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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-08-2018

Una vocacin de ms largo alcance?
Pualadas del fascismo chileno

Csar Godoy U.
Rebelin


En la pasada marcha por el aborto libre, en Santiago, tres mujeres fueron apualadas. Como en todo hecho de este tipo, las circunstancias y detalles son an confusas, y sin embargo, el acto terrorista contra las compaeras y las acciones del Movimiento Social Patriota en las afueras de la Universidad Catlica de Chile, en particular la realizacin de barricadas y de un lienzo que propagandeaba Esterilizacin gratuita para las hembristas, permiten desarrollar una serie de reflexiones con respecto al fascismo chileno.

A nuestro juicio, las preocupaciones de las y los revolucionarios con respecto a estos hechos deben dirigirse en dos direcciones que estn, hasta hoy, al debe, y que por lo mismo, nos aprestamos a elaborar una serie de hiptesis que permitan al marxismo y al feminismo enfrentarse con decisin a sus enemigos. La primera se refiere a la caracterizacin del fascismo chileno, vale decir, dar una respuesta que sea ms completa que la caricatura de los monerazis y/o fachos pobres, puesto que el epteto puede servir para identificar a la franja poltica, pero en trminos de anlisis nada aporta, e inclusive, lo obstaculiza. La segunda dimensin se refiere a las dificultades de este lado, ya sea ste marxista o feminista- o ambas- para comprender a sus enemigos, en particular, del fascismo chileno.

Para desarrollar nuestras opiniones dividiremos las dos aristas en dos secciones distintas. Nuestra afirmacin fundamental es que detrs del fascismo chileno, de las barricadas, y de las pualadas a las compaeras feministas, existe un engendro con vocacin de largo plazo que este lado no se ha esforzado en caracterizar, y que por lo mismo, no est an en condiciones de enfrentar.

Debe advertirse que aqu el lector no encontrar una receta para enfrentar al fascismo chileno, pero s -ojal- afirmaciones que nos permitan ir en esa direccin .

I- Fascismo chileno: Morenazis o Proyecto autoritario?

 

En esta seccin nos proponemos analizar al fascismo chileno en sus dos expresiones polticas actuales, a saber: el Movimiento Social Patriota y Accin Republicana y con ello poder respondernos la interrogante de si Son los Kastistas y Social-Patriotas un simple grupo de locos o existe detrs de ellos una vocacin de ms largo alcance?

A nuestro parecer, la pregunta puede partir respondindose analizando las tendencias de crecimiento cuantitativo y cualitativo de los grupos fascistas. Esto quiere decir que estas expresiones polticas no son nuevas, puesto que durante la dcada del 90 y del 2000 ya existan, sin embargo, para la actualidad cualquier anlisis serio debiese apuntar a analizar su crecimiento en ambas dimensiones.

Antes de comenzar debemos hacer una advertencia al lector, y esta es que no podemos afirmar que las dos expresiones del fascismo chileno sean lo mismo aunque su relacin sea interdependiente. Esto porque si bien ambas agrupaciones polticas apelan a la movilizacin de toda la sociedad chilena sin distincin de sus clases sociales (discurso pluriclasista), sus criterios ideolgicos y su origen de clase -al menos en apariencia- son diferentes. Por una parte, Kast y Accin Republicana denuncian la crisis de autoridad y reivindican la idea del orden que se ha visto trastocada por una supuesta avanzada de la izquierda, y su origen de clase est marcado por las facciones ms retrogradas de las clases dominantes chilenas por ejemplo parte de la familia militar. El Movimiento Social Patriota en cambio apela a un ordenar cambiando o nuevo orden antielitista, antiimperialista y nacional, a la vez que sus militantes revisten un carcter mucho ms popular que Accin Republicana. Para nosotros, esta distincin no quita su interdependencia, puesto que todos los fascismos histricamente han tenido un pie izquierdo y otro derecho -uno popular y otro burgus- que se complementan para obtener el poder poltico. Si no nos cree, pregntele a los militantes nacional-socialistas asesinados en la clebre noche de los cuchillos largos en Alemania, o ms cerca, a los sectores populares argentinos militantes del peronismo, que en paralelo a los beneficios de las polticas redistributivas de Juan Domingo Pern luchaban tambin contra sus polticas represivas hacia el comunismo.

Dicho esto, es momento de pasar al anlisis. En el terreno cuantitativo, la medicin electoral de los ltimos comicios presidenciales arroj cerca de un 8% para la candidatura de Jos Antonio Kast. El lector podra suponer que de aquello no se desprende ningn peligro ni proyeccin posible debido a su evidente minora. Sin embargo, si enfocamos mejor el lente, nos daremos cuenta que su potencia electoral no es ningn chiste, ya que su rival opuesto en el mismo comicio, Eduardo Arts de la mano del Partido Comunista Accin Proletaria (PC-AP) -con un discurso tambin duro y cerrado- no logr alcanzar ni siquiera un 1%. Tambin, si recordamos la experiencia del Juntos Podemos que aglutinaba antes de la formacin de la Nueva Mayora a la izquierda extraparlamentaria, queda a la vista que dicha coalicin por s misma, an con toda su trayectoria histrica y smbolos potentes como Gladys Marn nunca lograron trascender al 6% de preferencias. De esta manera, queda a la vista que la obtencin de un 8% por parte de Kast en su primera aventura electoral ultraderechista no es nada despreciable, pues anuncia la capacidad de proyectarse en el mediano plazo, y a la vez, gener el piso mnimo para la formacin de su propio movimiento poltico. De esta manera, en el terreno electoral, debemos considerar a Accin Republicana, en tanto nueva expresin poltica del fascismo chileno, como una minora significativa.

Por otra parte, es en el terreno cualitativo en el cual puede verificarse la dinmica de crecimiento de estas minoras significativas. En particular, debemos notar que al menos hasta el segundo gobierno de Michelle Bachelet este tipo de tendencias polticas se mantenan mayoritariamente al interior de las reglas del juego o en la marginalidad. Por un lado, si bien los partidos polticos de las clases dominantes solan apelar de manera descarada -y muy sincera- a la reivindicacin de su identidad Pinochetista y Guzmanicista, stos no apelaban de ninguna manera a la movilizacin de la sociedad chilena, pues a pesar de todo, el orden estaba garantizado. Por otro, los movimientos fascistas no identificados con la oligarqua chilena no eran capaces de lanzarse de manera masiva a la lucha de ideas. Vale decir, su aglutinacin responda ms bien a criterios identitarios que a una opcin ideolgica elaborada y definida. Ahora, en cambio, la tendencia oligrquica del fascismo apela a la movilizacin de la sociedad chilena en contra de la supuesta disolucin del orden que se avecina con una nueva avanzada del marxismo, y a su vez, las expresiones populares de dicha tendencia se han dispuesto a enfrentar las dinmicas de la lucha callejera, lo cual debe comprenderse en toda su amplitud: han asumido la confrontacin cuerpo a cuerpo como opcin, y a la vez, la disputa de la calle a travs de la propaganda ideolgica.

 

En sntesis, el fascismo chileno, que hasta hace ayer era expresin de un criterio identitario de pequeas facciones, principalmente de la clase dominante chilena, en particular de la familia militar y de secciones del capital financiero y comercial extranjero-nacional, ante el escenario de la (matizada) apertura poltica abierta desde el 2006 al 2011 para ac, se ha visto obligado a reconfigurar sus proyecciones, programas y tcticas polticas.

Sobre esta dinmica del cambio del denominado fascismo chileno, en tanto capacidad de diferenciacin dentro y fuera del sistema poltico institucional, hay una cuestin que debiese llamarnos la atencin. Esto es la apelacin al enemigo del comunismo para explicar los males que- supuestamente- aquejan a la sociedad chilena. En este sentido, debemos entender que cuando estos sectores achacan al fantasma del comunismo las polticas de Michelle Bachelet, el avance del feminismo o de los problemas derivados de la inmigracin masiva en nuestro pas, no nos estn hablando desde la ignorancia. Cualquier observador medianamente serio apunta y dice con razn pero si Bachelet no implement ninguna poltica que trastoque el neoliberalismo, pero si la militancia marxista en el feminismo es marginal, sin embargo, ese mismo observador serio debiese notar que no se trata de eso. Cuando estos sectores inflan el fantasma del comunismo lo hacen en funcin de la defensa del orden establecido. Por un lado, el anticomunismo que Kast aplica incluso a su socio Joaqun Lavn est dirigido a su propia clase social, y le anuncia a sus diversas facciones- las oportunistamente han sacado la imagen de Pinochet de sus smbolos identitarios para slo dejarlas en el cuadro del living de la casa- que cualquier referencia a la idea de cambio es un peligro de largo plazo para su clase social, en concreto, puede que no sea verdaderamente comunista hoy, pero conviene denunciarlo porque puede serlo maana. Por otro, los social patriotas crean al enemigo comn necesario para conducir al pueblo- exclusivamente- chileno a la construccin del nuevo orden.

De manera transversal, no podemos dejar de destacar los aciertos del fascismo chileno en su dimensin ideolgica, con lo cual nos referimos al equilibrio entre espritu y pragmatismo poltico. Esto es, la capacidad de digerir el sentido comn de la masa para luego incorporarle elementos de propio cuo, de manera que han sabido traducir las expectativas populares y a la vez transformarlas. En concreto, los actos ms rimbombantes del fascismo chileno haban estado dedicados a acciones propagandistas de impacto meditico, de las cuales destacamos dos ejemplos que dan certeza su capacidad de digerir y transformar el sentido comn, de equilibrar el espritu con el pragmatismo. Primero, tenemos al MSP desplegando sacerdotes catlicos colgados desde un puente, promoviendo la muerte a los pedfilo. En este sentido debemos preguntarnos qu chileno o chilena podra estar a favor de la pedofilia?, la respuesta es, nadie, de manera que su propaganda enfrenta a un enemigo comn a la vez que instala lo que realmente quiere instalar: la pena de muerte. De esta forma, han procesado la aspiracin del pueblo chileno, y a su vez instalado un criterio propio, ya que independiente de si tal o cual persona est a favor o no de la pena de muerte, ninguna se aprestara a defender a un pedfilo. Por otra parte, tenemos a Kast afirmando que Daniela Vega es en realidad Daniel Vega, con lo cual logra instalar una opcin ideolgica en el debate que se abre en las confusas mentes de nuestro pueblo con respecto a si la determinacin social del sexo responde a criterios biolgicos o ms bien a elementos-sociohistricos, y en ese sentido, la confusin es la confusin, y es aprovechada para instalar la afirmacin propia. Por otra parte, las constantes denuncias- normalmente, vacas de contenido poltico- en redes sociales contra estos grupos, o bien, las pateaduras en masa, no hacen ms que entregarles el espritu de pica necesario para afirmar que estn moviendo las aguas de la sociedad chilena.

Si incorporamos este elemento en la tendencia de cambio en el escenario geopoltico, en particular, la consolidacin (y ya no slo emergencia) de contrapesos a la dominacin del imperialismo norteamericano en todos los rincones del mundo, veremos que no es relevante si Kast o los social- patriotas son paranoicos, o si padecen algn problema mental, sino que son smbolos de una estrategia mayor. En efecto, los sectores sociales que representa el fascismo chileno estn conscientes de que en los prximos 30 aos- al menos- nos enfrentamos a lucha por la hegemona mundial, donde todo parece apuntar desplazamiento econmico y poltico de la hegemona norteamericana en funcin de los capitales chinos y los fusiles rusos. Tal como ha sealado el Secretario del Departamento de Estado

Norteamericano, China est socavando los pilares de la civilizacin occidental. Dinmicas como la guerra en medio oriente, la paulatina absorcin de las exportaciones latinoamericanas por la economa china, la formacin del G-7 en Amrica Latina y su pual afilado contra Venezuela, no hacen ms que dar cuenta de la tendencia conflictiva que se verifica en este perodo histrico de la lucha de clases, ante lo cual, el fascismo chileno, de manera explcita con Kast, asume la subordinacin y defensa del imperialismo norteamericano como vocacin de largo plazo, lo cual en la coyuntura se expresa en la denuncia de la crisis de autoridad y la consecuente apelacin al orden, ya sea defendiendo el ya establecido o aludiendo a uno nuevo por crear. Ntese por ltimo, que Chile adems de encabezar los crculos concntricos de la reaccin continental en trminos diplomticos y militares (Chile posee la nica fuerza naval autorizada por Estados Unidos a dirigir las maniobras de los ejercicios martimos conjuntos), es el pas que posicionado al frente de la cuenca del pacfico se transformara, con el correr de los aos, en uno de los principales epicentros de la circulacin de las mercancas del mundo.

Es por todo esto que el lector debiese deducir que detrs de las pualadas contra las tres compaeras no hay solamente hombres que se resisten a aceptar que la mujer sea un ser humano (eso es el antifeminismo denunciador de la ideologa de gnero, en cualquiera de sus vertientes), hay mshay mucho ms. La hoja del cuchillo est meticulosamente afilada por las facciones ms reaccionarias -y ms consecuentes- de la oligarqua chilena, que ha logrado dar vida a dos movimientos polticos, uno que interpela a su propia clase social y otro que se dirige a las clases populares, en funcin de una estrategia de ms largo aliento.

II- Las respuestas de este lado

 

Como decamos, nos interesa tambin diagnosticar las respuestas que este lado ofrece al fascismo chileno. En ese sentido, lo primero que debe atenderse, a diferencia de lo que ocurre con el fascismo chileno, es la disgregacin entre los diversos actores polticos y sociales que componen este campo. En ese sentido, el fascismo chileno golpea como un solo puo, mientras que el marxismo, los feminismos y la izquierda en general no son capaces de articularse de manera tctica -alianza- y tampoco de manera estratgica -unidad-, ya que en sus diversas tensiones este lado cuenta con constructores de puentes que progresivamente son destruidos por agentes dinamiteros. Con esto ltimo nos referimos a que as como hay marxistas e izquierdistas que se niegan a reconocer a la liberacin del gnero como una dimensin necesaria de la liberacin de la humanidad, as mismo hay feminismos que se niegan a cualquier posibilidad de pensar en una liberacin ms all que la del gnero, aun cuando se diga que la del gnero, y no la de clases, es la realmente importante para toda la humanidad.

Sin embargo, hay algo comn que tienen todas estas fuerzas del amplio abnico anticapitalista, antipatriarcal y/o anticolonial. Poniendo en un mismo nivel a un movimiento poltico universitario maosta, guevarista, allendista, etc., a una asociacin de yeguas del apocalipsis, a un crculo de lectura marxista y/o feminista, y tambin, a quienes escriben esta columna, tampoco hemos logrado escapar a las dinmicas de la fragmentacin y la confusin ideolgica. Esto es, la miopa a la hora de identificar el origen de las pualadas del fascismo y caracterizar sus reales proyecciones.

Por qu afirmamos esto? Primero, porque todos estos actores polticos y sociales al observar al fascismo chileno tienen como muletilla dos conceptos: los morenazis o los fachos pobres, y como vimos, el problema es mucho ms complejo que eso. Adems, el primer concepto arroja un a- historicismo aberrante al desconocer que la mayora de los fascismos no han tenido un carcter tnico sino que cultural. El otro apelativo da cuenta de lo abigarrado de las concepciones elitistas an en nuestra propia trinchera. Segundo, porque cuando cualquiera de estas expresiones se plantea la lucha antifascista lo hace apelando a dos dimensiones -a veces de manera superpuesta- que no consideran el enfrentamiento de las ideas del fascismo como un campo de accin. Una es la interpelacin al propio y actual Estado de Derecho -la Justicia y la Polica- para que resuelva el problema, y la otra, la apelacin a un -imaginario- enfrentamiento callejero con las fuerzas del fascismo.

En la primera dimensin de ese antifascismo se cuelan los criterios de la mentalidad de las clases dominantes, pues le pedimos al mismo Estado-que-asegura-la-dominacin-de-clase o Estado- histricamente-patriarcal que enfrente a nuestros enemigos, cuestin a todas luces imposible. En la segunda, reducimos la disputa callejera slo a la lucha cuerpo a cuerpo, sin tomar en cuenta la amplitud de lo que implica efectivamente ocupar la calle, que ms all de la ocupacin corporal y masiva del espacio pblico, tambin es la instalacin in situ de ideas antifascistas a travs de la propaganda, lo cual implica analizar previamente las afirmaciones del fascismo chileno para enfrentarlo en ese terreno correctamente. A la luz de estos despliegues, podemos concluir que esto ltimo, las nuevas expresiones fascistas lo han comprendido mejor que nosotros y con mucha mayor certeza.

Las risotadas sobre los morenazis y los fachos pobres, la apelacin a que el Estado defienda nuestras vidas, la apelacin imaginaria al combate cuerpo a cuerpo en la calle, hasta el momento, no son ms que expresiones de nuestras propias inconsistencias ideolgicas, lo que es lo mismo que decir, la negacin de tomar nuestros supuestos tericos (marxistas y/o feministas) y hacerlos chocar con la realidad realmente existente, y no slo con la que quisisemos que existiera. Nuestro antifascismo precario, compaeras y compaeros, no estar para ninguna denuncia ni combate firme mientras no asumamos la lucha de ideas para confrontarlo. Vale decir, analizar y confrontar sus afirmaciones a travs del debate y la propaganda, digiriendo el sentido comn de la masa e instalando nuestros propios criterios, lo cual no es un ejercicio sencillo, sino que implica un anlisis ms serio y de carcter histrico.

Si agarramos a un fascista entre un grupo de 10 en una marcha, de seguro lo reducimos. Pero, imagnese usted en una asamblea barrial, sindical o en un grupo serio de debate en la que hay grupos fascistas bien organizados y preparados en sus argumentos, y que ya no son reducibles a travs de denuncias morales ni funas. Estamos a la altura de ganarles absolutamente un debate y dejarles en ridculo? Podemos aplastarlos con nuestras afirmaciones polticas? Por cmo se estn desarrollando los acontecimientos en estos ltimos tiempos, y sobretodo ms all de la funa o el gritero de una masa contra un grupo de individuos contrarios a las consignas de una marcha o manifestacin, consideramos que por ahora no se est del todo seguro ganar esa batalla de las ideas de manera aplastante. Ello lo decimos no por un problema de convicciones, sino de diagnstico del despliegue de fuerzas (cuantitativas y cualitativas) del enemigo y de las que nos son propias. En efecto, mientras seguimos teniendo una risa tan fcil ante todos los movimientos del enemigo, ste avanza, y si nos remos ms, no tomamos el peso -que debiese caernos en la cabeza como un bloque de cemento- de las pualadas recibidas por las tres compaeras.

Compaeras y compaeros, mientras no asumamos la lucha de ideas para ganarlas en las grandes masas, podemos hacer todas las denuncias proderechos humanos que queramos, dar todas las pateaduras -que al final del da benefician- a Kast, estar por semanas enteras en los trendintopics. Pero hay algo en lo que ya nos habr ganado el fascismo: en su dinamismo ideolgico y su relacin con el sentido comn de las masas. En ese terreno, ellos nos van ganando, no tanto para la visibilidad del hoy, pero s para la realidad del maana.

El nico camino para vencer al enemigo, es conocerlo. La lucha de ideas y la lucha cuerpo a cuerpo es y debe ser, por tanto, una unidad indivisible.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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