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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-07-2018

Hacer aparecer lo que desaparece

Maite Garbayo Maeztu
Campo de relmpagos

Los pintores indgenas ("tlacuilos") del Cdice Florentino, mientras su pueblo era conquistado y colonizado, se sirvieron de estrategias estticas para preservar y legar sus modos de entender el mundo. Por medio de la pintura hacen aparecer en el Cdice florentino elementos clave de su cultura en desaparicin, entre ellos la concepcin prehispnica de la imagen.


Contarlos a todos. Nombrarlos a todos para decir: este cuerpo podra ser el mo. El cuerpo de uno de los mos. Para no olvidar que todos los cuerpos sin nombre son nuestros cuerpos perdidos. Me llamo Antgona Gonzlez y busco entre los muertos el cadver de mi hermano. -Sara Uribe, Antgona Gonzlez, Mxico, 2012

En Los colores del Nuevo Mundo, Diana Magaloni Kerpel explica la forma en que el pintor principal del Cdice florentino (1) a quien llama el Maestro de ambas tradiciones, por conocer tanto los cdigos prehispnicos como los coloniales ilustr un eclipse solar:

el eclipse se personifica por medio de un recurso grfico que divide la representacin en dos cuadros paralelos en donde se pintan dos soles muy similares. (...) La nica diferencia es que el Sol del lado izquierdo tiene los ojos abiertos y parece estar sonriente, mientras que el del lado derecho tiene los prpados cerrados y un gesto neutral. De esta forma el pintor representa el eclipse, como la ausencia pasajera de la presencia del Sol, porque ha cerrado los ojos. (2)


La desaparicin del sol, su ausencia momentnea, se entiende como la prdida del punto de vista propio. Al cerrar los ojos y desaparecer ante nosotros, el sol pierde su propia perspectiva de las cosas. La imagen se entiende como aparicin, como un hacerse presente que se aleja de las lgicas representacionales y mimticas caractersticas de la tradicin artstica occidental. Magaloni explica la escena del eclipse como una operacin intelectual compleja en la que los pintores retoman el concepto nhuatl de las pinturas como ixiptlah, como sujetos que poseen un punto de vista propio. La nocin de ixiptlah (3), difcil de traducir culturalmente y de ser asimilada por nuestras lgicas de anlisis, es la expresin de que en el mundo prehispnico los modos de entender las imgenes eran diferentes de los europeos.

Me interesan los debates que el trmino ha suscitado entre estudiosos/as (4) que proponen significados diversos para aproximarnos a l, lo que da cuenta de la complejidad que entraa su traduccin, fundada en el choque cultural de la conquista, as como de las sugerentes lneas de aproximacin a la imagen que estos debates abren. El estudio del trmino en las fuentes de la poca de la conquista y la colonia, muestra que estamos ante un problema de orden lingstico y cultural que se dirime en el mbito de la visualidad. La problemtica hunde sus races en la importancia del uso de las imgenes cristianas en el proceso de la evangelizacin forzada, lo que provoc que surgieran problemas continuos de comunicacin. Vernica Murillo Gallegos (5) ha sealado que las fallas en los intentos de traducir el trmino ixiptlah al equipararlo a la concepcin espaola de la imagen, dificultaron a conquistadores y misioneros la evangelizacin, y cuenta que los franciscanos advirtieron la necesidad de ensear a los indios a distinguir entre una imagen y lo que ella representa para evitar la idolatra. La diferencia entre la palabra imagen, entendida como representacin, y el trmino ixiptlah, con sus diversas implicaciones que rebasan los marcos occidentales de lo esttico y lo religioso, desvela la inoperatividad de la traduccin como ejercicio de traslado literal.

Aunque los contextos de uso son variables, y la palabra puede referirse a cuestiones diversas (imagen, sustituto, delegado, representante, apoderado, cobertura, encarnacin), parece claro que la distincin entre la imagen y su referente no era tan clara como en la esttica occidental, y las imgenes no tenan como principal funcin representar las cosas del mundo y las entidades divinas, sino presentarlas. Desde los estudios visuales, Zamora guila apunta que las imgenes eran presencias visuales, que, llenas de vida, miran a las personas e interactan con ellas (6). Y para Gruzinski, uno de los autores que ms ha ahondado en el trmino: Son ixiptlah la estatua del dios -diramos, con los conquistadores, el dolo-, la divinidad que aparece en una visin, el sacerdote que la representa cubrindose de sus adornos, la vctima que se convierte en el dios destinado al sacrificio (7).

Magaloni apunta a que los materiales utilizados en la fabricacin de las imgenes, su envoltura, son aquello que las otorga identidad, aquello que las define y las activa como un ixiptlah, es decir, siguiendo a Viveros de Castro, como sujetos activados por poseer un punto de vista propio. (8) Los pintores indgenas (tlacuilos) del Cdice Florentino, mientras su pueblo era conquistado y colonizado, se sirvieron de estrategias estticas para preservar y legar sus modos de entender el mundo. Por medio de la pintura hacen aparecer en el Cdice florentino elementos clave de su cultura en desaparicin, entre ellos la concepcin prehispnica de la imagen. La imagen tuvo en el mundo mesoamericano la misma importancia que tiene la escritura en el mundo occidental como constructora de conocimiento, y adems serva para hacer aparecer sujetos y puntos de vista. Los tlacuilos contestan en el manuscrito la acelerada desaparicin de la cultura prehispnica durante la conquista y la colonia que la epidemia de peste de 1576, mientras se produca el Cdice florentino, agudiz al diezmar de manera considerable la poblacin indgena y a partir de la materialidad de la pintura propician la aparicin de las lgicas indgenas de pensar y construir la realidad.

La consciencia de su propia desaparicin los empuj a la realizacin de un trabajo esttico de enorme complejidad, con el nico propsito de hacer aparecer lo que desapareca. La conquista y la colonizacin los situaron en una posicin de vulnerabilidad (9) que ellos resolvieron a travs de la pintura, en una operacin que los hizo mutar de subjetividades situadas en la desposesin a subjetividades en movimiento. Cuando, casi 500 aos despus, contemplamos el Cdice Florentino, los tlacuilos interrumpen los marcos de anlisis y las metodologas que constrien nuestras disciplinas y nos ensean a pensar las imgenes desde otras lgicas.

El desaparecer como aparecer

Si el sol al cerrar los ojos desaparece como sujeto, desde su punto de vista somos nosotros quienes desaparecemos. Se establece as un tipo de relacin intersubjetiva que tuerce las lgicas sujeto-objeto con las que miramos las imgenes. Si nosotros dejamos de ser los sujetos que poseen la mirada, si aceptamos estar rodeados de entes con su propia perspectiva, si nos convertimos en objeto de la mirada del otro, qu nos pasa cundo el sol ya no nos mira? Somos acaso tambin susceptibles de desaparecer?

Ese lugar, en principio inaccesible, al que se va el sol, quiz sea accesible desde otras miradas, desde otras perspectivas. Tal vez lo sea por medio de prcticas que nos hagan estar un poco ausentes para vislumbrarlo, que propicien nuestra propia ausencia a partir de la fracturacin de nuestras subjetividades.

Si es la presencia la que garantiza la viabilidad del sujeto en el espacio pblico, su agencia poltica, la ausencia podra llevarnos a imaginar modos de subjetivacin discordantes que pongan en jaque la presencia entendida como completitud y representatividad poltica.

En 1973, en la Barcelona de finales de la dictadura franquista, Olga L. Pijoan realiza Herba, una accin en la que performa la desaparicin de su propio cuerpo. La artista se coloca delante de un muro y documenta fotogrficamente la presencia de su cuerpo. Acto seguido documenta tambin su ausencia mediante una silueta sobre el muro, que queda como resto de la accin. La silueta, imagen de la desaparicin, da cuenta de la incompletitud inherente al cuerpo, de su fragmentacin. La accin hace aparecer un tipo de subjetividad que compromete la concepcin racionalista del sujeto monoltico, completo y entero, y propone como contrapartida un sujeto en falta. Un sujeto agujereado que sabe de su propia vulnerabilidad y se reconoce a s mismo como susceptible de desaparecer. La subjetivacin del cuerpo femenino se juega y se negocia en la dialctica entre presencia/ausencia. En Herba puede identificarse una especie de precariedad inherente a la presencia como sujeto del cuerpo femenino, como si esta presencia nunca estuviese garantizada, como si hubiera una tensin constante entre la voluntad de aparecer y el deseo de esconderse, de desaparecer o irse a otro lugar.

Cuando Amelia Jones analiz las Siluetas (1973-1980) de Ana Mendieta, centr su atencin en la forma en la que el cuerpo va desapareciendo poco a poco, en cmo el cuerpo se presentaba a partir de una especie de juego entre la ausencia y la presencia, y destac que estas obras rompen profundamente con el deseo moderno de presencia y de transparencia de significados (10).

La forma, anclada en la vulnerabilidad, con que estos cuerpos se presentan, difiere del modelo hegemnico de presentacin corporal en el que el cuerpo aparece completo y sin fisuras, seguro y confortable en su puesta en escena. Los cuerpos que se ausentan son cuerpos incompletos, fragmentados, cambiantes y abiertos a la transformacin. Desafan la concepcin de un sujeto utpico despojado de cuerpo, que Amelia Jones identifica como sujeto moderno, y nos recuerdan la ligazn permanente al otro y tambin al cuerpo propio.

Traer aqu

En Herba es el cuerpo ausente y vulnerable el que hace que tomemos conciencia de que somos susceptibles de desaparecer. La silueta, resto de la desaparicin, cita y hace aparecer a quienes han desaparecido. En Barcelona, en el ao 73, pero tambin hoy, aqu en este texto, Herba cita los 114.226 (11) desaparecidos durante la guerra civil y la dictadura franquista. Cita y hace aparecer los cuerpos cuya bsqueda e identificacin siguen pendientes. Desaparecidos cuya ausencia an no ha sido oficialmente reconocida cuatro dcadas despus del fin de la dictadura, ni siquiera lingsticamente, pues el trmino desaparecido raramente se utiliza en el Estado espaol para nombrar a las vctimas del exterminio franquista. (12)

La silueta de Olga L. Pijoan me hace pensar en las siluetas que se dibujaran algunos aos despus en el marco de las dictaduras de Amrica Latina. El Siluetazo, llevado a cabo en la Plaza de Mayo de Buenos Aires en 1983 por Rodolfo Aguerreberry, Julio Flores y Guillermo Kexel (con el apoyo de las Madres) fue una accin colectiva en la que se dibujaron las siluetas de los participantes para hacer aparecer a los desaparecidos durante la dictadura militar y reclamar la presencia de los cuerpos ausentes. El gesto de poner el propio cuerpo para hacer aparecer a quienes estn ausentes implica una consciencia de la propia vulnerabilidad, implica alinear mi cuerpo con otros cuerpos, reconocer que tambin l es susceptible de desaparecer.

En el Siluetazo, como accin colectiva, tena lugar una desidentificacin de los cuerpos de los participantes con el propsito de configurar un cuerpo social, el del desaparecido como figura base de una reivindicacin poltica. Sin embargo, las siluetas de los ausentes terminaron acogiendo la multiplicidad corporal de quienes ponan su cuerpo: siluetas masculinas, femeninas, mujeres embarazadas, nios y nias