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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-07-2018

Zapatismo, escombros y cadveres

Ricardo Orozco
Rebelin


El 5 de julio pasado, apenas unos das despus de celebrados los comicios que dieron la victoria electoral a la plataforma de gobierno federal encabezada por Andrs Manuel Lpez Obrador, la vocera de la Subcomandancia del Ejrcito Zapatista de Liberacin Nacional (EZLN), personificada en la figura de Galeano (antes Marcos), emiti un comunicado i en el que, sin tener que hacer explcitas referencias a Lpez Obrador y su proyecto, el EZLN marcaba una clara lnea de divergencias y desencuentros por lo dems histricos, en las cuales el mensaje central, el nervio ms profundo de su posicionamiento respecto de la administracin entrante sigue siendo, en trminos generales: ustedes no nos representan.

El distanciamiento que abri el EZLN con tal posicionamiento, por supuesto, fue recibido en amplios sectores de las bases de apoyo de la plataforma electoral y de gobierno de Lpez Obrador como un claro reflejo de honda hipocresa por parte del movimiento zapatista; hipocresa que hoy, adems, de cara al mayor triunfo sufragista de algunas corrientes de izquierda en Mxico, no hace ms que evidenciar que quiz siempre s es cierto que el zapatismo en los caracoles chiapanecos nunca ha sido, en estricto, ms que un artificio generado por el rgimen poltico de finales del siglo XX para hacerle el juego de acuerdo con los vaivenes de los tiempos polticos.

Grandes crculos de apoyo a la campaa presidencial de Lpez Obrador y que en algn momento de la historia reciente de Mxico nunca dudaron en suscribir y hacer eco de las crticas del zapatismo al autoritarismo, al neoliberalismo, al conservadurismo decimonnico, a los crmenes de Estado, etc., ante ese comunicado que se resinti en el postludio del triunfo electoral como una traicin directa y abierta a su causa, no dudaron, por un lado, en hacer de Galeano (o Marcos) un simple ttere del rgimen prista; y por el otro, en descalificar los aejos y persistentes reclamos no slo del zapatismo, sino de los numerosos pueblos originarios de Mxico, considerando que su renuencia a ofrecer su apoyo explcito y acrtico a la administracin pblica entrante no hace ms que fragmentar a la izquierda y hacerle el juego al prismo, al panismo, al perredismo y a todos sus similares y/o derivados.

Y es que en la lgica de quienes antes apoyaban al zapatismo y hoy lo acusan de sedicin, las reivindicaciones histricas abanderadas por este movimiento desde finales del siglo XX, hoy, ya no pasan de ser anacrnicas, dogmticas e intransigentes, toda vez que las mltiples luchas sociales que en algn momento se encabezaron desde el EZLN ya no son ms representativas de la amplia, mltiple y diversa agenda que la izquierda tendra que estar atendiendo y promoviendo en el tiempo y el espacio presentes. Por eso se justifican si la primera reaccin de las bases de apoyo ideolgico y electoral del Movimiento de Regeneracin Nacional, ante el comunicado del EZLN, fue de rechazo, ello se debe al hecho de que en realidad la izquierda contempornea es ya ms plural, ms diversa, ms amplia y pragmtica de lo que nunca lo llegar a ser el zapatismo.

Muchos y muy profundos son los problemas que se presentan en esta interpretacin del posicionamiento adoptado por el zapatismo. Sin embargo, dos son de particular relevancia, toda vez que apuntan a la necesidad de no perder de vista esa delgada lnea de delimitacin en torno de la legitimidad poltica y el ejercicio de la justicia social que en las experiencias progresistas de Amrica no se alcanz a leer y que en diversos momentos termin por dinamitar las bases populares de apoyo a los proyectos polticos que respaldaron.

El primero de esos problemas tiene que ver con una tendencia creciente, por parte de algunos sectores de la izquierda que sali victoriosa en los recientes comicios, a descalificar como dogmticas, intransigentes y retrogradas a diversas corrientes de izquierda que con el paso del tiempo se han pronunciado respecto a las agendas que el gobierno entrante tendra que estar atendiendo, si es que se quiere asumir como un gobierno verdaderamente representativo de las izquierdas en Mxico. Es decir, tiene que ver con una disputa, al interior de la propia izquierda, en donde se aglutinan, convergen y divergen numerosas expresiones de la misma, y en la que la batalla que se libra tiene que ver con la tarea de colocar slo a una corriente de izquierda como la verdadera y legitima ganadora de las elecciones y la plataforma de gobierno propuesta.

Revelador de esta disputa es, en este sentido, que el principal frente de conflictividad con el que tuvieron que lidiar las bases de apoyo electoral de la coalicin victoriosa fue por lo menos en lo que concierne al espacio discursivo y de discusin pblica, justo, en torno de la necesidad de delimitar los mrgenes ideolgicos y programticos dentro de los cuales esa coalicin se est asumiendo como un proyecto de izquierda, o diferente de los intereses que han gobernado al pas los ltimos cinco sexenios, en particular; y toda la historia del prismo, en general. Y la cuestin es que esa discusin se dio con otros sectores de la poblacin que asimismo se presentaban ellos mismos como de izquierda; con lo cual qued evidenciado que si el debate se encontraba ah era porque, en ltima instancia, las divergencias entre la coalicin ganadora de las elecciones y los intereses respaldando a los viejos sexenios no eran tan amplias ni tan marcadas como se supondra.

Siendo claros: el proyecto de Lpez Obrador ha pasado muy poco tiempo explicando por qu s la poblacin lo debera de considerar como una plataforma de gobierno de izquierda. Sin embargo, el hecho de que desde diferentes corrientes y expresiones de izquierda se le est cuestionando ese mismo punto y se le est exigiendo el transparentar la naturaleza de su agenda y de sus intereses tiene que ver con la realidad de que la coalicin articulada por Lpez Obrador termin aglutinando a una diversidad de intereses conservadores, neoliberales, de derecha o como mejor se los quiera adjetivar, que tal conglomeracin (con muchos de ellos en franca oposicin entre s y respecto de la postura tica y poltica del propio Lpez Obrador) exige cuestionar cul ser la agenda y cules sern los intereses que se impondrn al momento de constituirse el nuevo gobierno, as como el saldo y los beneficiarios de dicha imposicin.

No es un secreto que, para obtener el triunfo en los comicios, el proyecto de Lpez Obrador tuvo que negociar y ofrecer algunas concesiones a sus opositores, de tal manera que la historia de bloqueos experimentada en las dos elecciones presidenciales anteriores (2006 y 2012) no se repitiera, gestando el bloqueo poltico de aquel y sus crculos. El problema no es ese: cada una de las plataformas de gobierno progresistas en Amrica llegaron al poder estatal y lo ejercieron recurriendo a negociaciones similares. El problema aqu es, ms bien, que la reaccin que la coalicin electa est teniendo con sus crticos de izquierda est recurriendo cada vez ms a la descalificacin de los mismos como pseudoizquierdas, como izquierdas radicales, anrquicas, retrgradas, dogmticas, ideolgicas, etctera.

La coalicin electa para convertirse en gobierno el prximo sexenio parece estar olvidando que gran parte del triunfo y del arrastre popular que consigui en amplios sectores de la poblacin se debe al hecho de que, durante la presidencia de Enrique Pea Nieto, el rgimen gubernamental no se cans de repetirle a la ciudadana que cada una de las luchas sociales que se le presentaron como oposicin o resistencia fueron descalificadas en los mismos trminos en los que ahora la izquierda electoral descalifica a las otras izquierdas. Cmo olvidar, por ejemplo, la sistemtica insistencia del presidente en funciones respecto del mal humor de los mexicanos, respecto de sus problemas y errores de percepcin, de su insatisfaccin, de su falta de nimo para hablar bien de Mxico y de su gobierno, de su predisposicin a no aplaudir, a que ningn chile les embone, a que las cosas buenas no se cuentan, y as ad infinitum.

Por eso, algo que debe comprender la corriente de izquierda que gan en los comicios, y que hoy busca imponer su agenda por encima de la del resto de corrientes y expresiones de izquierda en el pas, es que, en principio, la autocrtica es una condicin irrenunciable en este momento, si es que se espera no cometer los mismos errores que se cometieron en las experiencias progresistas de Amrica y, sobre todo, si es que se busca constituir una plataforma transexenal que consolide las pocas o muchas reivindicaciones sociales que se logren en el siguiente periodo presidencial. Y en seguida, tambin tiene que comprender que en este pas no hay una nica izquierda, y que probablemente muchas de las crticas y las resistencias que se le impondrn en los siguientes aos van a salir de las filas de esas mltiples izquierdas. El dilogo con ellas ser necesario para mantener el rumbo y buscar alternativas para que los intereses de derecha aglutinados en la coalicin gobernante no se impongan.

Por el proyecto de Lpez Obrador, despus de todo, sufragaron millones de mexicanos y mexicanas para quienes uno, un par o un conjunto de asuntos son de particular importancia. Conceder que quienes respaldaron a la coalicin Juntos Haremos Historia lo hicieron en todos sus trminos y exactamente como estos fueron presentados es ingenuo. En ltima instancia, esa creencia termina por invisibilizar que no fue una masa homognea de ciudadanos la que decidi identificarse como apoyo popular de la coalicin, sino que, antes bien, fue un conjunto amorfo conformado por individuos para los cuales las prioridades no son las mismas; pero que, aun as, conscientes de ello, salieron a respaldar a un proyecto del que esperan resultados en sus preocupaciones particulares, no slo en torno del fiscal independiente, de la relacin Mxico-Estados Unidos, de los proyectos de infraestructura en el Sur del pas, de las pensiones para adultos mayores y estudiantes, del salario mnimo, de la reduccin de la deuda y el dispendio en el sector pblico o de la corrupcin y el saqueo al erario.

Ahora bien, en esta lnea de ideas, el segundo problema a plantearse tiene que ver, justo, con el hecho de que el zapatismo es uno de esos sectores que se asume como una corriente de izquierda ms entre tantas, que hoy por hoy no observa en los acuerdos polticos fraguados por la coalicin electoral de Lpez Obrador una apuesta en la que sus propias reivindicaciones y las de las poblaciones originarias, aglutinadas en el Congreso Nacional Indgena, encuentren un cambio sustancial respecto de lo que han vivido a lo largo de dcadas en su relacin con los gobierno locales y federal.

No es arbitrario ni azaroso, en este sentido, que el desplegado de la vocera de la Subcomandancia del EZLN se centre en la arquitectura del Estadio Azteca sede del cierre de campaa de Lpez Obrador e cono del poder empresarial de los monopolios mexicanos y en la crtica de la manera en que el equipo de campaa fue conformado.

La metfora del Estadio Azteca, por un lado, apunta a esa crtica necesaria sobre el rol que el capital, nacional y extranjero, ha jugado en la construccin de esa edificacin llamada Estado mexicano y a la manera en que la misma, hasta ahora, sigue diseada para excluir a amplios sectores de la poblacin. Pero tambin, y antes que ello, al imperativo de reconocer que para llegar ah, a esa Gran Final, como la nombr la Subcomandancia, fue necesario sortear y pasar por encima de los escombros y los cadveres sobre los cuales fue edificada la modernidad en Mxico muchas de las cuales son ruinas y cadveres de los pueblos originarios, de las clases desposedas, de las razas sometidas, de los grupos vulnerados y pauperizados, incluso de los propios zapatistas.

La referencia a la conformacin del equipo de campaa hoy en trnsito hacia curules en el poder legislativo, hacia posiciones de privilegio dentro del partido poltico o hacia espacios de mando en Secretaras de Estado, por su parte, es claro que no apunta (por lo menos no en estos trminos), a una crtica hacia las bases populares que apoyaron el movimiento, sino a mostrar que es en esas negociaciones, en esas concertacesiones y en esos pactos en donde an se encuentra vigente el germen del neoliberalismo que tanto dao causa a los pueblos originarios del pas, y al que el gobierno entrante nicamente pretende colocarle por enfrente algunos paliativos y correctivos con carcter social, pero sin modificar de fondo quiz s de forma la lgica de acumulacin/desposesin en curso.

Al zapatismo le queda claro que los grandes vencedores de la pasada contienda electoral son, por un lado, los capitales con los cuales se logr concertar el efmero o permanente trnsito hacia una izquierda ms social, con un programa que coadyuve a la consolidacin del empresariado nacional en un entorno de cerrazn y agresividad por parte de sus pares extranjeros; y por el otro, las clases medias, mestizas, poco relacionadas con los pueblos originarios de Mxico, a partir de las cuales se buscar reactivar el mercado interno y los mrgenes de acumulacin de capital nacional.

Y lo cierto es que, para esas poblaciones que histricamente siempre se han encontrado hasta el fondo de las jerarquas sociales que operan en la realidad cotidiana de los mexicanos y las mexicanas, desconocer ese hecho no es opcin: porque aunque en su discurso de victoria Lpez Obrador sentenci que por el bien de Mxico, primero los pobres; los zapatistas no dejan de insistir en que, por el bien de Mxico, primero estn las vidas de seres humanos; y en particular de seres humanos a los que no se los deja de observar desde la ptica del colonizador que debe llevar hasta ellos la modernidad, el progreso y el crecimiento econmico, como si esa triada, tan repetida por los adalides del libre mercado, fuese, en s misma y por s misma, el fin, el objetivo de vida de los pueblos del Congreso Nacional Indgena, o de cualquier persona.

Blog del autor: https://columnamx.blogspot.mx

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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