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(defendiendo el libre mercado)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-08-2018

Ms all de los gestos: por un cambio de las polticas migratorias y de asilo europeas

Arturo Borra
Rebelin


1- Un gesto poltico?

Desde hace algunas semanas, los medios masivos repiten el tpico de una Espaa solidaria, basndose en el gesto del estado espaol por permitir el arribo del Aquarius en Valencia. Aunque podra sealarse que dicho gesto ha permitido que sus 629 tripulantes pongan fin a la zozobra de su viaje, pudiendo al fin acceder a territorio europeo, estamos muy lejos de poder constatar que esos tripulantes adquirirn alguna forma de proteccin internacional y, por ese camino, poder regularizar su situacin administrativa y reconstruir sus proyectos vitales en condiciones menos adversas. Lo mismo vale para los tripulantes del barco de Proactiva Open Arms llegado a Barcelona. La autoridad nacional que ha permitido el acceso a puertos espaoles, de hecho, ya ha advertido que seguir los protocolos ordinarios para estudiar las solicitudes de asilo de forma individualizada y, en virtud de ello, actuar de acuerdo a los procedimientos establecidos. Aunque todas las personas arribadas sean momentneamente tratadas como solicitantes de asilo, es previsible que una parte relevante obtenga como respuesta la denegacin de sus solicitudes y pase a engrosar las filas de inmigrantes en situacin irregular, susceptibles de ser encerrados en un Centro de Internamiento de Extranjeros y deportados en caso que pudiera identificarse su nacionalidad (1). Si bien las personas que desembarcaron tienen autorizada una entrada extraordinaria a Espaa por motivos humanitarios de 45 das, la acogida anunciada por lo alto contrasta no slo con las reservas que el actual gobierno muestra para conceder algn tratamiento especial a estos cientos de personas sino tambin con un ordenamiento jurdico que obstruye de forma sistemtica el acceso y permanencia regular de las personas migrantes y desplazadas a territorio espaol, comenzando por la actual Ley de Extranjera.

Que semejantes reservas se escuden en la presunta igualdad jurdica de esas personas con respecto a otras decenas de miles que arriban de forma irregular por costa o por valla cada ao y en el presunto efecto llamada no deja de ser una leccin de cinismo: en vez de replantearse las polticas de asilo e inmigracin, claramente restrictivas, se pretende equiparar el trato de estas personas en funcin de un modelo inaceptable que criminaliza a las personas en situacin irregular. Si la derecha espaola se entretiene con el efecto llamado -como si huir de una guerra, del cambio climtico, de alguna forma de persecucin o de situaciones de pobreza extrema no fueran causas suficientes para desplazarse por cualquier va-, el actual gobierno nacional est frente a un desafo crucial: transformar de forma radical las polticas migratorias y de asilo que histricamente ha respaldado, cuando no impulsado de forma directa. Aunque dicha posibilidad no es descartable de antemano, dista de ser evidente que el gobierno del PSOE avance en esa direccin. El acuerdo alcanzado tras la cumbre de los 28 estados-miembro que conforman el Consejo Europeo hace suponer lo contrario, reforzando las medidas ya en curso para bloquear el acceso irregular a Europa por la frontera Sur (2).

Claro est, un gesto no configura una poltica, incluso si es celebrado por una parte de la ciudadana como una conquista. La cuestin, sin embargo, no invita a la euforia: como respuesta humanitaria muestra mrgenes posibles de autonoma por parte de los estados-miembro de la Unin Europea en esta materia y, sin embargo, no permite prever un giro poltico del estado espaol ni, mucho menos, su disposicin real para cambiar de forma sustantiva sus actuaciones al respecto. En particular, las propias advertencias del gobierno con respecto al trato que han de recibir los tripulantes del Aquiarius, as como sus negociaciones con la Generalitat Valenciana para pactar los trminos limitados de la acogida, ya son indicio de que esa disposicin al cambio poltico es ms bien dbil y ms todava en un contexto poltico donde la denegacin de auxilio, la muerte por goteo en el Mediterrneo, la propia existencia de los CIE o las devoluciones en caliente (replanteadas por la ley mordaza como rechazo en frontera) no constituyen materia central de debate, por no hablar de sus graves incumplimientos en materia de reubicacin y reasentamiento de personas desplazadas o, ms en general, de sus polticas de control migratorio, contracara visible de sus polticas neocoloniales en diferentes regiones del mundo (comenzando por Medio Oriente y frica).

2- Un precedente funesto

Por si fuera poco, tanto el gobierno de Italia como el de Malta sientan un nuevo precedente funesto: rechazar el desembarco de los tripulantes del Aquarius (y de los que han venido despus) sin que ello implique consecuencias de envergadura, comenzando por la aplicacin de sanciones econmicas o de otro tipo por parte del Consejo Europeo. Nada semejante es posible avizorar en el presente, atrapado como est el Consejo en la telaraa de sus decisiones orientadas a blindar las fronteras externas de cara a los flujos migratorios provenientes del Sur. Cmo podra reprobar a Italia o Malta sin reprobarse a s mismo? Ms aun: ni siquiera ha dispuesto un programa especial de rescates en el Mediterrneo y desde hace aos intenta tercerizar la gestin de la crisis de las cientos de miles personas desplazadas, aun cuando este drama colectivo le estalla en la cara como una rutina de fondo.

Dicho brevemente: el Consejo Europeo carece de autoridad moral para semejante reprobacin y tampoco parece estar dispuesto a avanzar en esa direccin negando sus decisiones precedentes. El pacto UE/Turqua, por limitarme a un solo ejemplo, pone de manifiesto precisamente este cinismo institucional: mientras se proclama como defensor incondicional de los derechos humanos, no cesa de vulnerarlos de forma reiterada, transfiriendo el control a terceros pases, restringiendo el ejercicio del derecho de asilo y delegando lo que es su responsabilidad: favorecer el acceso legal y seguro de cientos de miles de personas en peligro y poner fin a una poltica catastrfica que permite la muerte en masa sin inmutarse en lo ms mnimo.

En efecto, el proyecto poltico europeo hegemnico sigue su curso indiferente: a la par que se erige como una fortaleza inexpugnable ante flujos migratorios que juzga indeseables, no cesa de participar tanto en una gigantesca maquinaria de guerra (que produce, entre otras causas, esos mismos flujos) como, en general, en un sistema capitalista y colonial que produce a cada paso desigualdades estructurales en el sistema-mundo, tanto en trminos de profundos desequilibrios entre el Norte y el Sur global como en trminos de expansin de las periferias internas en las propias sociedades europeas. La industria del control migratorio, sin dudas, es poderosa. Nada permite anticipar que la UE tenga siquiera en su agenda un giro que permita revertir este lucrativo negocio del que son vctimas muchas personas desplazadas.

3- La tolerancia espaola

Siguiendo un informe de Por Causa (3), Espaa sera un pas de acogida. Segn las conclusiones que recoge, basadas en una encuesta sobre la percepcin de las personas migrantes por parte de personas espaolas, Espaa es un pas tolerante. Semejante afirmacin se respalda a partir de algunos resultados estadsticos:

En el momento de la realizacin de esta encuesta, en octubre de 2016, el 84,8 por ciento de la poblacin ve de manera positiva a los inmigrantes.

La poltica de inmigracin espaola sigue las directrices europeas de blindaje de fronteras, una poltica que la propia Espaa ha ayudado a construir desde mediados de la dcada pasada. No obstante, la sociedad percibe este modelo de control como fracasado. Un 49,6 por ciento piensa que un mayor control sirve de poco o nada y un 61,3 por ciento piensa que lo que hay que hacer es abrir vas legales. Por tanto, la mayora piensa que aplicando flexibilidad en la apertura de fronteras se mejorara la situacin.

El informe no ahonda especialmente en lo que significa esta visin positiva. Pero incluso si aceptramos que una mayora social tiene una percepcin positiva de las personas inmigrantes, que la mitad de la poblacin espaola no vea necesario cambiar el sistema actual de control migratorio, cuando cada da constatamos los efectos nefastos del mismo, no es un dato que confirme precisamente la tolerancia consignada. En trminos metodolgicos, incluso, podra objetarse que la medicin de percepciones sociales especficas no equivale en lo ms mnimo a determinar estructuras y prcticas relativamente independientes a dichas percepciones. Entre la imagen de una sociedad tolerante y la realidad cotidiana del racismo y la xenofobia hay un abismo que es necesario explicar, como tambin lo es el hecho de que una sociedad tolerante no exija a sus dirigentes la adopcin de medidas polticas de carcter urgente que detengan la sangra diaria en el Mediterrneo y que garanticen un trato justo con respecto a las personas en todas las fases de su desplazamiento.

Por lo dems, el informe de Por Causa no especifica lo que entiende por tolerancia en el actual contexto europeo, mxime cuando dicho concepto tiende a reenviar, en las coordenadas de los discursos dominantes, a una posicin de poder privilegiada que decide desde la superioridad lo que acepta y lo que rechaza. Extraa forma de la tolerancia: a pesar de la presunta visin positiva sobre las migraciones, no parece haber ningn correlato que transforme esa visin en accin. Por qu si la ciudadana local valora de forma positiva las migraciones no se moviliza para defender y preservar sus derechos? Dicho directamente: la tolerancia proclamada ante el otro, salvando algunos colectivos antirracistas y especficas plataformas ciudadanas, no ha supuesto en lo ms mnimo la consolidacin de luchas especficas para exigir el fin de la exclusin institucional de las personas migrantes y racializadas en las administraciones y las universidades pblicas, de la discriminacin que padecen en los mercados de trabajo, de la reclusin vejatoria a la que son sometidas en los CIE, del tratamiento estereotipado que reciben en los medios masivos de comunicacin, de su escasa visibilidad cultural, de su participacin poltica marginal, de las deportaciones en masa de las que son objeto, de la desigualdad jurdica blindada a partir de la Ley de Extranjera vigente (4) o, en general, de las distintas formas de racismo y xenofobia institucionalizados que sufren. Dicho de otro modo: una visin positiva que apenas moviliza las energas colectivas para impedir el arrase de derechos que sufren estos colectivos se parece ms a una racionalizacin de la propia pasividad en el sentido freudiano del trmino- que a una verdadera aceptacin del otro. De hecho, las iniciativas disidentes en curso para exigir cambios polticos sustanciales en materia de asilo e inmigracin han contado con un exiguo apoyo social hasta el momento y, aunque no cabe subestimar su potencial a largo plazo, semejantes exigencias apenas han alterado el panorama poltico. La presin social para forzar un cambio radical de las polticas espaolas de asilo e inmigracin, pues, sigue siendo minoritaria. Por tanto, en el mejor de los casos, se trata de una visin positiva sin consecuencias en la prctica.

Ahora bien, una visin que no se transforma en defensa activa de los derechos de las minoras, en lucha contra las opresiones que padecen, en revisin de los propios privilegios, es una visin que, paradjicamente, tolera lo intolerable: la expansin de la desigualdad etno-racial, entre otras formas de desigualdad. No cabe descartar como hiptesis, por tanto, que la tolerancia de la sociedad espaola sea una coartada interpretativa que tiende a minimizar la gravedad del racismo y xenofobia en territorio nacional, cuando no a ocultarlo directamente.

A pesar de las evidencias en sentido contrario, Marina del Corral Tllez (ex Secretaria de Inmigracin y Emigracin de Espaa), se refera a la cuestin del siguiente modo en la presentacin del Informe del Observatorio Espaol de Racismo y Xenofobia de 2015 (5):

Los resultados de 2015 muestran en lneas generales, que los espaoles aceptan la diversidad

y son tolerantes con los ciudadanos que vienen de estados terceros, y que sus actitudes han ido evolucionando favorablemente. As, Espaa se configura como uno de los pases europeos ms acogedores con los ciudadanos procedentes de otros pases.

Ms sorprendentes todava resultan las declaraciones que hacen los responsables del informe (6):

A pesar de la larga recesin que sufri nuestra economa entre 2007 y 2014, es de destacar la aceptacin pacfica de las consecuencias de la crisis, la persistencia de la paz social, la prctica ausencia de incidentes racistas o xenfobos y el bajo grado de politizacin de la cuestin migratoria durante este perodo. De hecho, Espaa, con un 14% de poblacin de origen extranjero en el ao 2015, se configura como uno de los pases ms acogedores hacia los extranjeros no comunitarios en la Europa de los 28.

Examinemos, pues, los resultados que presuntamente respaldaran tales afirmaciones. Si bien la comparativa histrica que plantea el informe con aos previos (en plena crisis econmica) indica, efectivamente, una mejora relativa con respecto a percepciones sociales precedentes, de mnima resulta preocupante que casi el 40% de la poblacin considere que se debe expulsar del pas a inmigrantes en paro de larga duracin; que el 43,5 % considere que su presencia empeora la calidad de la educacin (43,5%), que el 43,3 % no considere que contribuye al desarrollo econmico, que el 43,6% piense que los nacionales deben tener preferencia sobre los inmigrantes en el acceso a los recursos sanitarios, educativos (51,9%) o en el acceso a puestos de trabajo (59,8%). Ninguna de estas percepciones sociales parece compatible con la tolerancia declarada.

Referirse a la prctica ausencia de incidentes racistas o xenfobos (sic) cuando en Espaa cada ao se documentan cientos de casos fuera del aparato estadstico oficial- no slo es errneo (7): consolida la imagen de una sociedad intercultural de la que estamos cada vez ms alejados, comenzando por la propagacin de la islamofobia o la persistencia del antigitanismo (8). Por tanto, tampoco en este caso sabemos exactamente a qu se refieren las personas responsables del informe cuando se refieren a Espaa como uno de los pases ms acogedores (sic). Si el estudio distingue perfiles de grupo diferenciados (recelosos, distantes y multiculturales), de la identificacin de Espaa como uno de los pases ms acogedores de los 28 con respecto a la inmigracin extracomunitaria cabra inferir, de mnima, que el multiculturalismo sera la variante hegemnica a nivel nacional. Los datos aportados, sin embargo, invalidan semejante interpretacin o, en cualquier caso, semejante variante multiculturalista no sera incompatible con que entre el 54% y el 69% de los espaoles considere que los inmigrantes perciben mucha o bastante ayuda estatal y entre el 60 y el 70 % de los espaoles considere que los inmigrantes reciben ms de lo que aportan (op.cit., pg. 58). Ms todava: lo que el informe presenta pero minimiza es que si se suma a aquellas personas que consideran excesivo el nmero de inmigrantes (un 30.6 %) y a las que consideran elevado su nmero (36,4%), superan con creces el 30,1% que representan aquellas personas que consideran aceptable el nmero de inmigrantes en Espaa. Dicho de otra manera: en 2015, el 67 % de la poblacin espaola consideraba que la presencia de la inmigracin supera lo aceptable (op.cit., pg. 60) [9]. Adems, el 66, 1% considera o bien que solo hay que regularizar a los que lleven varios aos viviendo en Espaa, tengan o no trabajo (24,8%) o regularizar solo a los que tengan trabajo en la actualidad, sea cual sea el tiempo que lleven en Espaa (41,3%), vinculando estancia regular prioritariamente al mundo del trabajo, como si los sujetos migrantes fueran reductibles a su condicin de fuerza productiva. A pesar de esa vinculacin meramente instrumental planteada con respecto a los sujetos migrantes, el informe confina las actitudes ms intolerantes a un casi 20% que considera que las personas en situacin irregular deben ser devueltas a su pas (op.cit., pg. 66). As, en qu sentido puede considerarse tolerante una sociedad que tiene estas percepciones, incluyendo la percepcin dominante (59,5%) de que las estrategias preferidas de vinculacin con la inmigracin es la del mantenimiento condicionado (los inmigrantes solo deberan mantener aquellos aspectos de su cultura y costumbres que sean socialmente aceptables en nuestro entorno) o la asimilacin (los inmigrantes deberan olvidar su cultura y costumbres y adaptarse a las espaolas) [op.cit.., pg. 70]? Qu clase de tolerancia puede derivarse del hecho de que casi un 60% opine que los espaoles deberan tener preferencia respecto a los inmigrantes en la contratacin laboral o que el 73,1 % opine que los inmigrantes deberan ser expulsados del pas si cometen cualquier tipo delito? (op.cit., pg. 73).

Si bien podran cotejarse otros datos, la informacin precedente es suficiente para poner en cuestin las conclusiones de los autores. No solo no corroboran la hiptesis de una sociedad tolerante sino que la invalidan. Que la valoracin positiva de la inmigracin llegue al 46% de los encuestados en 2015 seala exactamente que el 54% carece de esa visin. Ahora bien, una sociedad en la que al menos la mitad de sus miembros tiene una visin negativa de las migraciones no es en absoluto una sociedad tolerante, incluso si se entiende por tolerancia una relacin permisiva ante un Otro que se percibe como inferior o con menos derechos. Si este fuera el caso, la tolerancia multiculturalista no significa otra cosa que permitir flujos migratorios de carcter instrumental (a efectos laborales), aceptando la coexistencia de ciudadanas jerrquicas en las que las personas migrantes ocuparan el peldao inferior en el mejor de los casos o ninguno en absoluto en el peor. Ahora bien, una tolerancia que no implica la transformacin de las desigualdades y que excluye la revisin de los privilegios de la sociedad espaola no es una actitud a reivindicar sino una actitud que hay que cuestionar como parte del problema.

En sntesis, un breve anlisis de los resultados aportados por los informes comentados permite cuestionar las conclusiones a las que arriban sus autores. Refutan la hiptesis de una sociedad tolerante, sealando niveles de rechazo significativos, que afectan al menos a la mitad de la poblacin en algunos casos y a la mayora en otros. Si bien es cierto que dichos datos negativos coexisten con otros datos favorables, el sesgo interpretativo de dichos informes es manifiesto: reconducen el anlisis a una lectura optimista e incluso evolucionista de las actitudes hacia la inmigracin, sin siquiera confrontar esas actitudes claramente condicionadas por la deseabilidad social de algunas respuestas- con las prcticas y estructuras sociales, econmicas y culturales presentes en Espaa.

4- La sociedad espaola

Tal como plantea Ernesto Laclau, la sociedad no existe en tanto orden racional unificado. Lo realmente existente es una formacin social dividida, atravesada por diversos antagonismos, incluyendo el antagonismo que se plantea en la configuracin hegemnica entre poblacin nativa y poblacin extranjera, no slo a partir de su condicin de clase sino tambin a partir de marcadores entrelazados como el gnero, la etnia o la raza.

De ah cabe derivar no una hiptesis inversa la sociedad espaola es intolerante- sino ms bien una relativa heterogeneidad social en la que pueden constatarse actitudes variables e incluso contrapuestas hacia los fenmenos migratorios. No hay ninguna razn vlida para soslayar esas actitudes variables y subsumirlas en una sola tendencia general ligada a la (in)tolerancia. No obstante, que no estemos en condiciones de identificar una sola tendencia general no equivale a no poder reconocer una direccin hegemnica, verdadera contracara de esta clase de tolerancia multiculturalista: la voluntad de preservar las prerrogativas econmicas, polticas y culturales de la poblacin nacional, manteniendo a los otros en posiciones subalternas.

Cmo se explica, pues, que la mayora de espaoles rechacen rotundamente a los partidos con ideologa xenfoba o racista (Fernndez, Valbuena y Caro, 2015, op.cit., pg. 61)? Sin negar otros factores explicativos, considero que investigar en la lnea de un racismo implcito, de buenos modales, podra resultar fructfero: permitira ir ms all de nuestras identificaciones conscientes y sumergirse en el universo de valores, significaciones y prcticas que nos atraviesan de manera desapercibida o inconsciente, as como las instituciones que legitiman ese universo. Semejante opcin permitira mostrar cmo el racismo y la xenofobia tienen una base social mucho ms vasta que aquella que la reduce a sus variantes ms explcitas y, a menudo, ms extremas. Si en el propio imaginario europeo el racismo y la xenofobia explcitos son mayoritariamente reprobados, cuando dichos elementos se articulan en un discurso que no tiene ese signo explcito, las adhesiones sociales cambian significativamente. Mientras que slo una minora podra adherir a un proyecto brutalmente racista (a lo Trump), la informacin precedente permite afirmar que una mayora social s adhiere a un proyecto poltico en el que la igualdad entre personas diversas queda rigurosamente excluida. La construccin del Otro como ciudadano de segunda mano (con derechos mermados), pues, constituye una variante del racismo, un racismo de buenos modales, que no necesita ensuciarse las manos porque delega en terceros semejante tarea. Desde luego, un racismo de buenos modales no es menos implacable en sus actuaciones ni menos repudiable en sus principios. Ms pronto que tarde pierde los papeles; se muestra como lo que es verdaderamente: un racismo hipcrita, que finge la mscara de la igualdad mientras la hace estrictamente imposible en la prctica. O, si prefiere, un racismo que retacea su papel de verdugo (procurando desentenderse de lo que provoca), que permanece, por as decirlo, latente, pronto a manifestarse ante situaciones de crisis. Un racismo de este tipo, que no se reconoce como tal y que incluso se ampara en una retrica formalmente igualitaria, es el racismo hegemnico que podemos constatar en el contexto nacional y comunitario.

La aceptacin minoritaria de partidos de extrema derecha, en este sentido, no tiene que llamar a engao: partidos como el PP y Ciudadanos ya se han apropiado de gran parte de su ideario sin necesidad de explicitar las consecuencias de sus polticas y actuaciones (exclusin sanitaria, ley de extranjera, devoluciones en caliente, deportaciones masivas, etc.). Por su parte, en grado menor, mientras el PSOE oscila entre repetir sus polticas racistas (recurdese por ejemplo que la creacin de los CIE se remonta al perodo de Felipe Gonzlez) o hacer algn gesto poltico que vaya en otra direccin, Podemos no parece decidido a revocar el racismo institucional presente en las estructuras en las que participa o en sus propios presupuestos ideolgicos que apenas contemplan una crtica a la colonialidad y al racismo que implica. Nada de ello, desde luego, equivale a la equiparacin abstracta de estos partidos polticos. Antes bien, intenta dar cuenta de algunas razones por las cuales en Espaa no ha habido un giro electoral mayoritario hacia la extrema derecha (suponiendo que el PP y Ciudadanos no lo fueran, lo que no resulta evidente en absoluto). En las condiciones presentes, no se presenta ningn vaco electoral que la ultraderecha pueda llenar en la medida en que el resto de ofertas partidarias ya se han apropiado en buena medida de sus demandas.

En sntesis, dentro del sistema poltico espaol se plantea un abanico suficientemente amplio como para identificarse con algunos estereotipos racistas sin tener que enfrentarse de forma abierta al fantasma del racismo y poner en crisis la propia representacin de s como garante (o defensor) de la igualdad. En el plano europeo, alcanza con que alguna situacin crtica arrecie para que el velo de los buenos modales se caiga e irrumpa el verdadero rostro del Consejo de Europa: un rgano que erige sus muros blancos frente al drama colectivo del que es, sin gnero de dudas, corresponsable.

5- El nuevo acuerdo europeo

Pocos das despus del arribo del Aquarius, la Europa de los 28 convoc una cumbre en Bruselas, acordando la creacin de centros controlados dentro de la UE para alojar a quienes llegan por mar. Segn el acuerdo, se trata de facilitar la separacin entre posibles refugiados e inmigrantes econmicos, reubicando de forma voluntaria a los primeros y deportando a los segundos. Al tratarse de una reubicacin de carcter voluntario, las propias cuotas obligatorias de reparto se eliminan, reforzando la posicin de aquellos estados que rechazan la recepcin de personas refugiadas e inmigradas en su territorio (10). Que los 28 adems contemplen que dichos centros controlados (un mero eufemismo para no referirse al encierro que sufren estas personas) puedan ser creados fuera de la UE ya indica la direccin poltica que el CE se empecina en proseguir: tercerizar el control sobre sus fronteras exteriores y delegar, mediante inyecciones de dinero comunitario, las tareas de vigilancia (y represin) de las personas en trnsito. Referirse a esas polticas de control como parte de una poltica de acogida es, sencillamente, un oxmoron. Mucho ms ajustado sera referirse a esas polticas como una estrategia de blindaje destinada a obstruir el acceso de los flujos migratorios irregulares provenientes del Sur.

Por lo dems, la propia voluntariedad de las reubicaciones presupone o admite tcitamente que no hay ninguna obligacin poltica y jurdica por parte de los estados europeos frente a estas vidas en peligro. No slo se desentiende de las personas que migran por razones econmicas como si no fueran producto de un sistema mundial desigual que las insta a desplazarse de sus espacios natales- sino que ni siquiera asume el deber europeo de asistir a quienes son expulsados de sus pases por motivos que Europa contribuye a producir, comenzando por las guerras en las que participa de mltiples maneras, las alianzas estratgicas que construye con estados monrquicos o autocrticos como es el caso de Arabia Saud o Israel- o la economa extractivista que promueve entre sus presuntos socios africanos, de medio oriente o latinoamericanos con el incontable apoyo de organismos internacionales como el FMI o el Banco Mundial. Dicho de otro modo: si bien cabe diferenciar entre distintos tipos de desplazamiento, de ah no se sigue que la UE no tenga responsabilidad con respecto a los sujetos migrantes. Semejantes desplazamientos no slo son producto de la desigualdad socioeconmica internacional sino tambin de una historia poltica colonial que retorna bajo la forma de cientos de miles de seres humanos que buscan en las metrpolis lo que les han arrebatado: oportunidades vitales en los propios contextos locales.

En suma, la nueva propuesta de los lderes europeos no es otra que replicar la vieja poltica de criminalizar a quienes no han cometido ningn delito. Mientras rpidamente se ponen de acuerdo para restringir el ejercicio del derecho de asilo, desregulan el deber de asistencia y acogida, plantendolo como una cuestin voluntaria e incluso susceptible de tercerizarse en pases que vulneran de forma sistemtica los derechos humanos.

6- La euforia injustificada

No hay razn para la euforia bajo el signo de una catstrofe social con escasos precedentes histricos. El acuerdo de los 28 no solo no ofrece una solucin global sino que adems permite el desentendimiento de algunos estados miembro con respecto a esta problemtica. No deja de ser llamativo que el presidente del gobierno, tras la cumbre europea, celebre como una victoria lo que no es ms que nueva concesin ante las presiones racistas y xenfobas que se ejercen institucionalmente y se respaldan socialmente. Prueba de esas presiones son las propias medidas de la Comisin Europea, no solo incentivando -a cambio de unos miles de euros- la recepcin de migrantes en centros cerrados que permitiran la clasificacin de las personas arribadas, sino introduciendo la posibilidad de plataformas regionales de desembarco consistentes en la creacin de grandes centros de detencin tanto en pases miembros como en diferentes pases del continente africano (11). El objetivo de fondo no es otro que frenar por diversos medios las migraciones del Sur, procurando salvar las formas (jurdicas) con respecto a quienes no tienen ms remedio que echarse al mar.

La buena nueva de permitir algunos desembarcos en territorio nacional mal disimula la consolidacin de unas polticas de asilo y migracin europeas que siguen dando las espaldas a millones de seres humanos. A nivel nacional, las cosas siguen igual. Ni siquiera han cesado las devoluciones en caliente, pese al compromiso declarado del nuevo gobierno de desterrar estas prcticas policiales por las que el estado espaol fue amonestado por el Tribunal de Estrasburgo (12).

La produccin de masas desplazadas, claro est, no es producto de la generacin espontnea, sino de una poltica colonial y de una economa desigual que, crecientemente, estn arrasando el planeta, expulsando a millones de personas de sus hogares. La valoracin de algunos gestos aislados no debera hacernos perder de vista una configuracin de fondo que ha decidido dar las espaldas a un proyecto con vocacin igualitaria.

Notas:

  1. De hecho, el flamante nuevo ministro del interior, Marlasca, ya ha advertido que los tripulantes del Aquiarius recibirn a su llegada a Espaa "tratamiento y trato idnticos" a los cientos de migrantes que arriban a la frontera sur en patera. Ello supone que quienes no renan las condiciones para solicitar asilo sern susceptibles de ser expulsados e incluso internados en un CIE que, segn la versin ministerial, no vulnera los derechos humanos fundamentales, pese a los informes que denuncian lo contrario. Al respecto, cf. https://www.infolibre.es/noticias/politica/2018/06/14/grande_marlaska_dice_que_los_migrantes_del_aquarius_recibiran_tratamiento_trato_identicos_los_que_llegan_patera_83960_1012.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias

  1. Cf. La UE acuerda la creacin voluntaria de centros controlados para migrantes en los pases miembros, El diario, 29/06/2018, versin electrnica en https://www.eldiario.es/desalambre/UE-acuerda-creacion-voluntaria-inmigrantes_0_787421311.html .

  1. Cf., Espaa es pas de acogida, en Por Causa, 14/12/2016, versin digital en https://porcausa.org/articulo/espana-pais-acogida/

  1. Que el actual gobierno se est planteando la modificacin de la Ley de extranjera para suprimir los CIE (cf. https://www.eldiario.es/cv/Gobierno-modificar-Ley-Extranjeria-CIE_0_791271173.html) no deja de ser llamativo, considerando las propias declaraciones de Marlaska, que considera que los CIE no pueden desaparecer, aunque s deban ser redefinidos (sic) (https://www.elsaltodiario.com/cie/marlaska-cierre-cie-llegadas-mar-expulsiones).

  1. En Mercedes Fernndez, Consuelo Valbuena y Raquel Caro (2015): Evolucin del racismo, la xenofobia y otras formas de intolerancia, Subdireccin General de Informacin Administrativa y Publicaciones, Madrid, pg. 4, versin electrnica en http://www.empleo.gob.es/oberaxe/ficheros/ejes/informes/2015_Evolucion_racismo.pdf.

  1. En Fernndez, Valbuena y Caro (2015), op.cit., pg. 8, versin electrnica en http://www.empleo.gob.es/oberaxe/ficheros/ejes/informes/2015_Evolucion_racismo.pdf.

  1. Al respecto, cf. Figuras de lo repudiado. Desplazamientos y fascismo contemporneo, Peridico Rebelin, 15/10/2016, versin electrnica en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217974

  1. Cf. La interculturalidad en crisis. Clausura institucional y migraciones, Peridico Rebelin, 8/01/2015, versin electrnica en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194070.

  1. En el propio informe se seala: Aunque el porcentaje de espaoles que considera que el nmero de inmigrantes es excesivo o elevado en 2015 es el menor de todo el periodo, sigue siendo alto (67%), lo que vuelve a poner de manifiesto la percepcin que se tiene de ellos como potenciales competidores y la necesidad de insistir en estrategias que favorezcan una apreciacin ms positiva (op.cit., pg. 60).

  1. Cf. La UE acuerda la creacin voluntaria de centros para migrantes en su territorio, El Pas, 28/06/2018, versin electrnica en https://elpais.com/internacional/2018/06/28/actualidad/1530211799_743899.html.

  1. Cf. Bruselas propone dar 6.000 euros por refugiado que acojan los Estados miembro desde los centros cerrados de migrantes, Pblico, 25/07/2018, versin electrnica en https://www.publico.es/internacional/bruselas-propone-dar-6-000-euros-refugiado-acojan-estados-miembro-centros-cerrados-migrantes.html

  1. Cf. La Guardia Civil vuelve a hacer devoluciones en caliente en Ceuta pese a las promesas de Snchez, versin electrnico en https://www.infolibre.es/noticias/politica/2018/07/26/la_guardia_civil_vuelve_hacer_devoluciones_caliente_ceuta_pese_las_promesas_sanchez_85432_1012.html.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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