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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-08-2018

Pedro Snchez y Karl Polanyi en la eurozona

Juan Vzquez Rojo
CTXT

El hecho de que el nuevo Gobierno acepte sin oposicin el marco del euro puede imposibilitar la creacin de un escenario de proteccin para las capas de poblacin ms castigadas por la crisis


Pedro Snchez y Emmanuel Macron en La Moncloa. FERNANDO CALVO (WEB MONCLOA)

Desde la mocin de censura, el nuevo gobierno liderado por Pedro Snchez ha intentado encauzar los marcos culturales que se han venido moldeando en los aos post-15M. En efecto, la imagen que se intenta proyectar se enmarca en una especie de modernizacin tecncrata y europesta con gestos progresistas. Esta definicin no se aleja demasiado de los resortes culturales en los que se ciment el PSOE durante los 80, alejndose de la socialdemocracia clsica para abrazar el discurso de la modernizacin europesta a caballo del incipiente neoliberalismo. En esta lnea, el nuevo gobierno espaol intenta insertarse en el nuevo reordenamiento de alianzas a nivel europeo, teniendo como objetivo la creacin de un eje Berln-Pars-Madrid-Lisboa, en contraposicin a los gobiernos euroescpticos. En este punto, los principales temas de debate han girado en torno a la reforma de la unin monetaria, sacando a colacin el debate sobre un presupuesto comn y la reforma de la poltica migratoria. Aunque todo ello de manera muy superficial.

Pero, qu margen y qu voluntad hay ms all de los gestos? Si analizamos con perspectiva la deriva europea en las ltimas dcadas, todo apunta a que este eje intentar mantener intactos los pilares en los que se juega la partida dura. No obstante, a diferencia del PSOE de Gonzlez, sumergido en pleno auge de la globalizacin financiera, en la actualidad nos encontramos en un momento de caos global consecuencia de la crisis del ciclo 1980-2007. En efecto, los lmites que acepta sin cortapisas el actual gobierno son el nudo gordiano que sustenta el entramado del rgimen del 78: la construccin e integracin europea. Sin embargo, en la actualidad, los riesgos del continuismo con el establishment europeo, que deja intactas las bases materiales de la sociedad, son enormes. A continuacin, haciendo un recorrido de lo que supone la estructura de la eurozona y apoyndonos en Karl Polanyi, sealaremos los peligros que entraa un gobierno continuista como el de Snchez.

El neoliberalismo institucionalizado en Europa

La estructura de la Unin Europea, y ms concretamente de la eurozona, viene totalmente determinada por el contexto histrico en el que se crean los cimientos de dicha unin. As, desde el Plan Marshall y bajo el modelo de posguerra liderado por EEUU, la relacin entre la potencia americana y Europa ha ido de la mano de la subordinacin del viejo continente a los intereses del hegemn mundial. Ms concretamente, la ltima fase expansiva del ciclo hegemnico estadounidense, de globalizacin financiera, entre 1980 y el 2007, se construy alrededor de tres pilares: la ruptura del patrn oro-dlar, la financiarizacin de la economa y las polticas neoliberales, todo ello como salida a la propia crisis de rentabilidad del capitalismo mundial de los aos 70.

En consecuencia, con el giro ochentero, la nueva configuracin europea se dibujaba entre 1986 y 1992, con el Acta nica y el Tratado de Maastritch, como uno de los experimentos neoliberales ms crudos. En esta etapa quedara delineada la eurozona, una unin basada en planteamientos monetarios y financieros, con la imposicin de forma cannica de los planteamientos del ciclo neoliberal: control del dficit y deuda pblica por debajo del 3% y del 60% respectivamente, liberalizacin del comercio, privatizaciones, flexibilizacin del factor trabajo y las finanzas, etc. Para este proyecto, el Banco Central Europeo se constituy con un mandato independiente de los estados y con un control de los precios por debajo del 2% anual.

En la misma lnea, la justificacin terica del euro parte en gran medida de la Teora de las reas Monetarias ptimas a la que dio nombre Robert Mundell en los aos sesenta, precisamente ganador del Premio Nbel de economa en 1999. Sin detenernos en la teora, cabe sealar algo que resulta clave para entender la dinmica de la moneda y como se entiende la misma. En su artculo A Theory of Optimum Currency Areas, Mundell sostiene que la rigidez en los salarios y los precios causa desequilibrios a nivel internacional, por lo que el autor busca como solucin la consecucin de un sistema mucho ms liberalizado, con una mayor flexibilidad a la hora de realizar ajustes. En efecto, Mundell pone en duda la viabilidad de las monedas nacionales para emprender dichos ajustes, es decir, medidas que liberalicen el mercado de tal forma que no existan impedimentos a la hora de modificar salarios y precios. As, el ajuste ante un desequilibrio dentro de una unin monetaria vendra dado por la flexibilidad salarial, por la movilidad del factor trabajo, o ambos a la vez, de forma que funcionen como mecanismos correctores de precios, va salarios y, por tanto, se produzca un equilibrio en la competitividad entre pases. En consecuencia, este ltimo punto sealado por el economista canadiense, ser clave en la construccin de la moneda nica.

La traduccin prctica de esta estructura monetaria sin soberana nacional implica la restriccin de cualquier poltica monetaria nacional y, en gran medida, tambin fiscal, quedando a merced de la ruta establecida por el BCE. El frreo control del dficit pblico, sumado a las sucesivas reformas fiscales regresivas (utilizadas como nico elemento competitivo entre pases en poltica industrial) y a un contexto en el que se hace cada vez ms latente la cada de la recaudacin, conlleva a la reduccin del gasto pblico. En consecuencia, la poltica econmica de los estados queda reducida a la liberalizacin econmica y a la disciplina salarial como nico elemento de ajuste (y como nica herramienta para mejorar su competitividad), es decir, el marco de la zona euro implica flexibilidad laboral y de precios, tal y como sostena la teora de Mundell.

Adems, como afirma Wolfgang Streeck en su artculo Por qu el euro divide a Europa?, publicado en la New Left Review n95, los sistemas monetarios, en tanto que instituciones polticas y econmicas, primero se adecuan al poder y, solo despus, al mercado. Como regla, por lo tanto, estn sesgados a favor de uno u otro inters dominante. Podemos decir, con Schattschneider, que, como ocurre con el coro celestial de una democracia pluralista, el lenguaje del dinero habla siempre con un acento, que normalmente es el mismo acento de clase alta que el del coro. Es decir, la moneda no es neutral, ni nicamente una herramienta econmica, sino que es un reflejo de relaciones de poder. La visin de la construccin de la unin monetaria europea implica un determinado enfoque sobre la moneda, entendiendo que resulta un intermediario neutral entre agentes econmicos. Lejos de esa definicin, el dinero representa una determinada correlacin de fuerzas. En efecto, adems del liderazgo alemn del euro, el reverso es una periferia europea sin soberana monetaria, algo que se expresa en que, en la prctica, estos pases operan con una moneda extranjera.

En relacin a lo anterior, la estructura supranacional surgida de la unin monetaria se compone de un conjunto de estados con enormes disparidades en tamao, modelo productivo y desarrollo socioeconmico. Este hecho no resulta balad, pues el BCE necesita implementar medidas para pases con distintas caractersticas, por lo que, en ltima instancia, el desequilibrio de poder en la eurozona conlleva al dominio de la potencia hegemnica interna. En efecto, el dominio germano, ha incurrido en una poltica favorable desde el primer momento a sus intereses econmicos, lo que ha conformado una divisin europea del trabajo, con un centro y una periferia diferenciados. En esta lnea, los desequilibrios entre los pases miembros y dentro de los mismos no son una causa inmediata de la crisis del 2008, sino que son propios de la dinmica de la moneda nica desde su introduccin. Concretando esta afirmacin, la prdida de poder adquisitivo, el ajuste de los salarios reales, los desequilibrios materializados en las balanzas comerciales y la relacin deudor-acreedor ha sido una consecuencia acrecentada por el sistema euro.

En el 2011, los desequilibrios estructurales sealados anteriormente salieron a la luz y se tradujeron en una crisis de deuda soberana en los pases perifricos. En el ao 2007 la deuda pblica no supona un grave problema para el conjunto de las economas de la eurozona. En cambio, en los aos posteriores a la crisis, la deuda pblica se dispar en los pases perifricos debido en gran parte a la cada de los ingresos por la recesin econmica, al aumento de los gastos por el desempleo o los rescates a entidades privadas, entre otros factores. Sin embargo, el problema fundamental no era el crecimiento de la deuda en s, sino que, en este caso, el efecto ha sido el mismo que el de un pas que se endeuda en moneda extranjera, pues la crisis de deuda soberana, representada en los diferenciales de la prima de riesgo, es consecuencia de una crisis particular del sistema euro. As pues, las contradicciones de la construccin de la eurozona salan a la luz de forma abrupta. Por un lado, ante la imposibilidad de devaluar la moneda, el equilibrio de la balanza comercial se persigue mediante el ajuste salarial, con reformas laborales y mantenimiento altas tasas de paro, algo que, fundamentalmente reduce las importaciones. Por otro lado, debido a las directrices de la eurozona, el BCE no puede financiar a los estados de forma directa, lo que, en pocas de recesin, supone un coste cada vez ms elevado de financiacin. As, la escalada de las primas de riesgo lleg a un punto insostenible a mediados del 2012, poniendo en jaque la continuidad de la moneda comn, algo que hizo intervenir al BCE el 26 de julio de ese mismo ao, cuando Mario Draghi declar: El BCE har lo necesario para sostener el euro. Y cranme, eso ser suficiente. A partir de esas declaraciones el BCE iniciaba un giro que detendra la escalada de las primas de riesgo, de forma que los estados perifricos pudiesen respirar.

En consonancia con las medidas para frenar la crisis de deuda soberana, en el ao 2015, el BCE lanza el programa de expansin cuantitativa (QE, por sus siglas en ingls) llegando en su momento ms lgido a 80.000 millones de euros mensuales de compra de activos. El QE ha sido exitoso en tanto ha conseguido paliar el problema de liquidez del sector bancario y, sobre todo, ha tenido un gran impacto en la rentabilidad de la deuda soberana. No obstante, los problemas estructurales de la eurozona siguen intactos: niveles de deuda externa, pblica y privada, ausencia de presupuesto comn fuerte, modelos productivos desequilibrados que implican diferencias en competitividad, desigualdad creciente, desempleo, precariedad, etc. Adems de los problemas polticos: dominio alemn sin oposicin, ausencia de soberana, debilidad del Parlamento Europeo, etc. En este contexto, la estructura del euro sigue sostenindose en gran medida gracias a los llamados vientos de cola: bajos precios del petrleo, bajos tipos de inters, crecimiento de la burbuja financiera mundial y expansin cuantitativa. Recientemente, Draghi anunciaba que el 2018 ser, presumiblemente, el ltimo ao del programa, retirndolo de forma progresiva. Las consecuencias de este hecho vendrn marcadas por el contexto econmico internacional, pues abren la puerta al inicio de una nueva crisis de deuda soberana similar a la del 2011-2012.

Ms all del fin de la QE y los efectos que esta pueda causar, el marco de flexibilizacin del factor trabajo sobre el que teorizaba Mundell y en el que se ha convertido la eurozona, se encuentra en la actualidad ante sus lmites sociales y polticos. En esta lnea, como seala Joseph Stiglitz en su libro El euro. Cmo la moneda comn amenaza el futuro de Europa, para solucionar la crisis estructural de la balanza comercial dentro del marco del euro es necesario un alto nivel de precariedad laboral y de paro en los pases del sur, esto es, para sostener la estructura actual de la eurozona, la periferia est condenada a la precariedad laboral. Este hecho tiene implicaciones determinantes en la sociedad europea.

Polanyi y la utopa de libre mercado

Con lo descrito hasta el momento, en el marco de la globalizacin financiera liderada por EEUU, la eurozona ha constituido una construccin muy cercana a lo que Karl Polanyi entenda por utopa de libre mercado, esto es, un marco institucional en el que nada obstaculice la formacin de los mercados, resignificando el papel del estado, de forma que solo interesan las polticas y las medidas que contribuyan a asegurar la autorregulacin del mercado, a crear las condiciones que hagan de este el nico poder organizador en materia econmica. Como hemos sealado, uno de los principales elementos de la zona euro es la flexibilidad del factor trabajo, algo que, como seala Polanyi supone subordinar a las leyes del mercado la sustancia misma de la sociedad.

As, para Karl Polanyi, las consecuencias de esta dinmica son claras: Permitir que el mecanismo del mercado dirija por su propia cuenta y decida la suerte de los seres humanos y de su medio natural, e incluso decida acerca del nivel y de la utilizacin del poder adquisitivo, conduce necesariamente a la destruccin de la sociedad. Y esto es as porque la pretendida mercanca denominada fuerza de trabajo no puede ser zarandeada, utilizada sin ton ni son, o incluso ser inutilizada, sin que se vean inevitablemente afectados los individuos humanos portadores de esta peculiar mercanca. Al disponer de la fuerza de trabajo de un hombre, el sistema pretende disponer de la entidad fsica, psicolgica y moral humana que est ligada a esta fuerza. El autor austriaco escriba sobre el largo siglo XIX liderado por Gran Bretaa que finaliz con la I y II GM, Gran Depresin mediante. Las similitudes con la etapa actual y con el contexto de la eurozona son, cuanto menos, preocupantes.

La ruptura de las instituciones hegemnicas a nivel global y la propia salida de la crisis, que ha acelerado la tendencia de aumento de la precariedad y desigualdad del ciclo 1980-2007, ha dejado fuera a una parte importante de la poblacin, lo que ha provocado una grave crisis social a nivel mundial a finales del 2010. Esta crisis social comienza con las manifestaciones de las revueltas rabes, el 15M en Espaa y posteriormente el Occupy Wall Street, entre otras. En efecto, la fractura social se transforma en una crisis poltica, al materializar el hecho de que una parte importante de la poblacin ya no confa en el bloque dominante, ya que este ltimo ha perdido su condicin hegemnica: ya no gobierna con legitimidad. De esta forma, siguiendo de nuevo a Karl Polanyi, en esta etapa entra la denominaba fase b, esto es, la prdida de legitimidad institucional se relaciona fundamentalmente con la respuesta social frente a los lmites de la utopa de libre mercado que supone la globalizacin financiera y, concretamente, el marco UE-eurozona.

En efecto, no es casualidad que la mayor parte de los partidos que consiguen canalizar polticamente el descontento social sean de corte soberanista/nacionalista/proteccionista, algo que representa la respuesta de la sociedad que decide buscar proteccin y seguridad ante la ofensiva de libre mercado y la consecuente flexibilizacin del factor trabajo. Sin embargo, aunque este proceso es una tendencia a escala mundial, se reproduce de manera ms evidente en la UE-eurozona. Las reacciones se materializan en movimientos populistas de distinta ideologa que reclaman ms soberana, nacin, seguridad y/o proteccin, como son el caso de la victoria de Syriza, del M5E y la Liga Norte, el crecimiento de Alternativa por Alemania, el Procs, el Brexit, el Frente Nacional, Amancer Dorado, etc. En concreto, enlazando con los ejes sealados anteriormente, los movimientos populistas de corte derechista se fortalecen incluyendo entre sus principales ejes discursivos la ofensiva xenfoba contra los inmigrantes/refugiados.

As pues, el establishment de la eurozona, que sigue apostando por un frreo continuismo, va a toparse con grandes dificultades para perpetuar la estructura actual: el desmembramiento no se puede frenar sin integrar demandas, emprendiendo una profunda reforma de las instituciones europeas, algo que parece estar bastante lejos de materializarse. En la actualidad, la desintegracin interna y la prdida de poder externa de la UE se muestran cada vez de forma ms evidente, tanto por el crecimiento del euroescepticismo, como por la pinza a nivel geopoltico que est sufriendo ante EEUU y el eje que conforman Rusia-China. En resumen, la resaca de la globalizacin financiera est dejando en fuera de juego a la UE-eurozona.

Volviendo a Espaa, en este contexto de desmembramiento social, econmico y poltico, la ilusin que est generando el nuevo gobierno puede terminar en una peligrosa frustracin social. As, el hecho de que acepte sin oposicin el marco del euro puede tener repercusiones muy graves a medio plazo, dadas las implicaciones que subyacen de esta aceptacin: la imposibilidad en materia socioeconmica de crear un marco de proteccin que defienda a las capas de poblacin ms castigadas por la crisis. Al igual que los gobiernos de Hollande, Renzi o incluso Obama en EEUU, la no solucin de los problemas materiales de la sociedad, de proteccin ante el mercado, han concluido en el crecimiento de los populismos de derechas. Como hemos sealado, en el contexto europeo, los partidos euroescpticos de carcter nacionalista/soberanista estn en pleno auge, con perspectivas de seguir creciendo e, incluso, de llegar a liderar el Parlamento Europeo. En este sentido, en plena crisis de la globalizacin financiera, la eurozona sigue siendo el mximo exponente del neoliberalismo, algo que no hace ms que acelerar la respuesta de las clases populares europeas: su canalizacin es la derecha populista y el deterioro de la integracin europea.

Para concluir, la frmula del nuevo gobierno liderado por Pedro Snchez es una de las ltimas balas en el marco de la eurozona para un pas en el que sigue batallando un social-liberalismo en decadencia. El PSOE sigue apostando por la integracin europea que tantos rditos le proporcion en los aos ochenta, aunque, en aquel momento, el neoliberalismo comenzaba su poca dorada. En la actualidad, nos encontramos ante la ruptura de esa integracin, del orden mundial de posguerra y con la fase b de Polanyi en marcha. Adems, las posibilidades de un ciclo econmico largo en el que apoyarse para construir un nuevo proyecto de pas, son escasas. De forma contraria, cada da nos encontramos ms cerca de una nueva crisis a nivel mundial, que probablemente estalle en EEUU y repercuta de forma drstica en la zona euro (de forma similar al 2011-2012). En esta tesitura, Polanyi nos proporciona pistas ante el desmoronamiento de la estructura mundelliana: la atomizacin y flexibilizacin del factor trabajo tiene como respuesta la mencionada fase b. La sociedad en busca de s misma, esto es, en busca de pertenencia, proteccin y seguridad. La disputa poltica se dirimir en la canalizacin de esta pulsin social y en la capacidad de proporcionar un proyecto viable en este sentido, algo que est lejos de ofrecer el gobierno continuista del PSOE.

Juan Vzquez Rojo es economista, investigador y editor de la Revista Torpedo.

Fuente: http://ctxt.es/es/20180801/Politica/21053/Juan-Varquez-Rojo-neoliberalismo-socialismo-liberal-PSOE-europa.htm



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