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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2018

Una mirada antipatriarcal
La cuestin de la seguridad en el nuevo rgimen obradorista

Erandi Villavicencio
Rebelin

Extractos de la Tesis doctoral de Erandi Villavicencio R. Control y violencias: botnes de la guerra del siglo XXI. Crcel y tortura sexual en Mxico y Centroamrica. La regionalizacin del miedo, UNAM, 2015.


Seor Lpez Obrador, sabe lo que es el internet de las cosas? O en otras palabras: Le va a dar armas al pueblo?

A manera de broma, burlndome un poco de la candidata que en un debate televisado menospreciaba a quienes no sabemos qu es el internet de las cosas!, resulta que es una manera muy bsica de comprender los recursos tcnicos que existen para que se exprese el internet, la web, la interconexin, la red de informacin global. De la misma manera que la Seguridad puede y debe ser entendida para el nuevo rgimen que no termina de definir qu har con el tema de la Seguridad nacional y la tan manoseada, seguridad pblica. La primera, tradicionalmente a cargo del ejrcito, la segunda a cargo de la polica civil, aunque confundidas en las pocas del terrorismo en el que nos han hecho vivir y como una fuente inagotable de abuso de poder legitimado.

Seor Lpez Obrador, amablemente le pregunto, Sabe cul es la historia de las policas latinoamericanas y sabe que hasta la fecha la agenda de seguridad ha sido siempre regional? Es importante que georeferenciemos primeramente el origen histrico de los usos de las polticas de seguridad pblica sobre la Tolerancia Cero, a las que usted ya ha recurrido cuando fue jefe de gobierno, y ese centro debe ubicarse en Centroamrica. No en Estados Unidos donde se cree que fue implementado con mayor xito este modelo, aunque agenda si era la de la contencin de poblacin migrante y para que no regresaran los miles de deportados. Y ese arrastre desde los regmenes dictatoriales en Amrica Latina formaron a las nuevas policas de la posguerra centroamericana, esto es, en los aos noventa las policas se formaron con altos mandos de las ex policas de las dictaduras chilena y brasilea.

Cmo impact la agenda securitaria tan aplaudida por el imperialismo en la configuracin de los poderes fcticos en Mxico? Si las empresas multinacionales son capaces de utilizar paramilitares para fomentar corredores tursticos, como en el desplazamiento forzado del pueblo de Ostula en Oaxaca dentro del cobijo de la guerra contra el narcotrfico; que se puede controlar poblaciones enteras a travs de la violencia desbordada y cobijada por el estado (cuando son los propios militares y policas federales quienes desaparecen a los ms). Por qu el estado no recurrira a la legitimacin de grupos mercenarios, tratantes, jvenes sin comunidad, o en vez de eso se sienta a escuchar (y despus a apoyar) cmo las comunidades indgenas asediadas han hecho para autodefenderse; cmo le hacen las feministas para autodefenderse; cmo le hacen las organizaciones de mujeres y otras comunidades diversas para no morir, pero no frente al crimen, sino ante el despojo que sustenta todo proceso de violencia, corrupcin e impunidad.

En la regin centroamericana las condiciones llamadas excepcionales, donde la violencia parece ser el principal problema social, se revelan autoritarismos forjados a punta violenta durante siglos. La desigualdad social intrnseca a una periferia de los centros econmicos ms pujantes, como es Centroamrica, sobre todo el tringulo del norte compuesto por Guatemala, El Salvador y Honduras, donde los patrones de acumulacin originaria se ejercieron gracias a la industria agroexportadora y extractiva que consolidaron oligarquas y despus lites financieras del siglo XIX al XXI. Donde se configur el proceso de transformacin de meras repblicas bananeras a clientes de los clientes que se contratan para las empresas exportadoras de banano para las multinacionales financieras. A lo largo de este proceso de devastacin de la produccin local, y concentracin de la produccin, distribucin y circulacin de los productos, estaban los desplazamientos forzados, el esclavismo (o presos con derecho al trabajo forzado), explotacin laboral, o la marginacin, por la necesidad de uso de los territorios y control de sus poblaciones, incluso para sacarlas de ah. Con las masacres quedaron impunes antes y durante las guerras civiles que fueron el punto cspide de la indignacin popular.

Este panorama implica conocer la historia de cmo se oblig a trabajar a las poblaciones en los negocios de otros ms poderosos, porque fue por la conformacin de un tipo de estado latinoamericano que monopoliz la violencia por medio de la propia violencia contra sus pueblos. Y esa, nuestra cultura violenta, que ahora solo se coloca sobre las pieles morenas de los de abajo hacinados, ha tenido momentos de lgido poder punitivo en Centroamrica con caractersticas de nuestro siglo; instituyendo polticas disciplinarias y de castigo desde los siglos del avasallamiento espaol hasta los militarismos del siglo XX. Con la construccin de las crceles o por lo menos de su idea, que viene siempre acompaando la fase de acumulacin capitalista. Junto con los ms anquilosados patriarcalismos y crmenes de odio contra mujeres o por orientaciones sexuales y de gnero diversas.

En este sentido, la produccin del Otro/Otra, se ha hecho carne en el derecho y en los sistemas culturales educativos contemporneos, despus de largos aos de poder patriarcal, poder punitivo y poder saber colonizado-racializado. En la actualidad, bajo las directrices de los poderes globales del siglo XXI, que son parte intrnseca de las argamasas de la estructura de clases y de la anatoma del poder nacional, emana la violencia estructural y las propias de la fenomenologa de la violencia: por poder, riqueza y prestigio, porque se tiende atribuir a la violencia social (de manera simplista y beligerante) a los sujetos delincuenciales o a los que protestan socialmente; las causas de la debacle moral.

E l derecho se ha ido transformando en la fuente de legitimidad de ese orden, segn la lgica centrada en el Estado que controla las sociedades. Los encarcelamientos masivos a partir de las Leyes antiterroristas y antipandillas se entrecruzan con los intentos por humanizar al sistema penitenciario y han corrido a cargo de posiciones an disueltas de jueces activistas 2 , pretendiendo incorporar un derecho (pluralista en algunos casos o por lo menos con amplia utilera para interpretar judicialmente) que contenga o reduzca al populismo punitivo 3   que conduce masivamente a jvenes y no jvenes acusados de pandilleros, entre ellos a muchos pandilleros, a pasar crueles meses o aos en las crceles sin posibilidad de rehabilitacin y reinsercin concreta.

Pero qu pasa con las formas del Estado patriarcal? Cmo se transforma?

Como dira Carlos Montemayor, somos testigos del desmantelamiento del Estado desde un proceso indito de neoliberalismo, en donde no se trata de una reforma, variacin, reforzamiento o modernizacin del Estado, sino de un proceso constante y sistemtico de desarticulacin del poder del Estado en enclaves esenciales de la vida poltica, econmica y social del pas. Definiendo el programa local, estatal o federal de las diversas reas polticas y sociales. Aunque no se vuelve omiso para darles poder y beneficios a quienes decide erigir como monopolios.

La historia de cmo se repartieron los cultivos de amapola o mariguana entre los primeros capos de la droga tuvo vinculacin directa con altas cabezas del cuerpo de seguridad nacional y para consumo del ejrcito estadounidense. As tambin la financiacin de la CIA para la transportacin de armas a nuestros pases centroamericanos, primero para fortalecer a la Contra nicaragense despus para sostener podero y los canales de venta de armas que liber; el lavado de dinero recorriendo a toda la regin mexicano-centroamericana y colombiana; para continuar con negocios de turismo y comercio con grandes cantidades de mano de obra explotada, trata de nias y mujeres a gran escala; y ahora el gran negocio de las inmobiliarias. Como si no se sustentaran en toda la reparticin del territorio anterior, estos procesos son usualmente negados por los aparatos de procuracin de justicia mexicana, y se centra gracias a sus corrompidas Subprocuraduras de atencin a delitos de delincuencia organizada, quienes definen a quienes perseguir y si lo hacen slo se centran en quin transporta o vende los narcticos; por supuesto, la causa sobre los procesos en los que se sustenta el despojo, la explotacin y la esclavitud de mujeres, es dejado a un lado por no ser de su competencia. Por ello se justifica un desmantelamiento til para una impunidad que deja paso libre a la corrupcin y a la reparticin, pero no detiene la explotacin ni el despojo.

Si bien la corrupcin ha hecho que las multinacionales redoblen sus multimillonarias fortunas flotando en el sistema financiero, igual que en Centroamrica, la cuestin del estado como recaudador de impuestos para el beneficio nacional queda en un segundo plano cuando no es capaz de asegurar que su gente no tendr que mendigar en los circuitos de las periferias de esos grandes inversores que tienen la gracia de dar empleos mal pagados a muy poca gente en realidad. Mientras tanto, son las mujeres y otros grupos triplemente oprimidos quienes ms mal la pasan. As los feminicidios contra obreras, mujeres jvenes o madres desprotegidas, siguen en la impunidad.

Las polticas del control inscritas en estos procesos de formacin del Estado nacional,   se reproducen en el marco de otras condiciones excepcionales (estado de guerra), por ejemplo, las de ndole disciplinaria que tienen que ver con los sistemas educativos, religiosos, civilistas como resguardo de la cada al mal. Estas visiones intentan sostener sentidos comunes cmodos para la clase media, a travs de la forma poltica electoral, incluyendo las posiciones de izquierda que no trastocan los sentidos comunes ms conservadores (sobre la oposicin necesaria: justicia social antes que justicia coercitiva). Aunque el Estado siga ausente en el costeo de derechos sociales, el derecho penal sigue movilizando grandes recursos y miedos colectivos.

Cuando el Estado intenta aparecer ms social, los mecanismos de humanizacin slo pasan por permitir mayor libertad de interpretacin a los jueces y atacar la corrupcin dentro de las paredes institucionales. Adems, los esquemas disciplinantes son provedos por los pentecostalismos, por los discursos de culturas intrnsecamente violentas y otras formas educativas que suelen guarecer sexismos y racismos implcitos.

Es este contexto de vigilancia y control de todos contra todos se deja las puertas abiertas al imperialismo y a la injerencia norteamericana conservadora y beligerante en nuestra regin. Las ideologas y sentidos comunes dan coherencia a las prcticas sociales y ello determina la accin dentro de las instancias del estado. El gobierno entonces controla con sus policas las fronteras que dividen a las zonas marginales de las zonas ricas y promueve la inversin privada, de empresas que tambin controlan la proteccin, esta es: la seguridad privatizada. A la que el adelgazamiento del estado le apuesta. Aun cuando han sido gobiernos de izquierda en Centroamrica; ahora veremos su capacidad y flexibilidad para enfrentar el problema en Mxico.

Este miedo ciudadano que facilita estos recursos baratos a la autoproteccin y a la criminalizacin de todo lo que se mueva con cuerpo joven y moreno, a lo que recurren incluso quienes trabajan en el estado, depende de este adelgazamiento del estado. Son esas y esos servidores pblicos, que terminan en el mismo circuito de incompetencia por falta de informacin y saturacin de trabajo y me refiero a las burocracias de la procuracin de justicia, de las que hablar ms adelante. La seguridad privada ha proliferado no slo en la venta de artculos para casas ultra seguras junto con la venta de armas, tambin como ejercicio de contratacin masiva de grupos parapoliciales; un guio a la permisividad de grupos paramilitares por todo Mxico y Centroamrica, como ya se ha hecho en Colombia en las ltimas dcadas.

Ante una respuesta violenta de los grupos de ultraderecha que llaman a defender a los caciques y hacendados, como a las empresas que nos dan de comer (sarcasmo): defender la patria es defenderse de los cuerpos asesinos legitimados y ante ello es inevitable una respuesta de clandestinaje; de fetichizacin de la violencia como nica salida (una muy patriarcal salida) ya sea que dicha opcin sea tomada por la derecha o por la izquierda. Como mecanismos de pertenencia, accionndose de manera particular frente a las lgicas de control social y de codificacin de lo social.

En fin, cuestiones de seguridad interna se vuelven temas de seguridad nacional y de pronto tambin son grandes promesas de campaa.

En el caso mexicano el narco estado se ha fincado con estas mezclas de narcotraficantes y exmilitares estadounidenses, con la densa poblacin desocupada y los campesinos entre los fuegos del estado y el narco estado. Al final la mayora de los muertos, la carne de can, han sido los histricamente de abajo, a las y los que no se les permite defenderse ni hacer justicia por su propia su mano. Entonces se han quedado esperando, han sido desplazadxs, han sido vejadxs, les han desaparecido a sus familiares, a sus hijos, a sus esposos y a sus hijas las han levantado para violarlas, esclavizarlas sexualmente y asesinarlas.

Y aqu hacemos hincapi en la violencia especfica contra el cuerpo de las mujeres dentro de esta guerra: lo que se les/nos hacen se llama castigo y es social porque es avalado y callado por todos, y a travs de la tortura sexual se encumbran esos grupos fcticos que pueden estar en cualquier escuela o colonia, y s, tambin es cometida por militares, policas y por sus propios maridos.

La cuestin criminal

En fin, en este contexto, si bien usted ha prometido una justicia con paz y con inversin en las cuencas de la marginacin, le comento que los poderes fcticos han proliferado y el estado por ms que quiera hacer justicia no puede porque NO existe una burocracia comprometida con el pueblo. Usted tendr equipos honestos en sus altas esferas, pero son mnimos para lo que se necesita: imagnese que para que no haya jvenes atrados por un mal gobierno y volverse sus mercenarios, usted debe tener comunidades resistentes, policas que protegen a esas comunidades y jueces que aplican los protocolos supremos de defensa de la vida y no de la propiedad.

Es as que los intereses pueden siempre colisionar y eso pasa siempre dentro de la propia burocracia que investiga, el as llamado estado profundo, esos puestos que no cambiarn sino slo sus cabezas. Y ante el desmantelamiento y la falta de directriz de erradicar las causas del problema no tienen el ms mnimo sentido de llegar al fondo de los crmenes sino de despachar todo lo que no sea de su competencia. As la bolita entre lo local y lo federal. PGR o Procuraduras estatales? Derechos Humanos o delitos del Cdigo Penal local? Luego tampoco tienen ni quieren tener claridad sobre lo que se investiga, mucho menos el para qu: se sigue la instruccin del jefe inmediato y listo.

No cuentan con capacidades para sistematizar, georeferenciar, articular propuestas concretas ante evidentes focos de riesgos. Se dice que el 50% de los feminicidios en Amrica Latina son cometidos en Mxico y sin embargo, es ms fcil que un caso sea definido como homicidio culposo que por feminicidio (agravado), por lo que para que un estado sea declarado con alerta de violencia de gnero tuvieron que pasar grandes disputas polticas, aunque deberan ser jurdicas; incluso aunque ya se tenga la jurisprudencia necesaria para determinar qu significa una violencia por razones de gnero, aunque para muchos siga pareciendo una abstraccin. Y as muchos casos que dan cuenta que para que se investigue en Mxico hubo una decisin poltica de ms arriba.

Lo que le quiero decir es que la violencia cmo se ataca, quin la persigue y cmo se investiga, depende de la direccin nacional que polticamente usted decida, luego: que la decida y la ejecute el estado profundo. Basta de hablar ambiguamente con los caducos discursos: acabaremos con la impunidad. Usted tambin tendr que soportar un grado de impunidad, porque de la violencia, la corrupcin y la impunidad depende la anatoma del poder en un mundo capitalista.

Dnde radicar ahora la impunidad? Seguir quedando para los militares que desaparecen jvenes y estudiantes? Para los policas que asesinan esposas o violan compaeras y se protegen entre ellos? O Para todos los varones que asesinan o violan a sus cnyuges o compran jovencitas en el mercado de la trata sexual pero son buenos ciudadanos? Para los que asesinan lderes sociales? Para las empresas explotadoras de personas? Para los negocios que dan empleos a cambio de grandes cantidades del erario fiscal? De los bancos usureros o para las inmobiliarias?

En fin, un proceso de neoliberalismo extraccionista y basado en la acumulacin originaria requiere de los grupos fcticos (dentro y fuera del gobierno, dentro y fuera de la empresa privada) y va siempre en contra de poblaciones que ocupan vastos territorios de riquezas naturales o que son caminos estratgicos.

Por todo ello, depende de una imparable fuerza de proteccin de la organizacin popular y del reconocimiento de sus formas de autodefensa para dar un mnimo de cobijo de largo plazo a la vida de nuestros pueblos. Si bien las policas comunitarias han pretendido ser una manera de autodefensa de todas las personas de una comunidad, tambin sucede que los procesos de empoderamiento de sus identidades tnicas, de gnero, de pertenencia, son necesarios para no dejarlos entre los fuegos cruzados que vendrn.

Les dar armas en todos los sentidos participativos? O seguir con sus salidas paternalistas mejor decir patriarcales figurando que erradicar la violencia contra las mujeres, la poblacin LGBTI o indgena no es prioritaria sino la recuperacin de los territorios? De qu sirve un territorio sin los representantes de la ancestralidad y la comunalidad que la da vida y que lucha contra el capitalismo?

Como dira Thor: no importa Asgard lo que importa es su pueblo.

Atentamente

Erandi Villavicencio, feminista comunitaria y autnoma.

Notas:

2 Como los llamara el constitucionalista Kennedy, Duncan, en Izquierda y derecho, Ensayos de teora jurdica crtica. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 2010

3 Zaffaroni, Ral, La cuestin criminal, Buenos Aires: Pgina 12, 2011.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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