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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-08-2018

La negacin de la vida y el sistema de mercado

Natalia Milln Acevedo
CTXT

El capitalismo nos ofrece una ficcin y una falacia que se sustenta en la creencia de que es posible desarrollar un crecimiento infinito en un planeta que es finito


LA BOCA DEL LOGO

Tradicionalmente la visin hegemnica en las ciencias sociales ha entendido que el crecimiento econmico es el indicador bsico de avance de las organizaciones humanas. As, las concepciones relacionadas con el progreso, el crecimiento, la competitividad y la industrializacin han sido los elementos claves sobre los que se estructuran las sociedades contemporneas. De esta forma, el sistema econmico ha puesto en el centro la acumulacin de capital, privilegiando las actividades que se encuentran en el mercado y, por tanto, son susceptibles de ser monetizadas, evaluadas y retribuidas econmicamente. El capitalismo propone, as, un sistema de crecimiento, produccin y consumo sin lmites, negando la esencia bsica de la naturaleza planetaria y humana que es, por definicin, limitada e interdependiente.

En el mbito acadmico de los estudios del desarrollo, esta visin est, en teora, ampliamente superada. En 1992, el Premio Nobel de Economa Amartya Sen establece que el desarrollo es libertad; libertad para que las personas puedan elegir libremente cmo vivir sus vidas. Las sociedades son ms desarrolladas cuantas ms capacidades cultiven en la ciudadana y ms opciones brinden las estructuras sociales para que las personas podamos elegir qu queremos ser. Sen plantea, as, que el desarrollo tiene una base material dado que, sin las necesidades materiales cubiertas, las personas no son libres y una base poltica y social. Cuanto ms libres son las personas frente a las expectativas, creencias y prejuicios sociales, ms opciones tienen para elegir libremente cmo vivir, cmo criar, a quin amar o en qu trabajar.

La visin de desarrollo humano de Sen se ha visto complementada con el concepto de sostenibilidad. Teniendo en cuenta que en el mbito acadmico existe tambin cierto consenso sobre la insostenibilidad del sistema de produccin y consumo hegemnico, parece claro que es necesario establecer una relacin diferente con la naturaleza y los recursos naturales. As, el concepto tradicional de sostenibilidad supone que el desarrollo debera satisfacer nuestras necesidades actuales sin mermar las posibilidades de que las generaciones futuras satisfagan las suyas.

Las teoras crticas como el buen vivir, el ecologismo o el ecofeminismo trascienden esta concepcin antropocntrica y plantean la necesidad de establecer una relacin de armona con la naturaleza, asumiendo que los seres humanos son una especie ms en un mundo complejo que no puede ser degradado en funcin del progreso material de la especie humana. Desde esta perspectiva, la sostenibilidad no se erige como un elemento funcional para la supervivencia humana, sino como la nica forma real y posible de participar en un mundo complejo, de metabolismo lento y riqueza infinita. En este marco, es la especie humana la que tiene que adaptar su ritmo vital al metabolismo de la tierra y, por ello, es necesario transformar el sistema productivo y econmico a travs del decrecimiento, aceptando los lmites y la interdependencia humana, al tiempo que se pone en el centro del sistema poltico y econmico el cuidado de la vida (de todas las vidas).

Aun cuando este marco conceptual crtico es extremadamente sugerente y propone alternativas creativas y reales para trascender hacia un sistema ms sostenible y justo, se trata, a mi juicio, de concepciones perifricas que no han logrado incorporarse al debate hegemnico sobre desarrollo que se disputa en los medios de comunicacin, que son, hoy en da, la principal arena de debate poltico que afecta a nuestras vidas. Y es aqu donde quiero centrar este artculo: si la visin hegemnica sigue priorizando el crecimiento econmico como nico indicador real de bienestar, qu supone esto para las expectativas, creencias, valores y visiones de las personas que formamos parte de estas sociedades?

A mi juicio, el sistema capitalista que se basa en la competencia, privilegia la iniciativa individual, promueve la mercantilizacin de la mayor parte de las cosas que nos rodean y utiliza la acumulacin de capital como principal (y casi nico) indicador de xito y bienestar tiene una estrecha relacin con la inseguridad, la soledad, el agotamiento y el miedo en el que vivimos gran parte de las exitosas sociedades capitalistas de nuestro tiempo. Aunque los elementos de este anlisis son muy diversos y complejos, destaco algunos que considero esenciales.

En primer lugar, existe una estrecha relacin entre la forma en que educamos y las bases del sistema capitalista. En efecto, la crianza tradicional, que hasta ahora ha sido la tnica predominante de los padres y madres en la educacin de sus hijos (aunque la teora del apego est ganando cada vez ms adeptos entre familias y comunidad educativa), nos ensea que si queremos ser reconocidos, aceptados y amados (que es el deseo bsico, biolgico y ancestral de cualquier beb o nio pequeo) debemos adaptar nuestras caractersticas a lo que esperan nuestros padres. As, el mensaje principal (y sistemtico) es que la nia o el nio no debe llorar, gritar, expresar, sino ms bien adaptar su comportamiento a las expectativas y necesidades de sus madres y padres, porque slo as obtendrn su reconocimiento y amor. Criamos, de esta forma, a personas inseguras, que buscan constantemente la aprobacin y la estima fuera; personas entrenadas y especializadas en intentar decodificar las expectativas de los otros y actuar en funcin de estas para obtener su reconocimiento. Criamos, en definitiva, en la desconexin con nuestra naturaleza real y en el miedo perpetuo al rechazo y al desamor.

Esta estructura de personalidad es tremendamente consistente con los mensajes sistemticos que desde la publicidad y el marketing (herramientas fundamentales del sistema de mercado) se dirigen de manera sistemtica a los diferentes grupos objetivos de la audiencia. Si quieres reconocimiento, xito y estatus tienes que consumir; si pretendes que tu hijo o hija te admire, cmprate este coche; si tu abuela realmente te quiere y se preocupa por ti, te comprar este chocolate. Una serie de mensajes que, independientemente del producto que vendan, siempre tienen un contenido similar: el reconocimiento, la aceptacin o el amor siempre estn fuera de ti. Si quieres conseguirlos, consume.

Un segundo elemento es el lugar privilegiado que otorgamos a la mente y la razn por encima de la esencia del cuerpo y su realidad natural. La familia, la escuela, la universidad, los medios nos ensean que la mente es la nica voz autorizada en el devenir de nuestras vidas. Aprendemos, desde muy pequeos, a desarrollar una relacin estrecha con la mente y el pensamiento y a desconectar de la realidad del cuerpo y sus procesos vitales (y naturales). Desde la mente desarrollamos la creencia de que somos seres independientes, individuales y autosuficientes, cuando la realidad de nuestras vidas es que somos personas que necesitamos, fsica y emocionalmente, de los otros para sobrevivir. En la medida en que la mente desconecta del cuerpo, niega el metabolismo lento de nuestra propia naturaleza, los lmites reales que tenemos como humanos y las necesidades bsicas que van surgiendo a lo largo de la vida. Y en este punto se observa, una vez ms, una absoluta coherencia con el sistema capitalista.

El sistema de produccin y consumo propios de la economa actual plantean un modelo de crecimiento que, en trminos abstractos, se debe mantener hasta el infinito. As, los gobiernos, empresas y actores consideran que el crecimiento progresivo no puede ni debe tener lmites, porque el motor del desarrollo es progresar en beneficios y ganancias constantes. El capitalismo, en la mente, nos ofrece una ficcin y una falacia que se sustenta en la creencia de que es posible desarrollar un crecimiento infinito en un planeta que es finito. Pero, adems, esta falacia nos lleva a negar la realidad bsica de nuestra vida que es, por definicin, limitada: nuestros cuerpos tienen lmites fsicos que finalmente terminan con la muerte. En otras palabras, el sistema de mercado nos ofrece la ficcin de una realidad mental que niega la verdadera esencia de nuestros cuerpos, nuestras necesidades y nuestra preciosa, finita y nica vida.

Por ltimo, el sistema nos alienta a vivir en la aceleracin, la inmediatez y la ansiedad. El individualismo y la competitividad, pilares bsicos del xito y el estatus social, llevan a las personas a sentir que estn en una carrera constante donde hay que acelerar, producir, mejorar para poder ser parte del mercado y la sociedad. Es una carrera donde no hay descanso, pausas ni tiempo. Existe la creencia compartida de que, si las personas paran, si descansan, si meditan, perdern la posicin que han conseguido o quieren conseguir. El sistema nos condena a no disponer de lo nico que es valioso, real e insustituible en nuestra vida, el tiempo.

En sntesis, el sistema capitalista no slo propone un modelo de mercado, progreso y ordenacin de las organizaciones humanas y las estructuras sociales, tambin afecta profundamente a nuestra forma de concienciarnos como personas, de relacionarnos con los otros y, en definitiva, de vivir. Es un sistema que crea una ficcin que nos desnaturaliza y nos aleja de nuestra esencia real y que, a mi juicio, est estrechamente vinculada con el miedo, el rechazo, el juicio, la soledad y la violencia que ejercemos sobre nosotros mismos y sobre los dems.

Natalia Milln Acevedo es Doctora en Ciencia Poltica (Relaciones Internacionales), profesora de la Universidad Pontificia Comillas, secretaria de la Red Espaola de Estudios del Desarrollo (REEDES) y miembro de Economistas sin Fronteras.

Fuente: http://ctxt.es/es/20180725/Firmas/20944/capitalismo-sistema-de-mercado-sostenibilidad-aceleracion-ansiedad.htm



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