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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2018

Sombras de verano (II)
Veinte aos a la sombra de Neruda

Miguel ngel Ortega Lucas
CTXT

El verano es ese espign del puerto donde regresar a los veinte poemas y la cancin desesperada adolescente


Pablo Neruda dando un discurso en la URSS, agosto de 1950. MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DE CHILE


Encima de mi cabeza el cielo tena un azul tan violento como jams he visto otro. Yo escriba en el bote, escondido en la tierra. Creo que no he vuelto a ser tan alto y tan profundo como en aquellos das. Arriba el cielo azul impenetrable. En mis manos el Juan Cristbal o los versos nacientes de mi poema. Cerca de m todo lo que existi y sigui existiendo para siempre en mi poesa: el ruido lejano del mar, el grito de los pjaros salvajes, y el amor ardiendo sin consumirse como una zarza inmortal.

Raras veces volveremos a ser tan altos y tan profundos como en aquellos das de la adolescencia, de la adolescencia tarda. Cuando el mundo no descabalgaba jams de su fragor palpitante: la gozosa catstrofe de ser tan jvenes y de saberlo. Cuando nos perdamos hacia nosotros mismos, en la muchedumbre de nuestra soledad; bajo el crepsculo del muelle del verano y a la sombra de los versos de Pablo Neruda.

Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes
a tus ojos ocenicos.

All se estira y arde en la ms alta hoguera
mi soledad que da vueltas los brazos como un nufrago.

Como nufragos eufricos y delirantes, como capitanes dementes de un navo varado en la locura y el deseo (y la melancola que produce el deseo, y el placer diablico que exhala esa tristeza), miles de adolescentes durante el ltimo siglo han llevado alguna vez en el bolsillo esos poemas del mago Neruda, escritos ser delincuente cuando l mismo tena veinte aos; poco despus de renunciar a llamarse Neftal Ricardo Reyes Basoalto.

Hace un siglo o veinte aos o veinte minutos que lemos esos versos del Neruda veinteaero, fundacional y adolescente, los Veinte poemas de amor y una cancin desesperada. Por qu parece que el tiempo aqu no existe? Los escribi contaba entre la ciudad del interior y los viejos muelles de Carahue, en Chile, en la desembocadura del ro Imperial: ...los tablones rotos y los maderos como muones golpeados por el ancho ro; el aleteo de gaviotas se senta y sigue sintindose en aquella desembocadura.

Por qu parece que los escribimos con l? l escriba esos poemas en el bote: cualquier bote pobre, abandonado, varado en algn recodo de esos muelles del sur de Chile; nosotros lo lemos varados en la desembocadura de cualquier curso, entre la nostalgia y la expectacin de lo que pudo ser y quizs, quizs sera al fin; de lo que no ser jams, tal vez, pero qu importa, qu importaba...: era la borrachera continua de estar vivo y de saberlo. Era la ebriedad de mundo y brisa y costa, y de anhelo y de abandono y de blancas colinas, muslos blancos...

Oscuros sauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

Nos hacan falta estos poemas, entonces, en el instituto, como la confidencia de un amigo, como la copa primera, como la noche en que vivirlo y sufrirlo todo. ramos ingenuos, idiotas y temerarios: gracias a eso podamos inventar el amor de cada da, que no exista ms que en nuestra sed eterna, en nuestro dolor infinito... y en unas cuantas canciones, unas cuantas pelculas, unas cuantas pginas ledas una y otra vez, acuchilladas a lpiz, tratando de sellar en ellas el temblor de lo irrepetible que no haba llegado en realidad a consumarse an... Por qu parece que escribimos estos poemas con l, con Neruda? Porque quiz lo hacamos. Cualquier obra de arte no est viva del todo hasta que llega el mensaje dentro de la botella hacia la orilla del Otro Lado. Donde puede ocurrir el cumplimiento: que alguien que escribi algo sobre otro alguien en algn lugar, alguna vez, seamos ahora nosotros, escribiendo (proyectando) en este, esta alguien de aqu, exactamente la misma aventura.

Siempre me han preguntado cul es la mujer de los Veinte poemas, escriba l mucho despus: pregunta difcil de contestar. Las dos o tres que se entrelazan en esta melanclica y ardiente poesa corresponden, digamos, a Marisol y a Marisombra. Marisol es el idilio de la provincia encantada con inmensas estrellas nocturnas y ojos oscuros como el cielo mojado de Temuco. Ella figura con su alegra y su vivaz belleza en casi todas las pginas, rodeada por las aguas del puerto y por la media luna sobre las montaas. Marisombra es la estudiante de la capital. Boina gris, ojos suavsimos, el constante olor a madreselva del errante amor estudiantil, el sosiego fsico de los apasionados encuentros en los escondrijos de la urbe.

Porque el fulgor del erotismo y la creacin adolescentes (la misma cosa son en realidad) no se contentan con perder cada da a una sola imagen para su sed, para la fecundidad escandalosa que quiere cantarlo y nombrarlo todo, la fantasa, el anhelo y la pasin se bifurcan, van a dar a muchas tentativas posibles (recuerdas?; cuando podamos enamorarnos en cada estacin de una, o de uno distinto)... con el fin secreto de esbozar una sola imagen definitiva de todo aquello que se suea.

Ese vaivn sentimental de Neruda, exprimiendo del leo de cada tarde un fulgor y una esperanza y una prdida distinta pero paralelas, es el mismo de la barcarola de nuestros pensamientos a la deriva, fantaseando sobre todos los amores, todas las tentativas (adolescentes o no) por vivir.

Entonces, ya es otra t sabes quin, ya es alguien que t sabes, aquella del ltimo otoo, la boina gris y el corazn en calma: quien esperars encontrar quizs, todava, a la vuelta de este verano, cuando suenen los tambores ntimos de nuevo al volver a clase, a la ciudad. (Soars de nuevo, cuando ella se vaya otra vez sin esperarte al medioda:

Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepsculo corre borrando estatuas.
)

Otra u otro ser quien te evoque, ahora, aqu, en las tardes del puerto o en la desembocadura del ro, algn silencio que lo dice todo,

pensando, enterrando lmparas en la profunda soledad,

preguntndole (preguntndote)

Quin eres t, quin eres?

...Por qu parece que an estamos all dios mo, al volver a estos versos? Por qu volvemos al espign de la costa, al parque solitario, a los atardeceres irreparables? A la ventana de la luna donde sellar que stos sern definitivamente los ltimos versos que yo te escribo?

Cerca de m todo lo que existi y sigui existiendo para siempre en mi poesa. Tena veinte aos, Neruda, al escribir sobre toda aquella zarza inmortal del amor en la costa. Pudimos leer hace veinte aos esos veinte poemas; podamos tener veinte aos entonces. Podemos volver a tener veinte aos ahora.

Miguel ngel Ortega Lucas. Escriba. Nmada. Experto aprendiz. Si no le gustan mis prejuicios, tengo otros en La vela y el vendaval (diario impdico) y Pocavergenza (ficha policial). @Ortega_Lucas

Fuente: http://ctxt.es/es/20180808/Culturas/21001/Miguel-Angel-Ortega-Lucas-Sombras-de-verano-Pablo-Neruda.htm

 



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