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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-08-2018

El rgimen, entre el alivio socio-liberal y la derecha extrema

Jaime Pastor
Viento Sur


Cuando apenas han transcurrido dos meses de vida del nuevo gobierno presidido por Pedro Snchez, es difcil encontrar signos de cambio que vayan ms all de haber dejado atrs la era Rajoy en un plano ms cosmtico que simblico.

En efecto, ya sabamos que en el ncleo duro de la poltica de Estado y de la UE, o sea, la economa poltica, no caba esperar un nuevo rumbo; la ministra de Economa Calvio lo dej claro poco despus de asumir su cargo cuando afirm que es vital la confianza de los mercados, si bien a continuacin matiz, alertada quizs por su mala conciencia, y tambin la de los ciudadanos. Lo mismo se poda prever respecto a la xenofobia institucional (con el nuevo invento de los centros controlados en pases como Libia, mientras el ministro Grande-Marlaska no pone reparos a las nuevas devoluciones en caliente en el Norte de frica), o a la cuestin catalana, ms all de la voluntad de dilogo en torno a un nuevo Estatut, pese a la derrota judicial sufrida en Alemania.

Con todo, pareca que el lder del PSOE iba a compensar su fidelidad a la vieja poltica con un esfuerzo por responder a algunas de las expectativas creadas en otros terrenos progresistas o, simplemente, regeneracionistas. Algo ha habido en este sentido: la universalizacin de la sanidad pblica, el nombramiento a duras penas de Rosa Mara Mateo como administradora nica de RTVE o la disposicin a exhumar el cadver del dictador del mal llamado Valle de los Cados. Sin embargo, ni siquiera se ha atrevido a hacer pblica la lista de personas beneficiadas por la amnista fiscal del ministro Montoro (pese a la promesa hecha desde la oposicin), ha renunciado a derogar la reforma laboral de Rajoy (decisin desgraciadamente compartida por las direcciones de CCOO y UGT) y la Ley Mordaza, si bien aspira a cambiar algunos de sus artculos, y se ha opuesto a la inclusin del rgimen especial de las trabajadoras domsticas en el general de la Seguridad Social; por no hablar de la todava inconcreta disposicin al acercamiento de presos y presas vascas, aunque slo sea como cuota a pagar al PNV.

A todo esto se suman, por si caba alguna duda de su fidelidad a los Borbones, su oposicin a la Comisin parlamentaria de investigacin sobre el emrito y ladrn rey Juan Carlos I a raz del escndalo del caso Corinna y, last but not least, su compromiso a aumentar los gastos de defensa en cumplimiento de las exigencias del tan denostado Trump, al mismo tiempo que sigue sin concretar el impuesto a la banca ante las primeras crticas de esos patriotas del Banco Santander que amenazan ya con cambiar de sede madre.

Sera un error deducir de este sucinto balance que el PSOE no est obteniendo rditos de la centralidad que desde el gobierno est tratando de ocupar en el tablero poltico, como lo est confirmando su ascenso en los sondeos. No obstante, no parece que esa mejora est consolidada ni que vaya a ser suficiente para contrarrestar la ofensiva de la derecha, si bien la polarizacin que sta va a desarrollar con su estrategia de la crispacin le pueda ayudar a ganar votos en el centro.

La disputa por la hegemona en la derecha espaola

Del desenlace del Congreso del PP ha salido ganador un proyecto nada regenerador, pero s firmemente dispuesto a buscar la polarizacin poltica y social; no slo contra Unidas Podemos y el independentismo cataln sino tambin contra el mismo PSOE (todo a la derecha del PSOE, Casado dixit). De las declaraciones del nuevo, y todava bajo la sospecha de fraude acadmico, lder del PP es fcil encontrar ya una audaz combinacin de neoliberalismo (con su asesor econmico Daniel Lacalle reivindicando un PP liberal-conservador sin complejos y con orgullo y proponiendo reducir el tipo mximo del IRPF a niveles inferiores al 40%), conservadurismo (defensa de la familia y de los privilegios de la iglesia catlica), banalizacin del franquismo (no gastar un euro por la exhumacin de Franco), machismo (contra el derecho al aborto y la ideologa de gnero), nacionalismo espaol reaccionario y punitivo (proponiendo incluir en el Cdigo Penal el delito de sedicin impropia y la restauracin de la prohibicin de referndum, vigente bajo su mentor Jos Mara Aznar) y, por si lo echbamos en falta, apelacin a la movilizacin ciudadana contra la amenaza de que millones () de africanos lleguen a tierra espaola.

Esta firme decisin de optar por un discurso xenfobo le alinea con la extrema derecha europea, precisamente all donde se encuentra la frontera ms desigual del planeta, y est destinada a generar alarma social a base de mentiras entre una poblacin cuya inseguridad ante su futuro se vera desviada hacia el resentimiento contra los sectores ms vulnerables. Supone, por tanto, un verdadero llamamiento a intensificar la guerra de fronteras que desde hace tiempo vivimos en la fosa comn en que se ha convertido el Mediterrneo 1/. No va a ser fcil hacer frente a esta nueva ofensiva si no sabemos acompaar la denuncia de sus mentiras con un proyecto de futuro alternativo, antineoliberal y solidario.

As pues, derrotada la lnea tecnocrtica pero no por ello menos dura de Senz de Santamara, ha ganado la opcin a favor de un rearme ideolgico que, de paso, le ayude a dejar en el olvido su corrupcin estructural (que no por ello va a dejar de salir a la luz con nuevos juicios). De ese modo, busca competir desde la oposicin con las fuerzas que en los ltimos tiempos le disputaban la hegemona en la derecha espaola: Ciudadanos y, en menor medida, Vox. Lo hemos visto ya con el desplazamiento de Casado y Rivera a Ceuta, pero quizs sea en Catalunya donde esa competencia ser ms dura.

En todo caso, las prximas elecciones andaluzas sern el primer test de cul va a ser el resultado de este giro discursivo, una vez comprobado que el anclaje territorial de este partido, aun siendo superior a sus competidores, est lejos de la imagen que quera dar como el partido ms grande de Europa: una vez actualizado, el censo de militantes y votantes en su reciente Congreso pas de los 800 mil y pico a los 50 mil y pico.

Catalunya, Podemos y el mal menor

En este nuevo escenario de reduccin de expectativas respecto al nuevo gobierno y de envalentonamiento desde la oposicin de un PP que sin duda va a estimular a Ciudadanos a seguir un camino similar, la nueva fase que se est viviendo en Catalunya muestra tendencias contradictorias: si bien por un lado hay un bloqueo y una ausencia de hoja de ruta en el nuevo govern, con una mayor disputa por la hegemona entre la nueva Crida Nacional per la Repblica y ERC, la reivindicacin popular de la libertad de presas y presos catalanes con ocasin de los prximos juicios y la legitimidad de una mayora parlamentaria independentista mantendrn la tensin movilizadora en un otoo caliente que va a volver a poner contra las cuerdas al gobierno espaol, obligndole a mover ficha en uno u otro sentido. El riesgo de una nueva confrontacin y una nueva escalada represiva no es descartable y por eso es muy necesario que Unidas Podemos retome la reclamacin tanto del cese de la represin como de un referndum pactado en torno a la relacin entre el Estado espaol y Catalunya. Reivindicaciones ambas que, pese a la beligerancia de la mayora de los medios de comunicacin, empiezan a tener mayor audiencia en la sociedad espaola, especialmente entre las nuevas generaciones.

Sin embargo, el dato ms preocupante del nuevo ciclo poltico es la profunda crisis de discurso, de proyecto estratgico y, ahora mismo, de orientacin tctica que atraviesa Podemos. Pareca que, una vez constatado el rechazo de Snchez a un gobierno de coalicin, se insista en el estatus de socio preferente en la sombra, pese a la experiencia fallida de la designacin del nmero 1 y el Consejo en RTVE. Para ello se guardaron inmediatamente en reserva las 20 medidas propuestas por Pablo Iglesias, algunas de ellas claramente incompatibles con las polticas austeritarias de la UE, que no han sido objeto de campaa alguna. Ahora mismo, en cambio, ante la verificacin innegable de los lmites del nuevo gobierno, la disposicin a seguir la poltica del mal menor parece perder credibilidad sin que por ello se est caminando hacia la bsqueda de la confluencia con las nuevas luchas y movilizaciones, nica va posible para ir desbordando al gobierno e ir haciendo frente a la contraofensiva de las derechas en mejores condiciones.

Porque, en efecto, un dato fundamental del nuevo escenario es el retorno de las luchas obreras en sectores precarizados (con las de Amazon y Ryanair, entre otras, que trascienden incluso la escala estatal), coincidentes con otras frente a las nefastas consecuencias de la nueva burbuja inmobiliaria y la gentrificacin en manos de los fondos buitre, sin olvidar la continuidad del protagonismo del movimiento feminista en el rechazo a sentencias judiciales como la de la manada o la ms reciente contra Juana Rivas. Victorias parciales como la conseguida por el pueblo de Murcia a favor del soterramiento de las vas del tren, junto a otras que se van logrando a escala regional y local, vienen a demostrar que el nuevo escenario es ms propicio para el desarrollo de un nuevo ciclo de protestas y de empoderamiento popular. Ahora mismo, la huelga de taxistas, ms all de la heterogeneidad del sector, est desenmascarando tambin a ese capitalismo de plataforma que se esconde tras la autodenominada economa colaborativa.

En ese contexto de polarizacin poltica y social los resultados alcanzados en las elecciones primarias en Podemos Andaluca y la dinmica ilusionante de confluencia que all se est desarrollando con Izquierda Unida, colectivos sociales y gente procedente de los movimientos sociales, constituyen datos esperanzadores de que es posible una va distinta, de oposicin al PSOE y de construccin de contrapoderes ciudadanos, y, con ellos, de otro Podemos,. Por eso sera un error gravsimo de la direccin estatal de esta formacin imponer obstculos burocrticos a ese proceso, ya que slo ira en beneficio de una de las peores caras del PSOE, la que representan Susana Daz y el rgimen clientelar que desde hace dcadas rige en esa Comunidad.

La posible convocatoria de elecciones andaluzas en otoo puede convertirse, por tanto, en la primera fase de un calendario que probablemente culmine en unas elecciones generales antes del final de esta legislatura, a la vista de la debilidad que est mostrando el gobierno actual ante sus adversarios de la derecha espaolista y el bloque financiero-inmobiliario. Razn de ms para no dejarse arrastrar por una poltica del mal menor (sa que, como escribi Gramsci, es la forma que asume el proceso de adaptacin a un movimiento regresivo), incapaz de generar ilusin de cambio, y para asumir, por el contrario, un proyecto autnomo y confluyente con los y las de abajo, que vuelva a poner en el centro la denuncia de un rgimen lastrado por su propio origen y frente al cual slo cabe persistir en una estrategia destituyente y rupturista.

Nota

1/ Entre los muchos testimonios y relatos sobre la guerra no declarada que se vive en el Mediterrneo me remito al artculo de la ya veterana y perseguida activista Helena Maleno Gabriel y su ltima batalla. Nos sangran las fronteras: guerras no declaradas del siglo XXI, viento sur, 150, pp. 76-85.

Jaime Pastor es politlogo y editor de Viento Sur.

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article14054



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