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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-08-2018

Declaracin de las vctimas
VI Encuentro de vctimas del paramilitarismo, La Moralia Tulu 2018

Rebelin


Como campesinos hemos sido enseados a trabajar con esmero la tierra, a producir alimentos y comerciar parte de lo producido. Los mayores nos ensearon a conservar el monte, las aguas de las caadas y los animales, a respetar la palabra empeada, a cumplir con los compromisos, a no hacer el mal a nadie y a ayudar al vecino sin esperar recibir nada a cambio.

Nuestras aspiraciones siempre han sido sencillas. Que se respeten nuestros derechos a la tierra y al territorio, que haya educacin, salud, carreteras, electrificacin, saneamiento bsico, crdito, riegos y asistencia tcnica; pero, sobre todo, hemos aspirado a que se dignifique nuestra condicin de campesinos. Aquello implica que se respeten nuestros derechos. Que se entienda que participar es contar con nuestra decisin. Que no nos maten, ni nos quiten lo que es nuestro, lo logrado con el esfuerzo de toda la familia e incluso a travs de varias generaciones. Que nos permitan sembrar lo que queremos y no lo que nos imponen los mercados. Que nos permitan conservar la tierra, el territorio, nuestra economa y cultura. Que no destruyan nuestras montaas con megaproyectos que en lugar de prosperidad solo traen muerte, destruccin y destierro. Que haya paz con justicia social y que no vuelvan ni la guerra, ni sus horrores.

Aunque somos vctimas del conflicto desde las tempranas pocas de la Violencia de los aos cuarenta y cincuenta del siglo pasado, jams pensamos que los vejmenes del Cndor y su cuadrilla de pjaros, cinco dcadas despus, volviesen a aparecer con nuevos nombres y viejas prcticas en nuestros territorios. Como si estuviramos condenados a revivir los dolores que padecieron los padres y los abuelos, a finales de los aos noventa y los primeros del siglo XXI, un grupo paramilitar, el Bloque Calima de las AUC reedit con sangre compendios enteros para los anales de la historia de la barbarie, sin que existiera autoridad estatal que lo impidiera.

Fueron pocas las familias que resistieron en sus territorios el terror generado por los paramilitares. Se quedaron porque no tenan donde ir. Se quedaron porque desplazamientos previos, de otros lugares, dejaron como experiencia que en el destierro los sufrimientos son mayores.

Con la desmovilizacin del Bloque Calima de las AUC en 2004, muchas familias retornaron y otras jams volvieron. El terror haba cumplido su propsito de desarraigar para siempre. De destruir el lazo que une la familia campesina con la tierra. Contamos catorce aos desde eso y poco se ha hecho para que las vctimas conozcamos la verdad. La reparacin integral est en veremos. La justicia no ha esclarecido quines financiaron y apoyaron los paramilitares. Desconocemos cules fueron las razones de los asesinatos. Aun no sabemos qu objetivos tenan los paras para asesinar, desterrar, violar, desaparecer, robar y torturar. Tememos que las garantas de no repeticin sean palabras que se las lleve el viento y que la Violencia se vuelva a ensaar con el territorio y nuestras gentes.

Pese a que el panorama es sombro, hemos depositado nuestras esperanzas en el Acuerdo Final para la Terminacin del Conflicto y la Construccin de una Paz Estable y Duradera, suscrita a nombre del Estado colombiano por el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos con la antigua insurgencia de las FARC-EP. Esa esperanza nos ha llamado a luchar sin descanso para que a travs de la implementacin del Acuerdo alcancemos la paz, la justicia social y la reconciliacin de la nacin colombiana.

En tanto campesinos vctimas del conflicto, impulsamos el S en el plebiscito por la paz el 2 de octubre de 2016, emprendiendo la campaa por la paz de la nacin, el campesinado le pone el corazn y sumndonos a la campaa nacional la Paz SI es contigo.

Estamos seguros que la paz con justicia social es el bien ms preciado de la sociedad colombiana, siendo as nos encontramos en las palabras del Papa Francisco Primero, quien encomend a los colombianos cuidar la paz y no dejarla perder por la cizaa. Somos testigos de excepcin de las bondades del proceso de paz, que se concreta en las vidas que se han salvado de soldados, guerrilleros y civiles; en la ausencia de combates en muchos territorios de nuestro pas; en la significativa reduccin de personas atendidas en los hospitales por cuenta del conflicto; en una lenta pero evidente democratizacin de la sociedad colombiana; en el cumplimiento de la palabra de las FARC-EP hoy convertida en partido que salda sus discusiones a travs del sano debate poltico y democrtico. No obstante, no deja de preocuparnos la lentitud del Estado en el cumplimiento de su parte en el tratado de paz. Nos inquieta tambin la dilacin y la falta de voluntad poltica en torno a la implementacin normativa y prctica del Acuerdo Final, por ello alertamos a los organismos internacionales competentes de hacer veedura que la sostenibilidad de la paz en Colombia puede correr riesgos, si quienes detentan en la actualidad el poder del gobierno nacional mantienen la actitud de hacer trizas el Acuerdo Final y/o desmontan el carcter integral de sus componentes.

La paz es la victoria del pueblo colombiano, dijo el presidente Santos en Octubre de 2012. Estamos seguros que la paz con justicia social, ms temprano que tarde, harn cesar la horrible noche.

Consideramos que la Reforma Rural Integral (RRI) permitir que la familia campesina vuelva a la tierra; que el acuerdo de Participacin Poltica, garantizar la construccin de un verdadero Estado de derecho y plena democracia; que la solucin del problema de las drogas ilcitas promover el desmonte de las estructura mafiosas, que atentan contra la vida de los hombres y mujeres de la patria y que a travs de sta terminar la persecucin contra los cultivadores de coca, marihuana y amapola, naturalmente estos agricultores deben ser incorporados a sistemas de abastecimiento agroalimentario; que la reincorporacin efectiva de los antiguos insurgentes, nos llevar a convivir como hermanos de una sola nacin en la que las diferencias se salden mediante el dilogo.

Hacemos votos para que el acuerdo sobre vctimas, permita a las generaciones presentes y futuras conocer las causas que originaron el conflicto, las personas que de l se lucraron y beneficiaron y las razones por las cuales las AUC se ensaaron contra millones de campesinos inocentes, a la vista de una aparente normalidad y la inaccin de las autoridades que tenan como misin garantizar los derechos fundamentales plasmados en la Constitucin Poltica de Colombia. Queremos saber por qu altas personalidades de la vida pblica nacional y departamental, as como empresarios, polticos, terratenientes, militares y policas de alto rango, entre otros, apoyaron la creacin y desarrollo de los grupos paramilitares. Queremos saber cules fueron las razones de la omisin y la connivencia de muchos sectores gremiales y estatales para que el bloque Calima de las AUC tuviera durante varios aos libertad de accin. Tenemos derecho a que esta historia sea contada, que no se quede en el olvido, a que no se repita la tragedia de cien aos de soledad y despojo.

Queremos una Jurisdiccin Especial de Paz operando para que todas las personas vinculadas al conflicto se comprometan a reparar a las vctimas y a impedir que tragedias similares vuelvan a ser sobre la nacin. Pero tambin queremos ser tenidos en cuenta cuando se escriba esta historia; por ello le damos la bienvenida a la Comisin de la Verdad a la zona rural del Valle del Cauca. Como organizacin campesina haremos todo lo que sea posible para contribuir en los propsitos de esta comisin creada como producto del Acuerdo Final.

Verdad, justicia, reparacin integral y garantas de no repeticin, no deben ser frases de cajn, sino un conjunto sistemtico de acciones coordinadas por el Estado y sus instituciones que contribuyan a una verdadera reconciliacin de la poblacin colombiana en lo simblico, lo poltico y lo material.

Actos simblicos como el VI encuentro de vctimas del paramilitarismo, rememoran y conmemoran a quienes perecieron y a quienes se marcharon y no volvieron. Son nuestra forma de visibilizar la resistencia y la reconstruccin del territorio de quienes se quedaron y aquellos que con el tiempo volvieron; son nuestra forma de dignificar a las vctimas y de resistir a la violencia y al olvido; son el ejercicio pacfico del derecho a exigir al Estado y a las instituciones internacionales competentes en la materia, de proteger el cumplimiento efectivo de los derechos humanos, a que acten diligentemente, para evitar que la violencia vuelva a infundir miedo, odio, destruccin y miseria en nuestras tierras.

No creemos en el ojo por ojo, diente por diente. Si entendiramos nos basramos en ello para hacer justicia, al cabo de un tiempo, nuestra sociedad sera de ciegos. En cambio, exigimos una justicia que contribuya a la restauracin de los derechos que nos fueron negados, que aporte en transformar nuestras realidades. Por ello, la reparacin integral a las vctimas, debe incluir programas de dotacin gratuita de la tierra, proyectos productivos, vivienda y en el desarrollo de los puntos contenidos en el Acuerdo Final de Paz. Como organizacin hemos emprendido el proceso de constitucin de Zonas de Reserva Campesina, como figura colectiva de planificacin del territorio, orientada a garantizar la soberana y el abastecimiento alimentario, al reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos polticos, sociales, econmicos, ambientales y culturales. Llamamos a la institucionalidad a que nos acompae a cumplir este propsito.

Al igual que otras vctimas del conflicto y la violencia que han tenido que lidiar el dolor de ver a las mejores personas de sus territorios en el destierro, o peor aun, que han tenido que convivir con ver como ajenos se abrogaban el derecho de apagar el fuego apagado de sus vidas, nos comprometemos a perdonar a quienes actuaron en nuestra contra, siempre que aporten con verdad sobre los hechos acaecidos. Perdonamos porque el perdn es un sosiego contra el odio y la venganza, porque el perdn hace posible reconciliacin, el ejercicio de la democracia y el respeto de las diferencias. Estamos seguros de que las sociedades ms avanzadas son aquellas que crecen a travs del respeto de las diferencias. Aquellas en las que en lugar de uniformidad, promueven la diversidad. Por ello, instamos a quienes participaron en hechos violatorios de nuestros derechos a comprometerse con contar la verdad, pues ste es el fundamento de la memoria.

Memoria que necesitamos viva, como un smbolo de la catstrofe que fue. Memoria que necesitamos viva, como un faro para la lucha por la paz y la justicia social, para que la guerra y la violencia no vuelvan a instalarse en este territorio de campesinos, de trabajo y de paz. Memoria que necesitamos viva para que no caigamos en la indolencia y la insensibilidad.

En nombre de mi organizacin, en nombre de las vctimas del conflicto social y armado, convoco al Estado a sus autoridades civiles y militares, a los gremios, a los campesinos y a la ciudadana en general a hacer lo imposible para que el acuerdo de paz no se diluya en el incumplimiento y el olvido.

En nombre de mi pueblo, convoco a la Organizacin de Naciones Unidas (ONU), a los pases garantes de la paz, a los veedores internacionales, a acompaarnos a sembrar paz, justicia social y reconciliacin, para en un futuro cosechar felicidad, prosperidad y democracia.

Porque la mejor garanta de no repeticin es la implementacin del acuerdo final, convoco a que le pongamos el corazn para que haya paz en nuestra nacin.

Tulu, julio 31 de 2018.

Junta Directiva Municipal

Astracava, subdirectiva Tulu.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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