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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-08-2018

Respuesta a Pablo de Lora
La polmica sobre el nacionalismo y la cuestin catalana

Ignacio Snchez-Cuenca
Ctxt


Las polmicas intelectuales suelen tener mala prensa. Muchos consideran que se plantean como combates ms o menos ritualizados en los que cada uno de los contendientes trata de demostrar que es ms listo y ms ledo que el rival. Puesto que se trata de un choque de vanidades, poco puede sacarse de ah. Yo no estoy de acuerdo con esa visin: disfruto enormemente leyendo y participando en polmicas, siempre se aprende algo nuevo. Bien planteadas, sirven para precisar la naturaleza de los desacuerdos y el alcance de los argumentos de cada uno.

La cuestin catalana se presta generosamente al debate. Hace poco, en las pginas de CTXT, tuve la oportunidad de intercambiar argumentos con Santos Juli sobre si en Catalua los independentistas haban dado un golpe de Estado o no (aqu, aqu y aqu). Quienes siguieran la polmica, sabrn que yo defend que no era adecuado utilizar la categora de golpe de Estado (o la de pronunciamiento) para caracterizar lo sucedido en otoo de 2017; a mi juicio, se ajusta mejor a la realidad hablar de crisis constitucional, una crisis motivada por la falta de reaccin del sistema poltico espaol a las demandas procedentes de Catalua y por la desobediencia posterior de las autoridades catalanas. Las demandas planteadas eran diversas, algunas con un amplsimo consenso social, como la celebracin de una consulta o referndum sobre el estatus poltico de Catalua, otros con un apoyo importante pero minoritario, como la propia independencia de la Comunidad Autnoma.

A raz de dicha crisis constitucional, escrib un libro, La confusin nacional. La democracia espaola ante la crisis catalana (Catarata, 2018), en el que analizo si nuestra democracia abord adecuadamente lo sucedido en Catalua. Pablo de Lora, en Revista de Libros, ha publicado una largusima recensin crtica, titulada Demos gracias a la ley. En la versin en PDF, salen casi quince pginas de letra prieta, con 37 notas al final del documento. Le agradezco, sin duda, el inters y el esfuerzo. No puedo agradecerle, sin embargo, el uso del sarcasmo y ese estilo sabihondo y erudito (por otro lado, tan caracterstico de la conservadora Revista de Libros) con el que intenta hacerme quedar como un obtuso. Puesto que tengo respeto intelectual por De Lora, no voy a entrar en ese registro.

Curiosamente, a pesar de la extensin inusitadamente larga de su recensin, De Lora no resume adecuadamente cules son las tesis centrales que defiendo en el libro, pues dedica casi toda su atencin a las cuestiones ms abstractas y filosficas, con un abundante y fatigoso despliegue de nombres y referencias acadmicas. Voy a organizar mi respuesta presentando de forma ordenada mis tesis, las objeciones que presenta De Lora y mi respuesta a las mismas. Creo que es la manera ms clara de proceder para que el lector pueda formarse su propio juicio.

1. El libro parte de la base de que el debate pblico sobre nacionalismo est muy viciado en Espaa. Ofrezco numerosos testimonios de la manera incivil en la que se habla sobre el nacionalismo, sin matices ni distinciones, mediante condena sumaria, como si todos los nacionalismos fueran iguales. Los principales intelectuales y escritores en Espaa se permiten decir lo primero que se les ocurre sobre el tema, la mayor parte de las veces viejos tpicos que no resisten un mnimo examen. Esos tpicos han ido calando en buena parte de la sociedad, como puede verse en las reacciones intolerantes y, a mi juicio, poco compatibles con el ideal democrtico, que se han producido no slo en la opinin pblica, sino tambin en casi todos los partidos polticos, en los grandes medios de comunicacin y en la judicatura a propsito de la crisis catalana.

De Lora afirma que la seleccin de citas que presento constituye una inaceptable trampa intelectual una cierta desfachatez- porque generalizo a partir de los excesos de algunas columnas de opinin de Federico Jimnez Losantos, Juan Manuel de Prada, Arcadi Espada, Ral del Pozo, Antonio Lucas o Roberto Centeno. Aqu la trampa es ms bien la de quien escribe la recensin, pues De Lora se detiene en la p.38, pero en las pginas siguientes aparecen textos de Antonio Escohotado, Enrique Gimbernat, Flix de Aza, Gabriel Tortella, Cesar Antonio Molina, Javier Cercas, Lidia Falcn, Gabriel Albiac, Ignacio Gmez de Liao, Carmen Iglesias y Mario Vargas Llosa. No entiendo por qu razn De Lora oculta algo as al lector, dndole una impresin errada.

A continuacin me acusa De Lora de pereza y desgana intelectual porque no he hecho el esfuerzo de batirme con los mejores y sus mejores argumentos. No entiendo bien la crtica: este libro es un anlisis poltico de la forma en la que la democracia espaola ha reaccionado a la crisis catalana. Para ello, primero constato que muchos de los principales intelectuales espaoles hablan del nacionalismo en trminos muy gruesos, pero a continuacin dedico todo el resto del captulo 1 a clarificar conceptos como democracia, nacin y nacionalismo, y lo hago citando trabajos acadmicos y en un registro que nada tiene que ver con en el de la seccin anterior. No siendo en cualquier caso un trabajo acadmico, me pareci en su momento que incluso abusaba un poco de la paciencia del lector introduciendo tanto concepto y definicin en esta parte preliminar del libro.

2. Defino el nacionalismo como el principio segn el cual la poltica debe organizarse a escala nacional, es decir, en torno a la nacin. As, la Constitucin de 1978, que establece una democracia y un Estado de derecho, es fruto de un acuerdo de la nacin espaola, como el propio prembulo del texto constitucional establece. El principio de organizacin poltica del Estado espaol procede, pues, de la nacin espaola, que es anterior a nuestra forma de gobierno. La nacin tiene siempre una doble faz, una inclusiva y otra excluyente. La inclusiva refiere a los derechos y libertades que se garantizan a los miembros de la nacin; la excluyente consiste en no reconocer dichos derechos y libertades a quienes no son miembros de la misma. De ah que los Estados-nacin (al menos los democrticos) sean muy generosos con sus ciudadanos (a travs de polticas de proteccin y de redistribucin) y muy poco con quienes no lo son (la ayuda al exterior suele ser una cantidad ridcula del PIB nacional).

Nacionalismos los hay de muchos tipos. Algunos son compatibles con la democracia, otros no. No hay lugar para hablar genricamente de que todo nacionalismo sea perjudicial para la democracia. Es fundamental, asimismo, distinguir entre nacionalismos con Estado y sin Estado. El nacionalismo espaol es un nacionalismo con Estado, el nacionalismo cataln es un nacionalismo sin Estado. El primero se caracteriza por tener una concepcin abierta e inclusiva de la ciudadana, compatible con la integracin europea, aunque no admite la posibilidad de que en Espaa haya otra nacin que no sea la espaola, ese es su punto dbil. Es un nacionalismo que consiente compartir soberana con otros pueblos europeos, pero no con los colectivos nacionales espaoles minoritarios, como el vasco y el cataln. Precisamente por ello, en Espaa no hemos logrado arbitrar procedimientos democrticos para abordar los problemas o crisis de demos que han surgido a lo largo de los ltimos veinte aos (como el plan Ibarretxe o el Procs).

No estoy muy seguro de cules son las objeciones de De Lora en este punto. Dice que yo soy un defensor del nacionalismo y me acusa de cometer la falacia naturalista (pasar del ser al deber ser). Frente a mi supuesto nacionalismo, que no acaba de precisar en qu consiste, trae varias citas de otro libro mo, La superioridad moral de la izquierda, suponiendo que con ello muestra una incoherencia en mis posiciones. Todo esto es muy desconcertante y est trado por los pelos. En La superioridad moral hablo sobre el ideal universalista de la izquierda, consistente en que todo ser humano, por el hecho de serlo, pueda estar libre de toda forma de opresin y explotacin; asimismo, reproduzco y comento unos textos muy ingenuos del propio Marx sobre el ideal de la sociedad comunista, en la que el Estado y la economa tal como los conocemos habrn desaparecido porque todo el mundo disfrutar de la libertad, la abundancia y la auto-realizacin. Considerar que eso es una refutacin del nacionalismo que al parecer defiendo en el libro resulta pueril.

En ninguno de los dos libros a los que se refiere De Lora he entrado en el asunto complejo de las relaciones entre izquierda y nacionalismo. Hay corrientes en la izquierda que ven el nacionalismo como una ideologa regresiva y otras que no. Se trata de un asunto que requiere su tiempo y su espacio y que, por ello mismo, no he abordado hasta el momento. Como no tengo espacio para desarrollar este punto, djenme decir nada ms una cosa: que Catalua se constituya en Estado propio o que siga formando parte de Espaa es perfectamente irrelevante con respecto al ideal comunista de liberacin del gnero humano de la explotacin. Si se forma un nuevo Estado cataln, la humanidad no se habr acercado ni se habr alejado un milmetro con respecto al comunismo. De la misma manera, por cierto, que si Espaa decide diluirse del todo en la Unin Europea y desaparecer como Estado soberano, tampoco avanzar ni retroceder la causa de la izquierda.

En La confusin nacional no intento valorar el Procs de acuerdo con mis valores ideolgicos. Mi propsito, como ya he dicho, es otro: determinar si la democracia espaola ha procesado adecuadamente las demandas soberanistas e independentistas catalanas. El nacionalismo cataln, en general, es un nacionalismo cvico y pacfico. Por eso mismo, creo que si Catalua se transformara en un Estado propio, sera un Estado muy similar al del resto de Estados del sur de Europa, con debilidades y fortalezas muy parecidas. En la medida en que una Catalua independiente fuera una democracia liberal con un Estado de derecho, no veo razones morales de peso para oponerse a la independencia siempre y cuando haya una mayora clara de catalanes partidarios de esa opcin. No es algo que yo quisiera, pues estoy a favor de una Espaa unida plurinacional, pero como demcrata creo que debo respetar la voluntad mayoritaria de Catalua. En la clasificacin de teoras sobre la secesin que presenta De Lora, siempre me he situado en la democrtica.

3. Pasando al asunto nuclear, el de la reaccin de la democracia espaola, empiezo el anlisis mediante un repaso de las sentencias del Tribunal Constitucional (TC) sobre la cuestin de la nacin y la soberana. Me muestro muy crtico con dichas sentencias, sobre todo con la del Estatut, y trato de reforzar mi valoracin comparando la sentencia del Estatut con la sentencia del Tribunal Supremo de Canad sobre la independencia de Quebec. Mientras que en Espaa el asunto se resolvi mediante una lectura literalista del texto constitucional y un uso muy anticuado de la nocin de soberana, incompatible adems con la cesin de soberana que Espaa ha hecho a favor de la UE, en Canad el Tribunal Supremo reconoci que haba un conflicto sobre la composicin del demos, que la Constitucin canadiense no era slo el texto escrito, sino tambin los principios que inspiraban dicho texto, y que era esencial buscar una reconciliacin entre el principio de legalidad o constitucional y el principio democrtico. Ante este anlisis mo, De Lora afirma que frente a lo que sostiene Snchez-Cuenca, el Tribunal Constitucional, el ltimo actor institucional en tomar cartas en el asunto, hizo lo pudo; lo que, por otro lado, era previsible. No parece un comentario muy profundo. Aade De Lora que la sentencia del TC acept la mayor parte del articulado, algo que todo el mundo sabe, pero yo centro mi anlisis en la parte ms ideolgica de la sentencia, la que aborda si se puede reconocer que Catalua es una nacin dentro de nuestro ordenamiento constitucional, que es, para m, el asunto capital que permitira desbloquear el enfrentamiento que se ha vivido en estos aos.

4. En el libro insisto en que el Gobierno debera haber negociado con las autoridades catalanas en lugar de utilizar los cuerpos de seguridad Ministerio de Interior para llevar a cabo una guerra sucia inaceptable en un Estado de derecho (guerra sucia que De Lora califica de presunta a pesar de las evidencias acumuladas y de las conclusiones de las dos comisiones de investigacin parlamentarias que se establecieron al efecto). Lo de la negociacin y el dilogo no se lo toma muy en serio, dice que forma parte del cctel del agravio a Catalua que Snchez-Cuenca agita con frenes durante pginas y pginas. Aparte del tono de la frase, creo que su contenido refleja con exactitud la pobreza de nuestra prctica democrtica frente a la de otras democracias de mayor calidad, en las que los conflictos se tratan de resolver mediante acuerdos, consensos amplios y reformas legales y constitucionales que sean mutuamente satisfactorios para las partes (ni ms ni menos, como se hizo en Espaa durante los aos de la Transicin).

Resulta llamativo que De Lora cuestione la cerrazn del Gobierno de Mariano Rajoy recordando una ancdota banal, la broma radiofnica en la que un locutor de radio llam a Rajoy hacindose pasar por el presidente Puigdemont y aqul le dijo que encantado en reunirse. Si esa es la idea de negociacin poltica que tiene De Lora, es evidente que tenemos ideas muy distintas sobre cmo debe funcionar un sistema democrtico.

5. En el libro argumento que, adems del Gobierno, fall en su responsabilidad democrtica la corona y, sobre todo, el sistema judicial. Las encarcelaciones de los lderes independentistas y las acusaciones ridculas del delito de rebelin muestran una justicia ultranacionalista que confunde la protesta y la desobediencia con el alzamiento y la violencia insurreccional. En el libro explico todo esto con cierta calma y proporciono datos de la escandalosamente baja legitimidad de la justicia en Espaa (datos de Eurobarmetro y de la encuesta a jueces realizada por los Consejos del Poder Judicial de los pases miembros de la UE): Espaa queda en ltima posicin entre los pases de Europa occidental. De Lora apenas da importancia o credibilidad a estos datos y considera que la sentencia reciente sobre la Grtel muestra lo contrario: resulta obvio que el socilogo Snchez-Cuenca tiene que revisar su cuaderno de campo y las correlaciones que sustentan su anlisis. No s muy bien qu entiende De Lora por correlaciones (no hay ni una sola en todo el libro) pero lo que est claro es que el problema del sesgo conservador en la parte ms alta del sistema (Audiencia Nacional, Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional) no queda zanjado mencionando una sentencia condenatoria por corrupcin de la Audiencia Nacional. Las cosas, como l sabe muy bien, son considerablemente ms complejas y requieren un poco ms de rigor argumental.

***

En fin, podra seguir aadiendo apartado tras apartado con el resto de crticas que contiene la recensin, pero por respeto al sufrido lector paro aqu. Es una pena que, a pesar de lo extensa de su recensin, De Lora haya dedicado ms espacio a presumir de erudicin y a intentar detectar incoherencias en los textos que he escrito que a debatir seriamente sobre si haba otras formas, ms respetuosas con el ideal democrtico, de atender la demanda de consulta / referndum procedente de Catalua. Me da la impresin que De Lora va tan cargado de razn que no se toma la molestia de hacer explcitas sus ideas, contentndose con ridiculizar las ajenas. Despus de leer su texto, sigo pensando que un Gobierno con convicciones democrticas ms profundas que el de Mariano Rajoy habra podido evitar la radicalizacin del Procs y la fase ltima consistente en (i) desobediencia de las autoridades catalanas, (ii) represin del referndum del 1-O, (iii) suspensin de la autonoma, (iv) acusacin de rebelin y (v) encarcelamiento de lderes polticos y representantes populares. No es un resultado del que se pueda sentir mucho orgullo democrtico. Debemos aspirar a tener un sistema poltico que resuelva de otra forma estas crisis sobre el demos y la nacin, ese es el mensaje ltimo del libro que he escrito.

Ignacio Snchez-Cuenca es profesor de Ciencia Poltica en la Universidad Carlos III de Madrid. Entre sus ltimos libros, La desfachatez intelectual (Catarata 2016), La impotencia democrtica (Catarata, 2014) y Atado y mal atado. El suicidio institucional del franquismo y el surgimiento de la democracia (Alianza, 2014).

Fuente: http://ctxt.es/es/20180801/Firmas/21084/Espana-Catalunya-golpe-politica-proces-Santos-Julia.htm


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