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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-08-2018

Un ​desorden global​ sin alternativas?

Santiago Alba Rico
Nueva Sociedad


El nuevo desorden global adopta la forma de una confrontacin muy parecida a la del perodo de entreguerras del siglo XX, salvo por una diferencia crucial. Antes, el conflicto enfrentaba a dos revoluciones: una fascista y otra comunista, que el capitalismo amenazado trataba de cooptar o frenar a su favor. Ahora, en cambio, no hay ninguna alternativa real al capitalismo. Los lmites de la imaginacin son el mercado o la propia comunidad identitaria.

El conocido paleontlogo Stephen Jay Gould formul en los aos 90 del siglo pasado la teoria del "equlibrio puntuado", que se ajusta a los registros fsiles mejor que el ortodoxo gradualismo darwiniano. Este modelo describe largos periodos de estasis o estabilidad de las especies biolgicas bruscamente "puntuada" por breves perodos de cambios rpidos, intensos y decisivos; a escala geolgica, por supuesto, los perodos de estabilidad duran millones de aos mientras que los de cambio abarcan decenas de miles, cifras en cualquier caso insasibles para la imaginacin humana. La vida evoluciona a trompicones, alternando las largas siestas (compuestas, eso s, de luchas y tumultos) con los acelerones trgicos y las catstrofes vertiginosas. Aadamos que en este modelo ni la estabilidad ni el cambio concentran mayor verdad, justicia o progreso natural que su contrario.

Si se nos permite la licencia de extrapolar este modelo a la escala antropomtrica, podramos decir que la historia humana se comporta de la misma manera. La ltima siesta de la historia se llam Guerra Fra y, como para confirmar que estabilidad y paz no son sinnimos, produjo cien guerras y millones de muertos; contena, en todo caso, una regla geopoltica y social que, a partir de 1990, se ha ido descomponiendo muy deprisa. Algunas veces lo he contado de esta manera: el rpido deshielo de la Guerra Fra, puntuado de reivindicaciones democrticas a nivel mundial (las "revoluciones de colores", s, pero tambin el ciclo progresista latinoamericano) tuvo su ltima expresin en el "mundo rabe", congelado desde la Segunda Guerra Mundial, donde se haban atrincherado las ltimas dictaduras del planeta. En respuesta a la larga sacudida popular de 2011 -de Marruecos a Bahrein- distintas "contrarrevoluciones" enfrentadas entre s acabaron chocando en Siria, con un enfrentamiento multinacional por va interpuesta que revel la debilidad de EEUU como potencia hegemnica y abri paso a un "nuevo desorden global". Tiene razon el intelectual sirio Yassin Al-Haj Saleh cuando insiste en la centralidad de Siria en este acelern y desplazamiento de marco geopoltico, y no slo por los cambios que ha introducido sino por los que ha iluminado: de algn modo haca falta la "guerra siria" para que tomramos nota de las esperanzas fallidas y de las transformaciones ya acaecidas.

Este nuevo "desorden global", que ha restablecido en el "mundo rabe", bajo formas nuevas, el viejo crculo vicioso y sin salida (dictaduras/ intervenciones/ yihadismo), ha revelado asimismo la crisis poltica y civilizacional de Europa y de los EEUU y ha invertido el impulso popular democrtico de 2011 en un proceso de des-democratizacin general que, con la eleccin de Donald Trump como presidente de EEUU, parece cerrar definitivamente un ciclo e inaugurar otro dominado ahora por el autoritarismo, la contraccin identitaria y la erosin dramtica de los Estados de Derecho. La transicin rapidsima, preada de otros mundos posibles y fallidos, ha desembocado -tambin muy deprisa- en un marco nuevo en el que todo lo que an nos resulta familiar es peligroso y todo lo que nos resulta desconocido es por eso mismo amenazador.

En trminos geopolticos podemos decir que la tentativa de aplicar los viejos esquemas de la Guerra Fra a un estallido cuya lgica era puramente interna da al mismo tiempo las esperanzas populares y la fortaleza de las potencias implicadas. Todas ellas reaccionaron con los atavismos reflejos de la poltica de bloques y, si echaron por tierra los cambios democrticos en la regin "rabe", lo hicieron a costa de la propia estabilidad interna y externa en un mundo privado de pronto de verdadero hegemn. El caso, por ejemplo, de la Amrica Latina progresista es ejemplar: en la periferia de un conflicto en el que siempre fue a remolque, abandon a los pueblos en rebelda para alinearse de manera instintiva en un "bloque" que no exista ya y que esa misma rebelda cuestionaba. El posicionamiento de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba, etc. al lado de los dictadores "anti-imperialistas" no slo facilit en Oriente Pŕoximo la respuesta contrarevolucionaria de los "imperialistas" sino que aceler en el continente americano el fin del llamado "ciclo progresista". El marco nuevo en el que hoy celebran sus cumbres Putin y Trump o Maduro y Erdogan es un mundo fluido y casi subatmico en lo que atae a las alianzas y muy ptreo, uniforme y sombro en su calidad democrtica. En lugar de bloques hay cristales caleidoscpicos muy provisionales; en lugar de "socialismo del siglo XXI" tenemos retoos inquietantes del siglo XIX. Como he escrito otras veces, estamos retrocediendo ms de cien aos, a los comienzos de la centuria pasada: nos enfrentamos a un Weimar global de conflictos inter-imperialistas no ideolgicos, como en la Primera Guerra Mundial, pero ahora con armas de destruccin masiva, crisis ecolgica y nuevas tecnologas que aceleran los cambios al mismo tiempo que promueven la iusin de cambio como motor a su vez de nuevos cambios.

Si dejamos a un lado los pueblos, el gran perdedor de este acelern es Europa. Tanto la des-democratizacin como la reconfiguracion caleidoscpica de las alianzas debilitan la posicin semi-hegemnica de Europa. El Brxit, la guerra comercial desde EEUU, la rusofobia institucional y el destropopulismo neofascista amenazan la existencia misma de la UE y condenan a Europa a un papel cada vez ms perifrico. La respuesta, estrictamente neoliberal y crecientemente autoritaria, acelera esta disolucin entrpica. Habra que detenerse en un minucioso anlisis econmico y antropolgico, pero la cuestin decisiva es sta: en algn sentido la "regla de cambio" gouldiana que rega la historia de Europa desde 1789 se ha quebrado. Por contarlo de una manera sencilla y banal, podemos decir que desde hace doscientos aos la juventud europea transformaba -o intentaba transformar- la sociedad cada treinta aos a travs de una triple experiencia: una guerra, una revolucin y un movimiento potico. Los movimientos poticos han desaparecido en el seno de las nuevas tecnologas, cuyo proceso constituyente ininterrumpido hace imposible la mnima estabilidad que necesita todo estilo y toda ruptura esttica con el pasado. En cuanto a las guerras, que vuelven a lamer la periferia (primero los Balcanes, ahora Ukrania), el esfuerzo que se ha hecho por mantenerlas fuera es inseparable de la experiencia misma de la UE, pero tambin ahora de su quiebra. Por fin y respecto de la revolucin, el modelo "francs" dominante durante dos siglos muri precisamente en Francia en 1968. Quizs esta muerte sea buena adems de inevitable -la discusion sera larga y no nos pondramos de acuerdo- pero lo cierto es que la "regla de cambio" no es ya la histrica que asociaba juventud a revolucin. En los ltimos cncuenta aos la juventud europea ha quedado absorbida en el imaginario del mercado al mismo tiempo que expulsada del mercado laboral, contradiccin que hace tan necesaria como imposible la revolucin; y que -por cierto- deja fuera de juego a la izquierda, al menos a la realmente existente, en la construccin de cualquier nuevo marco de transformacin que excogitemos.

En ausencia de "regla de cambio" que haga efectivo el cambio social que la crisis demanda, la des-democratizacin de Europa -y de buena parte del mundo- adopta la forma de una confrontacin muy parecida a la del perodo de entreguerras del siglo XX, salvo por una diferencia crucial. Hace noventa aos el conflicto enfrentaba a dos revoluciones, una fascista y otra comunista, que el capitalismo amenazado trataba de cooptar o frenar a su favor. Hoy no hay ninguna alternativa real -ni buena ni mala ni regular- al capitalismo y tampoco ninguna revolucin en marcha. O mejor dicho: la nica revolucin real es precisamente la del neoliberalismo, con la devastacin de los territorios -colectivos e ntimos- que acompaa su ininterrumpido proceso constituyente; y la nica alternativa real al capitalismo es la de una demanda de seguridad, muy conservadora e identitaria, de la que se han apropiado los destropopulismos y los neofascismos. Frente al capitalismo y sus horrores, los europeos no quieren democracia ni Estado de derecho; los europeos no quieren tampoco Europa; no quieren desde luego una revolucin socialista o un "hombre nuevo"; quieren seguridad y bienestar en los lmites de su imaginacin. Y cules son los lmites de su imaginacin? El mercado y la propia comunidad identitaria (nacin, barrio o militancia especializada).

En resumen: desde un punto de vista geopoltico, a los bloques ha sucedido un desorden global caleidoscpico de conflictos inter-imperialistas sin ideologa; en trminos polticos una confrontacin entre revolucin capitalista y comunitarismo destropopulista que alimenta, cualquiera que sea el resultado, la des-democratizacin global y deja fuera de juego a la izquierda, tentada unas veces por el progresismo neoliberal y otras por el comunitarismo autoritario. La batalla que se ha perdido es la de los lmites -materiales- de la imaginacin.

Fuente: http://nuso.org/articulo/un-desorden-global-sin-alternativas/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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