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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-07-2018

Entrevista a Ana Basualdo, periodista y narradora
El periodismo, en su versin reporteril, es una hermosa artesana

Edgardo Dobry
CTXT


Nadie tan convencida como Ana Basualdo de que periodismo y literatura son dos disciplinas apartadas, incluso opuestas, por mucho que la misma persona pueda practicar ambas con excelencia. La siguiente conversacin tiene por pretexto la inminente publicacin, en la editorial Sigilo (Buenos Aires), de un volumen que rene un buen nmero de trabajos escritos a lo largo de varias dcadas por esta periodista argentina afincada en Barcelona desde mediados de los aos setenta, cuando de aquel lado del Atlntico empezaba una horrible dictadura y de este lado se terminaba otra. La conversacin tuvo lugar una tarde de febrero en casa de Ana, en el barrio de la Sagrada Familia de Barcelona, desde cuya terraza se ve el templo concebido por Gaud, que Ana detesta, aunque en cambio le encantan las enormes gras amarillas que rodean su eterna ndole de monumento inacabado. Es una charla que puede considerarse, a la vez, el resumen de muchas horas de conversacin a lo largo de los aos. Para usar los trminos de Vallejo, podramos decir que esa tarde nos sentamos a caminar: en torno de su trabajo como periodista; en torno de su manera de concebir esa profesin y esa vocacin. Una caminata que, para m, tiene algo revelador. Ana Basualdo es una lectora como conozco muy pocas por lo infalible de su gusto y por la inteligencia, la capacidad de emitir opiniones precisas y sutiles sin recurrir jams a ideas preconcebidas ni a categoras de ninguna clase y autora de un libro de cuentos extraordinario, que ha conocido varias vidas a lo largo de los aos: Oldsmobile 1962, publicado por primera vez en Barcelona en 1985, reeditado en 1994 por Alfaguara Argentina y recuperado por Ricardo Piglia en 2012 en su coleccin de clsicos argentinos para el FCE. Sin embargo, nunca se consider escritora. Periodista s. En la Argentina de los aos sesenta y setenta, electrizada por la poltica y la cultura, competan en los kioscos varias revistas semanales de informacin general que inventaron una nueva manera de reflejar un mundo que pareca lleno de inminencias, promovieron la investigacin en capas diversas de la vida social, formaron nuevos pblicos. Entre las ms destacadas se contaba Panorama, de la editorial Abril, fundada en 1941 por Csar Civita (empresario de origen judo italiano) y clausurada por la dictadura en 1976. Fue en esa revista en la que Ana Basualdo dio sus primeros pasos como periodista, sin saber todava que estaba forjndose no solo una vocacin sino un destino, un temperamento, una forma de vida.

Las primeras crnicas de tu libro sobre Leonardo Fabio, Ada Falcn, Blackie resumen tu trabajo en Panorama, a principios de los aos setenta. Lo que llama la atencin, ledas ahora, es cmo, en una poca de tanta agitacin, de tanta inminencia, haba un periodismo que registraba el pulso cultural de la Argentina. Cmo era escribir para Panorama? Cmo era esa redaccin? Cmo se te ocurra, en un momento como ese, irte a las sierras de Crdoba a perseguir las huellas de una cantante de tango que haba desaparecido del mapa en el esplendor de su carrera?

El libro es una seleccin, y las notas de Panorama que eleg (y ms en concreto esas tres que decs vos) son excepcionales, por el tiempo que pude dedicarles y por lo largas: cinco o seis pginas y con mucho ms texto que fotos de un semanario de informacin general son una barbaridad. Y una peculiaridad de Panorama, que haba sido mensual y conservaba ciertos formatos. Slo las notas que escrib en Buenos Aires para esa revista podan considerarse periodsticas, cre durante mucho tiempo, no slo por cmo sino por dnde, en qu circunstancias, con qu intencin y segn qu cdigo y en qu condiciones laborales fueron escritas. Cada una form parte de un nmero determinado de la revista que durante una semana estuvo en los kioscos, por un lado, y, por otro, son todas productos fabricados en una redaccin compuesta por un plantel numeroso y bien pagado, en el marco de una empresa familiar potente, la editorial Abril, en la Argentina anterior a 1975. Panorama fue clausurada a mediados de ese ao. Y la historia de Abril, y de su fundador y director, el extraordinario Csar Civita (un judo milans nacido en Nueva York que lleg a Buenos Aires en los aos cuarenta), no fue escrita por ninguno de los muchos periodistas que nos formamos y trabajamos ah sino por una sociloga italiana, que escribi un ensayo excelente: ABRIL. De Pern a VidelaEugenia Scarzanella, FCE). La crnica sobre Ada Falcn les gust a coleccionistas de tango melanclicos, pero mucho ms a psicoanalistas jvenes de moda. La revista poda darle seis pginas a un tema tan anacrnico porque (nos gustaba creer) ramos capaces de tratarlo de otra manera que la prensa tradicional oa o rosa o amarilla.

En aquella poca, si no me equivoco, los periodistas no provenan de los estudios de Comunicacin Social o Periodismo; eran autodidactas, se hacan en la calle. Cmo llegaste al periodismo y quines fueron tus maestros en aquellos primeros aos?

No recuerdo que nadie, en aquella redaccin, hubiera estudiado para ser periodista. ramos (los ms jvenes y sin ninguna experiencia en periodismo ni casi en nada) estudiantes o ex-estudiantes de Letras o Ciencias o Derecho o cualquier otra cosa. A m me gusta en perspectiva darle importancia a esa etapa artesanal de informante o aprendiz o pinche de redactor. No importaba que uno escribiera bien sino que informara suficientemente sobre lo que le hubieran encargado: la inauguracin de un puente o un congreso de pediatras, o una guardia clandestina en recepciones de los hoteles por hora que proliferaban en la ruta Panamericana hacia 1970, o el derribo de una farmacia art-nouveau del 900. A m me toc, por una casualidad o circunstancia que resultara feliz, empezar en terreno desconocido y arduo: la seccin de ciencia y tcnica, para el que no tena ninguna formacin, pero bast el primer encargo para descubrir que s me gustaba entrevistar, fuera a quien fuera. Un lugar creado por una ficcin o impostura (que a la vez era un trabajo pagado y poda ser un oficio) que pone en marcha mecanismos de observacin, simulacin, contencin y algo as como olvido o suspensin del yo. Mecanismos que se ponan en marcha, o no, al margen de que uno (principiante) acudiera a una entrevista con un cuestionario preparado por otro y con un grabador. Si hay algo de vocacin en esto, para m est en ese lugar de aparente inactividad, por eso no me gustan nada las entrevistas estilo interrogatorio policial; ms, los merodeos del detective. La escritura de la nota era cuestin no secundaria pero s posterior al trabajo sobre un personaje o ambiente o situacin. La etapa de informante terminaba cuando, por un lado, el informe era ya nota publicable y, por otro, habas pasado en cuanto a relacin laboral con la empresa de colaborador a redactor. El informe se cobraba como colaboracin. El principiante aprenda trabajando y le pagaban por ello.

Cmo fueron esas primeras entrevistas?

Al principio fueron entrevistas a primeras figuras de la investigacin, para una serie sobre el cuerpo humano: a la descripcin de cada rgano se aada un reportaje sobre el estado de la investigacin, en la Argentina, en la especialidad correspondiente a ese rgano. Se publicaba como separata, y era un producto salido de la tradicin de contenidos educativos que haba publicado Abril en los aos cincuenta y sesenta, como Biblioteca Bolsillitos y otras creaciones de Bors Spivacov, quien por cierto le ense castellano a un Civita recin llegado a la Argentina. Despus sigui una cobertura sistemtica de la poltica cientfica argentina, a travs de entrevistas a investigadores y administradores que culmin con una nota de tapa (con los dos Nobel, Bernardo Houssay y Luis Leloir, reunidos para la foto pero hostiles) de veinte pginas repletas de informacin caliente, porque se jugaban muchas cosas a la vez polticas, acadmicas, econmicas en un mundo que, como todo en ese momento, era de agitacin, de inminencia, como vos decs. El foco ms o menos revolucionario se pona en todo. No inclu esa nota porque sera ilegible hoy. Si los nombres de los Nobel estn olvidados, cunto ms el elenco de entrevistados, las guerras entre bandos por el poder de esta o aquella institucin o ctedra o presupuesto, hacia 1971. En todo ese perodo (que en el libro brilla por su ausencia) actu como pinche y espa de Martn Yriart, que trabajaba en Panorama desde que era mensuario y diriga la seccin de ciencia. A l se le ocurri que yo poda hacer ese trabajo y me ense a aprehender lo suficiente de la informacin tcnica como para traducirla y contarla (y luego, olvidarlo todo). El modelo de revista era Time, y tambin, para algunas secciones, el ideal imposible (en la cabeza de Toms Eloy Martnez, el mejor director de una redaccin que conoc) eran The New Yorker y Esquire.

Creo que en el conjunto de esos trabajos se nota tu inters por los personajes y por la calle. Esos artculos son una combinacin de entrevista y crnica: a Manuel Puig, por ejemplo, no lo entrevists para que hable de sus novelas sino de la presencia del camp en Buenos Aires. A Favio lo hacs hablar de su posicin dentro del cine argentino contemporneo a l. Hay una crnica tuya del ambiente que se respiraba en las confiteras de la calle Florida. Haba algo deliberado en ese enfoque o sencillamente sali as?

Bueno, la entrevista especfica a Manuel Puig tenan que hacrsela en la seccin Libros, donde estaban Marcelo Pichon-Riviere, Jorge di Paola y Miguel ngel Bustos; y de hecho le hicieron varias. Yo llam al autor de Boquitas pintadas para que me guiara quin mejor en esa indagacin sobre el camp, y lo hizo con entusiasmo y con su desopilante malevolencia. Para m, esa nota fue el pasaporte para pasar a la seccin Vida Cotidiana y zafarme poco a poco de la especie de servicio militar que haba sido Ciencia y Tcnica.

Pero para este libro elegiste sobre todo notas culturales, ms que las de callejeo propiamente dicho.

Me parece que soportan mejor la distancia. Pens que los artculos que conservo o que consegu donde hubo trabajo de calle (inicio del boom inmobiliario en el barrio de Belgrano, crnica de no recuerdo qu elecciones contadas desde una ciudad de la provincia de Buenos Aires, una visin de Crdoba dos o tres aos despus del cordobazo, etc.) estn demasiado lejos y son tan detallados que no se pueden leer ahora, perdidas las referencias. Porque la calle aparece por necesidad; no es el motivo. Por eso la nota sobre las confiteras fue una especie de capricho o tmido experimento (no salamos slo a observar), que fue fcil y rpido de hacer, al lado de las otras. Ms bien s, sali as, como decs.

Es curioso que, despus de lo dicho, la crnica que cierra tu etapa argentina sea sobre una logia del espiritismo peronista. Aunque se public en 1972, tiene algo premonitorio del desastre argentino que vendra a partir del 75 y de tu propio destino. Es as? Cundo y por qu te fuiste de Argentina?

Panorama fue clausurada por el gobierno de Isabel Pern y Lpez Rega ms o menos a mediados de 1975. Me acuerdo bien de la foto de tapa que no lleg a salir: Borges (traje azul, corbata rojo oscuro con rayitas) y el actor Juan Jos Camero (muy joven, con pantaln y campera corta de jean blanco) caminando del brazo por la calle Florida. Ilustraba una crnica ma del rodaje (en el Uruguay) de El muerto, adaptacin del cuento de Borges. Das despus clausuraron la revista. Seguimos yendo a la redaccin y cobrando a fin de mes. Me recuerdo sentada arriba del escritorio, en medio de una asamblea aptica, mirando el ro por las ventanas que daban a Leandro Alem. Todo haba terminado, meses antes del golpe. Yo me fui del pas el 8 de noviembre del 75. En cuanto a la nota sobre la Logia Anael, que cierra el libro, es curioso, a m tambin me parece que se filtra algo que ahora podramos leer como siniestro, sobre todo en el recuadro en que cuento una visita a los dueos de una ptica, donde segn rumores se hacan reuniones de esa secta de la que formaba parte, decan, Lpez Rega. A fines de los noventa, cuando preparaba una recopilacin de crnicas de Enrique Raab (Crnicas ejemplares, Perfil, 1999), me impresion no encontrar y l fue el mejor seales de lo que, poco despus, nos borrara del mapa, de modo total o parcial. Cuatro redactores de Panorama desaparecieron: Luis Guagnini, Miguel ngel Bustos, Conrado Ceretti e Ignacio Ikonikof.

Cmo se reformul tu vocacin periodstica en una ciudad extranjera, donde, imagino, las cosas eran menos connaturales que en Buenos Aires?

Llegu a Espaa a principios de noviembre de 1975, con tres cartas de recomendacin que me dio Eduardo Galeano (que diriga la revista Crisis). Una para el poeta Flix Grande, en Madrid, a quien vi en su despacho de director de Cuadernos Hispanoamericanos, donde trabaj muchos aos el novelista y ensayista argentino Blas Matamoro. Otra carta para Manuel Vzquez Montalbn, que me consigui las primeras colaboraciones, en varias revistas pronto desaparecidas: Cuadernos para el dilogo, Triunfo, Guadiana. Y otra para un militante del antiguo PSUC (Partit Socialista Unificat de Catalunya), cuyo nombre no recuerdo y que algn hueco espordico me hizo en la gacetilla del Colegio de Aparejadores que editaba. Y luego escrib de todo para varios productos del destape: Intervi, Bazaar, Penthouse, Playboy

Ahora, febrero de 2018, se acaba de anunciar que cierra la revista Intervi. Si no me equivoco, por ah pasaron, en su primera poca, unos cuantos periodistas, fotgrafos, editores argentinos.

Nosotros venamos de una debacle y ac todo volva a empezar, y volvi a empezar con desnudos femeninos en la tapa de Intervi y con sus reportajes ms o menos sensacionalistas, y con otras cabeceras subsidiarias del boom del destape que publicaba la misma editorial, Zeta, donde trabajaron varios argentinos en distintos puestos y muchos ms como colaboradores. Carlos Alfieri (La Opinin, El periodista de Buenos Aires, Le Monde diplomatique en castellano) fue el primer jefe de redaccin de Intervi, cuando venda un milln de ejemplares por semana.

Despus empezaste a trabajar para La Vanguardia, el diario ms importante de Barcelona.

Mi colaboracin fija fue en los aos 80, en la seccin de Cultura que diriga Josep Ramoneda (por entonces, tambin, profesor de filosofa). Me encarg un par de entrevistas, al filsofo Eugenio Tras y al arquitecto Ricardo Bofill, y despus me propuso ayudarlo a armar un suplemento semanal, que sala los martes. Fue, lejos, la mejor experiencia profesional (mi vida laboral pertenece desde hace mucho a RBA) que tuve desde que vivo aqu. Pep Ramoneda est detrs de toda la segunda parte del libro, desde las entrevistas en La Vanguardia, en los aos ochenta, hasta lo ms reciente, que escrib para la revista bimestral que ahora dirige, La Maleta de Portbou

En general, de esa parte de tu produccin periodstica, con qu criterio seleccionaste lo que sale en el libro?

En La Vanguardia entrevist a novelistas, filsofos, arquitectos, diseadores, urbanistas, pintores, poetas, msicos, antroplogos, arquelogos, modistos, fotgrafos, etc, , casi siempre por motivos de actualidad (por eso eleg unas pocas). En la redaccin de La Vanguardia, adonde iba unas horas dos o tres veces por semana, pas de la mquina de escribir a la computadora (para Internet faltaba bastante). Fueron cinco o seis aos, en los 80, en la Barcelona preolmpica. Aos que desperdici, porque yo andaba siempre comparando aquella redaccin oscura y demasiado silenciosa de la calle Pelayo con Panorama. Que fue lo que ms extra, durante mucho tiempo. So con Buenos Aires todas las noches, el primer ao, y motivo recurrente fue un telfono de arena en el que intentaba discar el nmero de la redaccin.

Creo que otra parte de tu destino se cifra en la primera pieza espaola de esta recopilacin: la entrevista a Federica Montseny. Lo digo porque est ah un elemento que perdura hasta hoy: tu inters por la tradicin anarquista de Barcelona, por su memoria y sus huellas, que gua tu libro Paseos por Barcelona fugitiva; rastros de la ciudad crata (2015). Cmo llegaste a Federica Montseny, por qu te interes?

Que yo recuerde, la primera vez que supe algo sobre la historia de Barcelona fue por mi amigo Alejandro Malofiej (1938-1987), que empez en Panorama su carrera como dibujante de mapas y grficos y despus pas a La Opinin y Tiempo Argentino. Existe un premio internacional de infografa Malofiej, en homenaje a su talento de pionero, ya que trabajaba con plumn, tinta china y planchas de Letraset. Me habl de la guerra civil espaola desde el anarquismo (yo arrastraba doctrina estalinista de mi paso breve por la Federacin Juvenil Comunista). Como por casi todo lo que conoc por Alejandro, la historia del anarquismo me interes siempre, tambin como forma de seguir hablando con l. Te lo digo ahora, en este contexto, no slo porque fue uno de mis mejores amigos sino un personaje importante en la redaccin de Panorama y estoy bastante segura de que slo en aquel ambiente extraordinario pudo un tipo salvaje y refinado como l (hijo de rusos que apenas hablaban espaol y dostoievskiano hasta la caricatura) convertirse en un profesional de primera, encauzando no sin dramas, fugas, cabezazos contra la pared algunas de sus obsesiones: la cartografa, la geografa, la estrategia militar, Napolen, Pedro el Grande, la guerra de Crimea, Nicolas de Stel Un profesor de la Universidad de Navarra, aos despus (yo ya estaba ac), fue su descubridor internacional y el promotor del premio Malofiej.

Entonces, ese inters por el anarquismo se reaviv cuando te instalaste en Barcelona.

En el verano de 1977 se organizaron unas Jornadas Libertarias, con fiestas masivas en el Parc Gell y debates (estn en youtube) en varias salas de cine y de teatro abarrotadas. Escrib una crnica de las Jornadas en el Parc Gell para un semanario efmero, Opinin, que editaba Planeta, y ah habl con algunos viejos militantes que haban conocido la Barcelona crata, anterior a la guerra. Despus entrevist a Federica Montseny, para el dominical de La Vanguardia, lo cual enfureci al subdirector ya a punto de jubilarse. Lo notable (y prueba de la libertad en que se trabajaba) es que se enter como cualquiera, al abrir el peridico. A m no me culp: T eres extranjera y no sabes nada de aquello.

Da la impresin de que el periodismo, tal como lo practicaste vos y tus compaeros de generacin, ha dejado de existir, en favor de la noticia apurada y la multiplicacin de las columnas de opinin. Cmo ves el panorama? Cres que cierto auge reciente de la crnica vino a ocupar ese lugar que el periodismo ha abandonado?

Una diferencia enorme: la columna de opinin no exista; tampoco el uso de la primera persona. La crnica literaria es un gnero que, en los ltimos tiempos, en la Argentina se practica mucho y con brillantez, pero la crnica periodstica cumple otra funcin. El asunto es que ya no existe como gnero habitual y tanto la crnica de escritores como el cine documental han suplantado, en principio con nobleza, el vaco (descriptivo, ambulatorio, husmeador, caminador) dejado por el periodismo. Menos noble, o al menos no adecuada (ms all de gustos personales o generacionales, o quiz debido a ellos) me parece la novelizacin de asuntos sociales (o econmicos, polticos, etc.) que antes describa y analizaba, a travs del trabajo de campo y la consulta a los expertos, la crnica periodstica. Hemos perdido grandes cronistas, en Espaa, que optaron por la produccin de novelas temticas de factura decimonnica. La crnica no es o no era la expresin de las emociones u opiniones del autor sino, en todo caso, por aadidura o subyacencia, con un armado narrativo de informacin capaz de sostener la verosimilitud del punto de vista.

Cres que el periodismo ha sido reemplazado por algo que se sigue llamando periodismo pero ya es otra cosa?

Ha cambiado absolutamente, en lo empresarial, tecnolgico, formativo, formal, gremial, social. Ms o menos como todo. Y la reacomodacin arras (acordmonos de las oleadas de despidos) tambin con el reporterismo callejero sistemtico. Hay campos de la informacin que slo pueden roturarse a travs de fuentes vinculadas al poder, pero no es la nica realidad que necesita ser explorada. El panorama social suele resumirse en encuestas, estadsticas, atencin suprema a los comentarios en redes, preguntas previsibles micrfono o cmara en mano.

En los ltimos aos, te sentiste movida en alguna ocasin a volver al periodismo a pie de calle para llenar ese vaco?

Hace unos aos (hacia el 2003), tuve el impulso de contar cmo haban cambiado mi barrio los inmigrantes ecuatorianos, la mayora muy jvenes, de ambos sexos y muy dados a charlar en la calle, sentados en zcalos o en la puerta de los locutorios. Como pjaros de la costa del Pacfico (de donde provenan casi todos), vinieron, alegraron el barrio y se fueron en cuanto empez la crisis. Ese trabajo estaba indito. Mucho despus, escrib una crnica sobre el primer acto de Pablo Iglesias en Barcelona, que se public dos meses despus en La Maleta de Portbou justamente porque al da siguiente no encontr, en la prensa, ni escrita ni televisiva, nada de lo que yo haba visto y escuchado ah. Y era importante, en ese momento en que creca el independentismo, enterarse de qu tipo de pblico haba ido a escuchar a un poltico joven, de izquierda novedosa, madrileo y emptico con Catalua. No haba periodistas en el acto? Haba sobre todo fotgrafos, pendientes de un tipo que entonces (conocido sobre todo a travs de la tele) provocaba curiosidad e ilusin en algunos, y miedo e irritacin en otros En ese momento, Podemos se estaba organizando en Barcelona. Quin y cuntos iran era una incgnita. La mayora del pblico proceda de los barrios del antiguamente llamado cinturn rojo. Gente, en general, castellanoparlante, antiguos inmigrantes con hijos y nietos ms o menos bilinges. Tres aos despus de aquel primer acto de Podemos en Barcelona (que fue el 21 de diciembre de 2014), tres aos que parecen diez, en buena parte de los suburbios votaron a Ins Arrimadas. Gran sorpresa. Aos sin molestarse en escuchar a toda la sociedad barcelonesa.

Pero hay un esfuerzo, una energa necesaria para seguir lo que sucede minuto a minuto que a veces parece desmesurada

Hemingway tena razn cuando deca que hay que ser periodista slo entre los veinte y los treinta aos. Digamos, ahora, hasta los cincuenta. Pero siempre aparece algn fenmeno fuera de rbita, por suerte: Ernesto Ekaizer, que se form en Panorama tambin, y sigue con la misma energa, rapidez, fogosidad y contencin a la vez. No te ras: contencin, a pesar de sus desbordes en la tele. Contencin y paciencia de espa, cuando algunas de sus incontables exclusivas salieron de una escucha en el vestbulo de un hotel o en el Congreso segn l mismo ha contado, y despus el seguimiento de sabueso, hasta reconstruir historias gruesas de la corrupcin de los ltimos tiempos, y lo sigue haciendo, como pez en el agua en laberintos judicial o financiero o empresarial o parlamentario, todos los das (para diarios, canales de televisin y de radio), con la misma credibilidad (nunca lo desmienten!) e intensidad. En un artculo, Ekaizer cita al periodista financiero Martin Mayer: Informar es una actividad policial. Si no puedes vivir con eso, no deberas estar en este trabajo. Informar es fisgar, y espiar no constituye una actividad refinada. Ernesto es un caso extraordinario de vocacin intacta, que le ha permitido atravesar la mutacin del periodismo tan raudo como a los veinticinco aos. Como si todo estuviera igual, sabiendo que no es as.

Me gustara preguntarte por algn descubrimiento, alguna crnica ejemplar que haya sido decisiva para tu trabajo de los ltimos aos.

Una crnica peculiar que se public en La Vanguardia, sin firma, el 14 de octubre de 1909. Cuenta el fusilamiento del pedagogo anarquista Francisco Ferrer Guardia, ocurrido el da anterior, contra un paredn del castillo de Montjuic, acusado de haber liderado la revuelta anticlerical y antiguerra de Marruecos, conocida como La Semana Trgica. Es una crnica del fusilamiento (despus del juicio irrisorio de un tribunal militar) tan eficaz como para haber pasado la censura del momento y un siglo de historia. La habrn ledo sin escandalizarse los suscriptores catlicos que habran aprobado el fusilamiento y podemos leerla cien aos despus, sobrecogidos por los detalles, desde una visin opuesta de aquel suceso. En Pars se enteraron del fusilamiento por las ediciones extraordinarias de la prensa de izquierda: salieron a la calle miles de manifestantes, encabezados por Jean Jaurs, y se repitieron protestas en ciudades de medio mundo. Hay otro ejemplo interesante, tambin sobre Ferrer Guardia. El autor es William Archer, un escritor y crtico teatral escocs que lleg a Barcelona en 1910, enviado por la revista neoyorquina McClures Magazine. Su libro The life, trial, and death of Francisco Ferrer se public en 1911 y la traduccin al castellano tard un siglo. En cuanto empieza a investigar, se da cuenta de que el juicio y la condena haban sido un crimen estpido compartido por los militares, el gobierno conservador y la Iglesia (acaparadora de la enseanza, en Espaa, y Ferrer Guardia haba fundado la Escuela Moderna),) pero investiga tambin todo lo que precede y rodea el hecho, todo lo que le permita describir el lugar y el momento, desde el salario de un tipgrafo o el porcentaje de analfabetos hasta el urbanismo moderno y la arquitectura modernista de Barcelona con juicios muy certeros, para m, sobre lo ltimo. Sin pintoresquismo ni adornos ni nfasis melodramtico, transmite cmo a partir de lo que averigua fue dndose cuenta de lo descabellado y brbaro del asunto. Procedi en Barcelona como un excelente reportero de investigacin, con curiosidad mltiple y sin miedo a lo desconocido: Abord el tema con la imparcialidad que otorga la ignorancia, dice en el prlogo.

El monumento a Ferrer Guardia est en el Montjuic, justo enfrente del Estadio Olmpico, aunque bastante ms escondido

Est muy bueno el rincn de Montjuic donde lo pusieron, rodeado de casuarinas, que se le parecen, por los troncos altos y flacos. Pero bastante escondido, no por casualidad. Aqu tengo los datos. Es una rplica del que se inaugur en Bruselas, en 1911, dos aos despus de la ejecucin: un hombre desnudo levanta al cielo una antorcha, smbolo del librepensamiento. Se financi por suscripcin popular. En 1915 la quit el ejrcito alemn, para congraciarse con el rey de Espaa, que en 1912 se haba negado a visitar Blgica debido a los homenajes a Ferrer. En 1919, el Consejo general de Libre Pense belga organiz una concentracin y fue reinstalado, pero, como el gobierno espaol protestaba, suprimieron el nombre de Ferrer y lo dedicaron a la libertad de conciencia. La estatua recuper su nombre en 1931, cuando la proclamacin de la Repblica espaola, y la volvieron a inaugurar, en octubre de 1984, al cumplirse 75 aos del fusilamiento, delante de la Universidad Libre de Bruselas, bien visible, en el centro de la avenida Franklin. El rector lament la ausencia de las autoridades espaolas: una cobarda o absoluto desinters de Felipe Gonzlez que debera habernos abierto los ojos. El 13 de octubre de 1989, por fin, la pedagoga y diputada socialista Marta Mata hizo un excelente discurso de reparacin histrica y el Ayuntamiento de Barcelona de Pasqual Maragall aprob la instalacin del monumento. Pero, aunque aquel hombre se declar siempre internacionalista y antinacionalista, en el monumento (y en los rtulos de la avenida, al pie del Montjuic) figura como Francesc Ferrer i Guardia. Siempre firm Francisco Ferrer Guardia. Adems, no se especifica que fue fusilado ni dnde. Slo que muri por la libertad o algo as.

Estos hallazgos, si no me equivoco, impulsaron la escritura de tus Paseos por Barcelona fugitiva.

S, a Ferrer Guardia me lo encontr en la calle, de alguna manera, y por eso ocupa parte de PaseosEse fue un trabajo periodstico dificultoso, porque, basado en caminatas por algunos barrios de Barcelona, tard en encontrar la forma de contarlas. Los paseos peridicos desde mi casa (Sagrada Familia) hasta el Clot, la Verneda, el Parc de Sant Mart, Sagrera empezaron sin intencin de escribir nada, pero en algn momento se cruzaron con algunas lecturas: Barcelona rebelde. Gua de una ciudad silenciada (Octaedro), donde me top con el nombre de Vctor Serge (de quien haba ledo varias novelas y su extraordinario Memorias de mundos desaparecidos (FCE) y me intrigaron la cantidad de referencias ubicadas en el barrio del Clot. Empec a buscar huellas, pensando entremezclar la informacin sobre el pasado con la descripcin del presente (cambios en los barrios, transformaciones urbansticas ligadas al boom inmobiliario y al turismo, etc.). En el Clot vivi Durruti. En el Clot funcion la Escola Natura, donde a fines de los aos veinte y principios de los treinta se estudiaba con libros de la Escuela Moderna de Ferrer Guardia, en un edificio del sindicato anarquista del Textil, en el nmero 12 de la calle Municipi. Todava existen, en el Clot, las dos casas donde vivi Abel Paz (alias de Diego Camacho), compaero de Durruti cuando adolescente y su bigrafo, a quien alcanc a conocer pero ya no hablaba sino con monoslabos

Sin embargo, creo que fue un encuentro determinante para vos y para el libro, no?

Me dio su libro de memorias Chumberas y alacranes (1921-1936), donde cuenta su infancia en Andaluca y su llegada al Clot, sus clases en la Escola Natura, su vida en los ateneos libertarios (hubo varios en el Clot, seguidores de tendencias diversas del anarquismo), su primera relacin sexual, sus aventuras adolescentes por los campos que haba pintado Isidre Nonell, la reunin en el bar Montserrat (en la actual calle Rogent) esperando armas, el 18 de julio, cuando tena quince aos. Creo que nunca me sent tan incmoda, ante un entrevistado. Viva en lo alto de la calle Verdi, en un piso mnimo, como un set para el relato de un viejo militante anarco-sindicalista por completo fiel a su pasado. Salita con una mesa, tres sillas, estantes con libros, posters libertarios en la pared. No poda hablar por culpa del enfisema pero tampoco pareca desearlo. Lo inquietante no era tanto el silencio sino que toda la energa que le quedaba (en un cuerpo flaco y encorvado) la tuviera concentrada en una mirada no dura sino furiosa y acusatoria. Ninguna seal, cuando le nombr a Federica Montseny, pero murmur Vctor, como si hubiera sido su amigo, cuando le nombr a Serge, aquel gran escritor de origen ruso nacido en Blgica que vivi en Barcelona en 1917 y muri, aptrida, en Mxico.

En qu momento surgi el impulso de escribir un libro de cuentos? Por qu no volviste a escribir cuentos, despus, teniendo en cuenta que ese nico libro te report un largo reconocimiento?

Hubo un perodo, en los aos ochenta, poco antes de La Vanguardia, en que me pas algo por nica vez. La circunstancia fue la siguiente: por primera vez aqu, haba trabajado uno o dos aos en relacin de dependencia con una editorial que publicaba la edicin en castellano de Playboy y una revista de moda para novias, que no tuve vergenza en dirigir. Dur poco y, cuando cerr y me despidieron, me encontr con dos o tres meses esplndidos de libertad pagada. Faltaba un poco para que terminara la dictadura y pudiera viajar a la Argentina. La nostalgia ms angustiosa haba pasado. Era verano. Entonces me gustaba el verano. La casa no tena casi muebles. La msica sonaba a tope. Y de pronto agarr un cuaderno y escrib unas frases sobre la estacin de Tigre (la antigua, ocupada ahora por McDonalds), un domingo de verano al anochecer, llena de gente que volva de las quintas con ramos de hortensias y de esa frase (me parece a m) salieron los cuentos. No haba escrito antes ni una lnea de ficcin, y recin unos diez aos despus termin un cuento que incorpor a la segunda edicin del libro, porque lo cierra. No puede considerarse escritor al autor de un solo libro. Lo dira as: periodista por oficio y vocacin, escritora de ese solo libro y lectora por vocacin desde que recuerdo. Intentos existieron. Pero, as como puedo publicar artculos que considero fallidos, un cuento no. El cuento o el poema son artificios (arte) y el periodismo, en su versin reporteril, es una hermosa artesana.

Notas:

1.Vida, proceso y muerte de Francisco Ferrer Guardia, de William Archer, Barcelona, Tusquets, 2010.

2.La Escuela Moderna, de Francisco Ferrer Guardia, Barcelona, Tusquets, 1976.

Fuente: http://ctxt.es/es/20180711/Culturas/20729/Edgardo-Dobry-Ana-Basualdo-periodismo-Buenos-Aires-literatura.htm



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