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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2018

Fidel, viaje a la raz

Javier Larran
Rebelin


Han pasado apenas dos horas de mi arribo a La Habana y, despus de instalado en un cntrico departamento de la calle Neptuno, a escasas cuadras del Capitolio y el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, me arrimo a un telfono pblico, deposito 20 centavos de moneda nacional y marco el nmero de Katiuska Blanco, amiga y para la ocasin entrevistada.

Como es habitual en ella, se alegra de la sorpresa y con voz sosegada y cristalina me pregunta acerca de los pormenores del viaje, si sufro cansancio o calor, aunque la capital, segn comenta la propia gente en las calles, desde hace das se despierta mojada, a causa de un frente fro que la envuelve.

De inmediato le comparto mis planes de conversar acerca de la infancia de Fidel, y una hora ms tarde me encuentro en su departamento, siempre con la mente puesta lo confieso de que al atardecer, Silvio Rodrguez, guitarra en mano, se presentar literalmente en medio de una calle del barrio de El Pilar, en el populoso municipio de El Cerro. Los invitados especiales? El ex presidente uruguayo Jos Mujica y su esposa, Luca Topolansky, adems del hroe cubano Antonio Guerrero. Como parte de la velada cultural, el poeta Vctor Casaus har entrega de una amplia biblioteca a los vecinos del barrio. La propuesta guitrrica-potica, segn dice el trovador, es llevar la cultura a cada rincn del pas; para m no es otra cosa que el prodigio de darle vida a la utopa.

Con Katiuska primero tomamos un caf con algunas tartaletas, charlamos de un cuadro de Oswaldo Guayasamn que cuelga de una de las paredes de la sala, de su vecino el maestro Leo Brouwer y hasta de una cajita marrn de origen asitico que le obsequi Fidel, para ella el Comandante, mientras me cuenta que l era muy desprendido y generoso, que le trajeron esta bella cajita, una delegacin, y un da, trabajando, me la regal.

Fidel Castro naci el 13 de agosto de 1926 en el casero de Birn, en la provincia de Holgun, al nororiente de la isla. De ah que ambicione que Blanco me transporte en el tiempo, hasta aquel terruo y poca, me resee cun trascendental fue la infancia para el lder histrico de la Revolucin.

Antes una pausa, la escritora me narra los recuerdos de un viaje que hizo hasta all, junto a Fidel y Garca Mrquez, en agosto de 1996, para que vaya midiendo la verdadera dimensin de mis propsitos: Fui invitada por el Comandante a un recorrido por Birn, cuando l cumpla sus 70 aos. Recuerdo que l hablaba muy bajito con Garca Mrquez, y una de las cosas que le deca, dos frases que se me quedaron grabadas siempre en la memoria, era que su pap haba dicho que se haba establecido all porque en Birn nunca hay seca, siempre llueve, figura que me haca pensar en los aguaceros torrenciales, infinitos y eternos de Cien aos de Soledad. Posteriormente dijo algo que me pareci muy potico, que cuando llova en Birn se senta el olor a cedros, agregando, a mi padre le gustaba plantar cedros. Por eso la biografa que escrib la intitul Todo el tiempo de los cedros, porque siempre he considerado que el viejo ngel, padre del Comandante, no slo plant cedros vegetales sino tambin plant cedros humanos. Ya que haciendo una especie de reflexin potica, el cedro es un rbol de madera resistente y de gran hidalgua, atributos que me recordaban un poco lo que era Fidel.

En esas lejanas tierras se establecieron sus padres, el gallego ngel Castro y la joven oriunda de Pinar del Ro, Lina Ruz, formando una extensa y unida familia a inicios de la tercera dcada del siglo pasado. En relacin ese paisaje familiar, Katiuska ampla: Siempre digo que esos aos fueron determinantes para la formacin de la personalidad de Fidel, pues su familia era inclusiva, aun cuando haba logrado una cierta posicin holgada, desde el punto de vista econmico. Pero l siempre reivindicaba su extraccin social de gente trabajadora, por eso sola decir: soy no hijo de hacendado, sino nieto de labriegos humildes o pobres en Galicia y en Cuba.

ngel haba pisado por primera vez suelo cubano para participar como soldado espaol y repeler a los independentistas que luchaban por liberarse de la Corona. Aunque, en menos de un lustro, tras un breve paso por su Galicia natal, tom la decisin de retornar a la isla y probar suerte, alcanzando en poco tiempo cierta fortuna, plasmada en decenas de cientos de hectreas dedicadas a distintos cultivos y a la explotacin maderera. Por su parte, Lina se haba trasladado hasta Holgun, con sus padres y tos, despus del huracn que azot a Pinar del Ro en 1910, acabando con plantaciones, animales y decenas de vidas humanas. Por eso la investigadora nos cuenta que Ral recuerda a sus padres como personas de trabajo, que se levantaban a las cinco de la maana y se retiraban a dormir muy temprano, porque al otro da haba que seguir trabajando.

Y es justamente en aquel lugar donde Fidel da sus primeros pasos, me cuenta concentrada mi amiga: Sus padres no tenan ese sentimiento de discriminacin y exclusin hacia los empleados, por eso los hijos jugaban y se mezclaban con todo el mundo. Incluso Fidel y sus hermanos, sobre todo los mayores, tenan amistades como un muchacho al que le decan Juan la noche, porque era muy negro. En la casa de ngel y Lina nunca hubo un sentido de superioridad en relacin con las familias que los rodeaban, y sus hijos se educan y crecen con gran amor hacia quienes les rodean, como vecinos o amigos, sin distincin alguna de clases.

Al revisar fotografas y documentos de Todo el tiempo de los cedros reparamos que, entre otras instalaciones, en aquella zona rural se contaba con una modesta escuelita donde estudiaban los hermanos Castro Ruz y los hijos de los trabajadores del batey, seala Katiuska, mientras evoca y cita una carta escrita por Fidel en prisin, luego de asaltar el Moncada, donde, en alguna medida, se remonta a aquella raz para dar explicacin a su causa: Mi escuelita dice Fidel un poco ms vieja, mis pasos un poco ms pesados, la mirada de los nios quizs la misma mirada de asombro, y nada ms. Hacen ms de veinte aos y nada ha cambiado. A ojos de la autora de Guerrillero del tiempo, es cuando empieza a hablar de la condicin injusta de aquellos que por no tener recursos econmicos no pueden hacer lo que l s pudo, ilustrarse; le duele que tanta inteligencia se pierda en esa localidad, el que sus amigos de infancia no hayan llegado a nada o que las nias crezcan para esposas y lavanderas.

La tarde transcurre en el reparto habanero de El Vedado y desde el departamento de Katiuska se divisa la Plaza de la Revolucin, con ese eterno y distinguido misterio que nos acompaa, como defini Jos Lezama Lima a Jos Mart. Degustamos otra taza de caf acaramelado, se incorpora a la pltica una de sus hijas, estudiante de arqueologa en el Colegio Universitario de San Gernimo en La Habana Vieja, y mi entrevistada, visiblemente emocionada, contina con lo narrado y nos recita otra cavilacin de aquel joven rebelde: Y todava pensamos que tenemos una nocin de lo que es la justicia!. A su modo de ver, el futuro Comandante nunca olvidar sus aos vividos en Birn, y no comulgar con la idea de que las personas se queden sin conocer, sin saber, que estn condenadas a vivir una vida eternamente de miseria espiritual y material.

Pero el pequeo y verde casero, cuya casa de madera a la usanza gallega estaba empotrada sobre pilotes para que los animales hallaran cobijo noche a noche, sintetizaba quizs como pocos lugares el devenir econmico y social de una isla aparentemente destinada a ser neocolonia norteamericana. Al respecto, Katiuska es muy detallista al explicarme que all Fidel conoce la condicin de Cuba, ya que la finca de su pap estaba rodeada de las tierras de las compaas norteamericanas, siendo l mismo un propietario que era espaol. De igual manera, a pocos kilmetros, los pinares de Mayar eran explotados en aserraderos propiedad de migrantes alemanes, o sea que la infancia de Fidel transcurre en una regin donde los cubanos no poseen propiedades ya que estn en manos extranjeras.

En relatos que ahora a m me llevan al Macondo del ms universal de los colombianos, me entero que los administradores extranjeros de los centrales azucareros y aserraderos de la regin vivan en modernos y cmodos chalets, muy retirados del cotidiano de los lugareos. Ambiente que le toca visualizar a Fidel, segn me cuenta la aguda bigrafa: Ve al cubano en la posicin de la persona de segunda categora, de quienes no ocupan un lugar connotado en la sociedad.

Cada palabra y gesto de mi entrevistada desatan en m profusas reflexiones, pero de pronto me distraigo observando otro cuadro de la pared, una fotografa de Fidel y Katiuska. No dejo de pensar en esas cientos de horas de infatigable labor a cuatro manos, con un Fidel convaleciente, para dejar testimonio de sus propias memorias de vida en Guerrillero del tiempo y las de la lucha revolucionaria cubana en esos dos sendos e invaluables volmenes intitulados La contraofensiva estratgica y La victoria estratgica.

En un momento su hija Patricia me hace seas y risuea me da un consejo: debers cargar la batera de la grabadora porque Katy se emociona cuando habla del Comandante. Mi amiga-entrevistada revela que le hubiera gustado ser maestra de historia en alguna escuelita, mientras se disculpa conmigo por ser tan minuciosa en sus respuestas. Pero ahora soy yo quien se ve obligado a ripostar: Katiuska, nunca olvidar que hace aos me dijiste, siendo yo un joven estudiante de historia, que el Comandante te sola aconsejar: los detalles son los que importan en la Historia.

Fidel Castro se me descubre como una especie de sntesis de historia larga de su Patria, absorbiendo a cada instante las relaciones sociales que le circundan, conmovindose ante la discriminacin racial y econmica, aprehendiendo los valores de unos padres modestos, sobrios, rectos y honestos. Volviendo sus ojillos sobre obreros del campo que tras luchar tres dcadas por la independencia de Cuba, se han visto despojados de las tierra que puedan asegurar el sustento de sus familias, siendo de paso reprimidos por una Guardia Rural de sombrero alado y caballos finos, al ms puro estilo texano.

Si bien Cuba, una vez llegados los conquistadores europeos, vio apresuradamente desaparecer a su poblacin aborigen y deforestados sus bosques, primero, para la construccin de navos y, luego, para la combustin en los centrales azucareros, supo esconder un verde rincn en su natal Holgun, la meseta de La Mensura, serranas donde ese nio pudo adems valorar la naturaleza, acto que Katiuska desentierra: A finales del 2012 Fidel me hablaba del asombro que haba vivido desde nio escalando los pinares de Mayar, donde crea que haba visto rboles de 300 o 400 aos, sobrevivientes de la colonizacin; l me platicaba de los rboles, de la floresta, del clima, de los arroyos, de los ros. Mientras yo pensaba que en los maestros de hoy deba prevalecer esta mirada que privilegia el verdor, el frescor, lo natural y la vida, aunque sin desechar el uso de las tecnologas y de la modernidad.

Katiuska mira el reloj y me comenta que le apunt medio a medio con las tartaletas de chocolate, que la panadera de la esquina se est especializando en dulces deliciosos y de presentacin fina. A lo largo de la tarde hemos hablado adems de la influencia de los padres de La Salle y jesuitas en la adolescencia de Fidel y de su paso por la Universidad de La Habana, de cuando su intuicin e inclinacin por lo justo se complementan con una slida y disciplinada formacin intelectual que con los aos abrazar las ideas de Marx.

Pero el tiempo apremia, Silvio Rodrguez nos espera en El Pilar y mi amiga, apoyada ahora en la puerta de entrada, me lanza sus ltimas y fulminantes palabras: Como ser humano, Fidel tena un alto sentido de la honorabilidad, de la caballerosidad, una tica venida como de algo caballeresco, como de don Quijote, de luchar contra los molinos de viento, de defender al dbil, al despojado, todo valores que le vienen desde la raz familiar.

(Publicado en La Correo No. 77, Agosto de 2018, Bolivia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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