Schiele, y se han criticado como perniciosas y ofensivas novelas como Lolita, de Vladimir Nobokov o Memoria de mis putas tristes, de Garca Mrquez. Si seguimos en esta dinmica acabaremos tapando los genitales de nuestras esculturas, como en el Museo Vaticano, o retirando de su exposicin obras como El rapto de las sabinas (incita a la violacin?) y, en justa reciprocidad, las obras de Caravaggio, Judith y Holofernes (Judith seduce a Holofernes para poder cortarle la cabeza) o Salom y la cabeza del Bautista Es cuanto a la literatura, pocas obras maestras se salvaran, y podra quiz empezarse por prohibir una de las ms grandiosas obras teatrales, la Medea de Eurpides, porque ay Medea mata a sus hijos para vengarse de su amante.

Lo mismo que al hablar de la pornografa y de las fantasas sexuales distinguamos entre lo vivido y lo soado o imaginado, en el caso del arte y de la literatura hemos de tener en cuenta que se dirigen a nuestras emociones, a nuestra capacidad de percibir la belleza, el dolor y el horror, la bondad y la maldad y tambin a nuestra razn. Pero no son obras didcticas, no nos muestran cmo debe ser la vida, sino cmo el artista percibe en un momento dado las emociones, la pasin, el sentimiento o la razn, y los lectores lo perciben como les parece en el momento de su contemplacin o su lectura. Se espera que las personas adultas hayan desarrollado suficiente criterio para comprender, disfrutar o rechazar lo que se les ofrece.

Fuente:http://www.pikaramagazine.com/2018/07/feminismo-dogmas-disensos/


Notas al pie:

  1. En El feminismo que no lleg al poder (Talasa 2009) intent destacar las principales polmicas planteadas a lo largo de casi treinta aos, tomando partido en ellas desde mi punto de vista y el del colectivo feminista al que me senta vinculada.
  2. Es preciso constatar que el movimiento feminista tambin se muestra solidario y participa en la defensa de otras causas, como la de los pensionistas, lo inmigrantes o los refugiados, por poner algunos ejemplos.
  3.  Jeffrey Weeks denomina pnico moral a aquellos momentos sociales en los que la sexualidad se convierte en un terreno propicio para canalizar diversas ansiedades y temores sociales ms amplios.



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