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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-08-2018

Se decidirn los progresistas de EE.UU. a intentar recuperar el apoyo de la clase trabajadora?

Thomas Frank
The Guardian / El diario

La crisis financiera debera haber fulminado a los republicanos pero no ha sido as. Volvemos a estar en el punto de partida. La crisis fue una oportunidad perdida.


Los demcratas siguen su ofensiva contra la poltica de la separacin familiar de Trump

Los senadores Sheldon Whitehouse, Richard Blumenthal y Chuck Schumer, ejemplos del establishment demcrata en el Congreso. EFE.

El otro da me percat, para mi sorpresa, que Brett Kavanaugh, candidato a magistrado del Tribunal Supremo de Estados Unidos, tiene prcticamente la misma edad que yo.

Siempre me he burlado de aquellos miembros de mi generacin que apostaron con todo el cinismo por el movimiento conservador. Sin embargo, ahora que voy a dejar de escribir por un tiempo, pienso que tal vez jugaron bien sus cartas.

Me inici en el periodismo cuando la presidencia de Ronald Reagan llegaba a su fin. En aquel momento, tena la sensacin de que el auge de la derecha era la evolucin natural de los tiempos que me tocaba vivir y pens que tena que centrar mis energas en comprender este fenmeno.

Lo que ms me fascin fue lo paradjico de la situacin. Los republicanos de la poca consiguieron dar la vuelta a la histrica imagen del partido de los privilegiados, y se empezaron a presentar como gente campechana en las comunidades que haban quedado olvidadas tras la Gran Depresin. No obstante, lo cierto es que el republicanismo no iba a ser ms til a estas comunidades de lo que fue en 1932. Y miren lo que el conservadurismo hizo con la gente comn y corriente cuando estos les permitieron entrar en sus vidas.

El entendimiento de la perversidad del populismo de derechas me llev a otro misterio: el fracaso continuado de los progresistas para derrotarlos, incluso cuando la capacidad destructiva y las rarezas de los conservadores fueron evidentes para todos.

La cabeza me da vueltas cuando pienso que el populismo de derechas goza de muy buena salud en 2018; de hecho, ahora es incluso peor que en 1988. Tambin cuando llego a la conclusin de que el periodismo, los programas de televisin y todos los libros que lamentan el declive de la clase media no han servido para nada.

En 2008 tuvimos una oportunidad de oro para revertir la situacin, tras una crisis catastrfica provocada por las medidas desreguladoras (del sistema financiero) que hizo que los multimillonarios imploraran la ayuda del gobierno y cuyo dao colateral fue la ruina de la clase media de Estados Unidos. Ese era el contexto perfecto para que los progresistas reivindicaran el legado de Roosevelt y gobernaran para los ciudadanos de a pie al tiempo que luchaban contra las poderosas corporaciones y demostraban que el Estado puede construir una sociedad justa y humana. Sin embargo, no lo hicieron.

Conozco todas y cada una de sus excusas: los republicanos fueron muy listos, no votaron a favor de las propuestas de Obama, etctera. Sin embargo, analizado con perspectiva, el motivo principal fue que los demcratas no quisieron tomar las decisiones correctas. En vez de hacer lo que era necesario en ese momento, los demcratas optaron por ayudar a los bancos a volver a levantarse y apoyarlos mientras creca la brecha de desigualdad.

Regaaron a sus votantes por querer demasiado y, en vez de apoyarlos, se centraron en Silicon Valley y en las grandes farmacuticas. La labor de escuchar a los indignados no les interesaba. Se la dejaron a los demagogos del Tea Party y a Donald Trump.

Es un error que vamos a pagar muy caro.

La crisis financiera debera haber fulminado a los republicanos pero no ha sido as. Han vuelto a resurgir las guerras culturales, las luchas en torno a las banderas y la mana persecutoria de la derecha populista, que encuentra un altavoz en las cadenas de televisin. Volvemos a estar en el punto de partida. La crisis fue una oportunidad perdida.

A pesar de su astucia, a los republicanos no engaan a nadie. Su modo de proceder es simple: harn lo que sea, dirn lo que sea, profesarn la fe que sea para conseguir recortes fiscales, la desregulacin del sistema y un poco de ayuda para mantener a raya a los trabajadores. Todo lo dems, no es sagrado. Las leyes, las normas, las tradiciones, el dficit, la Biblia, la Constitucin, lo que sea. No les importa, y en esto han demostrado ser totalmente predecibles.

En cambio, los demcratas siguen siendo un misterio. Los vemos vacilar en momentos cruciales, traicionar a los movimientos que los apoyan, e incluso tratar de reprimir a los lderes e ideas que generan cualquier tipo de energa populista. No slo parecen no estar interesados en cumplir con su deber hacia la clase media, sino que a veces sospechamos que ni siquiera quieren ganar (De hecho, esto es ms que una simple sospecha. No fue otro que Tony Blair quien dijo: No me gustara ganar con un programa de izquierdas tradicional. Incluso si pensara que apostar por ese camino me llevara a la victoria, no lo hara).

Sin embargo, nos recuerdan constantemente que este partido, con todos sus defectos, es la nica arma que tenemos para luchar contra el partido de Trump.

A medida que los errores del presidente adquieren proporciones picas y aumenta la alarma, la necesidad de que soplen aires demcratas este otoo se hace cada vez ms urgente.

No nos equivoquemos: tiene que ocurrir. Este noviembre, los demcratas deberan hacerse con una de las cmaras del Congreso y comenzar a hacer a Trump responsable de sus actos. Fracasar en esta misin clave no es una opcin, ya que si sucede, ya no tendra sentido que siguiera existiendo el Partido Demcrata, ni siquiera en la versin ms diluida que conocemos en la actualidad.

Estoy a punto de tomarme una excedencia y lo que realmente me preocupa es el panorama general. Trump puede ser un patn pero lo cierto es que las tensiones txicas del populismo de derechas que l ha alimentado no van a desaparecer. El trumpismo es el futuro del Partido Republicano. Les hizo ganar en Ohio, Pennsylvania, Michigan y Iowa. Ha llegado a convertir a Wisconsin en un Estado en el que cualquiera puede ganar. En manos de un poltico de verdad, el trumpismo tendra el potencial de llegar an ms lejos.

Para ganar a la derecha har falta una estrategia que haga ms que esperar a que un imbcil meta la pata en el Despacho Oval. Tiene que haber un plan para desafiarlo activamente y revertir la situacin, para que sea posible volver a atraer a aquellos votantes de clase trabajadora que durante dcadas han ido dando la espalda al Partido Demcrata. Se ha acabado el tiempo para la feliz fantasa de un centrismo de "despacho" basado en la competencia profesional de sus miembros.

En cuanto a m, me voy a tomar un tiempo para escribir unos cuantos libros. Volver dentro de unos aos y ya veremos qu ha pasado durante este tiempo.

Thomas Frank es historiador estadounidense. Entre sus libros destacan 'What's the Matter With Kansas?'. El ltimo es 'Listen, Liberal: or, What Ever Happened to the Party of the People?'.

Traducido por Emma Reverter

Fuente: http://www.eldiario.es/theguardian/progresistas-clase-trabajadora_0_798270690.html



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