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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-08-2018

El dilema del Gobierno socialista

Antonio Antn
Rebelin


Los principales problemas que encara el nuevo Gobierno socialista, una vez desalojado el Partido Popular del poder gubernamental, reafirmar una mayora parlamentaria alternativa e iniciar unos mnimos pasos regeneradores, son dos: superar de forma justa la prolongada crisis social y econmica y las polticas neoliberales regresivas, y encauzar el conflicto cataln y territorial desde una posicin dialogada y democrtica. Voy a analizar, sobre todo, este segundo punto en el marco de esta etapa transitoria hacia el escenario poltico definitivo tras las elecciones (municipales, autonmicas, europeas y generales) pendientes y las opciones estratgicas que subyacen para determinar este inestable periodo provisional.

La cuestin territorial es un elemento crucial para la estrategia socialista de construir un camino intermedio entre el nacionalismo independentista y el espaolismo conservador e inmovilista de las derechas centralizadoras.

Los lmites de la estrategia socialista

Empiezo por Catalua y la posicin del PSC, para explicar su conexin con el PSOE, la estrategia socialista y las expectativas de cambio. Snchez e Iceta, acertadamente, pretenden, al menos, desactivar la enorme crispacin poltica, legitimar una oferta de aproximacin a concretar a medio plazo (ampliar el autogobierno, reformar la Constitucin y leyes orgnicas) y crear una esperanza de convivencia (sin medidas punitivas y reforzando la bilateralidad). Todo ello es positivo en s, aunque tambin est vinculado con el objetivo adicional de la direccin socialista de mejorar su representatividad electoral y su poder institucional. Busca encarar mejor las reformas consiguientes en la siguiente legislatura, cuyo alcance no est determinado y estara condicionado por las decisiones sobre los nuevos equilibrios y las alianzas de preferencia.

El pacto del PSC con la derecha catalanista de Uni, en una especie de compromiso berlingueriano, no ha dado los resultados esperados; su tarea era y es ensanchar su campo propio para aspirar a ser centro hegemnico y articulador de un acuerdo (a la italiana) con la parte autonomista de la derecha catalana y condicionar a la parte moderada del PDeCat y la realista de ERC. Su confianza es evolucionar hacia un nuevo catalanismo poltico cultural, aunque dejando en un segundo plano o moderando el imprescindible cambio en las polticas sociales y econmicas, necesario para la mayora popular catalana. Es decir, con la contencin y subordinacin de Catalunya en Com-Podem y la opcin transformadora que representa. 

Pero su voluntad est, adems, condicionada por los lmites fcticos y los intereses electorales del PSOE para ser determinante en el resto de Estado, es decir, para no desligarse de la responsabilidad de Estado y la estrategia conjunta con PP y Cs que culmin en la aplicacin del art. 155.

En lo socioeconmico ese plan no es muy alejado del modelo socioliberal de la tercera va (laborista) o el nuevo centro (socialdemcrata alemn), solo que en un contexto de mayor gravedad de la situacin socioeconmica de la mayora social y con su mayor responsabilidad directa en la gestin regresiva de la crisis. Su fracaso pasado y reciente, incluido el del Gobierno Zapatero-Rubalcaba, ha sumido en una fuerte crisis a la socialdemocracia europea (particularmente la francesa, la griega y la italiana), salvo cuando se han enfrentado como izquierda a la derecha (Portugal, Reino Unido). Es la actual encrucijada del PSOE. Su ventaja es que, dado el actual bloqueo y el fracaso de las dos principales estrategias contendientes -unilateralidad e inmovilismo con represin / judicializacin-, tiene margen para desandar esa peligrosa polarizacin y generar esperanza.

Cules son los lmites. Sin un fuerte compromiso con el giro de progreso de la poltica social y econmica es difcil una poltica integradora y pluralista en lo nacional y en el desarrollo del autogobierno. Las mediaciones son importantes. Una parte independentista no es nacionalista o no lo es por motivos identitarios sino como respuesta instrumental ms favorable en lo socioeconmico. Si el diagnstico de los motivos de la grave situacin y el malestar social es Espaa nos roba, la solucin est clara: la independencia como mediacin institucional para salir de la crisis y garantizar la mejora socioeconmica del pueblo cataln. Para el bloque independentista es irrelevante que la direccin poltico institucional y econmica est en manos de una derecha neoliberal, con las mismas constricciones fcticas, determinacin estratgica y acuerdos europeos que la derecha espaola. Y lo que ha sabido eludir: su responsabilidad directa en esa crisis y sus polticas regresivas.

La transferencia de responsabilidad de la derecha catalana

La derecha neoliberal e independentista catalana (llena de corrupcin) ha tenido relativamente xito en la transferencia de responsabilidades, en su gestin discursiva de trasladar a otra esfera, a la competencia nacional y la divisin popular, la respuesta social y econmica. El enemigo son los otros, Espaa y los espaoles, en vez de los poderosos de ambos mbitos, subordinados al bloque de poder europeo (y mundial). Esa idea tiene credibilidad en la mitad de los catalanes, aderezada con el inmovilismo de Rajoy y la (supuesta) irreformabilidad del Estado. Precisamente, el mayor realismo y sensibilidad social de ERC le lleva a una aguda confrontacin con Junts per Catalunya y ahora la Crida, no solo por la hegemona del bloque independentista sino por abrir nuevas posibilidades de acuerdos ms transversales y operativos y menos regresivos en lo social.

La cuestin es que, de la otra mitad, gran parte de las clases trabajadoras castellano hablantes, han tenido una reaccin defensiva previsible ante el peligro inminente de la secesin, con la percepcin de un riesgo de incertidumbre vital e identitaria. Han optado por priorizar el amparo y la proteccin estatal, en este caso a travs de la opcin mayoritaria de Ciudadanos, no manchada de corrupcin y responsabilidades de gestin. As, el profundo y amplio malestar cvico (en Catalunya y Espaa) por la grave situacin social y econmica ha estado mediatizado y sin salida institucional. El continuismo de las polticas pblicas y la inercia neoliberal la consolida.

La intensificacin del conflicto nacional ha fracasado para las dos estrategias extremas -inmovilismo y secesin-. Esa dinmica no es una opcin viable para cada una de las dos partes, aunque sea parcialmente funcional para la cohesin y la preponderancia de sus principales actores en cada campo. Es poca de distensin y dilogo, aunque sin perspectivas claras. Y la reaccin defensiva identitaria unionista tampoco aporta una solucin en este campo social. La aminoracin de esa polarizacin abre la posibilidad de poder expresar ms directamente la necesidad de una agenda social efectiva. Solo que, en el PSC y ERC, tericamente progresistas o socialdemcratas, no les es cmoda esa prioridad social por sus alianzas y compromisos respectivos con los distintos poderes econmicos e institucionales.

En todo caso, junto al bloqueo interesado por ambas derechas, esas izquierdas socialistas y republicanas, cada una con sus motivos especficos, mantienen una orfandad estratgica para abordar la cuestin social, lo que puede llevar tambin a la frustracin cvica por la ausencia de respuestas socioeconmicas suficientes. Es su desafo histrico, con evidente influencia en las condiciones y los ritmos del cambio de progreso. Y hace necesaria una tercera posicin en lo social y lo nacional, que hoy representa con mayor claridad, aunque sin suficiente capacidad representativa, los comunes. Todava hay un gran trecho para conformar un nuevo acuerdo progresista con una fuerte agenda social y una solucin negociada y razonable para la cuestin nacional.

Pero eso le llevara al PSC-PSOE a un nuevo pacto tripartito de izquierdas en Catalua (que fuese mayoritario respecto de la suma de ambas derechas) y un gobierno de progreso (con Unidos Podemos y sus aliados) en Espaa, con un debilitamiento representativo de las derechas, comprometido con un cambio sustantivo, social y plurinacional. Por tanto, el pacto parlamentario por el desalojo del Gobierno de la derecha del PP permite el cuestionamiento de la estrategia de las derechas espaolistas, neoliberal y uninacional, junto con el consiguiente bloqueo social y territorial.

Pero el boicot a ese camino intermedio, incluido un nuevo Estatut, parece que est cantado para PP y Cs. Ellos creen, aunque sea dudoso, que esa posicin extrema de nacionalismo espaol conservador (tambin frente a la inmigracin) les es funcional para recuperar su hegemona en el resto de Espaa y consolidar el bloque unionista bajo su direccin, debilitando a las fuerzas progresistas en los dos mbitos. La normalizacin institucional, incluida la imprescindible reforma constitucional y la estabilidad gubernamental, sera difcil. Se trasladara a la siguiente legislatura con nuevos equilibrios que cada parte se apresta a mejorar, lo que dificulta hoy acuerdos sustantivos reales.

El ensanchamiento electoral del Partido Socialista

En el mbito estatal se han empezado a dar pasos positivos, la mayora limitados para el bienestar mayoritario de la gente y simblicos, que tienden a buscar el ensanchamiento electoral del Partido Socialista. Pretende garantizar su preponderancia en los comicios e instituciones locales y autonmicas y, especialmente, en el prximo gobierno que salga de las elecciones generales. La finalidad prctica de los cambios beneficiosos para la mayora social se subordina a la capacidad retrica conseguida para ese objetivo partidista de recuperar parte de su anterior electorado huido por el centro o por su izquierda. La actividad discursiva o publicitaria predomina sobre los cambios reales y su dimensin prctica para la gente, condicionados por ese doble movimiento y sus compromisos fcticos con los eufemismos de estabilidad econmica o responsabilidad de Estado. Veamos los condicionamientos y, sobre todo, las insuficiencias de sus pretextos para no encarar los pasos necesarios para generar una dinmica y un programa de reformas sustantivas.

Por un lado, hay que reconocer que hoy no hay suficientes apoyos parlamentarios y europeos para introducir cambios sustantivos necesarios en materia social y econmica. Las derechas, incluida la vasca y la catalana, tienen mayora. Es la justificacin principal para no abordar medidas relevantes: incremento sustancial del techo de gasto y la fiscalidad progresiva, derogacin de las reformas laborales, financiacin autonmica suficiente para servicios pblicos -sanidad, educacin, dependencia, rentas sociales-, firmeza ante la desigualdad social, la devaluacin salarial y la precariedad del empleo, contundencia -no solo declarativa o punitiva- en las polticas de gnero, cambio de modelo productivo-energtico con nuevas especializaciones productivas y sostenibilidad ambiental

En todos esos aspectos el Gobierno anuncia medidas parciales con abundante embellecimiento meditico, mayor ante las crticas exacerbadas de las derechas y los foros econmicos. La cuestin es combinar pasos concretos e inmediatos que ataquen las situaciones ms gravosas de la gente, junto con los caminos y la garanta de cambios ms ambiciosos tras el deseable cambio institucional, electoral y de clima sociopoltico.

Pero lo que esconde ese pretexto de no hay condiciones es la falta de determinacin para crear desde ya las condiciones sociopolticas e institucionales suficientes para su realizacin tras las prximas elecciones locales y generales: mayor apoyo parlamentario progresista, negociacin europea, activacin cvica y alianzas polticas y sociales firmes de las fuerzas de progreso. Es decir, la definicin de una estrategia y una voluntad con un programa de cambio sustantivo reuniendo las fuerzas polticas y sociales necesarias. Pero la incgnita mayor de la direccin socialista es su indeterminacin calculada sobre su proyecto futuro y las alianzas preferentes correspondientes.

O sea, el camino gubernamental actual, especialmente en los campos socioeconmico y territorial, es compatible con una bifurcacin futura hacia dos tipos de salida, ya presentes en estos dos aos de bandazos y divisiones socialistas y que son incompatibles: una opcin de gran centro (a la francesa corregida, no tanto a la alemana, dirigida por la derecha y en otro contexto), u otra de cambio de progreso (a la espaola o valenciana, superadora de la portuguesa). Para cualquiera de las dos y, por tanto, funcional para cada una de ellas, vale su clculo de incrementar la hegemona socialista frente a los dos competidores directos, Ciudadanos y el grupo confederal de Unidos Podemos-En Marea-En Com Podem. Es su interpretacin de ser izquierda: poder girar y aliarse con el centro derecha o con las fuerzas del cambio de progreso. O hacerlo al mismo tiempo, en unas cosas (sustanciales y retricas) hacia la derecha y otras cosas (secundarias y simblicas) hacia su izquierda.

Trata de tener ms margen de maniobra, de centralidad, debilitando la influencia de las otras dos partes, en la aplicacin de su actual plan preelectoral, as como en la gestin negociada del programa y el reparto del poder gubernamental, una vez pasada la transitoriedad o provisionalidad de la actual frmula de gobierno monocolor sin pactos claros y alternativos de gobierno. Es el objetivo inmediato socialista de conseguir mejorar sus equilibrios representativos y de apoyos institucionales o la gestin compartida (asimtrica) en las elecciones municipales y autonmicas y europeas de 2019, con el posible experimento del adelanto de las andaluzas.

Su alternativa inmediata es ganar representatividad a costa de sus competidores. La salida de su encrucijada, hoy con opciones ambivalentes, es doble: hacia el continuismo de fondo o hacia el cambio real, aunque no necesariamente incompatibles en todos los campos, proporciones y momentos. Para no descarrilar en estos continuos giros prcticos y simblicos y tener coherencia poltica y retrica debera tener una orientacin estratgica clara, cosa dudosa. Parece que sta no consiste en un proyecto socioeconmico y territorial definido, ms all de corregir con algunos gestos y medidas parciales el fuerte derechismo del Gobierno de Rajoy. O bien, lo esconde y supedita al objetivo estratgico partidista: ganar influencia electoral y poder. Pero una vez superado el bipartidismo y siendo difcil la estabilidad de un gobierno monocolor, es decir, estando clara la necesidad de pactos, esa indeterminacin por la preferencia estratgica y de alianzas ni ayuda a fortalecer un campo propio ni genera confianza suficiente para articular una alianza duradera. Lo sustantivo: no hay preferencia ni apuesta futura por una alianza de progreso. Y la alianza centrista es desechada por la actitud de Cs. El resultado: cambiar algo, para que (casi) todo siga igual. El riesgo: prioridad por su inters partidista y la escenificacin meditica y actitud solitaria y prepotente con las fuerzas del cambio.

La indeterminacin estratgica socialista y la opcin de gran centro

Por otro lado, est la opcin de Ciudadanos, con la necesidad actual de su readaptacin estratgica y discursiva. Debera suavizar su extremismo ultraliberal, centralizador y antinacionalista y corregir su expectativa y su soberbia de ser la fuerza (casi) exclusiva del centro derecha, con el debilitamiento del PP y el sorpasso al propio PSOE. Su apuesta derechista por ganar la mayora parlamentaria (con lo que quede del PP) es difcil que fructifique; pero, sobre todo, su radicalizacin centralista obstaculiza la colaboracin socialista. Hara ms difcil la consecucin de esa operacin gran centro (a la francesa) que da por supuesto un fuerte debilitamiento socialista y un perfil centrista regenerador. Solo cabra un gran centro (a la espaola) tras su fracaso representativo (quiz ya en las elecciones locales), al menos relativo respecto de sus expectativas hegemonistas del llamado centroderecha, y su readecuacin estratgica y discursiva, consiguiendo un giro programtico hacia el continuismo econmico y territorial y admitiendo. Es lo que ya hizo, admitiendo una posicin subordinada en un Gobierno socialista pero con un plan econmico y territorial continuista y la contrapartida del aislamiento de las fuerzas y la dinmica del cambio de progreso.

Por tanto, ese refuerzo de la centralidad socialista busca aumentar las distancias con las fuerzas del cambio, la no dependencia excesiva de los acuerdos municipales y autonmicos con Unidos Podemos y sus aliados y atraerse una parte desactivada de su electorado. Supone desarrollar ligeros cambios legislativos y polticos por el nuevo gobierno, no tanto para iniciar un camino significativo, aunque fuese lento, hacia unas reformas sustantivas, como muestra su posicin ante el techo de gasto; sino para, con el pretexto de la ausencia de apoyos parlamentarios suficientes hoy, instalarse en la adaptacin de una poltica de gestos contradictorios, con las expectativas de algunos cambios y la garanta de estabilidad social, econmica e institucional. Es decir, de justificacin de la renuncia a cambios sustantivos para la gente y legitimacin de una va de propaganda para ganar apoyos sin compromisos explcitos. Supone la indefinicin y la dificultad de conformar un nuevo contrato social de progreso y quedar a la espera de una operacin hegemonizada de gran centro.

Por tanto, el plan gubernamental socialista subordina su accin poltica al objetivo del rdito partidista dando por supuesto ese nivel de legitimacin existente y su ensanchamiento electoral en los dos frentes al mismo tiempo. El principio de realidad o, mejor, la mirada estrecha sobre los condicionamientos inmediatos, junto con el consenso con las estructuras de poder, haran abandonar la actitud transformadora y una estrategia firme para ganar, conjuntamente, las fuerzas de progreso a las derechas e imprimir un cambio real. As, ahora, sin las derechas vasca y catalana, no se podran abordar los cambios socioeconmicos, y la oposicin fctica -interna y externa- y de las derechas impediran avanzar en la plurinacionalidad. Resultado: cambios limitados, abundante retrica embellecedora, asentamiento en el poder institucional y continuismo respecto de los graves problemas y conflictos sociales y democrticos.

Ahora bien, ese posibilismo de la direccin socialista no es del todo realista. Est prejuiciado, como todo el anlisis justificativo anterior de que los nmeros parlamentarios y la dinmica sociopoltica supuestamente normalizadora no eran suficientes para sustituir a Rajoy y garantizar una alternativa progresista. O que solo era posible su pacto centrista con Ciudadanos y la completa subordinacin de Unidos Podemos y sus aliados. Pero, sobre todo, evita poner las bases polticas para la derrota de las derechas y la victoria de las fuerzas progresistas, que den paso a un cambio, autnticamente de progreso en lo social y lo nacional, con un fuerte apoyo social que afronte los obstculos fcticos, econmicos, europeos e institucionales.

El reto sin abordar por la direccin socialista es la ausencia de una estrategia firme para superar el enquistamiento de la cuestin social y la cuestin nacional, la tentacin del aislamiento poltico de las fuerzas del cambio, sin una actitud colaborativa clara, y la pretensin de normalizacin social, con el cierre total y definitivo de la dinmica de cambio sustantivo, socioeconmico e institucional abierto esta ltima dcada. Hay un conflicto analtico con implicaciones polticas. De l se puede derivar la socializacin forzada de una visin posibilista de la realidad que acente la simple normalizacin institucional y la adaptacin ciudadana. Pero, sobre todo, hay una encrucijada estratgica con impacto para el futuro de progreso, el papel de la socialdemocracia y los desafos para las fuerzas alternativas.

Esa perspectiva gubernamental no es un modelo de renovacin socialdemcrata para Europa, con unidad popular y progresista, en una Europa ms justa y solidaria; sino una opcin de adaptacin negociada a la pertenencia a la nueva clase poltica dominante europea bajo hegemona alemana (centroeuropea) y el eje Merkel-Macron, con la subordinacin del SPD y la socialdemocracia ibrica. O sea, un gran centro (derecha) europeo.

El clculo idealista de esa nueva tercera va, ms socioliberal y jerrquica que autnticamente progresista y democrtica, es que ese papel algo autnomo y perifrico no llega al reformismo progresista de base popular de antao y se queda en leves modificaciones superficiales, culturales o cosmticas. Por tanto, no es suficiente para legitimar socialmente un amplio cambio sociopoltico con la fuerza cvica y democrtica necesaria para enfrentarse a los poderosos y promover cambios relevantes en beneficio de las mayoras sociales. Es decir, solo da para estabilizar un camino solo simblico y de gestos y una corriente poltica indecisa o confusa que difcilmente puede representar un futuro mejor para las mayoras populares.

Este camino transitorio, por tanto, no es totalmente unitario, colaborativo y de confianza entre las fuerzas favorables al cambio gubernamental. No hay un acuerdo estratgico sobre los objetivos de cambio, el respeto mutuo y la colaboracin leal. La indeterminacin poltica, la geometra variable, el control de los ritmos y el calendario monopolizados por el presidente Snchez no generan confianza suficiente ni superacin de la incertidumbre entre actores polticos y sociales, por mucho de que vayan cubiertos por buenas palabras, pequeos acuerdos y gestos de dilogo y consenso.

En ausencia de relevantes planes conjuntos o unitarios beneficiosos para ambas partes y, sobre todo, para la gente comn y con una interpretacin y orientacin compartida es difcil tejer las condiciones para ensanchar el campo progresista en detrimento de los autnticos adversarios de las derechas. Por encima sobrevuela y condiciona la voluntad socialista de dar la vuelta al casi empate representativo del campo progresista y de izquierdas, asentando un nuevo reequilibrio hegemonista, nostlgico de un bipartidismo renovado (por la derecha) y corregido (por la izquierda, pero sin contrapesos fuertes de poder) y con mayor autonoma de la direccin del Partido Socialista respecto de sus dos lados y la movilizacin popular.

La ambivalencia clsica de la socialdemocracia, condicionada entre la representacin de las mayoras populares y su dependencia de los ncleos de poder, derivara en un nuevo discurso amable para la gente a nivel meditico y una poltica real continuista, incapaz de satisfacer las principales demandas populares y democrticas, o sea, un giro social y una reforma plurinacional. No se movera del consenso europeo liberal-socialdemcrata, sin implementar una salida justa de la crisis social y econmica, ni transformara la funcionalidad neoliberal desigual e insolidaria para promover una opcin social, integradora y democrtica en el mbito estatal y el europeo. Sera una opcin dbilmente democrtica y socialmente fallida respecto de las necesidades sociales y democrticas de amplias mayoras ciudadanas.

La tendencia al desencanto y la frustracin volvera a arrastrar la credibilidad de la direccin socialista y, lo que es peor, podra favorecer la recomposicin y dominio de las derechas, incluso con riesgos de refuerzo conservador y autoritario. Es fundamental la responsabilidad de la direccin socialista sobre cmo encara esta encrucijada. Se derivan la esperanza o la frustracin social. Y, en todo caso, constituye un desafo estratgico para las fuerzas del cambio: apostar, junto con la activacin cvica, por acuerdos slidos de progreso que corrijan la ambivalencia socialista.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid. Autor de El populismo a debate (ed. Rebelin)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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