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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-08-2018

Vigencia de la leyenda de la autoridad poltica

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Aunque se pueda hablar de varios tipos de autoridad, el punto de referencia en este caso es la autoridad de naturaleza poltica. Ha venido siendo vista y entendida como un dios al que los ms astutos han colocado en las alturas para regir la vida de los humanos sin posibilidad de poder cambiarla sin su consentimiento, procurando utilizar tales efectos en su propio provecho. En este caso la autoridad no es pacfica porque las masas afectadas por sus determinaciones la ofrecen sumisin por temor, y obedecen sus mandatos no por libre conviccin, sino por temor al castigo que viene en caso de contravenirla. Solo los pcaros, obrando en la parte tenebrosa de la existencia, se atreven a desafiarla con discrecin, confiando en pasar desapercibidos para cobrarse su tanto de beneficio ilcito. As pues, sobre el tema de la autoridad pueden observarse tres posicionamientos.

Si en los tiempos de las leyendas, el asunto de la autoridad se mova en la dimensin de los dioses como mximos exponentes de la superioridad, mientras que que los humanos eran vistos como seres insignificantes, de una inferioridad abrumadora, luego result que, con la modernidad, a las viejas creencias tomo el relevo la razn. Pese al cambio operado, en este punto la leyenda continu vigente en lo sustancial, aunque bajo nuevas formas. El avance operado, result poco significativo porque se sigui hablando de dolos, salvo que entonces su lugar fue ocupado por el Estado de Derecho, que sigui utilizando, debidamente actualizada en el plano poltico la leyenda de la autoridad. Llegados a este punto, el fondo de la cuestin, amparado en el orden como argumento poltico, es que los individuos, proclives al desorden, dado que pueden sentirse afectados por el influjo de las pasiones, necesitan ser controlados; por otra parte, siguen siendo considerados como nmeros, vasallos del poder, a los que hay que meter en cintura, ahora no con la espada sino con el poder de la norma jurdica puesta al servicio de quien ejerce el poder.

Se ha dicho que los dioses son un producto creado por la mente humana. En ese caso habra que aadir que lo ha sido bajo la direccin de los astutos, dispuestos a sacar beneficio de la creencia. Los viejos voceros de la voluntad de la divinidad, a los que en tono solemne se llam oficiantes del culto y representaron el principio del poder, se aprovecharon de las masas diciendo que haba seres superiores y ellos eran sus enviados. No obstante tuvieron que ceder ante la realidad inmediata de los ms fuertes para construir la teocracia, buscando la armona de la voluntad de los dioses con la fuerza de las armas, asumiendo el poder, arropndolo bajo la frmula sagrada de la autoridad. La imposicin de tal creencia no fue exclusiva, por ejemplo, del viejo Egipto, su espritu se fue proyectando en el mundo con ciertas variantes, dando culto a la autoridad personal del enviado de los dioses, hasta la liquidacin del absolutismo.

La Ilustracin sent las bases para que la creencia fuera reemplazada por la razn, pero en realidad con el principio de autoridad lo nico que se hizo fue ponerla en la tierra para que pudiera ocupar su lugar la divinidad laica del Estado de Derecho. El resultado fue que si en los tiempos precedentes eran los astutos, reyes y sacerdotes, los que echaban mano de la autoridad para ejercer su voluntad en nombre de la divinidad, a partir de entonces fueron los nuevos gobernantes los que la utilizaron, diciendo obrar en nombre de la legalidad. Ah quedaron las masas sumisas, dirigidas por los nuevos oficiantes, dispuestas a acatar la voluntad del Estado de Derecho expresada por boca de los ejercientes del poder.

El principio general que rige la autoridad, simplemente la capacidad de condicionar la voluntad de otro a tenor de la cualidad especial del que puede hacerlo, sin necesidad de imposicin violenta, remite a una especie de incapacidad mental del afectado u otra situacin de inferioridad que le impide dar una respuesta acorde desde su individualidad. Es decir, parte de la desigualdad de posiciones por razones fsicas, mentales o existenciales, que se ha hecho extensiva a la autoridad poltica. As pues, la autoridad impone la desigualdad, lo que polticamente se contradice con aspectos del modelo del Estado de Derecho. No resulta coherente, de otro lado, construir una democracia de inferiores y hablar de igualdad, de derechos y finalmente de legitimidad, porque en este supuesto el pueblo queda inhabilitado para ejercer la autoridad al ser desplazada a la llamada minora dirigente.

En el caso de la autoridad poltica no encaja la tesis de Kojve, entendida la autoridad como posibilidad de actuar sobre los dems, al margen de la fuerza, sin que reaccionen, pese a que puedan hacerlo, puesto que la fuerza siempre est presente aunque sea simblicamente. La autoridad poltica se sostiene inevitablemente una fuerza material o la posibilidad de ejercerla. Desafiar a la autoridad entraa el riesgo de enfrentarse a la fuerza dominante, con lo que no cabe reaccin por parte del sometido. Sostenida en la tradicin como elemento enrgico para suavizar voluntades, se acoge a la realidad de fondo de un ente superior, ya sea divino o finalmente estatal. Simplemente se trata de poder, que no es ms que la frmula para racionalizar en lo posible la fuerza y formalizarla.

Sin embargo el punto central del tema, no es la autoridad misma, base indiscutible del orden social, sino los que la ejercen. Es aqu donde intervienen los ms hbiles o simplemente los ms astutos para, echando mano del smbolo representado en el dolo moderno del Estado, llevar a la prctica sus atribuciones y desplegar el poder, que es en realidad su voluntad de poder personal hbilmente disfrazada en el caso de los gobernantes de las llamadas democracias representativas. En este punto siempre ronda la cuestin de la legitimidad o justificacin medianamente razonable para ser reconocido por todos como el representante de la autoridad. Tradicionalmente, los ejercientes de ese poder representado como autoridad han acudido a la legitimidad implcita o explcita para dejar a un lado la fuerza material que late en el fondo para sostenerlo, acudiendo a principios de razn, que han ido desde el que encuentra Platn en la sabidura, a la lucha a muerte por el reconocimiento de Hegel. Hoy basta con la democracia representativa para cubrir las apariencias.

Si la autoridad es incuestionable en cuanto exigencia del orden social, desde la perspectiva poltica no lo es tanto que los voceros de la autoridad pasen a ser una minora cuyas determinaciones condicionan la posibilidad de actuar de la mayora, ya sea en base a la legitimidad, a su sabidura o a cualquier circunstancia diferencial que les site por encima de lo comn. Por otro lado, si la cuestin responde a una necesidad prctica, ya que el ejercicio de la autoridad no puede corresponder a todos por limitaciones de la praxis, resulta que la autoridad, encadenada a la voluntad general tanto en su origen como en su actuacin, es suplantada por la de una minora. A estas dos cuestiones se aade otra, que es considerar al representante de la autoridad como la autoridad misma, cuando resulta que la autoridad es un ente, al que no puede suplantar la persona en virtud de la accin para poner sus atribuciones a su servicio personal.

As pues, aunque la Ilustracin remite a la autoridad al principio de razn, el peso de la tradicin hace que se contine con la leyenda de la autoridad en sentido poltico, aunque sea desde ese otro planteamiento referenciado al Derecho, abordando la cuestin a travs de la legitimidad o conformidad con el sentido jurdico a la democracia. Esta claro que cuando se dice que la soberana reside en el pueblo no se hace sino admitir que la fuerza de la sociedad, sin perjuicio de manipulaciones ideolgicas, viene del sumatorio de todos y cada uno de sus miembros y el poder corresponde en exclusiva a la entidad llamada pueblo, sin que pueda ser representada. Pese a todo, aunque la autoridad reposa en las instituciones del Estado de Derecho por razones simblicas, su ejercicio corresponde a personas, unas minoras a las que de facto se entrega el poder, conforme a la ley, lo que no deja de poner en evidencia incapacidad de los dems. Habra que reconsiderar que la autoridad solo est en quien tiene la fuerza, y este es el pueblo. Escuchar su voluntad es la nica autoridad, mientras que todo lo dems no pasan de ser nada ms que arreglos temporales de conveniencia.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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