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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-08-2018

Novedad editorial de Boltxe liburuak y prlogo del libro
La Tricontinental: Los pueblos del Tercer Mundo al asalto del cielo

Walter Wendelin
Boltxe liburuak


Como novedad editorial de Boltxe liburuak presentamos una edicin del libro de Sad Bouamama La Tricontinental. Los pueblos del Tercer Mundo al asalto del cielo, traducido del francs por Beatriz Morales Bastos. Aborda una histrica reunin celebrada en La Habana en enero de 1966 entre diferentes movimientos de liberacin nacional y partidos socialistas y comunistas de Amrica Latina, frica y Asia que en ese momento se hallaban en plena lucha de liberacin nacional y social contra el colonialismo, el imperialismo y el capitalismo. Potenciar la ayuda de los pueblos en lucha, conocerlas para respetarlas, incentivar el internacionalismo fueron los grandes objetivos de sus organizadores, a saber Mehdi Ben Barka, Fidel Castro, Ho Chi Minh, Amlcar Cabral, Ernesto Che Guevara y muchos otros militantes que tuvieron que hacer extraordinarias peripecias para poder llegar a La Habana. Un internacionalismo sincero, sin intereses geoestratgicos egostas o sin ponerse al servicio de los intereses de un partido poltico, movimiento o persona concreta. Un internacionalismo que tena claro que la unidad de accin entre los pueblos debe ser una prioridad, desde el respeto a las formas de lucha escogida por cada pueblo, sin intromisiones ni tutelajes. Los Estados colonialistas e imperialistas se dieron rpidamente cuenta de la fuerza que representaba la Tricontinental, por lo que la criminalizaron rpidamente, e intentaron desprestigiarla acusando a sus organizadores de estar al servicio de Mosc o de Pekn. Cuando estas tcticas no dieron el fruto que pretendan los Estados colonialistas e imperialistas dieron un paso ms y empezaron a asesinar a los participantes de la Tricontinental, lo primero fue el rapto y asesinato del principal organizador de la reunin de La Habana, el marroqu Mehdi Ben Barka que fue raptado en pleno centro de Pars y del que nunca ms se supo nada. Pero a pesar de todo la cumbre se realiz. Una experiencia que se debe conocer, entender, pero sobre todo se debe aplicar el internacionalismo en su cara ms humana, el internacionalismo que aplic hasta sus ltimas consecuencias Che Guevara y muchos otros militantes internacionalistas, como por ejemplo Pakito Arriaran, que continuaron luchando en la senda marcada por la Tricontinental y que cayeron asesinados por los Estados colonialistas e imperialistas. Pensamos que para avanzar en la lucha en Euskal Herria es necesario conocer y estudiar las luchas de los pueblos que se enfrentaron y se enfrentan al colonialismo, al neocolonialismo y al imperialismo.

Como siempre precio popular, 5 euros, se puede adquirir por correo electrnico ([email protected]), en la tienda que hay en la web de Boltxe (http://www.boltxe.eus/denda/) o en las mesas que suele poner Boltxe en las fechas y lugares habituales. Este es el prlogo del libro a cargo de Walter Wendelin, militante de Askapena (Solidaridad Vasca con los Pueblos):

Pequea autocrtica para aprehender la Tricontinental

1. Sera siempre insuficiente pretender criticar ms y mejor a los colonialistas o despotricar con mayor vehemencia contra los imperialistas por sus crmenes de lesa humanidad y la miseria que le han legado a la humanidad. No es que no se lo merezcan, tampoco es un esfuerzo completamente vano, pero mientras nos centramos en ello, mientras tocamos el tam-tam o la txalaparta se nos quema la choza y el baserri. Sobre el colonialismo, el neocolonialismo y el imperialismo los hombres de la Tricontinental citados en este libro se expresan con una contundencia admirable a la que no estamos acostumbrados. Todas las citas reflejan cronolgicamente y de forma muy clara y comprensible cmo se gest la Tricontinental y cmo se gestionaron las contradicciones internas e intereses encontrados y los problemas causados por aliados y enemigos. Dijeron verdades sobre la historia y verdades ideolgicas y polticas que hirieron muchas sensibilidades porque no son interpretables ni se pueden malentender. Seguiran hiriendo si no fuera porque han cado al pozo del olvido histrico.

2. Pero no fueron estas palabras hirientes las causantes de que casi todos los actores principales fueran asesinados por las fuerzas oscuras de los Estados de derecho, civilizados y demcratas de Occidente. El poderoso no suele sentirse aludido por cierta memoria histrica. Fueron asesinados porque mostraron con palabras claras y contundentes tener conciencia de la necesidad de pasar de la palabra al qu hacer y por hechos consumados inequvocos que tenan capacidad, voluntad y valor para hacerlo. Y lograron grandes e importantes victorias en sus tres continentes. En el mundo enriquecido la izquierda no dio la talla para un internacionalismo solidario. Por otra parte, la casi total ausencia de mujeres supuso otra debilidad que impidi acumular poder suficiente sin tocar tanto el tam-tam.

3. Sin poder suficientes no lograron todas las victorias necesarias para resistirse al curso del capitalismo. El colonialismo e imperialismo han evolucionado desde aquellos aos de la Tricontinental. Lo han hecho en la misma medida en que la izquierda eurocntrica navegara en su Titnic occidental con todo lujo de confort hacia la deriva. No hay ms ciego que el que no quiere ver ni ms alienado que el que critica la alienacin y la falta de autocrtica, siempre y solo de los dems. Ya nada tienen que ver las autodenominadas socialdemocracias actuales con la socialdemocracia original, ni siquiera con la de aquellos aos sesenta del siglo pasado. La izquierda moderada o de centro ha asumido el capitalismo con todas sus miserias y crmenes. Aunque nos consideremos de la izquierda europea ms radical y revolucionaria no debemos perder la perspectiva ideolgica histrica global: hoy la Tricontinental an tendra ms y mejores razones para excluirnos.

4. La Tricontinental es la expresin ms genuina del internacionalismo solidario. Sin embargo, es necesario bastante autocrtica por parte de la solidaridad internacionalista para poder sacar conclusiones acertadas y no quedarnos en un romanticismo autocomplaciente de las luchas guerrilleras de liberacin nacional y social. Esperamos que tenga algo de inters tambin para esta izquierda europea que todava est convencida de la existencia del derecho a la rebelin en la prctica del qu hacer de la lucha cotidiana. El resto, quienes nieguen la necesidad de la rebelin prctica diaria en las democracias de los Estados de derecho y bienestar social en las que viven, poco van a aprender y, en todo caso, aplicarn lo aprendido mal y en beneficio del gran capital. No olvidemos nunca que la mejor trampa del diablo, su mayor engao, es hacernos creer que no existe o si no hay forma de negar su existencia, que nosotras y nosotros mismos somos el mal. Mal de muchos...

5. El derecho es de Dios y como este ha muerto o se qued dormido al sptimo da, el derecho es la Torre de Babel, una construccin humana, demasiado humana. Dejemos de rebuscar nuestro derecho a la rebelin entre las mentiras, eufemismos, tpicos y tecnicismos legalistas del derecho burgus El derecho solo es efectivo con poder. Sin poder es un instrumento dbil y enclenque. En manos de la oligarqua burguesa es un arma de destruccin masiva. Hasta que no se logre el poder suficiente para construir y hacer efectivo el derecho socialista de rebelin asumamos la necesidad y la legitimidad de la rebelin popular.

6. Con la historia de la Tricontinental podremos recuperar muchas verdades que han quedado sepultadas bajo la manipulacin masiva a la que hemos sido y seguimos siendo sometidos y sometidas, siempre que lo hagamos desde una postura autocrtica autocrtica que nada tiene que ver con la autoflagelacin masoquista ni con marketing electoral. Las verdades cuanto ms hieran nuestra sensibilidad ms importantes sern. Para no caer en el tpico de que todo es relativo ni en el engao de la postverdad hay que asumir que no hay muchas verdades sino solamente una. Lo que la hace relativa en apariencia son nuestras limitaciones y debilidades, y la falta de voluntad y valor para enfrentarse a ella. La postverdad es simplemente una mentira falaz sin ms finalidad que cometer un crimen con impunidad. Solo el enemigo y sus aliados alienados condenan la legitimidad de mentir al enemigo. Pero mentir al pueblo nunca es revolucionario sino que demuestra debilidad, miedo, errores, incapacidad, falsedad, una derrota no asumida o una traicin y siempre falta de respeto. Las justificaciones son siempre excusas. Argumentar que utilizamos una forma especfica para que el contenido no hiera sensibilidades es en s otra mentira. Cualquier cambio de forma cambia el contenido. Expresar una verdad con un eufemismo piadoso, un tpico lquido, una generalizacin sin concretar, un concepto indefinido, una metfora interpretable de cualquier manera convierte el contenido verdadero en una mentira. Ni siquiera el hecho objetivo de que ninguna persona es capaz de percibir, comprehender ni expresar toda la verdad o que la mentira es un mecanismo necesario para el funcionamiento de las relaciones humanas y de la sociedad justifica la mentira. Hasta qu punto los errores de anlisis son mentiras con algn atenuante? Cundo aparentar un error con autocrtica forzada o de marketing es una mentira con agravante? Con la verdad sucede como con la utopa: siempre se alejar la mitad de la distancia que nos acerquemos y como un Tntalo cuntico nunca beberemos de ella. Suplicio y paraso a la vez, la verdad es revolucionaria siempre, aunque duela.

7. Hay muchas teoras sobre la revolucin. Sin teora no hay revolucin. Pero sin revolucin tampoco hay teora, al menos no una acertada, una sin errores, sin lagunas. En teora se pueden demostrar los errores y las debilidades de cualquier teora. Pero la verdad de una teora revolucionaria solo se demuestra con la prctica, con la revolucin. La batalla de las ideas se vence en la calle, no en las torres de marfil ni en los parlamentos ni en las tabernas. En las universidades e institutos de Occidente tenemos muchos intelectuales tericos brillantes que demuestran errores y debilidades en las teoras ajenas, e insisten en el acierto de la propia teora. Pero cunta prctica revolucionaria necesita un intelectual de la revolucin para no ser traidor y confidente de la oligarqua con su teora? Y cunta teora necesita un militante revolucionario para no acabar siendo un tonto til de la estrategia del capital?

8. Al responder a estas preguntas habr opiniones con todos los matices y para todos los gustos y colores, desde las ms fanticas de un extremo u otro hasta las equidistantes ms fundamentalistas, sin olvidar a las integristas posicionamientos ni-nis. En el mejor de los casos fracasarn todos los intentos de llegar a un consenso entre estas opiniones. La razn radica en que el consenso entre opiniones en la prctica es casi imposible: un 90 % de la opinin est formada por la intuicin subjetiva de cada individuo, sus valoraciones, sus prejuicios y todo el cmulo de experiencias, traumas y sensaciones inconscientes. El 10 % restante son argumentos, conocimiento de datos y hechos, mediciones objetivas, relaciones lgicas y emociones conscientes. Solo con estos se pueden corregir las opiniones de cada cual para llegar a un consenso verdadero. De llegar a un consenso en base a las opiniones, siempre ser un falso consenso en el que cada parte creer que ha logrado persuadir a la otra parte mediante artilugios literarios, metforas interpretables, tpicos-trampa, generalizaciones, eufemismos y conceptos sin definir o desconocidos pero biensonantes. Estos falsos consensos nos explotan en la cara al primer paso que damos desde la teora del debate a la prctica de la calle. Y el culpable del engao siempre ser el otro con la consiguiente fragmentacin y polarizacin emocional de la izquierda. Esto es hoy la finalidad ltima y el valor del consenso.

9. Para evitar los debates interminables y repetitivos, que frustran y desmovilizan, para rehuir los falsos consensos, con los que nos engaamos, y para prevenir la polarizacin emocional, que suele ser casi imposible de revertir, es imprescindible centrarse en aquel 10 %, la base consciente y objetiva de nuestras opiniones. Si criticamos a nuestras compaeras y compaeros con argumentos, datos, mediciones, relaciones lgicas o hechos empricos la crtica ser constructiva y podr llevar a un consenso. Por eso, para llegar al consenso es ms importante aclarar lo que nos diferencia realmente que basarnos en lo que quiz solo en apariencia nos une. Es humano pero nefasto confundir deseo con realidad.

10. La tan practicada crtica pblica del otro como del enemigo, el tam-tam electorero, en realidad es contraproducente porque le informa dnde tenemos nuestras debilidades y cmo poder engaarnos ms y mejor. Por otro lado, los insultos pblicos puede ser una tctica para enfurecerlo y provocar que cometa errores, pero hay que saber qu errores queremos provocar. Con la crtica del enemigo en un acto o debate interno podemos calentar el ambiente y provocar rabia y odio en la propia gente, lo cual es, como dijo el Che, un arma imprescindible para hacer la revolucin. Sin embargo, cuando lo practicamos personas o grupos que no estamos concienciadas ni dispuestas a llevar a cabo una estrategia revolucionaria, la crtica del enemigo acaba en un ejercicio masturbatorio de lloriqueo colectivo con catarsis final o en una carrera interna para mostrar quin es ms brillante atacando al enemigo literaria, que no literalmente, con la finalidad de conseguir protagonismo. Luego, en la lucha prctica, todos estos en quienes como ilusos habremos credo, nos desilusionarn.

11. La crtica de los otros y sobretodo de los enemigos siempre debe estar precedida de un anlisis radical de sus objetivos reales y sus prioridades objetivas. En nuestras democracias actuales estos objetivos y prioridades reales nunca coinciden con los objetivos y prioridades que declaran pblicamente por lgicas razones electorales. Conviene realizar el mismo ejercicio de anlisis con el discurso propio, porque en esta democracia tampoco nuestros objetivos y prioridades reales pueden coincidir los objetivos y prioridades de nuestro discurso pblico por las mismas razones. Solo as lograremos no dejarnos engaar y ser sinceros con nosotros mismos. Solo as lograremos diferenciar al enemigo principal e identificar un potencial aliado tctico o estratgico. Todo anlisis deber estar basada siempre en la autocrtica sincera tanto de los objetivos y prioridades como de las fuerzas y ventajas, las debilidades y desventajas propias frente a las ajenas. Criticar y despotricar cuando nos sale del estmago o del corazn es humano, pero puede ser poco efectivo o muy contraproducente.

12. En nuestra particular forma de democracia occidental, una democracia de partidos, parlamentaria y representativa, la crtica se ha vuelto el principal instrumento para diferenciarse de los dems. Actualmente todos los partidos polticos piden el voto de las personas asalariadas (ya sea con salario, en espera o aspirando a un salario) y de las pensionistas (exasalariados) y las esposas cuidadoras (dependientes del asalariado), que actualmente conforman el 95% de la poblacin con derecho a voto y con intereses homogneas. Queda eliminada la pluralidad originaria en la que los partidos representaban los intereses contrapuestos de diferentes sectores socioeconmicos (aristocracia, banqueros, burguesa, propietarios rurales, artesanos, iglesia) que al inicio de las democracias fueron la base de la pluralidad de intereses y objetivos polticos e ideolgicos del sistema de partidos. Para no perder su hegemona la oligarqua, cada vez ms minoritaria por el proceso de monopolizacin capitalista, incide en la alienacin de la poblacin mediante los medios de comunicacin masivos, la educacin, la industria del ocio... en la capacidad represiva del Estado y en la influencia directa sobre los partidos y los polticos mediante sistemas de financiacin legales e ilegales. As han logrado la divisin pseudoideolgica de la poblacin votante de modo que siempre persiste un equilibrio de votantes entre partidos que impide la creacin de una hegemona electoral mnima para realizar cambios del statu quo en contra de los intereses de los propietarios del gran capital. Esta forma de democracia o democradura, funciona tanto mejor cuanto menor sea la participacin real de la gente y cuanto ms persuadidos estn de una capacidad, conocimiento y poder para participar democrticamente. La quintaescencia de la alienacin es lograr que todos y todas estemos convencidos que la alienacin afecta solo a los dems.

13. La izquierda europea forma parte de esta ciudadana alienada y desde esta conciencia de nuestra alienacin debemos leer la historia de la Tricontinental. Si negamos nuestra alienacin la opinin que nos formemos de la Tricontinental ser mucho ms errada todava y contrarrevolucionaria. Esto estalla contra uno de los valores que la izquierda europea todava defiende, al menos en sus discursos: el respeto absoluto a la voluntad del pueblo incluso cuando yerra. Pero la alienacin no es un error y no superaremos esta contradiccin con nuestra lgica lineal simplista de supuesto sentido comn, el menos comn de los sentidos. Estos son los mimbres que tenemos en nuestra sociedad civilizada, pero erramos si obviamos que a la vez de artesanos mimbreros de la revolucin formamos parte de los mismos mimbres alienados. Para sensibilizar, concienciar, formar, organizar y movilizar al pueblo debemos someternos humildemente a la sensibilizacin, concienciacin, formacin, organizacin y movilizacin de los dems. Son el infierno, s, segn Sartre, pero por este infierno debemos pasar cual Dante.

14. Durante dcadas intelectuales marxistas y no marxistas han criticado a la izquierda por ser economicista. Con razn o sin ella, la izquierda ha absorbido y se ha impregnado de esta crtica hasta el punto de que actualmente se autodefine y pretende diferenciarse de los dems casi exclusivamente por valores ticos de justicia, igualdad, derecho y bienestar social obviando el crimen de la propiedad privada de los medios de produccin y sin contemplar los mecanismos econmicos y productivos que causan las injusticias, las desigualdades, las miserias y las guerras. A pesar de los grandes esfuerzos mercadotcnicos para diferenciarse, los discursos, el argumentario, las formas y los programas polticos de la izquierda cada da se parecen ms a las mentiras y engaos electorales de la derecha.

15. La izquierda occidental se ha vuelto ms individualista, en oposicin a lo colectivo, que la derecha. Esto lo muestra muy claramente en sus reivindicaciones simplistas ante el problema de la migracin y el asilo. Como no tiene propuesta alguna de cmo resolver este problema no solo rechaza la necesaria radicalidad respecto a las causas sino que obvia la realidad antropolgica del ser humano. As, la izquierda actual en todas sus vertientes es utilizada, sin darse cuenta, de bombero para apagar fuegos cuando comienzan a peligrar los intereses de la oligarqua por la rebelda de los migrantes. O bien es utilizada para promover el racismo ms primitivo y nazi en la medida en que al capital le interese este tipo de confrontacin entre la ciudadana, por ejemplo, con fines de especulacin urbanstica o para recortar an ms los derechos laborales. Tenemos otro interesante caso en la Sudfrica moderna tras su victoria contra apartheid, una lucha con la que tambin se solidariz la Tricontinental.

16. Otro ejemplo que muestra cmo la izquierda occidental ha cambiado sus seas ideolgicas de identidad por valores humanistas individualistas es el de la cooperacin y ayuda al desarrollo donde se gestionan granitos de arena contra el hambre de unos pocos frente a la construccin de pantanos o minas de coltn con los que destruyen pases enteros. Las guerras humanitarias o por la democracia y por los derechos humanos son necesarias para la destruccin reconstructiva como forma de superar la crisis de la tasa de ganancia del gran capital. El negocio de la reconstruccin de los pases destruidos pretende mantener unos aos ms el mecanismo capitalista de acumulacin econmica monopolista de las riquezas. Para enfrentar estos crmenes de lesa humanidad se acepta como condicin necesaria el crecimiento econmico con el que ayudar en base a granitos de arena. Lo pequeo es hermoso. Ser, pero solamente si probamos estrategias efectivas para tumbar a Goliat. Si nuestra motivacin para lo pequeo es apaciguar a Goliat, lo pequeo es estpido y suicida.

17. Solamente si identificamos el crecimiento econmico, supuestamente tan imprescindible para arreglar los problemas de la humanidad, como un proceso de concentracin de la riqueza en cada vez menos manos con un despilfarro y una destruccin absoluta de riqueza como efecto colateral inevitable, si reconocemos el dinero no como smbolo de riqueza sino como deuda impagable con la fuerza de trabajo disponible, si analizamos el modelo de competitividad capitalista como el menos rentable de los sistemas para la humanidad solamente entonces podremos aprehender y compehender la lgica de la realidad de pobreza desde la que actu y luch la Tricontinental. Con la globalizacin no hay asilo posible. El capitalismo arrasar cualquier refugio en cualquier lugar del mundo. Si no lo hiciera no sera capitalismo.

18. Cmo queremos entender las contradicciones y enfrentamientos de la Tricontinental, sus anlisis y sus propuestas, sus principios, sus logros, sus victorias y sus derrotas si ya apenas intuimos la diferencia entre izquierda y derecha, si la derecha de flequillo progre nos adelanta por la izquierda sin que nos demos cuenta y la progresa izquierdista se ala con los resabiados internos de la derecha? Hoy la formacin ideolgica es mucho ms complicada an que antes y requiere ms esfuerzo, ms teora y ms compromiso prctico. Las nuevas tecnologas no se pueden soslayar, pero sortear sus peligros y prevenir los nuevos s se puede y se debe. Quiz desde el mundo desarrollado y enriquecido sea imposible gestionar estas problemticas precisamente por el supuesto desarrollo y las engaosas riquezas que esconden nuestra miseria. Desde el mal llamado tercer mundo, desde los pases en vas de desarrollo, desde el Sur, con estos eufemismos u otros, desde la pobreza de algunos de los pueblos que participaron y lucharon en tiempos de la Tricontinental contra el imperio, s nos llegan nuevas iniciativas y formas de cmo enfrentarse al imperialismo, tambin al interno, con el que estn impregnados nuestros propios cerebros.

19. Hay quien pretendi comparar el Foro Social Mundial contra la globalizacin con la Tricontinental e incluso hacerlo heredero y superarlo. Desgraciadamente, poco se ha estudiado la Tricontinental en este Foro a pesar de que hubo algn participante de ella en varias de las primeras ediciones del Foro Social Mundial. Pero el eurocentrismo engredo de las masas foreras semipudientes logr imponer sus prioridades, su visin de los problemas y sus propuestas de alternativas y soluciones inviables por estar basadas en el voluntarismo buenista bienintencionado o no pero sin querer aprender de la historia. Por eso la historia no nos absolver. Gran parte de la izquierda progresista defenda la multiculturalidad y la diversidad, y mantuvo su opinin sobre la coincidencia del fascismo con el nacionalismo sin entender que para que hubiera diversidad lo multi era un peligro y un instrumento de homogenizacin del imperio. Tampoco aceptaban que el sujeto de la diversidad eran las naciones y que en este mundo, para no ser engullido y homogeneizado a la cultura imperialista y subimperialista, disponer o no de un Estado poda significar la diferencia entre la exterminacin y la supervivencia como sujeto nacional. Todos se preciaban de internacionalistas, algunos incluso negando el internacionalismo a personas nacionalistas, sin entender que sin nacionalismo no puede haber internacionalismo. El cosmopolitismo antiglobalizacin postmoderno fue teorizado con artificios por Negri y Hardt. As, un imperialismo sin imperio se transformaba por arte de pensamiento mgico en el imperio de una multitud de subjetividades sin imperialismo y sin Estados, y todo ello pacfica y democrticamente, a travs de Naciones Unidas, el derecho internacional y el control sin violencia ni rebelin de las grandes empresas transnacionales.

20. Adems de muchas otras preguntas, quedar por responder por qu no se han logrado los objetivos de la Tricontiental y por qu, a pesar de ello, no ha fracasado y, entonces, quin ha fallado y en qu. Averigemos algunas razones a travs de las citas de los protagonistas de la Tricontinental y luego preguntemos a los y las actuales revolucionarias de aquellos pueblos. Con sus respuestas formmonos una opinin dejndola siempre modificable a travs de ms argumentos, hechos, datos y opiniones de personas involucradas con responsabilidad en la lucha por la liberacin social y nacional de su pueblo, con conocimiento prctico-terico y, por tanto, con autoridad. No obviemos que la autoridad nadie la puede obtener por designacin o fama y menos por autoadjudicacin. La autoridad legtima solo se obtiene de manos del pueblo y por mritos que solo el pueblo tiene legitimidad para valorar y capacidad para hacerlo acertadamente.

21. De nuestros errores y debilidades inconscientes no podemos hacer autocrtica. Pero s podemos estudiar la memoria de la Tricontinental, que puede ayudarnos a superar algunas de nuestras ms nefastas improntas y otras tantas ilusiones impuestas y falacias inducidas. Y si aceptamos nuestra realidad antropolgica con algo ms de humildad revolucionaria quizs consigamos dejar de ser ilusos. La verdad siempre es revolucionaria. Si volvemos a confiar en la utopa realista y pragmtica del comunismo como faro de nuestra lucha y lo mostramos con hechos como, por ejemplo, la organizacin de un ALBA europeo, entonces quiz y solo quiz, los pueblos oprimidos, empobrecidos y masacrados por el imperialismo y neocolonialismo de nuestros Estados y nuestra democrtica sociedad civil civilizada nos dejen participar de la estrategia internacionalista y podamos compartir la ternura de los pueblos. Entonces habremos salido de la miseria de la riqueza econmica y financiera, y seremos pueblo pobre y digno. En esta victoria nos encontraremos con los compaeros y compaeras herederas y usufructuarias de la Tricontinental. Hombro con hombro la txalaparta y el tam-tam dirn alto y claro: Ya no pasarn, jams.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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