Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-08-2018

De Argelia a El Tarra: Nuevas viejas guerras

Itayosara Rojas
Agencia Prensa Rural


Hace menos de un mes se presentaba la noticia de la escalada de violencia en el municipio de Argelia, departamento del Cauca. A esta masacre se le suma un hecho similar que se present esta semana en el municipio de El Tarra en la regin del Catatumbo. Tras la firma del acuerdo de paz en el teatro Coln el pasado noviembre del 2016, muchos pensbamos que la crueldad de la guerra iba a desaparecer. La imagen que vendieron los medios de comunicacin responsabilizando a las FARC de todas las acciones de guerra, sangre y violencia hacan creer a los espectadores que este dolor iba a desaparecer al instante, que la guerra era cosa del pasado puesto que su mximos exponentes estaban suscribiendo un acuerdo de paz.

Sin embargo, el panorama hoy en da es completamente diferente, han sido asesinados ms de 400 lderes y lideresas sociales en las reas rurales, particularmente en aquellas donde las FARC tenan incidencia. As mismo, han sido asesinados ex militantes de esta guerrilla y sus familiares a pesar de que el acuerdo de paz fue suscrito y acatado. A estos hechos se le suman las masacres de Argelia en el Cauca y El Tarra en el Catatumbo. Surgen al respecto varios interrogantes como: Qu tienen en comn estos hechos?, A quines benefician?, Por qu tras la firma del acuerdo de paz se siguen presentando estos episodios de guerra? y claro Quin debe asumir la responsabilidad por estos hechos?

Lo primero que debe analizarse es que las zonas en donde ocurrieron las masacres, ambas corresponden a lo que ha sido denominado por varios investigadores sociales como zonas de colonizacin de la frontera agrcola. Estas zonas de frontera han sido socio-histricamente construidas a partir de ciclos migratorios, las poblaciones que all fueron llegando provenan de otras partes del pas y encontraron refugio y un lugar para establecerse. As mismo estas zonas en la actualidad cuentan con gran cantidad de cultivos de uso ilcito como la hoja de coca, tienen severos y profundos conflictos de tierras, derivados de la concentracin de la propiedad territorial y adems en ellas se han establecido los enclaves productivos de la economa de guerra: la hoja de coca, la minera, la palma africana y la caa de azcar. Lo anterior ha hecho que sean muchos los actores legales e ilegales interesados en estas reas por su potencial econmico.

En el caso de la masacre de Argelia se busc restar importancia a los hechos argumentado su relacin con el trfico de drogas. En la prensa se present la informacin de que las vctimas haban sido cultivadores de hoja de coca. Argumento bastante pobre si se tiene en cuenta que el cultivo de hoja de coca en esa regin es una de las fuentes de sustento econmico ms importantes para quienes all residen y ha sido adems una respuesta ante el abandono estatal. Por otro lado, el caso de El Tarra es ms complicado puesto que se presenta a plena luz de da en una zona de alta presencia militar. La polica y el ejrcito all desarrollan actividades de patrullaje constantemente. Sin embargo, esto no fue impedimento para que los victimarios cometieran la masacre, donde muri un conocido lder social de la regin. Adicionalmente el comandante de la polica del Catatumbo ha respondido a los hechos afirmando que el Estado tiene presencia en el territorio y que no hay una situacin de seguridad grave, restndole importancia a los hechos que ocurrieron a plena luz del da y de lo que parece con beneplcito de las unidades militares que all operan.

Ambos casos muestran el complejo escenario de las reas rurales de frontera en el post-conflicto. Los cultivos de uso ilcito han incrementado, con ellos los hechos de violencia relacionados a su control, as como al control de corredores estratgicos; son resultado de la frustrada implementacin del acuerdo de paz en lo que respecta al punto uno y cuatro del acuerdo: reforma rural integral y sustitucin del cultivos de uso ilcito, pero por sobre todo evidencian un hecho ms que conocido en el pas y es el abandono por parte del Estado a estas zonas. La presencia militar no ha significado ni seguridad, ni mejora en las condiciones de vida de las personas que all viven. El Estado ha llegado en forma de ejrcito, de fumigaciones con glifosato, pero nunca con instituciones para proveer derechos y servicios. As mismo en ambos casos los perpetradores han sido grupos paramilitares quienes a travs del terror buscan primero lograr control sobre los enclaves productivos de las economas de guerra, segundo, desmontar los procesos sociales de organizacin que histricamente han tenido presencia en estas zonas de colonizacin y tercero asegurar el control y propiedad de grandes propietarios de tierra en estas zonas.

Hace pocos das, Ariel vila, investigador de la Fundacin Paz y Reconciliacin, en su columna de opinin para la revista Semana, haciendo un balance de la ley de restitucin de tierras, demuestra cmo en medio del conflicto los pequeos campesinos fueron despojados de sus tierras y cmo en un 55% los responsables fueron grupos paramilitares (los mismos responsables de las masacres). As mismo seala el investigador que los combates eran causantes de despojo de tierras, combates entre paramilitares y guerrillas o entre guerrillas y Estado. Bajo ninguno de los casos se presentaron combates entre paramilitares y Estado. Los combates y masacres sirvieron en los tiempos de guerra para sembrar terror y para despojar tierra, hoy en da seguimos viendo cmo estos hechos se siguen presentando. Agrega el investigador: lo que se debe entender es que la mayora de la tierra despojada termin en manos de polticos y empresarios agrarios.

Estos polticos y empresarios agrarios componen hoy una parte importante del Congreso de la Repblica, pero adems controlarn el poder ejecutivo desde el prximo 7 de agosto cuando sea posesionado Ivn Duque como nuevo presidente de Colombia. Si bien los responsables de las masacres son grupos paramilitares, estas acciones han servido para mantener el capital poltico y econmico de un sector de la lite colombiana. Son ellos tambin los responsables de la violencia, por negligencia y por buscar la proteccin de las actividades de las que se deriva su fortuna y poder: la guerra. Las nuevas viejas guerras han servido para hacer fortunas, despojar tierras, administrar justicia propia, desplazar pequeos propietarios y afianzar el podero paramilitar. Los responsables polticos y los mximos beneficiarios de estas dinmicas se encuentran a puertas nuevamente de gobernar el pas, el expresidente Uribe, el prximo presidente Ivn Duque y su partido de gobierno son los responsables de estos hechos. No se puede obviar ni olvidar su responsabilidad poltica y las ganancias que han sacado a costa del dolor y la miseria de la guerra.

Fuente: http://prensarural.org/spip/spip.php?article23359



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter