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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-08-2018

Marx y los regimenes socialistas

Manuel Acua Asenjo
Rebelin


Fracasos y reafirmaciones

En nuestro trabajo Marx y la Economa, de junio recin pasado, refirindonos a las fallidas experiencias de intentar la aplicacin de presuntos principios marxistas a diferentes experiencias sociales, empleamos la palabra fracaso. El uso de ese vocablo no fue casual: queramos dar a entender que los objetivos perseguidos por quienes realizaron tales intentos (raras veces especificados) se haban malogrado, circunstancia imposible de negar, por ms explicaciones que, al respecto, quisieran entregarse: eran, a no dudarlo, experiencias fallidas, realidad imposible de soslayar. Porque fracasa todo quien emprende una tarea que se malogra.

Los fracasos, no obstante, deben ser analizados; sus causas jams deben quedar en la penumbra, que es la nica manera de aprender de la experiencia. Lo cual exige una severa autocrtica que no pocos desearan evitar. Y es que necesitamos saber por qu dichos fracasos se producen, qu circunstancias se dan cita para que ello ocurra, qu los hace posible, cul es nuestra responsabilidad en esa ocurrencia. En primer lugar.

Pero, en segundo lugar, porque un fracaso, a menudo, no se agota en la sola circunstancia de haberse malogrado el fin propuesto; normalmente, sus efectos se prolongan ms all de esa simple circunstancia. Y no en una direccin distinta, nueva, impredecible, que pudiere dar origen a una situacin por entero diferente. Por el contrario, esos efectos parecen darse, constantemente, en una especie de retorno al pasado, en una suerte de vuelta a la situacin anterior. Queremos decir con ello que, cuando se emprende una accin transformadora y se yerra en la consecucin del fin propuesto, raras veces esa accin se traduce en un resultado innovador sino se da en un retorno a la situacin anterior, una vuelta a ese pasado que, precisamente, se quera abolir o, en el mejor de los casos, transformar. Lo cual hace que los caracteres antiguos se reconstruyan en gloria y majestad, proyectndose victoriosos hacia el futuro. Como si reprodujesen en s mismos esa vieja sentencia que Cliton formula en la obra de Molire, Le Menteur:

Les gens que vous tuez se portent assez bien i

Si se trata de cambiar un sistema que existe, el fracaso, entonces, ya no slo es tal, sino se transforma en una reafirmacin del sistema que se pretenda abolir, hacindose cada vez ms difcil esa tarea. Como si dicho sistema se vacunase en cada yerro de sus enemigos para enfrentar con xito cualquier amenaza a su integridad fsica o social. Por lo que, podemos asegurar que, en el caso de los fenmenos sociales, esta forma de proceder se presenta de manera normal, al extremo de permitirnos asegurar que todo fracaso viene acompaado de una reafirmacin del pasado o, lo que es igual, de una reafirmacin de lo que se intenta abrogar.

Podemos, en suma, sealar que el fracaso en la lucha por instaurar un sistema alternativo al vigente presenta, de esta manera, dos ngulos o aspectos a considerar: por una parte, el fracaso mismo de la accin de transformacin que se pretende realizar; y, por otra, la porfiada rearticulacin del sistema. Ambos fenmenos tienen causas diversas. Intentaremos referirnos a cada una de ellas en acpites separados.

1. Fracaso en la instalacin de un sistema alternativo al capitalista.

1.1. Intentos por instalar un sistema socialista

En la historia moderna de los cambios sociales existen varios intentos de sustituir al sistema capitalista por otro definido como ms humano, fraterno y solidario que el vigente, al que se acostumbra denominar socialista. Ese ha sido el norte que ha guiado la accin de la generalidad de las organizaciones polticas de la llamada izquierda.

El primer intento de alcanzar semejante tarea fue la Revolucin Rusa. La Segunda Guerra Mundial brind las condiciones inmejorables para extender los efectos de esa revolucin a una serie de pases que quedaron bajo el protectorado de la nueva repblica que se haba instalado bajo el nombre de Unin de Repblicas Socialistas Federativas Soviticas URSS. Ms tarde, se sucedieron, entre otras, la Revolucin China, Viet Nam, Corea, Cuba, Camboya, Guinea Bisseau, Angola, Nicaragua, Venezuela.

En todas esas formaciones sociales, el nombre del sistema instalado en ellas se denomin, indistintamente, socialista o comunista, dependiendo de la voluntad de los gobernantes que ocuparon los cargos de direccin de las mismas. Por consiguiente, las medidas adoptadas en esas naciones fueron ejecutadas en nombre del socialismo o del comunismo, en su caso, dando un contenido ideolgico a tales expresiones. En trminos semiticos, tales conceptos derivaron en su contenido para transformarse en categoras, lo que no es poco decir; porque abolieron toda posibilidad de volver a emplear esos trminos provistos ya de carga ideolgica.

Sin embargo, no deja de ser paradojal la circunstancia que, en nombre tanto de Karl Marx como de Friedrich Engels personajes que no slo jams fueron socialistas sino que desconfiaban no slo de ese trmino sino, adems, de quienes lo empleaban, se instituyeran regmenes con esa denominacin, invitando al error y a la confusin. Porque la cuestin no es solamente semntica sino de profundo contenido terico.

Este comportamiento marca el primer distanciamiento de esos regmenes con las tesis elaboradas por Karl Marx.

1.2. Marx y Engels jams fueron socialistas sino comunistas.

Una de las primeras afirmaciones que podemos hacer es indicar que Karl Marx y Friedrich Engels jams fueron socialistas. En el tercer y ltimo prefacio a la nueva edicin del Manifiesto Comunista que iba a salir en esos das prefacios que, en las ediciones oficiales de la URSS, fueron eliminados, Engels da una explicacin al respecto, sealando que

[] cuando apareci no pudimos titularle Manifiesto "socialista". En 1847 se comprenda bajo este nombre de socialista dos gneros de personas. De un lado, los partidarios de diferentes sistemas utpicos, especialmente los owenistas en Inglaterra y los furieristas en Francia, que no eran ya unos y otros sino simples sectas agonizantes. De otra parte, los mltiples curanderos que queran, con sus panaceas variadas y con toda suerte de remiendos, suprimir las miserias sociales sin tocar el capital y el inters. En ambos casos, agentes que vivan fuera del movimiento obrero y que buscaban ms bien apoyo cerca de las clases instruidas. Al contrario, esa parte de los obreros que, convencida de la insuficiencia de los simples trastornos polticos, quera una transformacin fundamental de la sociedad se llamaba entonces comunistaii.

Esta explicacin es acorde a lo que expresa, ms adelante, el propio Manifiesto Comunista, que no vacila en clasificar los diferentes tipos de socialismos existentes en esos aos, distinguiendo, en primer trmino, al socialismo reaccionario que divide en socialismo feudal, socialismo pequeo-burgus y socialismo alemn o socialismo verdadero, luego, al socialismo conservador o burgus y, finalmente, al socialismo (y comunismo) crtico-utpico.

Engels, no obstante, en el ensayo intitulado Principios del comunismo vuelve a la carga sobre el socialismo para indicar que, en su poca,

Los llamados socialistas se dividen en tres categoras.

La primera consta de partidarios de la sociedad feudal y patriarcal, que ha sido destruida y sigue sindolo a diario por la gran industria, el comercio mundial y la sociedad burguesa creada por ambos. Esta categora saca de los males de la sociedad moderna la conclusin de que hay que restablecer la sociedad feudal y patriarcal, ya que estaba libre de estos males. Todas sus propuestas persiguen, directa o indirectamente, este objetivo.

La segunda categora consta de partidarios de la sociedad actual, a los que los males necesariamente provocados por sta inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros, grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganizacin de la sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y, con ello, la propia sociedad actual. Los comunistas debern igualmente combatir con energa contra estos socialistas burgueses, puesto que stos trabajan para los enemigos de los comunistas y defienden la sociedad que los comunistas quieren destruir.

Finalmente, la tercera categora consta de socialistas democrticos. Al seguir el mismo camino que los comunistas, se proponen llevar a cabo una parte de las medidas sealadas [] pero no como medidas de transicin al comunismo, sino como un medio suficiente para acabar con la miseria y los males de la sociedad actual.

Estos socialistas democrticos son proletarios que no ven todava con bastante claridad las condiciones de su liberacin, o representantes de la pequea burguesa, es decir, de la clase que, hasta la conquista de la democracia y la aplicacin de las medidas socialistas dimanantes de sta, tiene en muchos aspectos los mismos intereses que los proletariosiii.

No existe explicacin alguna que resulte convincente para entender por qu, incluso hoy, se sigue insistiendo en llamar socialismo, en nombre de Karl Marx, a los intentos de cambiar la sociedad actual o, incluso, a la nueva sociedad que sustituira a la actual (sociedad socialista). La ms aceptable de todas esas excusas lo atribuye a una innovacin leninista que busc adaptar las tesis de Friedrich Engels a los sucesos que conmovan a la Rusia de ese entonces, creando dos fases en la evolucin de una revolucin, a saber: la socialista y la comunista. Porque el inseparable amigo de Karl Marx, ante la pregunta acerca de si sera posible instalar de golpe esa nueva sociedad, haba respondido, rotundamente:

No, no ser posible, del mismo modo que no se puede aumentar de golpe las fuerzas productivas existentes en la medida necesaria para crear una economa colectiva. Por eso, la revolucin del proletariado, que se avecina segn todos los indicios, slo podr transformar paulatinamente la sociedad actual, y acabar con la propiedad privada nicamente cuando haya creado la necesaria cantidad de medios de producciniv.

Podemos entender que esta adaptacin haya sido formulada a fin de explicar el curso que haba de seguir la Revolucin Rusa en adelante y, de hecho, as parece haber sucedido. Porque, si bien en esos aos, la lucha social era por imponer los principios de la democracia que haba nacido junto a la Revolucin Francesa, ello no quera decir que all terminara la tarea de las clases dominadas por alcanzar sus objetivos, circunstancia que Engels conoca bastante bien:

La democracia sera absolutamente intil para el proletariado si no la utilizara inmediatamente como medio para llevar a cabo amplias medidas que atentasen directamente contra la propiedad privada y asegurasen la existencia del proletariadov.

Karl Marx tambin desconfiaba del socialismo, como ya se ha dicho, y no vacilaba en poner de manifiesto la debilidad terica de ese sector denunciando su incapacidad para descubrir las maniobras de la dictadura bonapartista, algo que sta ya haba comprendido en su lucha por ahogar toda oposicin.

En esta amenaza y en este ataque vea con razn (la clase dominante francesa) el secreto del socialismo, cuyo sentido y cuya tendencia juzgaba ella ms exactamente que se sabe juzgar a s mismo el llamado socialismo, el cual no puede comprender por ello cmo la burguesa se cierra a cal y canto contra l, ya gima sentimentalmente sobre los dolores de la humanidad, ya anuncie cristianamente el reino milenario y la fraternidad universal, ya chochee humansticamente hablando de ingenio, cultura, libertad o cavile doctrinalmente un sistema de conciliacin y bienestar de todas las clases socialesvi.

Marx y Engels eran comunistas; y no cualquier tipo de comunistas. Haban elaborado todo una estructura terica que les ira a permitir sentar los basamentos de una obra ms gigantesca an. Y eso estaba an por hacerse. Pero las bases estaban echadas.

1.3. Tipos de regmenes socialistas

No debe, entonces, llamar la atencin que los regmenes establecidos con la intencin de modificar las bases del sistema vigente fuesen denominados socialistas. No de otra manera los consideraremos nosotros para intentar una tipologa de dichos regmenes que, en modo alguno, pretende ser exhaustiva.

1.3.1 . Los regmenes que nacieron como fruto de un cambio drstico de gobierno. Entre stos podemos subdistinguir tres tipos, a saber:

1.3.1.1. Alzamiento popular, como lo fue el caso de la llamada Revolucin de Octubre;

1.3.1.2. Guerra popular y prolongada, como es el caso de Mao, en la nacin china; y

1.3.1.3. Guerrilla, como fue el emblemtico caso de Cuba, Nicaragua, en fin;

1.3.2. Los regmenes que nacieron con la firma del Tratado de Yalta . Estos regmenes no nacieron como consecuencia de un alzamiento o una voluntad popular expresada de manera explcita sino por un acuerdo entre las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial. Se cita, entre estos casos los de Alemania Oriental, Polonia, Hungra, Checoslovaquia, Rumania, Austria vii , etc.);

1.3.3. Los regmenes nacidos como consecuencia de un golpe de Estado o de un alzamiento militar , como lo han sido, entre otros, el rgimen del general Velasco Alvarado en Per y el de Hugo Chvez viii en Venezuela; y, finalmente,

1.3.4. Los regmenes que han tratado de imponerse luego de celebrarse elecciones democrticas en esos pases , como lo han sido el de Gamal Abdel Nasser en Egipto y el de Indira Gandhi en India; ms modernamente, el de Rafael Correa en Ecuador o el de Evo Morales en Bolivia ix .

1.4. Caractersticas de estos regmenes.

Todas estas formas de regmenes socialistas, a pesar de su distinto origen, han presentado caractersticas que les son comunes entre las que podemos anotar como las ms notorias:

1.4.1. En el aspecto econmico . Se caracterizan por el establecimiento de un Estado interventor en lo econmico. Por consiguiente, gran parte de las riquezas bsicas de esos pases pasan a manos del Estado en un sostenido proceso de nacionalizaciones (bancarias, industriales, comerciales y agrarias); hay, adems, un fuerte desarrollo de los servicios pblicos y frreo control de las empresas estratgicas por parte del Estado. En algunas ocasiones, los trabajadores se incorporan a la direccin de dichas empresas o servicios ya sea directamente o a travs de sus representantes laborales; en otras, son las Fuerzas Armadas, a travs de su estamento de mando, quienes toman el control de las mismas. El modelo econmico que se impone es una suerte de capitalismo de Estado o neo keynesianismo; e, incluso, estatismo, denominacin que un autor recuerda como aporte de Olin Wright a los estudios de los diversos tipos que presentan las distintas formas de acumular x .

No hay, por consiguiente, innovacin alguna en cuanto a instalar un modo de produccin diferente al vigente sino la simple permanencia del actual al que se le practican determinadas talas y reformas para dar, a esa suerte de keynesianismo, el carcter de modelo econmico. Hay, en consecuencia, actividad econmica basada en la compra y venta de fuerza o capacidad de trabajo; hay, por tanto, compradores (Estado) y vendedores (trabajadores) de esa mercanca, por lo que tal actividad genera, necesariamente, plusvalor y, consecuencialmente, apropiacin del mismo en manos de un capitalista que, en este caso, no es otro que el ente estatal. Por consiguiente, no debe sorprender que, dentro esos regmenes, se originen clases sociales; porque, en verdad, as sucede: las clases existen y se manifiestan, pero lo hacen, subsumidas en el Estado, opacadas por la inmensidad de ese ente.

Si as ha sucedido, es porque el modo de produccin comunista no alcanz a ser elaborado por Marx. La longitud temporal de su vida expir antes de terminar la obra magistral en que estaba empeado. El filsofo falleci sin verla terminada. Como lo sealramos en nuestro trabajo anterior:

Marx entreg lo mejor de s para ayudarnos a comprender la miseria del rgimen bajo el cual vivimos; muri sin poder entregarnos su modelo de sociedad del futuro. Muri sin, siquiera, explicarnos su visin acerca de la naturaleza del Estado ni regalarnos el estatuto terico de las clases sociales xi .

Nadie lo ha hecho despus de l. La generalidad de los intentos ha preferido seguir la difcil y temeraria senda de la improvisacin y del voluntarismo. As no se gana la lucha contra un sistema. Los fracasos que se han logrado con la aplicacin de tan errada poltica as nos lo ensean.

No desconocemos que muchos de los intentos en crear una nueva sociedad permitieron corregir algunas de las injusticias que existan pero el sacrificio que han debido pagar algunas generaciones por esos avances ha sido demasiado grande. La instalacin de una nueva sociedad no requiere de mrtires ni del sacrificio de generaciones; las luchas sociales no son las luchas del cristianismo por alcanzar la tierra prometida o el premio celestial. La recompensa est aqu, en la tierra, y debe obtenerse mientras vivamos y respiremos; despus, ser demasiado tarde.

Otro rasgo interesante y digno de destacar es que la generalidad de estos regmenes se instala en pases del llamado tercer mundo o subdesarrollados. Por tanto, se trata de formaciones sociales con gran atraso tecnolgico o naciones que, si han tenido acceso a algunos adelantos, stos no se han extendido a gran parte de la poblacin. Lo cual es grave pues, en la concepcin que Karl Marx tena del comunismo, ste deba darse en las sociedades altamente tecnificadas que son las ms desarrolladas. Y es que, por definicin, el comunismo, a juicio del filosofo, no deba ser sino la igualdad en la abundancia; si se diera la igualdad en la escases eso no sera, en modo alguno, comunismo. Y eso es lo que ha sucedido en todas las formaciones sociales en donde han tenido lugar los intentos de alterar la naturaleza del sistema vigente.

Las naciones pobres, precisamente porque lo son, presentan graves diferencias sociales que justifican plenamente la emergencia de grupos polticos organizados para llevar adelante la subversin del orden establecido. Sin embargo, las intenciones de esos grupos no marchan a parejas con sus posibilidades. Quienes toman el mando del Estado proclaman haberse organizado para proteger el inters de las clases dominadas, afirmacin que es efectiva aunque no en su integridad. No cabe la menor duda que los sectores dominados que viven en la extrema pobreza mejoran considerablemente sus condiciones de vida con el establecimiento de semejantes regmenes; pero el volumen de esos sectores sociales no excede el 30% de la poblacin. Los ms ricos (un 20% o, a veces, menos an,) son los grandes perdedores; experimentan, en consecuencia, un notorio retroceso, lo cual es meritorio. Sin embargo, el sector mayoritario, que se encuentra en el 50% restante, no solamente no mantiene sus condiciones de vida (lo que los hara simpatizar con el nuevo rgimen instaurado) sino ve, a menudo, disminuir drsticamente no slo sus expectativas de vida sino tambin las condiciones de aquella, como lo veremos ms adelante. Entonces, el socialismo ya no le parece tan atractivo y pasa a constituirse en oposicin al rgimen que se instala. El eventual fracaso se hace, entonces, presente, porque la igualdad no se ha dado en la abundancia sino en la escases. Slo queda conjurar el peligro de una asonada o de una rebelin con el empleo de la fuerza: el rgimen, a esas alturas, ha hecho suyas todas las formas de proceder de la sociedad capitalista xii .

Se mantienen, en consecuencia, privilegios econmicos y sociales al estamento gobernante; lo que recibe ste no es lo mismo que recibe quien es parte de la poblacin. Como ya se ha expresado, las clases sociales existen y se manifiestan mediadas por el Estado. Si bien, en algunos casos, no hay propietarios particulares de los medios de produccin pues stos se encuentran en poder del Estado, en la prctica, quienes administran a ese ente disponen de dichos medios que, en todo caso, se encuentran separados del resto de la poblacin. Por eso, cuando estos regmenes desaparecen, los antiguos prominentes miembros de los partidos gobernantes se asignan esos bienes para presentarse, ms tarde, como prsperos hombres de negocios o personajes agraciados por la fortuna, dispuestos a emprender la aventura capitalista en la nueva formacin social. No son menos predadores que los miembros de la clase que pretendan destruir.

1.4.2. En el aspecto jurdico/poltico , una persona se instala a la cabeza del mando de la nacin, con poderes absolutos, apoyada por estamentos armados o diseminados a travs de toda la burocracia estatal. Por consiguiente, no se considera al gobernante como un factor de unidad del Estado/nacin o, lo que es igual, como sujeto que solamente ejerce una simple funcin social , sino como el lder, el elegido, el Mesas. Ese sujeto pasa a ser el autor material del cambio de mando, el personaje necesario, el lider imprescindible. Aunque hayan sido las poblaciones, los trabajadores y los cesantes quienes desataron la revolucin. El gobernante aparece siempre como el constructor de la nacin, el individuo que hizo posible ese milagro; las clases dominadas ya no estn en la vitrina del mundo, es el tiempo de los hroes y de los que se instalan en los ejes del poder. Como sucede en la sociedad capitalista, los sectores que verdaderamente hicieron posible esa revolucin o entregaron su sangre y esfuerzo son desplazados de la arena poltica para que otros se atribuyan la gloria de haber realizado tales logros. Por lo que no debe extraar que, en algunas formaciones sociales, se haya manifestado con fuerza el fenmeno denominado culto a la personalidad. Y es en relacin a esto que no podemos evitar se nos venga a la memoria aquel pasaje de un cuento de Baldomero Lillo, donde se encuentra anotado el siguiente verso:

El tonto que se enamora

es un tonto de remate;

calienta y prepara el agua

pa que otro se tome el mate.

En consecuencia, la direccin que el gobernante ejerce sobre el conjunto social es autoritaria a la vez que tremendamente paternalista: al pueblo se le otorgan garantas, al pueblo se le conceden derechos. La relacin entre el o los gobernantes con la poblacin es muy precaria y tan lejana como la que presenta hoy la generalidad de los gobiernos democrticos del planeta. En ese sentido, tampoco hay innovacin sino una simple repeticin de la conducta que otros gobernantes mantienen con su pueblo. De lo cual se deduce que ese pueblo es extremadamente poco crtico; no es que se gane los favores por s y ante s, o que se trate de un autogobierno de los productores directos, sino todo aparece como una ddiva del gobernante, un acto de magnanimidad suyo hacia vasallos que se le presentan no slo sumisos y obedientes, como ocurra con los reyes en la Edad Media, sino absolutamente incapaz de gobernarse a s mismos xiii .

La estructura que presenta el Estado es bastante jerrquica y dependiente. No difiere, en este aspecto, de la que evidencian los gobiernos democrticos del planeta. El mando de la nacin aparece centralizado en el Jefe mximo que nombra a todos aquellos que le son leales impidiendo toda posibilidad de crtica a la gestin de quienes mandan.

Por lo general, todos estos regmenes se apoyan en un sector armado de la sociedad que pueden ser milicias populares (raras veces), un ejrcito profesional o milicias populares apoyadas por la labor de un ejrcito profesional. Son, a no dudarlo, regmenes de fuerza como lo son todos los que existen en el Estado capitalista y, a menudo, menos tolerantes que stos. Por lo mismo, ante cualquier manifestacin en contra suya, no vacilarn en dar rdenes de disparar sobre una poblacin descontenta e indefensa.

Puesto que no tienen otra finalidad sino mejorar las condiciones de vida de los sectores marginados (y las propias) su objetivo se limita a perfeccionar el sistema vigente y en ningn caso a abrogarlo. Por lo mismo, no debe sorprender que no realicen modificaciones a la estructura misma de la sociedad, que sigue manteniendo las clases de compradores y vendedores de fuerza o capacidad de trabajo.

La restauracin de la democracia parece ser uno de los objetivos de todos esos regmenes. O, al menos, disputar el contenido de ese trmino a las democracias europeas o americanas e inventar la ms variada gama de democracias a fin de justificar el rgimen propio (democracia socialista, democracia participativa, democracia liberal, democracia autnoma, democracia libertaria, en fin). Esto no es casual: obedece al amplio predominio que ejerce la ideologa del sistema capitalista en la mente de esos lderes, como se ver ms adelante: el concepto de democracia, unido al de libertad, se transforma en una obsesin. Los valores de la sociedad que se pretende abolir siguen vigentes en la mente de los pretendidos innovadores quienes ni siquiera intentan dar seas de una posible renovacin.

La concepcin del Estado merece mencin aparte. Es un hecho cierto que, en tales regmenes, no ha existido voluntad alguna de ponerle trmino, ya sea a travs de abolirlo simplemente o de provocar su paulatina extincin. Muy por el contrario: el Estado aparece por entero fortalecido y dotado de mayores poderes. Como el Ave Fnix de la mitologa griega, resurge victorioso de sus cenizas. La concepcin ideolgica del Estado pareciera ser la causa de este fenmeno. Porque en la ideologa del sistema capitalista, el Estado no se presenta como una estructura de clase sino como un ente neutro, una organizacin que se sita por encima de las personas, de las organizaciones sociales y de los intereses que puedan tener los habitantes de esa nacin. Esa concepcin ideolgica pocas veces cambia luego de una revolucin y, a falta de otra propuesta terica, est presionando constantemente por volver a imponerse como parte del sistema que se ha intentado abolir para, finalmente, prevalecer.

Un hecho notable en la vida de todos estos regmenes socialistas que se instalaron en algunas regiones del planeta es que no se expandieron; por el contrario, se encapsularon y establecieron al interior de un territorio determinado para localizarse all sin experimentar expansin alguna. As permanecen hasta el da de hoy. Y persisten en esa prctica llegando, incluso, en no pocos casos, a restringir a sus habitantes el derecho no slo a deambular libremente por otras regiones del planeta (restriccin en el uso de pasaportes) sino, incluso, dentro de la propia formacin social en donde se han instalado. Friedrich Engels haba dicho, al respecto:

[] l a revolucin comunista no ser una revolucin puramente nacional, sino que se producir simultneamente en todos los pases civilizados, es decir, al menos en Inglaterra, en Amrica, en Francia y en Alemania.

Es una revolucin universal y tendr, por eso, un mbito universalxiv.

El propio Lenin, corrigiendo las expresiones de Engels, haba sostenido que si bien era posible la revolucin en un solo pas haba sta de extenderse, si quera tener xito, a toda Europa. No por algo haba escrito un ensayo intitulado Los Estados Unidos de Europa en el que ya prevea la necesidad de desatar una revolucin en toda esa regin considerada como continente.

No deja de ser admirable esta concepcin habida las dismiles pocas en que fue formulada. Precaver acerca de la importancia de hacer universal la revolucin, sostener que la sociedad comunista slo sera posible en todos los pases del mundo y no en uno slo nos lleva, ineluctablemente, a considerar estos aspectos ms adelante, en el acpite destinado a analizar la rearticulacin del sistema.

1.4.3. En el aspecto ideolgico , hay varias distorsiones tericas que son del caso analizar. Ante todo, sostenemos aqu que los conceptos e ideas de la vieja sociedad siguen presentes en la vida cotidiana de sus habitantes en la nueva sociedad; en palabras ms directas: an prevalece en ella todo el acervo ideolgico del sistema cuya vigencia se ha pretendido interrumpir. Algunos de los hechos sealados a continuacin pueden ayudarnos en entender la extraordinaria importancia ejercida por la regin ideolgica del modo de produccin en la construccin de su alternativa.

En relacin al lder o conductor social, ste persiste en la conservacin del narcisismo que le permiti competir e imponerse, dentro de la sociedad capitalista, contra otros que pretendan desplazarlo de su lugar. Hay un completo olvido del carcter funcional que tienen los conductores sociales y es normal que as suceda pues dicha calidad no le permitira ser reconocido como el ciudadano supremo dentro de la nueva sociedad que se instala. Dada la alta consideracin que se otorga al lder o conductor social, y el completo convencimiento que evidencia la poblacin en torno suponer la excelencia de los gobernantes, no debe sorprender que la militancia izquierdista considere la crtica a alguno de los representantes de esos regmenes poco menos que un anatema. Por lo mismo existe una fuerte tolerancia a aceptar y defender el derecho que se otorga el estamento dirigente no solamente a perpetuarse en el mando de la nacin sino, en algunas ocasiones, a practicar manifiestos casos de nepotismo. As ha sucedido en numerosas naciones como lo son Cuba, Rumania, Rusia, Polonia, Hungra, Yugoslavia, China, en fin. El caso ms grosero de permanencia en el mando de una nacin lo ha protagonizado Corea del Norte con la instalacin de una verdadera dinasta que va de padres a hijos y nietos, fundada por Kim-Il-Sung y cuyo ltimo representante es el actual dirigente Kim-Jong-Un. No debe sorprender que al fallecer algunos de estos jerarcas, haya manifiestas expresiones de histerismo con llanto y desesperacin en las masas ideologizadas. En el caso de las naciones donde se ha accedido al mando de la nacin por las vas democrticas, no es raro ver la prolongacin de los mandatos a travs de continuas enmiendas a las constituciones como ha sucedido con Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Venezuela, etc. La dependencia del lder pareciera ser una necesidad visceral en esas naciones.

No puede discutirse el hecho que la imposicin de estos regmenes se ha realizado con un amplio apoyo popular. La razn es de carcter ideolgico; y tambin biolgico: la poblacin apoya a quien busca el bien de quienes se encuentran en estado de necesidad, la poblacin siente empata.

Sin embargo, esta circunstancia tiene graves efectos. Como lo sealamos ms atrs, la generalidad de los intentos por instalar una sociedad mejor se realiza en pases pobres, en naciones donde los recursos no alcanzan para todos. Los nuevos gobiernos deben cumplir sus objetivos y se ven obligados a resolver prioritariamente las necesidades de los ms daados. Entonces, como ya lo sealramos, un vasto sector de vendedores de fuerza de trabajo, a quienes se considera como clase media, quedan insatisfechos. Son stos quienes van a constituir el baluarte ms crtico a la labor del gobierno que se impone; y, consecuentemente, los que van a contribuir ms exitosamente a su eventual cada.

No est de ms recordar el fuerte impacto que la ideologa (cultura) tiene en las decisiones cotidianas. La ideologa controla la mente de todos aquellos que viven dentro de una formacin social. Cuando no hay emergencia de algo nuevo, tambin en el mundo de la cultura/lenguaje se produce un retorno a la ideologa del sistema que se pretende abolir. Es ms; probablemente jams se abandona el legado cultural del sistema anterior durante los aos que duran los intentos de instalar una nueva sociedad. Queremos decir con ello que, probablemente, la vieja sociedad no muere de inmediato sino se mantiene vigente en los gestos, palabras, ademanes y maneras de ser de todos los que habitan la formacin social que pretende organizarse. No por algo retorna en gloria y majestad la forma jurdico/poltica de gobierno que adopta para s el MPK, que es la democracia. Por eso, cuando el fracaso se hace presente, todos los ex revolucionarios se hacen demcratas. La ideologa hace que tal actitud se considere normal. Y, sin embargo, la democracia es la forma normal de funcionamiento del sistema capitalista!

Si bien, en la prctica, muchos de los dirigentes muestran evidentes intenciones de organizar una nueva sociedad, en teora no elaboran ni presentan un modelo posible de la misma. Por regla general, puede decirse que hay, solamente, buenas intenciones, wishfull thinkings, pero ninguna proposicin sobre el establecimiento de un nuevo modo de produccin. Por lo mismo, no debe sorprender que, peridicamente, los dirigentes de esos pases miren con nostalgia hacia los gobiernos democrticos del planeta y aleguen haber instaurado un rgimen tan democrtico como el de aquellos.

2. Rearticulacin del sistema vigente.

Si el rgimen instaurado fracasa como consecuencia de concurrir algunos de los elementos enunciados ms arriba, por qu no da origen a una nueva vertiente de sociedad? Cul es la razn de ese retorno al pasado? Por qu los sistemas se rearticulan e, incluso, se vacunan contra eventuales amenazas?

2.1. El carcter autopoytico del sistema . La moderna teora social reconoce al sistema capitalista como un sistema-mundo. Y, en palabras de Immanuel Wallerstein, el sistema-mundo es

[] una zona espacio temporal que atraviesa mltiples unidades polticas y culturales, una que representa una zona integrada de actividad e instituciones que obedecen a ciertas reglas sistmicas xv .

El sistema capitalista, aunque no se extienda todava por todo el planeta, ha sido organizado para que as lo haga. Es un cuerpo social que debe hacerse planetario. Porque es un ser vivo. Y lo es porque los sistemas sociales, por definicin, son estructuras sociales formadas por seres vivos xvi . Reproducen, en consecuencia, las caractersticas de los mismos. Por una parte, se defienden y recomponen (en el caso de los seres vivos, esta caracterstica se acostumbra a llamar autopoyesis, denominacin que incorporara a las ciencias el bilogo Humberto Maturana xvii ); por otra, aprenden. Los sistemas ordenan a s mismos su evolucin hacia el futuro. El sistema capitalista es, en consecuencia, una estructura autopoytica, es decir, una estructura biolgica que se reafirma, un ser que se provee a s mismo, que se recompone, que se reordena, que se rearticula permanentemente. Cualquier intento de destruirlo le hace reaccionar, protegerse y, lo que es ms importante, vacunarse contra cualquier infeccin que pueda amenazar su existencia.

Un rgimen hostil (socialista) que pretenda establecerse o haya llegado a hacerlo por cualquier va, en la formacin social que sea, es un elemento cuyas acciones y movimientos ha de contrarrestar o neutralizar constantemente y, en definitiva, exterminar. El sistema no tolera, siquiera una amenaza; por eso se vacuna o inmuniza contra aquella. Es deber suyo conjurar toda amenaza a la brevedad. Su existencia est de por medio.

2.2. Renuencia a reconocer errores . Los seres humanos actan muchas veces impensadamente; y son renuentes a reconocer la veracidad de esa actuacin . Con mayor razn sucede aquello con los lderes, que son personas, seres humanos que eligieron colocarse en la vitrina social donde es difcil asumir culpas, donde es casi imposible reconocer sus propios errores. Por lo mismo, algunos de ellos no se atreven a confesar que se han levantado contra el sistema provistos tan slo del sentido comn. La nica economa que conocen es la que aprendieron en la sociedad donde vivan; tambin esa sociedad les ense principios y valores. Con ese acervo terico quisieron enfrentar el futuro y fallaron en su conduccin. Pueden ser excelentes acadmicos, impecables profesionales y haber aprobado masters y doctorados de la ms diversa ndole. Pero les es difcil entender que son producto de esa cultura, de esa educacin que buscan cambiar y de la cual, por lo mismo, se encuentran impregnados. Es intil pedirles la visin de conjunto que se requiere para realizar el cometido que se han fijado o la visin holstica necesaria para enfrentar tal desafo. Por lo mismo, ignoran qu es el modo de produccin comunista o, en el caso de conocerlo, qu elementos lo podran constituir. No saben, tampoco, si ese modo de produccin es posible. No saben siquiera si es o no posible organizarlo. Por eso, temerosos de nuevos y sucesivos errores, vuelven sus ojos hacia las reformas de una sociedad que conocen, y que podra ser mejor si ellos la dirigen y aplican en ella sus discutibles criterios. La rearticulacin o reafirmacin del sistema tiene, por consiguiente, libre el campo de obstculos; puede, incluso, ir de la mano con los mismos que intentaron destruirlo y fracasaron en su intento. De ah en adelante sern sus ms leales esbirros.

2.3. La venganza del pasado . El campo, hurfano de una proposicin alternativa, queda, as, despejado para un retorno a la situacin anterior. La carencia de un modelo terico a implantar en reemplazo del que existe, la falta de elaboracin de un modo de produccin comunista que sustituya al modo de produccin capitalista, es a no dudarlo, una de las principales causas del fracaso en la implantacin de un socialismo (o comunismo). Ya lo dijimos. Pero es, a la vez, la causa de la rearticulacin del sistema. Ya lo haba advertido Georges Sorel cuando, refirindose a ese fenmeno, hablaba, sarcsticamente, de aquello que denomin la venganza del pasado. No haca otra cosa que describir, en otras palabras, el mismo fenmeno que tambin, en esos aos, descubriera el marqus de Lampedusa cuando, en su obra cumbre (El Gatopardo) pone en boca de uno de sus protagonistas la siguiente frase:

"Si queremos que todo siga como est, es necesario que todo cambie".

Este gatopardismo sucede porque las sociedades, temerosas de enfrentar lo desconocido, prefieren volver los ojos hacia atrs y volver a la situacin en que estaban al comienzo. No nos recuerda esta situacin aquella filosofa popular que, en lenguaje de refrn, se expresa como se sigue,

Ms vale diablo conocido que diablo por conocer?

El desplome del sistema socialista de la URSS

No podramos terminar este ensayo sin referirnos, aunque sea brevemente, al fallido intento de establecer un rgimen comunista protagonizado por la ex URSS.

Sealemos, en primer trmino, que, en el desplome de tal sistema, tuvo enorme gravitacin el conjunto de causas que hemos sealado en este documento. Pero, en segundo trmino, existe otra a la que, a menudo, no se le otorga la importancia debida.

En las tesis de Marx, el modo de produccin se organiza en torno a dos elementos de enorme relevancia que son las fuerzas productivas (FP) y las relaciones de produccin (RP). Las fuerzas productivas (FP), conjunto integrado por el trabajador, los medios de produccin y los adelantos tcnicos y cientficos, siempre estn activas y en constante movimiento. Es una estructura terica merced a la cual es posible dar solucin a los problemas que enfrenta la humanidad; constituye el motor de lo que se conoce bajo el nombre de progreso. En ella se destaca el ingenio, la sabidura, la tcnica, la destreza, la innovacin, los atributos naturales del ser humano que han permitido notorios avances en materia de mejorar las condiciones de vida. Puesto que constituye la sumatoria de los atributos naturales del ser humano es, a la vez, una fuerza poderossima e imposible de detener. Las relaciones de produccin (RP), por su parte, es un conjunto constituido por las formas que adoptan las relaciones de los trabajadores entre s y aquellas que establecen con el capitalista o no trabajador; generalmente, son relaciones jurdico/polticas referidas a contratos, remuneraciones, distribucin del mando, distribucin de las tareas, etc).

Ambos elementos tienden constantemente a contraponerse. Porque las fuerzas productivas (FP) estn en continuo desarrollo; no as las relaciones de produccin (RP) que tienden a anquilosarse, debiendo permanentemente ponerse a tono con el desarrollo que experimentan, momento a momento, las fuerzas productivas. Una analoga que acostumbraba citar un gran amigo nuestro para graficar el vnculo entre fuerzas productivas y relaciones de produccin era suponer a estas ltimas como un tubo por el que deban deslizarse aquellas. En la medida que el volumen de las fuerzas productivas crece, el tubo por el que se deslizan se hace cada vez ms estrecho (inservible) hasta que revienta. As sucede en el modo de produccin. Cuando las relaciones de produccin no se adaptan dicho modo se conmociona. El aumento sostenido de las fuerzas productivas (entindase por tal la tcnica, la investigacin y el conocimiento) debe necesariamente marchar a tono con ese desarrollo. Cuando as no sucede, cuando las relaciones de produccin se mantienen inalterables, se transforman en trabas al desarrollo de aquellas; y si esa contradiccin no se soluciona o resuelve, las revueltas sociales son inminentes como asimismo la transformacin de todo el aparato productivo vigente y la sociedad misma. Marx lo haba expresado con estas palabras:

En cierta fase de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradiccin con las relaciones de produccin existentes, o bien, lo que no es ms que la expresin jurdica de esto, con las relaciones de propiedad en el seno de las cuales se han desenvuelto hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre as una poca de revolucin socialxviii.

Los numerosos anlisis que se han escrito acerca del derrumbe de la URSS, a pesar de entregar valiosos antecedentes sobre las circunstancias en que dicho derrumbe se produjo, no consideran (y no tienen inters alguno en hacerlo) la falta de correspondencia entre las tesis de Karl Marx y el referido experimento. Antes bien, prefieren atribuirlo a lo que Althusser llama problemas de alcoba xix dejando en suspenso las verdaderas causas o entremezclndolas con nimiedades. Por eso, muchas de las opiniones vertidas al respecto se atribuyen a la perversidad de Mijail Gorbachov xx , a un intento de golpe de Estado del PC de la URSS en contra de quien era en ese entonces su mximo conductor xxi , a la genialidad de Ronald Reagan y a su guerra de las galaxias, a una sucesin de hechos separatistas protagonizados por las repblicas integrantes de la URSS xxii y, al desplome de su economa xxiii , entre otras, situacin que nos conduce, nuevamente, a considerar la enorme gravitacin que ejerce sobre muchos analistas la ideologa del sistema vigente.

Existen, con todo, algunos otros trabajos que van ms al centro del problema, entre los cuales merece citarse el libro escrito por Boris Kagarlinsky, en ese entonces dirigente mximo del partido Socialista ruso, Monolito en desintegracin, publicado en Suecia a poco ms de un ao de producirse el suceso.

En todo caso, pronunciarse acerca del desplome del llamado socialismo real amerita, sin lugar a dudas, un trabajo especial al respecto. Lo amerita, igualmente, el trgico sino de Nicaragua, cuyo actual presidente, Daniel Ortega, hroe de la Revolucin Sandinista, carga sobre sus espaldas y su conciencia, al momento de escribirse estas notas, la muerte de ms de 350 nicaragenses que protestaban en contra de su gobierno; y, tambin, el vuelco de la Cuba de Fidel que se prepara, en este mes, a reformar su Constitucin con el objeto de eliminar de ella la palabra comunismo xxiv .

 

Una consecuencia sorprendente

A estas alturas podemos concluir que los diferentes intentos de construir el comunismo (o socialismo, para muchos) en determinada formacin social han resultado infructuosos. Sabemos que en ninguna de esas sociedades se instal un modo de produccin diferente al capitalista, que la produccin se realizaba con la existencia contrapuesta de compradores y vendedores de fuerza de trabajo y que, por consiguiente, exista abundante produccin de plusvalor del cual se apropiaba el Estado y, consecuentemente, la alta burocracia gobernante del pas. Sabemos que nunca se estableci en esas sociedades aquella forma de gobierno que Marx denominaba autogobierno de los productores directos pues los productores directos eran apenas trabajadores de un Estado que no solamente rechazaba extinguirse, sino se fortaleca da a da en manos de quienes se autoproclamaban socialistas (comunistas) xxv . Los productores directos jams decidieron por s y ante s sobre el destino del producto social sino lo hacan las burocracias estatales (y, a la vez, partidarias) o los estamentos militares en su caso, lo mismo daba. Sin embargo, esas sociedades, que se autodenominaron socialistas, hicieron notables progresos en lo material aunque, da a da, fueron asimilando su forma de producir al modelo capitalista, alejndose ms y ms de los ideales que condujeron a sus lideres, en un comienzo, a establecerlas para terminar, finalmente, volcndose por entero al sistema capitalista, aceptando todas sus veleidades.

La pregunta que surge, entonces, es si era o no posible el trnsito hacia una sociedad socialista (o comunista) y si era o no posible aceptar la temeraria suposicin de alguien en el sentido de creer que alguno de esos regmenes autodenominados socialistas constitua un camino expedito hacia la sociedad del futuro.

Recordemos algunas de las afirmaciones que hemos hecho anteriormente. La emergencia de todos aquellos regmenes tuvo lugar en pases caracterizados por un bajo desarrollo tecnolgico y con un manifiesto y sostenido atraso social. Eran formaciones sociales caracterizadas por transitar a un ritmo no acorde al que normalmente practica el sistema capitalista mundial, y esto es lo importante. Porque se trataba de naciones de las que, incluso, puede decirse que hasta iban a contramarcha con el desarrollo experimentado por dicho sistema.

Entonces, nos asalta una pregunta. Si esas naciones, que iban a contramarcha del sistema capitalista mundial y, en el curso de la sociedad nueva que instalaron, tuvieron cierto xito en cuanto a resolver las contradicciones de clase que existan en ellas, resulta aventurado suponer que el fin u objetivo de tales revoluciones o gobiernos democrticos no fue sino poner a tono el funcionamiento de las mismas con las exigencias impuestas por el sistema capitalista mundial? En otras palabras, necesitaba el sistema capitalista mundial que sucedieran esas revueltas para resolver y nivelar las contradicciones que generaba su marcha por la historia? Por supuesto, dejando en claro que poco o nada tuvo que ver la voluntad de quienes llevaron adelante tales cambios para alcanzar consecuencias tan diametralmente opuestas. Si tal consideracin fuese cierta, no dejara de ser, a la vez, atrozmente amarga pues nos pone, frente a frente, a lo sucedido en Chile con el gobierno del presidente Salvador Allende.

Nosotros sabemos que el golpe de estado es la va normal para resolver las contradicciones de clase cuando el Estado es incapaz de resolverlas por s mismo a travs de la va democrtica. Al elegir presidente a Salvador Allende haba nuestra nacin decidido ir a contramarcha del sistema capitalista mundial? Desde este punto de vista, no debe sorprender que el propio golpe de estado de septiembre de 1973 en contra del rgimen popular del presidente Salvador Allende, pudo ser, precisamente, una forma de adecuar al pas a las exigencias cada vez ms perentorias del sistema capitalista mundial pues el Chile de esos aos, sin lugar a dudas, marchaba en direccin opuesta a la que segua dicho sistema. Algo necesario de tener presente.


Notas

i Esta frase de Molire ha sido atribuida errneamente a Tirso de Molina de quien se dice escribi en su Don Juan la siguiente frase: Los muertos que vos mataste gozan de buena salud.

ii Marx, Karl y Engels, Friedrich: El Manifiesto Comunista, versin de la editorial Aleph, actualmente disponible en INTERNET, sin numeracin de pginas.

iii Engels, Friedrich: Principios del Comunismo, edicin disponible en varios sitios de INTERNET. No tiene ao de emisin ni numeracin de pginas.

iv Engels, FriedrichL Obra citada en (3).

v Engels, Friedrich: Obra citada en (3).

vi Marx, Karl: El 18 Brumario de Luis Bonaparte, disponible en INTERNET, sin indicacin de la editorial que lo public y sin numeracin de pginas.

vii Austria slo fue devuelta aos despus de ese acuerdo.

viii En el caso de Venezuela, si bien es cierto hubo, en el comienzo, un alzamiento encabezado por Hugo Chvez, ste fue elegido, posteriormente, en elecciones democrticas.

ix No hemos considerado aqu los regmenes de Manuel Azaa y Salvador Allende pues no alcanzaron a establecerse como tales sino fueron derribados por violentos golpes de Estado. No ocurri de manera diferente con el gobierno socialdemcrata de Grecia, derribado por la revuelta de los coroneles.

x Lpez Arnal, Salvador: Entrevista a Andrs Piqueras (II): Un solo grupo de investigacin no puede dar cuenta por s mismo de todas las aristas que mueven este capitalismo terminal, publicado originalmente en El viejo topo, Rebelin, 11 de julio de 2018.

xi Acua. Manuel: Marx y la Economa, documento de junio de 2018, publicado en varias pginas de INTERNET, entre otras Piensa Chile, Clarin, etc.

xii A estos regmenes se les denuesta con la expresin de fascismo de izquierda, denominacin un tanto torpe pues el fascismo, en s, fue un movimiento de izquierda. An cuando muchos quisieran negarlo.

xiii No olvidemos a este respecto que Pinochet consideraba menor de edad a la poblacin chilena.

xiv Engels, Friedrich: Obra citada en ( 3 ).

xv Wallerstein, Immanuel: World-Systems Analysis. An Introduction, Duke University, USA, pg. 17.

xvi Vase, al respecto, la obra clsica de Ludwig Von Bertalanffy Teora general de los sistemas. La obra fue publicada por la editorial Fondo de Cultura Econmica de Mxico.

xvii Humberto Maturana ha sido renuente a aceptar que su concepto se extienda ms all de los lmites que l mismo le impuso. Si nosotros lo hemos aplicado al concepto de sistema es porque nos ha parecido que entre uno y otro existen tremendas compatibilidades.

xviii Marx, Karl: Contribucin a la crtica de la Economa Poltica, Editorial Progreso, Mosc, 1989, pg. 8.

xix Vase la obra de Louis Althusser Para leer El Capital, publicada por la editorial Siglo 21. Althusser caricaturiza a quienes buscan las explicaciones histricas en la vida de los gobernantes

xx Vase el artculo de Arthur Gonzlez, intitulado Se abre paso la verdad sobre la cada de la URSS, publicado en El Heraldo Cubano y Resumen Latinoamericano de 21 de septiembre de 2017.

xxi Vase el artculo de Pablo Rodillo Documentos secretos revelan el rol de Gorbachov detrs de la cada de la URSS, diario La Tercera , sin fecha en INTERNET.

xxii Vase el artculo de la Redaccin del diario El Pas intitulado La cada de la URSS publicado el da 17 de agosto de 2011.

xxiii No deja de ser curiosa la circunstancia que todas las crticas formuladas en contra de la s medidas econmicas adoptadas en la UR SS se ha y an hecho con el instrumental terico de la Economa capitalista y no con una visin alternativa a los conceptos clsicos de la competencia y de la productividad .

xxiv Redaccin: Cuba borra el trmino comunismo en su nueva Constitucin, El Mostrador, 22 de julio de 2018.

xxv No olvidemos que el Estado, tanto para Marx como para Engels, es la organizacin de las clases dominantes para efectos de su dominacin; por lo que, en una sociedad comunista, debe extinguirse.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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