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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2018

El mrito, la edad y la emocin

Jaime Richart
Rebelin


La vida da para mucho o para nada, para vivirla o para limitarnos a existir. A cada cual, tarde o temprano, se le presenta el desafo de o diligenciarla o dejarse llevar. Diligenciarla es ir gestionndola a lo largo de los aos en funcin de un inters, ms all de vivir, todava inexplorado, de predisposiciones, de aptitudes, de habilidades, de posibilidades, y luego de circunstancias que van sobreviniendo a medida que cumplimos aos. Por otro lado, aunque la solucin de nuestra vida material (pues tener resuelta la vida material es determinante para todo lo dems) y luego la prosperidad dependen en estas sociedades mucho ms de la cuna y de coyunturas que del esfuerzo personal, vivir y el deseo de vivir son enteramente cosa nuestra... a menos que una mala constitucin o una precaria salud fsica o nerviosa nos agrien la vida. Y con mayor motivo en los tiempos y en la sociedad en que vivimos, en los que es necesario redoblar los esfuerzos respecto a la poca anterior en la que la mayora tena mucho ms fcilmente resuelto el porvenir. Y esto sucede, porque a causa de una neoideologa que se ha enseoreado de la vida colectiva, despus de haber conseguido la sociedad para el individuo el aliento y el abrigo del Estado, cada da que pasa ste vuelve a sentir ms el desamparo. Las circunstancias y las coyunturas tienen demasiada influencia en su destino y el mrito cuenta poco. Pues al valorar el esfuerzo como mrito, por ms que los "entendidos" se empeen en calibrarlo, no debemos olvidar lo que sabemos: que mientras unos individuos han de desvivirse al incorporarse al mundo del trabajo para, al final de varios procesos en muchos casos fracasar o acabar siendo presa del desaliento, otros se lo encuentran por nacimiento todo hecho. No conduce a nada esconder o velar esta verdad. Ocurre en todo Occidente, pero en Espaa es ms rotundo, pues unas clases dominantes no han dejado nunca de serlo. ste es el real mapa biogrfico de la mayor parte de las vidas, sean la de ese xito sospechoso o de las artificiosamente fracasadas por no contar con ningn apoyo...

Pero hay unos Estados que cuidan, miman y potencian las capacidades individuales y otros las ignoran o las menosprecian si la rentabilidad no acompaa a la capacidad y a la idoneidad del individuo por muy competente que ste sea. Por otra parte, la enseanza reglada, que no deja de ser una enseanza en sumisin, condiciona todo el devenir de la sociedad. En virtud de esa enseanza y las enseanzas que comprende, las clases dominantes se aseguran su prevalencia colectiva e individual mientras las clases desfavorecidas pierden posibilidad de desarrollo y desenvolvimiento, adems de malograrse iniciativas e ideas que las empobrecen todava ms pese a que podran ser aprovechables para todos. El resultado es una reseable decadencia general aunque aparezca solapada por seuelos que lo velan y bambalinas que lo ocultan. Todo lo que origina que el individuo en general vaya reduciendo, cada vez ms tempranamente, no ya la posibilidad de alcanzar la plenitud (a lo que debiera contribuir la sociedad y ser el objetivo principal de todos los gobiernos) sino la de al menos dignamente subsistir.

Es cierto que la vida siempre fue fcil para unos y difcil para otros. Pero en la de los tiempos que corren, sobresale el dato indito de sobreabundancia de los recursos alimenticios hasta lmites insospechados al comienzo de estos ltimos cien aos. Y a ellos se suman los recursos robticos, que han producido un doble efecto. Por un lado facilitan de un modo extraordinario el trabajo y la interrelacin entre los individuos y entre el individuo y las instituciones, pero por otro merma dramticamente los quehaceres retribuidos y agudiza muchos problemas sociales cuando hace un siglo la robtica precisamente nos las prometa muy felices... Pero es que adems de complicar la vida del trabajo y la socioeconmica de muchas maneras, favorece la molicie. Y no solo la molicie sino tambin la despreocupacin e incluso la dejacin de las responsabilidades personales al tener a su alcance fcil el individuo ocasin de culpar de su negligencia, justo a la robtica, como si la robtica no necesitase de una mano humana...

Por otro lado, las condiciones de la relacin hombre-mujer y las de la familia tradicional han sufrido tal convulsin que, en unos pases ms que en otros pero en todos, es preciso esperar todava a un reajuste y a una convergencia armoniosa entre ambos sexos. De esa convergencia est pendiente una sustancial mejora en la formacin integral de quienes nos suponamos destinados a la felicidad. Y la felicidad, habida cuenta que es de una imposible y virtual continuidad, pasa por saber estimar las emociones aunque a veces sean consternantes.

Sea como fuere, los principales atractivos de la vida consisten en el entretenerse y en experimentar emociones. Positivas o negativas, se debilitan y languidecen con el tiempo. Pues a medida que avanzamos en la edad es ms difcil entretenernos y las emociones de por s van sufriendo un desgaste cada vez ms temprano, en buena medida por el ansia de anticipar experiencias que en una sociedad no decadente corresponderan en todo caso a otras edades. Pues ese desgaste progresivo conduce al tedio y a la apata que, si persisten, despiertan fcilmente la idea suicida. A fin de cuentas, el individuo, sea cual fuere su personalidad, antes de su muerte fsica, si sta, naturalmente, no ha sido sbita, generalmente ha dimitido de la vida moral, y antes le ha abandonado la vida emocional.

En todo caso el punto de inflexin del inters por la vida tiene que ver con las emociones. La prdida progresiva del vigor va en paralelo con el debilitamiento de las emociones. Las primeras que se pierden son la alegra, la sorpresa, el asombro y el miedo. Luego el asco y la ira. Slo quedan eventualmente intactas la nostalgia y la melancola de la que Victor Hugo dice es la felicidad de estar triste por el recuerdo de buenos momentos pasados. Y an queda otra emocin que, a mi juicio, es neutra y debemos cultivar con especial mimo... si la vida material nos sonre y la tenemos razonablemente resuelta: la emocin esttica. La emocin esttica est cercana al arrobamiento, al embeleso y a la mstica. Aunque se comprende que las emociones dependen de la personalidad, del carcter, de la salud, de las circunstancias, de la cultura personal, del conformismo y del grado de exigencia sobre lo que uno dese y esper de su futuro y lo logrado o no a lo largo de los aos... si hemos tenido la suerte o la desdicha de cumplir demasiados. Sea como fuere, lo ltimo que debemos evitar en esta vida es abandonar el placer de la emocin aunque sea el llanto, pues aun cuando este fuese interminable, lo mismo que el dolor insoportable, ambos forman parte del verdadero vivir. Ya tendremos tiempo de estar muertos...

 

Jaime Richart, Antroplogo y jurista

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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