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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2018

Notas sobre Siria y el advenimiento de la tanatocracia global

Jules Etjim
Path & Bridges

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.




Theodore Gericault, pinturas preparatorias para La balsa de la medusa (1818-1819)


El monstruo ms fro

En As habl Zaratustra, Nietzsche llamaba al Estado el monstruo ms fro; podramos aadir que no hay Estado tan fro como una tanatocracia. En estos momentos existen realmente muy pocos regmenes tanatocrticos autnticos, pero incluso utilizando la definicin ms estricta (aqu hacemos uso de la ms imprecisa), Siria se clasifica como tal sin ambigedades. Siria es un Estado tanatocrtico cuya cleptocrtica lite gobernante ha intentado mantener a toda costa su gobierno recurriendo sin cortapisas al genocidio, torturando y asesinando sistemticamente a su pueblo a escala industrial utilizando la muerte, directa e indirectamente, para administrar a la poblacin a travs de una escalada de estrategias gubernamentales que van reduciendo una demografa especfica, destruyendo todas aquellas ecologas sociales que cree alimentan la rebelin. La destruccin genocida o desagregacin de algunos grupos sociales por parte del Estado va acompaada de una serie de esfuerzos para conseguir un ambiente favorable a otras demografas consideradas compatibles con el imperativo principal: la supervivencia de la lite gobernante.

Desde luego, en el Norte global, en gran medida pacfico, y en otros lugares, muchos veran con malos ojos la sugerencia de que Asad (y sus aliados) son responsables del medio milln o ms de sirios asesinados desde 2011, aunque Asad realmente lo sea. Eso es ms de medio milln de personas asesinadas en una poblacin de 22 millones, de las cuales 5,6 millones han huido del pas creando una espantosa crisis de refugiados, con millones de seres obligados a vivir en campamentos que cada vez son ms grandes en el Lbano, Jordania y Turqua, y varios millones ms de desplazados dentro de Siria. En su guerra para aplastar la revuelta del pueblo sirio, Asad y sus aliados han utilizado tanques, aviones de combate, ataques de misiles, bombas de barril, fsforo blanco, gas de cloro, gas sarn y otras armas, asediando ciudades, suburbios, pueblos y sus poblaciones civiles.

Thomas Hobbes en Damasco

En un breve artculo El peligro de un estado de naturaleza, escrito en septiembre de 2011, meses despus de que se iniciara la Primavera rabe, Yassin al-Haj Saleh, el veterano activista que pas muchos aos en las prisiones baazistas del padre de Asad, Hafez, fue el primero en dar la alarma sobre la degeneracin de la rebelin popular contra Asad. Saleh traz el peligroso giro hacia la militarizacin defensiva por parte de la revolucin, un cambio que en s mismo no fue sino la reaccin a la implacable contrarrevolucin de Asad (1).

La revolucin siria (y la Primavera rabe) es el acontecimiento histrico ms importante desde el colapso de la Unin Sovitica, pero no ha recibido la atencin que merece. Tal vez se deba a que la Primavera rabe, cuyo punto de partida fue Tnez, se encontr con fuertes vientos en contra despus del perodo inicial de lucha ascendente entre 2010-2011. A la revolucin egipcia se la hizo fatalmente retroceder cuando el primer presidente democrticamente electo del pas, Mohamed Morsi, fue derrocado con un golpe de Estado contrarrevolucionario organizado por el ejrcito egipcio tan slo un ao despus de ocupar el cargo. Otra razn del abandono de la revolucin siria es el fracaso de la izquierda global, especialmente en Europa y Amrica del Norte, a la hora de construir un movimiento de solidaridad en su apoyo. Lo que sucedi en cambio, en la medida en que la solidaridad se extendi a cualquiera de las partes en Siria, fue que la tanatocracia de Asad result ser la principal beneficiaria. La izquierda global se ha mostrado en muy gran medida indiferente ante los crmenes de un rgimen donde la vida est subordinada a la muerte y la precariedad biolgica es la norma, y donde a un nmero inconcebible de personas se le impone la muerte fsica, social y cultural.

A pesar del sufrimiento de su pueblo, Siria es comnmente observada a travs del prisma de la posverdad y el escepticismo nihilista. Gran parte de la izquierda global se ha unido a las filas crecientes de excntricos que trafican con teoras conspirativas que promueven el punto de vista, cuya falsedad es demostrable, de que el rgimen asesino de Asad fue blanco de un intento de cambio de rgimen por parte de EE. UU., considerando a los opositores revolucionarios de Asad a travs de las lentes del orientalismo y la islamofobia. Este diablico consenso de cajn de sastre repite como papagayo la propaganda asadista que retrata a Asad como una combativa oposicin laica en lucha contra una oposicin dominada por jihadistas salafistas. En siete aos de lucha brutal de Asad para aplastar la Primavera Siria, pocos han intentado documentarse sobre qu es lo que est realmente sucediendo en Siria ni se han interesado en escuchar las voces de los sirios comunes: esas personas que, a pesar de su sufrimiento, son literalmente invisibles o meras cifras para los miedos paranoicos y las ansiedades de los ciudadanos del Norte global.

En una apropiacin deslumbrante, Yassin al-Haj Saleh invocaba al filsofo poltico del siglo XVII Thomas Hobbes para comprender el peligro a que se enfrentaba la revolucin siria, las seales mrbidas de que estaba descendiendo a un "estado de naturaleza esencial" debido a la brutal contrarrevolucin del Estado "neosultanista" de Asad (como ms tarde caracteriz Saleh al Estado del Baaz). Saleh crea que la revolucin, de forma perversa, haba comenzado a reflejar la contrarrevolucin en el proceso de defenderse. La adversidad gener una lucha dominada por la "poltica de supervivencia", mientras que el "estado de naturaleza" era, en principio, opuesto a la razn, que es el fundamento de cualquier poltica. La cada en el "estado de naturaleza" presagi la destruccin de la poltica, y la poltica es el alma de cualquier lucha revolucionaria, ya que encarna la autonoma y autodeterminacin del pueblo (2).

El descenso al "estado de naturaleza" indic que la sociedad estaba "perdiendo su autocontrol" y la cristalizacin de una tendencia social presente en la revolucin misma. En cuestin de meses, la naturaleza abierta y "cvica" de los primeros das de la revolucin, patente en el rol jugado por una variedad de grupos de la sociedad civil, en el activismo visible de las mujeres y dems, comenz a erosionarse mientras el puebblo luchaba contra el "poder brutal" de Asad. Saleh argument que la degeneracin se hizo evidente en la disposicin a recurrir a las armas para la autodefensa y en el crecimiento de la influencia religiosa, que vio cmo las identidades heredadas desplazaban a identidades seculares ms inclusivas dentro del campo anti-Assad. Inevitablemente, se produjo una transicin desde las consignas que repudiaban el salafismo a la vez que se subrayaban las aspiraciones democrticas de la revuelta, a los eslganes con connotaciones islmicas o religiosas ms tradicionales. En las primeras semanas de la revolucin, las protestas callejeras eran "civiles, emancipadoras y humanistas", pero de forma muy rpida la "cara pblica" de la revolucin comenz a hablar el "lenguaje del islam" (3).

En los aos siguientes, Saleh revis el papel cambiante de la violencia en la sociedad siria: la atomizacin de la poblacin provocada por el estado de tortura de Asad y los problemas que el campo revolucionario tuvo que enfrentar, mientras la violencia como autodefensa era cada vez ms indiscriminada y amenazaba con desmoralizar y socavar la revolucin misma con la transicin a la ultraviolencia o nihilismo militante, como Saleh lo caracterizara, en particular conectando al segundo con los objetivos milenaristas del fundamentalismo religioso en su propia valoracin evolutiva del papel poltico del salafismo.

Reflexionando sobre la mquina de matar de Asad, Saleh sealaba el impacto de los anteriores conflictos militares y civiles en la regin, el conflicto civil en Lbano y la invasin y ocupacin de Iraq por parte de la coalicin, para ilustrar la afinidad electiva entre guerra civil y guerra sectaria o lo que Thomas Hobbes denominaba la guerra de todos contra todos: el estado de naturaleza, donde el odio alimentaba el odio y el asesinato provocaba ms asesinatos, en un ciclo mimtico similar al ciclo de violencia y derramamiento de sangre que Ren Girard pensaba que defina la crisis sacrificial peridica que asolaba a la sociedad. Como Saleh observaba:

Esta es la supuesta condicin natural de la humanidad, en la que todos estn en guerra con todos, tal como Thomas Hobbes describi en su Leviatn a mediados del siglo XVII. Pero el estado de naturaleza no es de hecho una condicin natural; es una coyuntura histrica (4).

Curiosamente, el teln de fondo poltico y social del Leviatn de Hobbes (1651) fue la Guerra Civil inglesa, una turbulencia significativa en lo que era una sociedad capitalista emergente. No se conoce el nmero exacto de vctimas de las tres diferentes fases de esa guerra, aunque muchos historiadores estiman que las muertes alcanzaron la elevada cifra de 180.000 muertos a causa de la lucha y de las enfermedades; alrededor del 3,6% de la poblacin (una gran proporcin eran combatientes, aunque hubo 40.000 civiles entre los muertos). Se estima que alrededor del 2% de la poblacin se vio obligada a desplazarse. En comparacin, el 2,6% de la poblacin britnica muri en la Primera Guerra Mundial, aunque la Guerra Civil inglesa no se compare con los conflictos fratricidas masivos modernos, ya sean del siglo XX o del actual, donde la naturaleza de la guerra y el conflicto ocupan de forma clara, en general, un nivel totalmente diferente.

Detalle de la portada del Leviathan (1651)

En un reciente y sorprendente artculo Amor, tortura, violacin y aniquilacin, escrito en el exilio, Saleh explora la relacin entre el odio, la tortura y la violacin en el contexto de la experiencia siria. Saleh empieza sealando que, en general, el amor une a la humanidad, especialmente el amor ertico exclusivo de los amantes; une al separarnos de nosotros mismos y por eso nos permite encontrarnos a nosotros mismos. El amor es revelacin, reconocimiento mutuo y amor a medida que la intimidad difumina los lmites cuando uno se convierte en dos o en Uno de Nosotros. En contraste absoluto, la tortura aniquila los lmites de forma muy diferente porque persigue a su vctima dentro de s misma. A diferencia del amor, la tortura no es una relacin sino un no vnculo de destruccin que es brutalmente invasivo y se produce con una variedad de objetivos y motivaciones por parte de un torturador o del estado de tortura. La exposicin de Saleh es stil y se deriva evidentemente de la experiencia de haber pasado muchos aos en las crceles baazistas. Sin embargo, el inters del anlisis de Saleh es su aprehensin de ciertos argumentos globales sobre la naturaleza de nuestra poca.

Saleh distingue entre tres tipos de tortura o violacin. La primera, la tortura interrogatorio o de investigacin persigue ampliamente crear una guerra civil dentro de la vctima individual para que se traicione a s misma. En esta circunstancia, el instinto de supervivencia individual y su compromiso con una obligacin superior o ser social se enfrentan entre s. En Siria, con anterioridad a 2011, esos objetivos de tortura podan incluir tambin la destruccin de grupos de la oposicin proscritos sin tener necesariamente como objetivo la destruccin fsica de los individuos. El segundo tipo de tortura es la tortura de represalia, que tiene como objetivo humillar a sus vctimas y conducir a la destruccin fsica o psicolgica de los individuos. Segn Saleh, la prisin de Tadmor de Hafez al-Asad y la de Saidnaya de Bashar tenan ambas como objetivo crear una memoria inolvidable, dirigida mucho ms all de la persona torturada, para intimidar e impedir que la poblacin se rebelara. As pues, el cuerpo torturado era la valla publicitaria para la obediencia. El tercer tipo de tortura, la exterminadora, se explica por s misma.

La transicin de la muerte bajo tortura a torturar para matar fue algo consecuente. Era un sntoma de la matanza sistemtica y masiva de personas en forma regular durante un perodo de tiempo ms o menos prolongado. En su ensayo sobre necropoltica (debatido ms adelante), Achille Mbembe invoc la obra del historiador italiano Enzo Traverso sobre los orgenes del Holocausto, que explor la afinidad entre los campos de exterminio nazi y los procesos industriales similares a la lnea de produccin caracterstica de la modernidad de Ford. En 2013, un fotgrafo a sueldo del Estado asadista, conocido como Csar, sac a la luz 53.000 fotos que constituan el catlogo burocrtico de rutina con los cadveres cerosos y emaciados de quienes haban muerto bajo tortura. Al hacer eso Csar, que huy de Siria, brind una visin tenebrosa del Estado como mquina de matar organizada, o como sostenemos, una tanatocracia. Saleh mismo seala que los tres tipos de tortura se han difuminado en la prctica en otros dos tipos, mientras que a un nivel ms general apunta a una transicin histrica de una forma de tortura a la adopcin de otra forma. Por ejemplo, desde principios de los aos setenta hasta principios de los aos ochenta, puede decirse que Siria sobrepas, con la normalizacin de la tortura, determinadas fronteras sociales o solidaridades establecidas desde hace tiempo. La leccin sobre la tortura tena como objetivo que todos la internalizaran, incluido el torturador, que se transform en un instrumento voluntario del "estado de tortura". La transicin a la tortura exterminativa -en nuestros trminos, la transicin a la tanatocracia- fue parte de un continuo genocida que revela que el Estado ha conseguido la libertad absoluta para sobrepasar los estndares y lmites humanos sin ningn lmite normativo o tico que no sea el lmite prctico (5).

Una pregunta importante que se plantea a partir de la tragedia siria es cunto de lo que se ha ido desplegando en los ltimos siete aos sintetiza tendencias globales ms amplias del conflicto social y la guerra, y cuntos acontecimientos se derivan de las tendencias inmanentes a la sociedad siria, a la naturaleza especfica o psicopatologa del Estado baazista y a su singular evolucin histrica. La respuesta a esta pregunta debe tener mucho que ver, de forma especfica, con la naturaleza de lo que Saleh llama el Estado neosultnico de Asad. Sin embargo, est claro tambin que Siria tiene un significado global en una variedad de formas. Por ejemplo, como Saleh sostiene en un interesante prrafo:

Hay una fuerte dimensin internacional en el genocidio sirio que casi no tiene parangn en la historia y que podra vincularse, con nuevas investigaciones, a la islafomobia emergente como la forma ms destacada de racismo en el mundo actual.

En otra parte del mismo artculo, Saleh sealaba la existencia en Siria de un "Estado de excepcin permanente", especficamente en relacin con el destino de las vctimas de la tortura. Tambin Saleh aluda a un importante debate sobre la naturaleza contempornea del poder soberano (el Estado) en la era globalizada, especialmente las relaciones entre el Estado, la violencia, el ciudadano, el nomos, la biopoltica, el poder y el Estado de excepcin. Fue el pensador y terico poltico italiano Giorgio Agamben quien impuls este debate clave sobre la naturaleza y trayectoria del poder soberano y el Estado global de excepcin en una serie de obras, particularmente en Homo Sacer: Sovereign Power and Bare Life (1995) y Estado de excepcin (2003). Agamben hizo esto reuniendo los hilos de dos contribuciones diferentes a la teora poltica en dos pocas diferentes. En primer lugar, el debate subterrneo entre el pensador jurdico conservador Carl Schmitt, que ocup puestos importantes en el establishment jurdico alemn bajo el Tercer Reich, y Walter Benjamin sobre el estado de excepcin. El otro hilo utilizado por Agamben fue el relato de Michel Foucault sobre biopoltica, biopoder y gubernamentalidad.

Necropoltica?

Tomando prestado un neologismo utilizado por Achille Mbembe en su influyente ensayo Necropolitics (2002), Asad ha creado mundos de muerte, desplegando su maquinaria de guerra (6) en espacios o zonas de excepcin caracterizadas por una nica forma de existencia social que ha proliferado en la era globalizada del capitalismo tardo, donde poblaciones enteras se convierten en objeto de la destruccin desatada por una maquinaria de guerra autnoma o sin freno. Las poblaciones son desperdigadas, convertidas en aptridas, exterminadas, sometidas de forma brutal para la extraccin de recursos o riquezas, privadas de la capacidad para ganarse la vida, asediadas, sometidas a una muerte invisible por hambre, obligadas a convertirse en soldados de la maquinaria blica, etc. Mbembe citaba un artculo de Zygmunt Bauman de 2001, en el que sugera que en la era de la guerra globalizada y asimtrica la soberana se haba vuelto borrosa.

La aparicin de agentes militares no estatales desdibuja la divisin entre lo pblico y lo privado, y en algunas zonas del mundo derrib el monopolio estatal de la violencia. Este desarrollo se hizo evidente con la aparicin de maquinarias de guerra de las que podra decirse que funcionan como organizaciones mercantiles privadas dedicadas al saqueo, de forma parecida a la Compaa de las Indias Orientales a finales del siglo XVIII. A menudo, estas maquinarias de guerra estaban fuera del alcance del Estado, o eran una extensin del Estado como contratista capaz de trabajar codo con codo con el Estado, aunque esto no siempre fue as, y la relacin poda ser conflictiva con la maquinaria de guerra que luchaba para uno o ms Estados. La maquinaria de guerra poda explotar vnculos y redes trasnacionales mientras actuaba en zonas de crisis sin ley donde la autoridad del Estado era dbil o se haba degradado en una nueva era de guerras inciviles, como John Keane las defina (7).

El colapso de las economas formales o la lucha por los recursos o riquezas podra reforzar el dominio de la maquinaria de guerra o crear las condiciones para su surgimiento, como en las economas paramilitares en zonas de frica devastadas por la guerra civil. En algunos de estos escenarios distpicos, la maquinaria de guerra podra aspirar a desplazarse o apoderarse del Estado y constituirse a s misma como el nico poder soberano que ocupa un territorio demarcado, convirtindose efectivamente en un Estado putativo. Pero en New and Old Wars: Organized Violence in the Global Era (1999), Mary Kaldor observ que en algunas de estas zonas de conflicto el Estado fomentaba la formacin de grupos armados o milicias que esencialmente operaran fuera del alcance del Estado, pero en su nombre. Para Kaldor, el neoliberalismo y la globalizacin han remodelado la anatoma de la guerra y el conflicto desafiando el antiguo modelo westfaliano de la inviolabilidad de la soberana e integridad territorial, haciendo hincapi en el surgimiento de nuevas fuerzas trasnacionales, de polticas de identidad potencialmente desestabilizadoras, de una economa de guerra globalizada y de la descentralizacin de la violencia (8).

En esta era, en la etapa venidera de la tanatocracia como la describiremos, la precariedad biolgica se generaliz al afectar a ms grupos y poblaciones. Tambin la gubernamentalidad (Michel Foucault) se reconfigura como formas contemporneas de subyugacin de la vida a la muerte -la necropoltica de Mbembe-; el cambio y las poblaciones se convierten en objeto de la imposicin de nuevas tcnicas de vigilancia y disciplina. El argumento general de Mbembe se hace fuertemente eco de la propia reelaboracin de Agamben del relato de la modernidad y la biopoltica de Michel Foucault, que este esboz en su curso de conferencias del Colegio de Francia a finales de la dcada de 1970 (9).

Agamben estaba interesado en cmo la biopoltica, como aspecto distinto del poder soberano (el Estado), exclua a ciertos grupos, en cmo el Estado o la gubernamentalidad se caracterizaba por una tendencia creciente a intervenir en las vidas de los ciudadanos para mantener una identidad racial homognea. Entonces, cmo fue que las estrategias biopolticas del poder soberano moldearon el cuerpo poltico mientras ese poder iba capturando o promulgando narrativas ideolgicas-imaginarias de identidad racial y nacional que ayudaron a determinar quin estaba adentro, una parte de la ciudadana, y quin estaba afuera, convirtindose en un tema central del pensamiento poltico contemporneo? (10).

Como en la biopoltica de Foucault, Mbembe sugera que los orgenes de la necropoltica podan remontarse a la evolucin del Estado moderno con su extensin de los dispositivos del poder, subrayando la poderosa importancia formativa del racismo, el colonialismo, el imperialismo o la necropoltica. La necropoltica del Estado precipit a grupos enteros al estatus de muertos vivientes o coloc a determinados grupos fuera de la poblacin, literalmente como un cuerpo extrao. Grupos como los migrantes y refugiados se convirtieron en objetos y pasaron a considerarse menos que humanos. El Estado moderno, como poder soberano dominante en la mayor parte del mundo, determinaba quin importaba y quin no, quin era ciudadano y quin debera ser expulsado del crculo de la ciudadana, convirtindose finalmente en alguien desechable (Mbembe). Las poblaciones que fueron marginadas o se volvieron invisibles tambin podran verse privadas de la plena capacidad de ganarse la vida, forzadas a ocupar un espacio econmicamente liminal. Un ejemplo obvio lo tenemos en la estrategia de asedio de las fuerzas israeles de ocupacin en Gaza y Cisjordania, una combinacin peculiar de lo medieval y lo moderno. Aqu tenemos literalmente un estado de sitio que es permanente, una forma indefinida del estado de excepcin cuyo final es difcil de imaginar o concebir. Poblaciones enteras han sido deliberadamente aisladas de la posibilidad de seguir una vida cotidiana normal en lo que efectivamente era una ocupacin colonial tarda donde tres poderes se superponan y se condensaban en el poder soberano: el disciplinario, el biopoltico y el necropoltico, con capacidad para dar (moldear) y retener la vida.

Curiosamente, Mbembe afirma que una debilidad de la concepcin de Foucault sobre la biopoltica fue su fracaso a la hora de abordar la cuestin central del racismo: el hecho de que una poblacin pudiera ser racialmente jerarquizada. Elvira Basevich present una acusacin similar respecto a Agamben, afirmando que la concepcin de este ltimo del Estado moderno conservaba un elemento normativo, mientras que el Estado, en tanto en cuanto poder soberano, presupona tcitamente una ciudadana legtima invariablemente definida por la exclusin del Otro. Hasta donde Basevich poda juzgar, Agamben no haba valorado del todo el grado en el que se identificaba al Otro en el terreno ideolgico-imaginario de la raza o el etnonacionalismo (11).

Necropoltica o tanatocracia?

La tesis sobre necropoltica de Mbembe represent una reflexin provocadora sobre la guerra y el conflicto en la era globalizada, pero exista el peligro de minimizar la continuada importancia del Estado como poder soberano, de proponer inadvertidamente una comprensin normativa del Estado cuando, en realidad, con la llegada de la modernidad, la historia del Estado indicaba que este era una entidad mucho menos estable y ms fluida que lo que sugerira una dicotoma entre Estado y "maquinaria de guerra". El Estado todava era fundamental en la era neoliberal y globalizada. Fue un concepto errneo comn pensar que el "giro neoliberal" de la dcada de 1970 significaba una importante disminucin de la influencia del Estado, ya fuera a expensas de las instituciones trasnacionales o del mercado mundial.

La imagen del papel cambiante del Estado -desde el principio, el Estado estuvo en el corazn del "giro neoliberal"- fue muchsimo ms compleja que algunas de las engaosas narrativas sobre la retirada del Estado. Adems, una caracterstica axial definitoria del sistema global consista en que todava haba una jerarqua competitiva de Estados en constante cambio, aunque esta no era la nica caracterstica axial definitoria del capitalismo tardo. Esta nota de advertencia que propone la continuada preeminencia del Estado no implica que Mbembe haya malinterpretado radicalmente el destino del Estado, sino que simplemente destaca que la comprensin de Mbembe de la necropoltica asume explcitamente que el campo de la necropoltica no es exclusivo del Estado, que una agencia no estatal que aspire a la soberana, incluyendo el ejercicio de la elaboracin de leyes y la preservacin de la violencia del derecho como una manifestacin de poder (Walter Benjamin) en territorios especficos demarcados, tambin podra practicar la necropoltica. Aun as, tomando en serio estas restricciones y otorgando la relevancia de la necropoltica en la era globalizada, debemos aclarar que lo que sigue se centra en la tanatocracia moderna: a grandes rasgos, en un Estado que de forma regular, sistemtica y activa mata a un nmero significativo de personas (12).

El Estado de Asad como tanatocracia

Sugerir que el Estado asadista-baazista es una tanatocracia en estado avanzado no implica necesariamente que surja de la lgica interna en desarrollo que define a todos los Estados, o que la tanatocracia ocupe simplemente una ubicacin identificable en un espectro o tipologa del Estado moderno. A nivel abstracto, podra concederse que cualquier Estado puede convertirse en tanatocracia pero, en la realidad, es un escenario extremadamente improbable para la mayora de los Estados. Eso no significa que el Estado asadista-baazista como tanatocracia sea completamente singular o nico, pero reconocer el Estado asadista-baazista como tanatocracia simplemente nos lleva al umbral del anlisis. Todos los Estados nacionales reclaman, de forma clara, un monopolio (territorial / defensivo) de violencia legtima y, en ltima instancia, esa legitimidad no se refiere a los lmites de la violencia que cualquier Estado pueda ejercer, sino que se relaciona con la cuestin de la soberana: qu poder o autoridad es capaz de ejercer la violencia para mantener el orden social y la seguridad del Estado? La implicacin es que no existen lmites tericos (o ticos) o lmites a la violencia que un Estado, como poder soberano, pudiera desatar, slo lmites prcticos. En ltima instancia, esto es lo que hace eminentemente posible un holocausto nuclear y la extincin de la humanidad. El exterminismo fue quizs la otra cara de la moneda de la creencia de Jacques Camatte de que la rebelin global o revolucin social haba muerto porque el capital haba escapado a la danza de la muerte con su nmesis proletaria terica mientras la humanidad estaba experimentando un proceso de domesticacin en el capitalismo tardo. La muerte y el genocidio eran el corazn de la naturaleza secreta del Estado y esta realidad fundamental del Estado moderno resultaba difcil de comprender para una mente en pleno uso de sus facultades (13).

Podra parecer que el poder soberano (el Estado) acepta el imperativo tico o la voluntad popular del pueblo (democracia, etc.) o incluso la diplomacia (tratados y obligaciones internacionales) como lmites o controles para el ejercicio de la violencia legtima, pero esto es engaoso porque lo que el poder soberano puede aparentemente aceptar en un momento, puede repudiarlo al siguiente. Dentro del Estado, la soberana reside finalmente en el puente de mando del ejecutivo, ms o menos aislada de cualquier presin o influencia popular externa. Por lo tanto, en el anlisis final, el poder soberano siempre recurrir a la violencia para salvaguardarse como poder soberano. Leviatn nunca se repudiara a s mismo.

Cundo se convirti Siria en una tanatocracia? De forma clara, la contrarrevolucin feroz de Asad que se moviliz para aplastar a la Primavera Siria marc un cambio cualitativo en la actividad asesina del extenso aparato represivo del Estado, pero tambin podramos argumentar que Siria ya haba cruzado ese Rubicn y se haba convertido en un Estado de asesinato masivo (caracterizacin de Yassin al-Haj Saleh) en algn momento de las cuatro dcadas anteriores de ascendencia del Partido Baaz. Este es el argumento que preferimos porque, aunque es obviamente cierto que la matanza se ha intensificado masivamente desde 2011 debido a la defensa de tierra quemada del gobierno de Assad, una gran proporcin de esas muertes podra haber sucedido en el curso normal del gobierno asadista, aunque dentro de los aparatos de seguridad y prisiones, como suceda antes de 2011 (14).

Tanatocracia global?

Quiz sea Siria la nica tanatocracia de pleno derecho en el sistema global hoy, aunque un pas como Corea del Norte con su extensa, aunque recientemente racionalizada cadena de gulags que anualmente se cobra la vida de miles de desconocidos mediante inanicin, disparos, enfermedades y trabajos forzados, debe ser tambin candidato para este exclusivo club. Sin embargo, hay otros pases que son candidatos potenciales para que los clasifiquen como tanatocracia. Las Filipinas de Rodrigo Duterte es un candidato marginal, y otro candidato -quizs- menos marginal es Myanmar, que ha desencadenado una limpieza tnica genocida contra su minora rohingy. No obstante, aunque esta brutal carnicera contra los musulmanes rohingy es grave y horrenda, ha sido un acto temporalmente delimitado en trminos de escalada militar de violencia y terror cuyo principal objetivo es expulsar a cientos de miles de musulmanes rohingy al vecino Bangladesh, mientras promueve que otros grupos tnicos se establezcan en la regin Rakin. Sin embargo, reconocemos que, como caso lmite, esta interpretacin de Myanmar est abierta a debate e invita a una mayor investigacin. Pero no debe haber duda de que el destino del pueblo rohingy no es menos aterrador dependiendo de que Myanmar sea o no etiquetada como tanatocracia. Significativamente, al pueblo rohingy se le ha negado la ciudadana en Birmania/Myanmar desde que se introdujo una Ley de Ciudadana de 1982, que extenda la ciudadana a muchos grupos y etnias diferentes que son tratados como parte del tejido social multitnico del pas. Esta Ley de Ciudadana se reforz en julio de 2012, solo dos aos despus de la llegada de la democracia y el retorno al gobierno civil, cuando este gobierno public una lista de los grupos y etnias considerados partes legtimas de la poblacin de Myanmar. Los rohingy no aparecan en la lista.

A nivel global, es cada vez ms visible, convirtindose en un tema explcito del discurso en todo el espectro poltico, la lgica biopoltica subterrnea que asume que grupos especficos de ciudadanos son grupos demogrficos etno-nacionalistas distintos que pertenecen a un territorio particular organizado por tal o cual Estado. En relacin con Siria, Yassin al-Haj Saleh rastrea la degeneracin de la ideologa del panarabismo, una falsa ideologa radical de los aos de posguerra vinculada al radicalismo anticolonialista y antisionista en su resultado: el arabismo absoluto de los aos setenta. El telos del arabismo absoluto era paranoico, de uniformidad coercitiva y hostilidad hacia los enemigos internos y externos (los primeros eran los agentes de estos ltimos). Tras la toma del poder por Hafez al-Asad en 1970, el arabismo absoluto degener finalmente en una sospecha sectaria respecto a la mayora sun en Siria, que fue objeto de un decidido intento de marginacin y represin. La cultura oficial de la camarilla gobernante de Asad era en apariencia laica y moderna, enfrentndose supuestamente al tradicionalismo. Pero esa apariencia (a menudo destinada al consumo de Occidente) era extremadamente engaosa y, en realidad, el arabismo absoluto de la lite gobernante despreciaba profundamente a las masas sirias; era racista y elitista y se haca eco de la islomofobia occidental. En Siria, la lite dominante bloque con firmeza la verdadera movilidad social y actu a nivel interno como un primer mundo rematado de discursos orientalistas. Buscaban reforzar su dominio, riqueza y poder favoreciendo a sus propias sectas y clanes aliados. En la Siria de Asad, la secta se ha convertido en una nueva forma de destino: en trminos de Mbembe, la lite practicaba una forma de necropoltica al imponer una forma de "asesinato invisible" con las masas marginadas (15).

En este contexto, es difcil negar que si bien el Estado como tanatocracia es relativamente novedoso como desarrollo contemporneo, la tanatopoltica global es cada vez ms visible en la inflacin del racismo, nativismo y nacionalismo en el contexto de la crisis social, econmica y poltica y la guerra y el conflicto descentralizados. A medida que la tanatopoltica se metastatiza, la defensa de la etno-nacin o de sus ciudadanos definidos contra el Otro se vuelve cada vez ms estridente, como indica el nuevo gobierno de coalicin de Italia entre la Liga Norte y el movimiento populista Cinco Estrellas. Este gobierno recin elegido no perdi el tiempo para atacar a los romanes, refugiados y migrantes que intentan llegar a Europa. El Otro se convierte en un marcador de posicin de todos los males sociales de la sociedad, reales e imaginarios, y en el objetivo de diversos pnicos morales que presagian las prximas emergencias eco malignas y catstrofes del maana. Una tcnica ideolgica-imaginaria que refuerza la falsa identidad etno-nacionalista, la imaginaria comunidad homognea donde se elimina la diferencia, consiste en crear una divisin entre nosotros y el Otro que refleje la bifurcacin discursiva de adentro/afuera. El Otro pertenece al afuera, no al adentro. Si el Otro de alguna manera se encuentra adentro, se identifica para que pueda ser vigilado y controlado y, por lo tanto, finalmente expulsado o eliminado. La parbola de esta lgica es en ltima instancia totalitaria.

Hoy, la Fortaleza Europa ejemplifica esta lgica poltica maligna, ya que el refugiado y el migrante son representados como los portadores socialmente desorientadores de la enfermedad, el crimen, el desempleo, encarnando creencias religiosas y culturas vilipendiadas y no deseadas. Los migrantes y los refugiados rara vez son considerados como potenciales ciudadanos o como ciudadanos electos, como lo indica la perturbadora deriva de las mareas polticas en Italia, Hungra, Polonia, Grecia, Austria y otros lugares. En Alemania, que dio la bienvenida a cientos de miles de refugiados, muchos de ellos de Siria, el capital poltico de Angela Merkel casi ha desaparecido, mientras sus socios de la Coalicin obligan a su gobierno a dar marcha atrs en la reciente generosidad hacia los inmigrantes y refugiados. Sin embargo, el movimiento laboral libre y sin restricciones, sin lugar a duda una ganancia social progresiva significativa, slo existi dentro de las fronteras de la Unin Europea entre sus Estados miembros. Recientemente, el United Europe for Intercultural Action (una red compuesta por 550 grupos antirracistas) emiti un informe que recopila los nombres de los 34.361 refugiados y migrantes que se sabe que han muerto intentando llegar a Europa desde 1993, de los cuales 27.000 se ahogaron en el Mediterrneo. El grupo UEIA admite que esa cifra es un clculo muy bajo, ya que muchos ms refugiados y migrantes desconocidos y no identificados han muerto tratando de llegar a Europa. Desde 1993, los gobiernos europeos, independientemente de su naturaleza poltica, han adoptado medidas draconianas, represivas y racistas contra los migrantes y refugiados, a la vez que desvan cada vez ms recursos para detener este trgico xodo humano que llega a Europa (16).

El crecimiento del nativismo y el racismo en Europa es un barmetro de la metstasis de la tanatopoltica o necropoltica como defensa del ciudadano frente al Otro, considerado como una especie de mensaje de las prximas emergencias eco malignas, una manifestacin de la catstrofe que colorea cada vez ms la poltica global. A medida que la tanatopoltica se extiende a lo largo del discurso poltico y la conversacin nacional y mundial, amenaza con extinguir toda poltica. La tanatopoltica global venidera es inseparable del renacimiento del fascismo y la comprensin de su troika maligna es la condicin previa para una resistencia eficaz contra todo ello.


Notas

(1) Artculo de Yassin al-Haj Saleh, El peligro de un estado de naturaleza, aparece en una coleccin de sus escritos sobre la revolucin siria recogidos en su libro Siria, la revolucin imposible -Ediciones del Oriente y del Mediterrneo- (2018).

(2) Ibid.

(3) Ibid.

(4) Ibid. Curiosamente, CB Macpherson ha cuestionado la lectura tradicional y casi universal de lo que Hobbes estaba argumentando con su hiptesis del "estado de naturaleza", sugiriendo que no pretenda ser una descripcin histrica real de las sociedades preestatales ni propona que una "guerra de todos contra todos fuera inevitable en ausencia de un poder soberano (el Estado) para intimidar a todos los hombres. Este es un argumento que intentaremos abordar en un futuro cercano. Vase C.B Macpherson The Political Theory of Possessive Individualism: Hobbes to Locke (edicin de 1979) pp.19-46.

(5) Yassin al-Haj Saleh: Love, Torture, Rapeand Annihilation: A letter to Samira, en:

https://www.wiko-berlin.de/en/wikotheque/koepfe-und-ideen/issue/13/letter-from-berlin-articles-to-samira-5/

(6) La acuacin "mquinas de guerra" pertenece originalmente a Deleuze y Guattari, pero Mbembe la adopt. Tpicamente provocativo, pero tambin un tanto flojo en manos de Deleuze y Guattari, el concepto de piratera, de "mquinas de guerra" autnomas, aunque perspicaz, debe tratarse con cuidado y contextualizarse adecuadamente. Ver Gilles Deleuze y Felix Guattari en Nomadology: The War Machine (traduccin de 2010).

(7) John Keane: Reflections on Violence (1996).

(8) Mary Kaldor: New and Old Wars: Organised Violence in a Global Era (1999) p.138.

(9) Vase Achille Mbembe: Necropolitics (2002); Giorgio Agamben: The State of Exception (2003) y Michel Foucault: The Birth of Biopolitics: Lectures at the College de France 1978-79 (2010).

(10) Vase tambin Giorgio Agamben: Homo Sacer: Sovereign Power and Bare Life (1998).

(11) En defensa de Foucault contra Mbembe, Foucault identific explcitamente el racismo como una narrativa ideolgica central y formativa cooptada por la "racionalidad gubernamental" recin fusionada del Estado moderno. La homogeneidad racial era el supuesto normativo que sustentaba la definicin del Estado moderno de la "ciudadana legtima". Los ciudadanos definidos racialmente indicaban la llegada del modelo biopoltico de gubernamentalidad. Para la crtica de Elvira Basevich de Agamben, ver "Agamben on Race, Citizenship and the Modern State (2012).

(12) Walter Benjamin distingui entre ley que preserva y ley que fomenta la violencia en Critique of Violence (1921). Benjamin consideraba que la elaboracin de leyes y la preservacin de la ley estaban "podridas" porque derivaban del reino fenomnico de la ley, el poder y la violencia, el reino profano del Estado, o "lo que sea", como algo opuesto al reino de la justicia.

(13) Ensayo de Jacques Camatte On Domestication (1973), recogido en This World We Must Leave (1985) pp.91-137.

(14) De hecho, la represin infligida por las crceles de tortura actu como acicate para la rebelin, una vez que las manifestaciones y protestas en Siria ya haban comenzado cuando las personas salieron a las calles inspiradas por los disturbios sociales en Tnez, Egipto y otros lugares. Por ejemplo, el 25 de mayo de 2011, el cadver mutilado de Hamza al-Khateeb, de 13 aos, de Daraa, uno de los primeros puntos de revuelta contra Asad, fue devuelto a sus padres. Hamza haba sido recogido por la Inteligencia de la Fuerza Area en una marcha de protesta y torturado: sufri castracin, huesos rotos, quemaduras de cigarrillos y heridas de bala. Las imgenes que sus padres publicaron en las redes sociales causaron indignacin. Vase Robin Yassin-Kassab y Leila al-Shami Burning Country: Syrians in Revolution and War (2016) p.49.

(15) Yassin al-Haj Saleh debate sobre ese apuntalamiento sectario y orientalista de las reglas de la elite de Assad con cierta extensin en Siria, la revolucin imposible -Ediciones del Oriente y del Mediterrneo- (2018).

(16) Vase The Guardian Special Issue, publicado en el Da Mundial de los Refugiados, que lleva los nombres de los 34.361 refugiados y migrantes que se sabe que han muerto desde 1993.

Fuente: https://pathsandbridges.wordpress.com/2018/07/11/notes-on-syria-and-the-coming-global-thanatocracy/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.

 

 

 



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