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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-07-2018

Nueva fase en la poltica espaola: neoturnismo o estrategia constituyente? (I)

Brais Fernandez
Viento Sur


Con la victoria de Pablo Casado en el congreso del PP y del PSOE de Pedro Snchez en el Gobierno espaol, los dos grandes partidos que han gobernado el rgimen del 78 han iniciado una nueva fase en la que buscarn desarrollar y estabilizar sus respectivos procesos de renovacin. Lo hacen desde lugares que unos meses parecan improbables: el PSOE desde el gobierno y el PP desde la oposicin, dividido y alejado temporalmente del poder. Es obvio que existe una tendencia, impulsada por ambos actores pero tambin por la dinmica parlamentaria, a recuperar la dialctica turnista como formula de estabilizacin del escenario representativo: sin embargo tambin existen contratendencias de fondo en lo social que impiden el cierre de la crisis. Este texto est dividido en dos partes. En la primera, trataremos el actual proceso de recomposicin de las fuerzas polticas de derecha a izquierda [1]. En la segunda, trataremos de apuntar algunas claves de la onda larga de movilizacin en el Estado espaol.

La victoria de Casado: la derecha busca pueblo

En el congreso del PP competan dos estrategias para recomponer el partido. Por una parte, la representada por Soraya Sez de Santamara, la mujer fuerte del gobierno Rajoy. La propuesta de Santamara era fundamentalmente una estrategia de Estado. Esta tesis piensa el PP como una agencia de gobierno, cuya potencia se basa en la capacidad de dotar de estabilidad a las viejas clases medias y en ganar el famoso voto de centro sin movilizar excesivamente a la izquierda. Se construye sobre ciertos mitos refundacionales de la derecha espaola: la idea de que la derecha gestiona mejor, que encarna mejor la razn de Estado, una derecha firme pero sin aspavientos ideolgicos innecesarios.

En perspectiva, es explicable que Santamara haya sido derrotaba por Pablo Casado. El PP es un partido en crisis y no precisamente por haber perdido apoyos en el seno de los aparatos del Estado. El problema lo ha revelado el censo del partido: de los 800.000 militantes que el PP deca tener, solo poco ms de 60.000 eran reales. Es decir, un partido de cargos pblicos, asesores, funcionarios: un partido arraigado en la sociedad poltica pero dbil en la sociedad civil. El olfato poltico de Casado ha conectado con las necesidades objetivas de la derecha: para renovarse en un sentido fuerte del trmino (esto es, recuperar a las viejas fuerzas sociales hoy dispersas en un proyecto para la nueva fase) el PP necesita removilizar al pueblo de derechas. Casado ha optado por ganar el partido abriendo el frasco de las esencias conservadoras: forjar la unidad de Espaa mediante la coercin, antiabortismo y una propuesta neocon en materia econmica que pretende bajar los impuestos a los ricos, que imita al republicanismo americano, pero con altas dosis de corrupcin cnicamente negadas.

As pues, al menos en el corto plazo, la tctica de Casado pasa por removilizar al ncleo tradicional de la derecha. Y debe hacerlo sin perder el apoyo de los sectores a los que representa Santamara, poco dados a veleidades incendiarias que movilicen a un PSOE que ha recuperado el gobierno y afronta el ciclo electoral a la ofensiva. No nos olvidemos que la consigna a travs de la cual el antiguo PCI trataba de metaforizar su naturaleza bifronte (partido de protesta, partido de gobierno) no es tanto un planteamiento eurocomunista como una lgica universal de las democracias agonistas. Apostar por una cara en una fase implica siempre no olvidar que se tiene otra.

Sin embargo Casado se enfrenta a otro reto ms peliagudo y que le puede llevar por caminos impredecibles. Si alza la vista a Europa (algo poco habitual en la poltica espaola), el flamante renovador popular ver que los viejos partidos de derechas se ven mermados por el auge de nuevas formaciones extremistas. Le basta a Casado, en este periodo de crisis orgnica, con recuperar las viejas formulas de la derecha espaola? Se deslizar Casado hacia nuevos temas con el objeto de ampliar su base social, ensayando discursos antiinmigracin, securitarios y que avancen hacia un nacional-populismo que ponga en el centro a los sectores populares excluidos del discurso neoliberal-progresista? Esta es la incgnita estratgica que est latente en la derecha y que tanto el PP como Ciudadanos, inmersos en una feroz competencia por el mismo espacio, tendrn que resolver en los prximos meses.

El gobierno Snchez: los efectos de la ficcin progresista

Desde algunos anlisis se ha apuntado que, a corto plazo, la victoria de Casado puede ser una buena noticia para el PSOE de Pedro Snchez. Dentro de est dinmica que busca rehacer el turnismo en tiempos de inestabilidad, la tendencia de Casado a la sobreactuacin derechista puede generar el efecto ptico de que el gobierno neoliberal-progresista (por usar la afortunada expresin de Nancy Fraser) est ms a la izquierda de lo que realmente est. Pero los problemas para su proyecto de estabilizacin del rgimen por la izquierda podran venir de otro lado.

Deca un sabio griego llamado Poulantzas que una de las caractersticas fundamentales del Estado capitalista contemporneo es su capacidad para enviar discursos en varias direcciones diferentes, pero conservando el orden unitario dominante. En esto se basa precisamente el arte de gobernar en momentos de recomposicin: se trata de generar la ficcin de que el gobierno tiene en cuenta a mltiples sectores sociales, con una poltica de reformas compartimentada, pero descartando cualquier tipo de proyecto poltico que toque los ncleos centrales en torno a los cuales se organiza el sistema poltico, econmico y cultural. As pues, el gobierno de Snchez se ha dirigido a las mujeres, a las clases trabajadoras, a los sectores de clase media con conciencia humanitaria, a la izquierda civil de tradicin republicana y a la ciudadana catalana. Ha presentado una batera de guios para cada uno de esos sectores, delimitando de forma inteligente la profundidad de cada medida: se trata de contentar a los sectores de clase media de cada fraccin social, con medidas superficiales pero necesarias, saludables pero que dejan al margen a amplios sectores de las clases populares, que ven como el progresismo neoliberal institucionaliza desde el gobierno la normalizacin de su exclusin del sistema.

Esta poltica de gobernanza progresista tiene las patas ms cortas de lo que parece. Solo se puede articular si la economa crece y subsisten ciertas expectativas (ms que riqueza en un sentido real) que repartir. Cualquier dato de paro negativo o cualquier proceso de reclamacin salarial fuerte puede provocar una crisis que podra ser mortal en un gobierno que aspira a organizar un reparto de concesiones sociales variado y superficial, pero que no tiene ningn tipo de margen para controlar los desarrollos de un ciclo econmico inestable y voltil.

Porque, a pesar de los equilibrios discursivos y de la distribucin de concesiones, toda poltica progre necesita una base social estable, mediada a travs del Estado. A finales de los 80, esa base social se construy a travs del sueo europeo y las becas Erasmus; en los 2000, a travs del boom inmobiliario: a da de hoy, el progresismo-neoliberal de Pedro Snchez tiene pocas bases materiales a las cual aferrarse. La mitologa de las clases medias puede organizarse en torno a algunas fracciones de profesionales que buscan el ascenso social a travs de la renovacin generacional (periodistas y polticos parecen estar a la vanguardia), pero en ningn caso en torno a un proyecto universal apoyado en la extensin de la seguridad estatal a amplios sectores de las clases trabajadoras y populares.

La izquierda post-15M: entre el agotamiento y nuevas reinvenciones

En un contexto global en el que proceso de precarizacin de las sociedades occidentales parece inexorable, el progresismo neoliberal siempre acaba apareciendo como impotente frente a la exclusin de millones de personas. Frente a la combinacin de corporativismo burocrtico, pesadez intelectual y pattica sumisin al capital financiero que encarna el PSOE, parece increble que tanto Podemos y como el resto de la izquierda parlamentaria hayan apostado con tanta fe por la carta del cogobierno de progreso. De cualquier modo, podemos apuntar algunas explicaciones, sin duda parciales, si combinamos ciertas dinmicas sociales con las decisiones tcticas por las que ha apostado la direccin de Podemos en los ltimos aos.

El giro hacia el gobernismo progresista no se puede entender sin relacionarlo ntimamente con el alejamiento del horizonte constituyente sostenido por las bases sociales que protagonizaron el 15M. Esto es, la vuelta al eje izquierda-derecha como factor divisivo de la poltica, solo que ahora protagonizado por cuatro partidos. En este caso, el liderazgo del PSOE en el incipiente bloque progresista (bajo hegemona neoliberal) se traduce en una mutacin de Podemos y sus fuerzas aliadas, que podran pasar de ser la vanguardia de un ejrcito que iba a asaltar los cielos a una muleta de izquierdas.

No cabe duda de que la falta de estrategia de Podemos, su tacticismo ciego y sus estruendosos bandazos han terminado por colocarle en un callejn sin salida. Dentro de la lgica que ha asumido Podemos, sus opciones parecen reducirse a una, desdoblada en dos versiones: o bien apoyar al gobierno sin participar en l o bien seguir moderando su programa y sus objetivos, hasta el punto de ser aceptados por las lites como un socio de gobierno menor y controlable. Podemos tambin podra verse hipotecado por sus propios esloganes si trata de dar un giro brusco y ser vctima del sentido comn que han contribuido a instalar el hay que tener paciencia, los cambios llevan tiempo. La espiral de impotencia en la que se ha instalado Podemos puede racionalizarse, como hace Errejn, o vivirse con cierta rabia, como ocurre en los sectores ms izquierdistas del pablismo pero, al fin y al cabo, el resultado es el mismo: colocar a la fuerza poltica surgida del 15M en la posicin de muleta de izquierdas del bloque progresista. Una clase magistral de hegemona dictada por el viejo moribundo y renacido Partido Socialista a los jvenes y ambiciosos politlogos.

Sin embargo, hay sectores de las izquierdas que empiezan a apuntar en otra direccin, que trata de salvar lo mejor del ciclo 15M y que, a la vez, pone nuevos cimientos para poder avanzar en ulteriores escenarios. La propuesta de confluencia impulsada por Teresa Rodrguez (Podemos) y Antonio Mallo (IU) en Andaluca (Adelante Andaluca) es un intento de romper con esa inercia hacia la impotencia subalterna a la que parecen condenadas las fuerzas del cambio. El reto es maysculo y no est exento de problemas. Con un discurso dinmico que busca recuperar los grandes ejes constituyentes del ciclo social y un programa fuerte al estilo Jeremy Corbyn, adaptado a la realidad andaluza, no deberamos ocultar el hecho de que, a pesar de la esperanza que supone su andadura, la confluencia andaluza se enfrentar a los mismos problemas que sobredeterminan el panorama poltico. Porque no deberamos medir el xito o el fracaso de la confluencia andaluza tan slo por su resultado electoral, sino que tambin deberamos exigirle ser capaz de materializar la confluencia por abajo, agregando nuevos sectores y dando protagonismo a las luchas, a la clase trabajadora olvidada por la poltica de las clases medas. En definitiva, debemos esperar, ni ms ni menos, que sean capaces de ir verificando en la prctica la tesis poltica que subyace tras la confluencia andaluza: esto es, que la degeneracin electoralista, autoritaria y estrecha de miras de la nueva poltica no es inevitable y que, en consecuencia, hay un camino alternativo que es posible recorrer.

Para ello no podr contar con la direccin estatal de Podemos, cuyo nico objetivo para 2019 parece ser frenar los procesos de confluencia y la autonoma de los territorios [2]. Los mtodos utilizados por la direccin estatal de Podemos en Andaluca, basados en el patriotismo de siglas y en tratar de desacreditar a Teresa Rodrguez, no han tenido ms efecto que una contundente victoria de quienes defienden la confluencia en las primarias.

Tampoco deberamos ser tan ingenuos como para creer que la direccin estatal de Podemos vive tan fuera de la realidad y creyese que tena alguna opcin de ganarle las primarias a Teresa Rodrguez. El objetivo no ha sido otro que advertir que, fuera de Andaluca, no se tolerar ningn proceso de confluencia que no piloten ellos desde arriba. Ahora mismo la direccin de Podemos podra situarse en la misma posicin que Cayo Lara y la antigua direccin de IU ante el surgimiento de Podemos: como el freno consciente a posibles nuevos desarrollos, solo que, siendo claros, sin que haya surgido todava una fuerza poltica capaz de descorchar el tapn y desbordar el proceso de cierre. Por eso, todos los esfuerzos por aislar y desacreditar la confluencia andaluza les parecen pocos a la direccin estatal de Podemos. Segn sus estrechos intereses burocrticos y de poder, Andaluca debe ser la excepcin, jams la regla, aunque est cerrazn debilite todava ms a la izquierda como opcin poltica en la sociedad. En ese sentido, la direccin federal de IU encabezada por Alberto Garzn tambin tiene el reto de demostrar si su giro hacia las confluencias democrticas se basa en una posicin consecuente o es una simple maniobra tctica oportunista para mejorar su relacin de fuerzas en Andaluca y seguir negociando por arriba en el resto del Estado.

Hay que recordar que la cerrazn de la antigua direccin de IU en 2015 fue en parte responsable de liberar fuerzas sociales latentes. Es muy improbable que en el corto plazo surja algo con la potencia del primer Podemos, pero tambin es seguro que muchos sectores no van a aceptar pasivamente el cierre que proponen los aparatos estatales de los partidos de izquierda. En parte, de la voluntad para la apertura confluente de las direcciones estatales de los grandes partidos de izquierda (Podemos e IU) depende en buena medida la forma de afrontar el ciclo electoral que viene a nivel autonmico y municipal, pero tambin de la capacidad de iniciativa de otros espacios al margen de los grandes aparatos y que reivindican una poltica diferente para la nueva fase poltica. Porque esta apertura no debera orientarse simplemente hacia la distribucin de cargos pblicos en clave democrtica, sino que debe servir para reabrir el debate estratgico fundamental. La izquierda est ante una gran encrucijada: aceptar la lgica neoturnista y ser la izquierda del progresismo o comenzar a repensar una estrategia en plazos ms largos, trazando un horizonte constituyente basado en las dinmicas de lucha? Los que apostamos por la segunda opcin debemos iniciar tambin una reflexin sobre cmo articular una fuerza material que nos permita hacerlo en un mientras tanto sui generis, en el cual, paralelamente a las recomposiciones en la sociedad poltica, se despliega una profunda recomposicin en el plano social. De ello hablaremos prximamente.

Notas:

[1] En este texto hemos excluido conscientemente el proceso cataln del anlisis. Sin duda, eso provoca ciertos dficits y limita el alcance de la propuesta, pero exceda el alcance de este artculo. Recomiendo los artculos publicados por Marti Caussa en esta misma web.

[2] El aparato central de Podemos se presenta como defensor de los inscritos del partido frente a la autonomizacin de los territorios, excepto, por supuesto, cuando les conviene lo contrario: suponemos que la secretara de Organizacin de Podemos encabezada por Echenique ser igual de valiente como fiscal con Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid, con la misma intensidad que con Teresa Rodriguez en Andalucia. Ms all de la irona, la aparente arbitariedad del aparato de Podemos no es tal: complacientes y sumisos con el entrismo progre de Manuela Carmena, extremadamente severos y arrogantes con los sectores rupturistas. Detrs de esto, subyace la concepcin de mando eurocomunista, consistente en ceder ante los poderosos y disciplinar o expulsar a los sectores radicales.

Fuente: http://www.vientosur.info/spip.php?article14041



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