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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-07-2018

En el Estados Unidos de la desigualdad
La (in)Seguridad Nacional

Rajan Menon
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Salarios de pobreza en Estados Unidos

Introduccin de Tom Engelhardt

En estos aos se ha prestado mucha atencin al crecimiento del estado nacional de la seguridad y muy poca a lo que el colaborador habitual de TomDispatch Rajan Menon llama el estado nacional de la (in)seguridad. La administracin Trump y el sector republicano del Congreso han, por supuesto, hecho un notable regalo una ley de reforma tributaria a los ya fabulosamente ricos, y ahora estn trabajando intensamente en el recorte de los fondos para quienes los necesitan. Adems, una vez ms estn tratando de desactivar los cuidados mdicos para los estadounidenses de a pie yendo a por la Ley de Cuidados Asequibles (tambin conocida como Obamacare) bloqueando miles de millones de dlares en los pagos anuales exigidos por la ley para las compaas de seguros cuyos clientes necesitan de un servicio mdico oneroso. Despus de haber incrementado enormemente los futuros dficits presupuestarios con la ley tributaria mencionada ms arriba, los congresistas republicanos estn ahora prometiendo resolver el problema hostigando a la Seguridad Social, a Medicare y a Medicaid. Y no olvidis que este es ya un pas en el que tres hombres Bill Gates, Jeff Bezos y Warren Buffett tienen tanta riqueza como la mitad ms pobre de la sociedad, mientras la desigualdad ha alcanzado el nivel de los tiempos de la Edad Dorada, y esto apenas ha comenzado. 

Casualmente, Philip Alston, relator especial sobre pobreza extrema y derechos humanos de Naciones Unidas, prest alguna inslita atencin a la desigualdad en Estados Unidos de un modo muy personal. Hizo un recorrido por las zonas empobrecidas en la nacin ms adinerada del planeta, donde se dan muchas escenas de increble riqueza. En esa triste actividad, registr el extremado crecimiento de la pobreza (sobre todo, entre los jvenes). Aqu un atisbo de lo que encontr: En Estados Unidos, un sorprendentemente alto nmero de nios viven pobremente. En 2016, el 18 por ciento de ellos unos 13,3 millones viva pobremente; representaba el 32,6 por ciento de la gente ms necesitada. Los ndices de pobreza infantil ms altos se dan en el sur, con el 30 por ciento en Mississippi y Nuevo Mxico y 29 en Louisiana. Notad que, en parte como respuesta al informe de Alston cmo se atreve alguien a hablar de pobreza y derechos humanos en Estados Unidos?! la administracin Trump se retir hace poco tiempo del Consejo de los Derechos Humanos de Naciones Unidas. 

Hoy, Rajan Menon explora lo que podra pensarse como el profundo estado de (in)seguridad en Estados Unidos. Se trata de una srdida historia; en la era Trump, sin duda es apenas el prlogo de una historia trgica que an est por llegar.

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En el Estados Unidos de la desigualdad

El establishment ha captado tan eficazmente el concepto de seguridad nacional que en la mayor parte de nosotros automticamente trae a la memoria imgenes de grupos terroristas, ciber-guerreros o pases malignos. Para protegerse de esos enemigos, Estados Unidos mantiene una constelacin sin precedentes histricos de bases militares en el extranjero, desde el 11-S [de 2001] ha librado guerras en Afganistn, Iraq, Siri, Libia y otros sitios que se han devorado cerca de 4,8 billones de dlares. El presupuesto del Pentgono ya est en los 647.000 millones de dlares cuadriplicando lo que disipa China, segundo pas en el mundo en gastos militares, y ms que lo que gastan los 12 pases siguientes juntos, siete de los cuales son aliados de EEUU. Por si acaso, la administracin Trump ha agregado otros 200.000 millones para los gastos de defensa en 2019.

Aun as, dicen los halcones, Estados Unidos nunca ha estado tan inseguro. Vaya desperdicio!

Sin embargo, para millones de estadounidenses, la mayor amenaza para su seguridad cotidiana no es el terrorismo o Corea del Norte, Irn, Rusia ni China. Es algo interno, y econmico. Esto es particularmente cierto para el 12,7 por ciento de los habitantes de Estados Unidos (43,1 millones) considerados pobres segn criterios gubernamentales: un ingreso anual por debajo de los 12.140 dlares por persona que vive sola, 16.460 para una familia de dos miembros, y as por el estilo... hasta llegar a la principesca suma de 42.380 dlares por ao para una familia de ocho integrantes.

Los ahorros tampoco ayudan mucho: un tercio de los estadounidenses no tienen ahorro alguno y otro tercio tiene menos de 1.000 dlares depositados en el banco. No sorprende que el nmero de familias que hacen lo imposible para cubrir solo el costo de la alimentacin haya subido del 11 por ciento (36 millones) en 2007 al 14 (unos 48 millones) en 2014.

Los trabajadores pobres

Ciertamente, el desempleo puede contribuir a la pobreza, pero millones de estadounidenses aguantan la estrechez aunque tienen un trabajo a tiempo completo o incluso ms de un empleo. Las ltimas cifras de la Oficina de Estadstica Laboral muestran que hay 8,6 millones de trabajadores pobres, definidos por el gobierno como personas que viven por debajo del umbral de la pobreza a pesar de trabajar por lo menos 27 semanas por ao. Su inseguridad econmica no se registra en nuestra sociedad, en parte porque trabajar y ser pobre no parecen ir juntos en la mente de muchos estadounidenses, y el empleo ha venido reducindose a un ritmo constante. Despus de haberse acercado al 10 por ciento en 2009, ahora est solo en el 4 por ciento.

Ayudas del Estado? El programa de reforma de la asistencia social de Bill Clinton (1996), concebido junto con los congresistas republicanos impuso unos lmites temporales en la asistencia del gobierno, al mismo tiempo aliger los criterios de elegibilidad para acceder a ella. Entonces, como muestran Kathryn Edin y Luke Shaefer en su perturbador libro $2.00 a Day: Living on Almost Nothing in America (Dos dlares diarios: vivir con casi nada en Estados Unidos), muchos que necesitaban ayuda desesperadamente ni siquiera se molestaron en solicitarla. Y en la era Trump, las cosas no haran ms que empeorar. Su presupuesto para 2019 incluyo fuertes recortes en unos cuantos programas contra la pobreza.

Cualquiera que quiera sentir visceralmente las dificultades que soportan muchos estadounidenses deberan leer el libro que Barbara Ehrenreich public en 2001: Nickel and Dimed: On (Not) Getting By in America (Por unas monedas, las que no se consiguen en Estados Unidos). Es un apasionante relato de aquello de lo que ella se enter cuando, hacindose pasar por un ama de casa sin experiencia especial alguna, trabaj durante dos aos en varios empleos de salario bajo y se sostuvo solo con su emolumento. El libro rebosa de historias de personas que tenan un trabajo pero que, por necesidad, dorman en moteles de mala muerte, albergues para vagabundos o incluso en su coche y subsistan vendiendo bocadillos para desayunar, salchichas de Frankfurt y sopas de sobre y privndose de los ms elementales exmenes dentales y de salud. Quienes se las arreglaban para tener una vivienda permanente deban optar por los barrios pobres cerca del lugar de trabajo porque muchas veces no podan permitirse tener un vehculo. Incluso para mantener un estilo de vida tan precario, muchos trabajaban en ms de un sitio.

A pesar de que los polticos hablan sin parar sobre cmo han cambiado los tiempos para mejor, el libro de Ehrenreich continua proporcionando una imagen notablemente fiel de los trabajadores pobres de Estados Unidos. En realidad, durante la ltima dcada, la proporcin de personas que agotaron su paga mensual solo para pagar lo ms esencial para vivir pas del 31 por ciento al 38. En 2013, el 71 por ciento de las familias con nios y utilizaban la provisin de alimentos administrada por Feeding America*, la mayor organizacin privada de ayuda para paliar el hambre, incluye por lo menos a una persona que haba trabajado el ao anterior. Y en las grandes ciudades estadounidenses, debido principalmente al aumento de la brecha entre alquiler y salario, miles de trabajadores pobres siguen estando sin hogar y duermen en refugios, en la calle o en su vehculo, algunas veces junto con su familia. Entre los trabajadores pobres de la ciudad de Nueva York, nadie est a salvo de quedarse sin techo; en un tercio de las familias con nios que utilizan refugios para quienes no tienen casa, por lo menos un adulto tena trabajo.

Salarios de miseria

Los trabajadores pobres se agrupan en ciertas ocupaciones. Son vendedores en comercios al por menor, camareros o preparadores en restaurantes de comida rpida, guardianes, trabajan en hoteles y son cuidadores de nios o ancianos. Muchos ganan menos de 10 dlares por hora y no tienen sindicatos para reclamar aumentos. De hecho, la proporcin de trabajadores sindicalizados en esos trabajos sigue estando por debajo del 10 por ciento, y en el comercio minorista y la preparacin de comidas sigue siendo menor al 4,5 por ciento. Esto nada tiene de sorprendente, ya que la afiliacin sindical en el sector privado cay del 50 por ciento en 1983 a solo el 6,7 de la fuerza laboral hoy en da.

A los empleadores que pagan bajos salarios les viene bien que esto sea as Walmart es el mejor ejemplo y hacen todo lo posible para dificultar aun ms la tarea de los sindicatos. Como resultado de ello, es muy raro que deban enfrentarse con una autntica presin para aumentar los salarios, que ajustados por la inflacin se han mantenido iguales o incluso han bajado desde los aos setenta del siglo pasado. Cuando el empleo es discrecional, los trabajadores pueden ser despedidos o los trminos de contratacin modificados al antojo de la empresa y sin la menor explicacin. Walmart anunci este ao que aumentara el pago de la hora de trabajo a 11 dlares; sin duda, es una buena noticia. Pero esto nada tiene que ver con una negociacin colectiva; fue una respuesta a la cada del ndice de desempleo, los problemas de liquidez a partir de los recortes fiscales de Trump a las corporaciones (con los que Walmart ahorr 2.000 millones de dlares), un incremento del salario mnimo en varios estados y el aumento de las pagas de un malicioso competidor: Target. Tambin influy el cierre de 63 tiendas del Walmarts Sams Club, que signific el despido de 10.000 trabajadores. Resumiendo, el equilibrio de poder favorece casi siempre al empleador, rara ves al empleado.

En consecuencia, a pesar de que Estados Unidos tiene un ingreso anual per capita de 59.000 dlares y est entre los pases ms ricos de la Tierra, oficialmente el 12,7 por ciento de los estadounidenses (esto es, 43,1 millones de personas), est empobrecido. Y en general se considera que estas cifras estn bastante por debajo de la realidad. La Oficina del Censo establece el ndice de pobreza mediante la estimacin del presupuesto anual para la alimentacin de una familia modesta, multiplicndolo por tres y ajustndolo segn el tamao de la vivienda y vinculndolo con el ndice de Precios al Consumidor. Eso, creen muchos economistas, es una forma inadecuada de estimar la pobreza. El precio de los alimentos no ha subido espectacularmente en los ltimos 20 aos, pero el costo de otras necesidades como el cuidado mdico (sobre todo si uno no tiene un seguro) y la vivienda han crecido en un 10,5 y un 11,8 por ciento respectivamente entre 2013 y 2017 en comparacin con apenas un 5,5 para la alimentacin.

Si en la ecuacin se incluyen la vivienda y los gastos de salud se llega a la Medida Adicional de la Pobreza (SPM, por sus siglas en ingls), que la Oficina del Censo publica desde 2011. La SPM revela que un mayor nmero de estadounidenses son pobres: un 14 por ciento, o 45 millones, en 2016.

Datos muy sombros

Sin embargo, para tener una imagen ms completa de la (in)seguridad estadounidense es necesario ahondar ms profundamente en los datos relevantes, empezando por la paga por hora, que es la forma en que se remunera a ms del 58 por ciento de los trabajadores. La buena noticia es que solo 1,8 millones es decir, 2,3 por ciento de ellos subsisten con un salario por debajo del mnimo. La noticia no tan buena es que un tercio de los trabajadores cobra menos de 12 dlares por hora y que el 42 por ciento recibe menos de 15. Esto significa 24.960 y 31.200 dlares anuales, respectivamente. Imagine el lector cmo se puede mantener una familia con semejantes salarios, contando la alimentacin, el alquiler, el cuidado de los nios, las cuotas de un vehculo (dado que, en un pas con un sistema de transporte pblico insuficiente, un coche puede ser necesario solo para ir a trabajar) y los servicios mdicos.

El problema con que se enfrenta el trabajador pobre no es solo la paga escasa, sino la cada vez ms amplia diferencia entre pagas y precios en alza. El Estado ha aumentado el salario mnimo por hora en el mbito federal ms de 20 veces desde que fue fijado en 25 centavos por la ley de Estndares Laborales Justos de 1938. Entre 2007 y 2009, roz los 7,25 dlares, pero durante la ltima dcada ese monto ha perdido cerca del 10 por ciento de poder adquisitivo debido a la inflacin, lo que quiere decir que, en 2018, una persona debera trabajar 41 da ms para tener una paga equivalente al salario mnimo de 2009.

Los trabajadores de la quinta parte inferior son los que han quedado ms atrasados; su salario ajustado por la inflacin ha cado cerca del 1 por ciento entre 1979 y 2016 en comparacin con el 24,7 de la quinta parte de mayores ingresos. Esto no se puede explicar por una cada en la productividad ya que, entre 1985 y 2015, esta super a los aumentos salariales, algunas veces sustancialmente, en todos los sectores de la economa excepto la minera.

Efectivamente, algunos estados pueden autorizar salarios mnimos ms altos; 29 lo hicieron pero 21 no, dejando as a muchsimos trabajadores mal pagados en apuros para cubrir el costo de dos aspectos esenciales: la salud y la vivienda.

Incluso cuando sucede que se consigue un empleo que incluye seguro mdico, algunos empleadores han ido traspasando el costo del seguro a los trabajadores mediante deducciones y desembolsos diversos cada vez mayores, lo mismo que exigindoles que cubran las primas. La proporcin de trabajadores que dedicaban por lo menos el 10 por ciento de su ingreso para cubrir esos costos sin contar las primas se duplic entre 2013 y 2014.

Esto ayuda a entender por qu, segn la Oficina de Estadstica Laboral en 2016 solo el 11 por ciento de los asalariados peor pagados estaban inscritos en los planes de salud de su lugar de trabajo (frente al 72 por ciento entre los mejor remunerados). Como dice una camarera de restaurante que llega a 2,12 dlares por hora sin contar las propinas mientras su marido en Walmart percibe 9 por hora, despus de pagar el alquiler, tienes que elegir entre comer o tener un seguro mdico.

La ley de Cuidados Asequibles (ACA, por sus siglas en ingls) llamada Obamacare aporta un subsidio para que las personas de bajos ingresos cubran el costo de las primas del seguro, pero los trabajadores que tienen cuidados mdicos pagados por su empleador, no importa lo bajo que pueda ser su salario, no estaban cubiertos por ese subsidio. Por supuesto, en este momento, el presidente Trump, los congresistas republicanos y el Tribunal Supremo, en el que los magistrados de derechas tienen ms influencia, intentarn tumbar el ACA.

Sin embargo, la vivienda es el concepto que ms afecta al sueldo de los trabajadores de menores ingresos, que mayoritariamente viven de alquiler. Para muchos, la casa propia sigue siendo un sueo. Segn un estudio de la Universidad de Harvard, entre 2001 y 2016, las personas que alquilan y ganan entre 30.000 y 50.000 dlares al ao y destinan ms de un tercio de su salario al alquiler (el umbral para definir el peso del alquiler) aumentaron del 37 al 50 por ciento. Para quienes apenas ganan unos 15.000 dlares, este guarismo roza el 83.

En otras palabras, en un estados Unidos cada da ms desigual, la cantidad de trabajadores de ingresos bajos que deben hacer maravillas para pagar un alquiler se ha disparado. Como muestra el estudio de la Universidad de Harvard, esto se debe en parte a que el nmero de personas adineradas (cuyos ingresos anuales son de 100.000 dlares o ms) que alquilan la casa donde viven ha subido, y en una ciudad tras otra estn impulsando la demanda y la construccin de nuevos edificios de rentas. Como consecuencia de ello, la proporcin de estas unidades recin construidas subi del 33 a cerca del 65 por ciento entre 2001 y 2016. As, de ningn modo sorprende que la construccin de edificios de rentas para personas de bajos ingresos haya cado del 10 al 5 por ciento y la presin hacia quienes deben alquilar una vivienda haya aumentado, como lo hicieron tambin los alquileres de las viviendas modestas. En algunos lugares como la ciudad de Nueva York, en la que la demanda de los ms ricos da forma al mercado de la vivienda, los propietarios han encontrado la forma algunas, legales; otras no de deshacerse de los arrendatarios de bajos ingresos.

Supuestamente, las viviendas de propiedad pblica y los vales para alquiler haran que la vivienda fuese ms accesible para los trabajadores de menores ingresos, pero la oferta de este tipo de viviendo no se ha acercado ni remotamente a la demanda. Por consiguiente, las listas de espera son largas y las personas en necesidad languidecen durante aos antes de conseguir algo, si lo consiguen alguna vez. Solo la cuarta parte de quienes califican para esta ayuda tiene xito. En cuanto a los vales para alquiler, es muy difcil acceder a ellos debido a la enorme disparidad entre la financiacin disponible para los programas y la demanda de quienes necesitan esa ayuda. Y despus estn los dems desafos: encontrar un propietario que acepte el vale de alquiler o una vivienda que est relativamente cerca del lugar de trabajo y en un barrio que no est eufemsticamente etiquetado como econmicamente difcil.

En resumidas cuentas: ms del 75 por ciento de los arrendatarios en riesgo (es decir, quienes deben destinar un tercio o ms de sus ingresos para pagar un alquiler) no recibe ayuda alguna del Estado. Para ellos, el verdadero riesgo es dejar de tener un techo y empezar a depender de los refugios o de familiares o amigos dispuestos a darles acogida.

Los recortes del presupuesto propuestos por el presidente Trump harn aun ms difcil la bsqueda de una vivienda accesible para los trabajadores de ingresos bajos. Su drstico recorte de 6.800 millones de dlares (14,2 por ciento) en la propuesta de presupuesto de 2019 para los recursos del departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD, por sus siglas en ingls) implica, entre otras cosas, la eliminacin de los vales para alquiler y de las ayudas a las familias de menores ingresos, que pasan apuros para pagar la calefaccin. El presidente busca tambin reducir radicalmente cerca del 50 por ciento los fondos para el mantenimiento de las viviendas pblicas. Adems, el dficit prcticamente garantizado por la ley de reforma tributaria diseada para favorecer a los ricos llevar sin duda a un escenario de mayores recortes en el futuro. En otras palabras: en lo que puede adecuadamente llamarse el Estados Unidos de la Desigualdad, las expresiones trabajadores de bajos ingresos y viviendo accesible han dejado de ir juntas.

Nada de esto parece haber preocupado al secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano Ben Carson cuando orden alegremente equipar vajilla, cubertera, cristalera... el comedor de su despacho a un costo de 31.000 dlares con cargo al contribuyente. Mientras visitaba unas nuevas unidades de viviendas pblicas para tener la seguridad de que no eran demasiado confortables (no fuera a ser que los pobres quisieran quedarse all largas temporadas), Carson declar que ya es tiempo de dejar de pensar que los problemas de esta sociedad se pueden resolver haciendo que el Estado vierta ms dinero en ellos... a menos que podra ser la calidad de la vajilla y los accesorios no fuesen de la calidad aceptable para el comedor de un superburcrata.

La voz del dinero

Los niveles de pobreza y desigualdad econmica que prevalecen en Estados Unidos no son exclusivos del capitalismo o de la globalizacin. La mayor parte de las ricas economas de mercado de las 36 naciones de la Organizacin para la Cooperacin Econmica y el Desarrollo (OCED) se han desempeado mucho mejor que EEUU en su reduccin sin sacrificar la innovacin ni creando economas de gestin estatal.

Pensemos en la brecha de la pobreza, definida por la OCED como la diferencia entre la lnea oficial de la pobreza de un pas y el ingreso medio de quienes estn debajo de ella. Estados Unidos tiene la segunda brecha de pobreza de los pases ms ricos; solo Italia est peor.

Y la pobreza infantil? En el ranking del Foro Econmico Mundial (WEF, por sus siglas en ingls), que clasifica de mejor a peor a 41 pases, Estados Unidos est en el 35 lugar. En este pas, la pobreza infantil ha disminuido desde 2010, pero un informe de la Universidad de Columbia estima que en 2016 el 19 por ciento (13,7 millones) de los nios estadounidenses viva en familias cuyo ingreso estaba debajo de la lnea oficial de la pobreza. Si se agrega el nmero de nios en casas de bajos ingresos, el guarismo aumenta hasta el 41 por ciento.

En cuanto a la mortalidad infantil, segn los Centros de Control de Enfermedades del gobierno, con 6,1 muertes por cada 1.000 nacidos vivos, Estados Unidos tiene el peor registro absoluto entre los pases ricos (Finlandia y Japn tienen una cifra mejor: 2,3).

Y cuando se trata de la distribucin de la riqueza, entre los pases de la OCED, solo Turqua, Chile y Mxico estn peor que EEUU.

Ya es tiempo de repensar el estado de la seguridad nacional de Estados Unidos con su presupuesto anual de un billn de dlares. Para decenas de millones de estadounidenses, la fuente de la intensa inseguridad de cada da no es la lista oficial de enemigos extranjeros sino un sistema de inseguridad cada vez ms afianzado, que contina creciendo, que arregla la baraja poltica en contra de los habitantes ms desfavorecidos de este pas. Ellos no tienen dinero para pagar a los grupos de presin de primera lnea. Ellos no pueden librar generosos cheques para candidatos a cargos pblicos ni crear organizaciones PAC**. Ellos no tienen la posibilidad de manipular las innumerables redes de influencia utilizadas por la elite para determinar la poltica tributaria y la de gastos. Ellos estn contra un sistema en el que es verdad que el dinero tiene voz, y esa voz es la que ellos no tienen. Bienvenidos al Estados Unidos de la desigualdad.

* Alimentando a Estados Unidos. (N. del T.)

** Los PAC (political action committees) son organizaciones que recogen contribuciones dinerarias de sus miembros para financiar campaas a favor o en contra de un candidato o de iniciativas legislativas. (N. del T.)

Rajan Menon, colaborador habitual de TomDispatch, es profesor Anne and Bernard Spitzer de relaciones internacionales en el instituto Powell perteneciente a la facultad City de la Universidad de Nueva York e investigador superior en el instituto Saltzman de estudios sobre Guerra y Paz de la Universidad de Columbia. Es autor del libro recientemente publicado The Conceit of Humanitarian Intervention.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176447/tomgram%3A_rajan_menon%2C_the_wages_of_poverty_in_america/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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