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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-08-2018

Pena de muerte en Cuba, tiempo de debatir su abolicin?

Douglas Calvo Ganza
Rebelin


Recientemente pude leer un excelente artculo, titulado Constitucin, iglesias, matrimonio y pena de muerte?, por Rodolfo Alpzar Castillo. En ste se aborda un tema enterrado, pero que merece abordarse en el futuro debate constitucional cubano: la ejecucin legalizada de reos por el Estado.

La violenta historia del archipilago caribeo no ha contemplado, que yo sepa, ningn perodo en el que haya sido palmariamente ilegal el asesinato gubernamental de condenados. Espaa mataba a diestra y siniestra con garrote vil, fusilamiento u otras barbaridades, y los gobiernos cubanos posteriores ejecutaron personas sea oficialmente (como al espa nazi Lnnig) y extraoficialmente (Mella, Aracelio Iglesias). Por otra parte, la Revolucin castig con la pena mxima a muchos militares responsables de crmenes de guerra durante el batistato (Sosa Blanco, los tigres de Manzanillo), a varios alzados en armas (el cabo Lara, el Congo Pacheco), a infiltrados saboteadores (Amancio Mosqueda, Daz Betancourt), etc.

Puede argirse mucho a favor de las circunstancias favorables en algn momento dado, a la aplicacin de la mxima pena, pero sin dudas los fusilamientos nunca son favorables a la humanidad, sea cual sea la causa poltica/ideolgica que los ejecute; y en el caso concreto de Ochoa y sus colaboradores, o de los secuestradores del 2003, los efectos han sido universalmente adversos para Cuba y su sistema de justicia.

Siempre se enfatiza por parte de los defensores de la Revolucin cubana, el respeto a la vida humana del gobierno socialista imperante en la Isla, visible en las diversas misiones humanitarias que La Habana ha propugnado por todo el orbe. En ese sentido, al declararse que ya es tiempo de abrogar la pena mxima en la Cuba pos 1959, no se ataca, sino que se fortalece y apuntala la eticidad del ideario revolucionario, que predica un humanitarismo sin fronteras.

La abolicin plena y rectificadora del morbo encarnado en la posibilidad de fusilar legtimamente, es consecuente con el repensar actual de actitudes antao errticas, tales cuales las de las UMAP contra la comunidad LGTBI, grupo que hoy parece acceder incluso al matrimonio oficializado. Abolicin de la mxima sancin, y moral moderna, van de la mano en una sociedad universal posmoderna que ha contemplado a asesinos terribles (como el ucraniano Onoprienko, o los convictos por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia) no siendo ahorcados sino enviados a prisin. Bien dijo, a nuestro entender, un grande del mundo, Tolstoi: Puede haber slo una semejanza de tica, en la cual el asesinato en forma de guerras y ejecuciones de criminales sea permisible, pero no hay tica verdadera. El reconocimiento de que la vida de cada ser humano es sagrada, es la base primera y nica de toda tica[1] Y s: abrogar el crimen legalizado en Cuba, estara en consonancia con ese alfabetizar campesinos en la Sierra y ese curar enfermos en las selvas centroamericanas, que tanto ensalzan el accionar izquierdista cubano.

No es tiempo, creo, de discutir la pertinencia o no de aplicaciones pasadas de ese flagelo, o de atizar venganzas, ni de argir sobre presentes moratorias, sino de extirpar en la raz misma, sin medias tintas, ese mal arcaico y bochornoso, al comprender que represent solamente una medida de emergencia, ajena al propio ideal humanitario (por anti-esclavista) que patrocinaba el proceso iniciado en la Demajagua en 1868, del que se proclama heredero el actual socialismo cubano. Ningn humanismo puede predicar el homicidio legitimado, ni tampoco ninguna revolucin verdadera, al grado que el propio Robespierre, tan asociado a la sanguinolenta guillotina, era de hecho adverso a la pena y (antes de ser abrumado en su gestin directiva, por las circunstancias de la guerra civil) declar en pblico estas magnficas palabras: Un vencedor que hace morir a sus enemigos cautivos es tildado de brbaro. Un hombre que hace degollar a un nio, a quien puede desarmar y castigar, parece un monstruo. Un acusado al que la sociedad condena, no es para ella, ni ms ni menos, que un enemigo vencido e impotente; l es ante ella ms dbil que un nio ante un hombre hecho y derecho.[2] Sin duda alguna, qu peligro universal representa un hombre preso?

Y, en qu la pena de muerte ha ayudado a reducir el crimen global? En qu restaura la justicia quebrantada, o sana al alma del afectado por el delito ajeno? Conozco, por otra parte, a una persona que ha participado en ejecuciones durante la guerra contra Batista, y qued psicolgicamente afectada hasta el fin de sus das. No es el nico caso. El asesinato legitimado de un preso, afecta necesariamente a familiares y a victimarios, a los hijos o madre del ejecutado que a los verdugos - si estos ltimos an poseen algn grado corriente de humanidad -. Es que esta prctica no es sino un rezago de pocas brbaras que incluan la lapidacin de adlteras y la quema pblica de homosexuales, usanzas que han ido desapareciendo a medida que el Homo Sapiens progresa. El destino de la pena capital es, por necesidad, el mismo que el de la esclavitud: terminar en el estercolero de la Historia.

Tenemos en ello un gran predecesor: Jos Mart, quien escribiera en sus apuntes que l era enemigo de la pena de muerte, la cual slo castiga al cuerpo en lugar de a la fuente ideolgica o espiritual del delito [digo yo que es injusta la pena capital, porque sacia en el cuerpo coactado, indeliberado, inculpable, la ira que despierta el crimen del espritu, impulsador, responsable, lleno de culpa]. Y reafirma el Apstol: Desde que pude sentir, sent horror a la pena. Desde que pude juzgar, juzgu su completa inmoralidad. No me distinguir jams en soluciones utilitarias; pero si algo de utilidad he comprendido, ha sido la completa inutilidad de la pena capital concluyendo rotundo que todo lo que aboga por la pena de muerte tiene manchas de sangre[3]

La Revolucin de 1959 se declara sucesora de Mart, y en ese sentido, tendr que razonar sobre cmo cumplir ese ntimo anhelo del Hroe Nacional, y as enemistarse plenamente con cualquier asesinato estatalmente avalado. Y conste que en ello no se estar honrando slo al lder del siglo XIX, sino que vale tambin recordar lo que deca el principal de los revolucionarios cubanos del XX: Creo que tendr que pasar algn tiempo antes de que se aplique una definitiva supresin de la pena capital para cualquier tipo de delito, lo cual a nosotros nos agradara mucho hacer (...) Pienso que avanzamos hacia un futuro, en nuestro pas, en que estemos en condiciones de abolir la pena capital. As que un da estaremos entre esos pases que han suprimido esa pena. Aspiramos a eso...[4] S, llegar el da en que podamos acceder a los deseos de todos aquellos amigos (...) que nos aconsejan abolir esa pena[5]. Pues bien, cundo?

Si hay un momento propicio para discutir ese deseo de Jos Mart y de Fidel Castro, es posiblemente hoy que la Isla se aboca al debate constitucional y se abre a las ms avanzadas legislaciones mundiales en materia de derechos humanos.

Notas:

[1] Len Tolstoy. The Kingdom of God is within you. http://www.gutenberg.org/4/6/0/4602 .

[2] Maximilien de Robespierre. Discours sur la peine de mort prononc la tribune de l'Assemble nationale le 30 mai 1791 (30 mai 1791) http://www.gutenberg.org/2/9/7/7/29775/

[3] Jos Mart. Obras Completas. La Habana: Centro de Estudios Martianos / Asociacin de Cine Radio y Televisin de la UNEAC, 2002. tomo 21, pp. 25-26.

[4] Ignacio Ramonet. Cien horas con Fidel. La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2006. pp. 437-438.

[5] Ibdem, 537.

Douglas Calvo Ganza. La Habana 1970, escritor residente en la Isla.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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