Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-08-2018

El Estado de contrainseguridad con coro electoral en Amrica Latina

Jaime Osorio
Rebelin


Introduccin

En el anlisis del Estado en el capitalismo dependiente se comenten los mismos errores que se hacen presentes cuando se analizan las economas de la regin. Se sostiene que el Estado es inmaduro; que sufre falta de desarrollo, porque sus instituciones se presentan dbiles o con poca estabilidad; existira un Estado de derecho frgil o simplemente asistimos a una ausencia de leyes.

En posiciones ms extremas se asume que no existe Estado, sea por la inmadurez de lo estatal; o porque no habra nacin, y por ende no existira un Estado-nacin, sino una dispersin de naciones sin integracin; o porque la comunidad poltica no se ha constituido, o porque conformada ha sido destruida por la voracidad del capital.

En unos casos se hace presente una incomprensin de la originalidad del capitalismo dependiente, sin diferenciar los espacios nacionales de dominio y poder presentes en el sistema mundial capitalista. En otros, y aadido a lo anterior, prevalece una concepcin del Estado que privilegia el sentido de comunidad por sobre las relaciones de poder y de dominio de clases. En cualquier caso los anlisis se llevan a cabo teniendo como pauta las formas, modalidades y procesos que presentan los Estados del capitalismo desarrollado.

Aqu argumentaremos desde una perspectiva diferente. En el capitalismo dependiente existe Estado, y sus formas y operaciones son maduras y son las posibles en esta forma de capitalismo. El elemento fundamental que otorga sentido al Estado lo constituyen las relaciones de poder y dominio de clases sociales, sus conflictos y luchas, as como el sentido de comunidad posible de generar en esas condiciones.

Nos interesa en este escrito precisar el tipo de crisis poltico-estatal que se vive actualmente en Amrica Latina. Para ello nos detendremos en ciertas determinaciones del Estado dependiente. Desde esa base consideraremos los cambios en la correlaciones de fuerza entre capital y trabajo a nivel del sistema mundial y regional, que permitieron al capital una feroz ofensiva sobre el mundo del trabajo, y que tom la forma de dictaduras militares y de Estados de contrainsurgencia en esta regin en los aos sesenta a ochentas. La rpida reanimacin de los movimientos populares y abierto el periodo calificado como de transicin a la democracia-, permiti la emergencia de gobiernos populares y de gobiernos progresistas. Analizamos las razones de su debilitamiento, as como del agotamiento de la forma de gobierno abierto con aquella transicin, y que ha llevado a la conformacin de una nueva forma de gobierno: el Estado de contrainseguridad con coro electoral, sealando caractersticas y objetivos. Por ltimo realizaremos algunos sealamientos sobre el triunfo de Lpez Obrador en las elecciones presidenciales en Mxico en julio pasado y las razones que explican un proyecto a contrapelo de las tendencias predominantes en la regin,.

1.- Determinaciones del Estado

1.1.-El Estado como condensacin de relaciones sociales de dominio y poder de clases.

El capital es una relacin social que articula de manera simultnea relaciones sociales de explotacin y relaciones sociales de dominio y poder. As como no es posible comprender la explotacin sin considerar las relaciones polticas de dominacin y poder, -que permiten la emergencia de agrupamientos sociales despojados de medios de produccin y de medios de vida, por medio de la violencia, la coercin y el dominio de clases-, de la misma forma no es posible explicar las relaciones de dominio y poder condensadas en el Estado ajenas a las relaciones sociales de explotacin, procesos que el capital, ya hemos sealado, busca velar.

Las relaciones sociales de explotacin y dominio entre capital y trabajo conforman clases sociales, con intereses en conflicto, lo que determina la vida en comn y sus diversas dimensiones en el capitalismo. No es por casualidad, en este sentido, que el ltimo captulo de El capital, inconcluso por cierto, sea justamente Las clases. (Marx. 1973, t. III, 817), tema con el que buscaba culminar los primeros libros sealados en sus planes de trabajo de 1857, y que era, al mismo tiempo, el puente para lo que segua, el libro referido justamente al Estado. (Marx: 1971, t. I, 29-30, 203-204).

Sobre esta estructuracin de las relaciones, el Estado capitalista puede retirarse de la escena inmediata de la explotacin, pudiendo presentarse como una entidad por encima de la sociedad. No es necesario que la polica despierte y encamine a los trabajadores a sus centros de trabajo. Estos lo harn por decisin personal, marcada por el despojo de medios de produccin y de vida. Como tampoco es necesario que la polica vigile la produccin y la apropiacin de plusvalor, oculta en el pago del salario, que aparece como el pago de todo el trabajo. De estas formas el Estado puede aparecer ajeno a la explotacin, lo que mistificar a su vez el poder y la dominacin de clases sobre clases1.

No hay espacio terico ni histrico para posicionar al Estado en una dimensin exterior a las clases sociales y sus enfrentamientos, que no sean las mistificaciones que en el capitalismo aquel asume, lo que hay que explicar, pero dicha explicacin no puede partir eliminando o dejando en lugares secundarios lo fundamental de su naturaleza, su condensacin de relaciones de poder y dominio de clases y de comunidad ilusoria2. Yes la condensacin de relaciones y los proyectos e intereses de clases que en esas relaciones predominan los que le otorgan a la organizacin de la vida en comn su impronta particular.

Decir que la forma valor es la que predomina en nuestro mundo social, pero sin las referencias de clase que ello implica, es hablar de abstracciones, pero quedndose atrapado en ellas, sin sopesar el peso de las mistificacin clasista que expresan. Desde las clases sociales la vida en comn alcanza sentido, integrando y desmistificando aquello que el capital desintegra y mistifica.

1.2.- Quines detentan el poder poltico? y cmo se ejerce ese poder?

El anlisis del Estado no puede eludir el interrogante respecto a quienes detentan el poder poltico, es decir, cules intereses de clase son los que organizan la vida en comn. La respuesta comn, la burguesa, o el capital, es demasiado general cuando se considera que esa clase cuenta con fracciones de clase (bancaria/financiera, industrial, agraria, minera, comercial) y con sectores (gran, mediano o pequeo capital). La respuesta debe ser capaz de identificar los intereses de qu fracciones y/o de qu sectores de la burguesa son los que prevalecen en situaciones histricas especficas, donde las polticas estatales tienden a favorecer ms a algunos capitales en desmedro de otros, lo que reclama comprender cmo se conforma el bloque en el poder, esto es, qu fracciones y/o sectores de la burguesa cuentan con ventajas en impulsar sus proyectos, y cules hegemonizan el poder poltico.

Pero tan importante como la pregunta anterior es precisar tambin el cmo se ejerce el poder, esto es, cul es la forma de Estado o forma de gobierno que prevalece, en donde alcanza sentido determinar si se domina por medio de votos o por medio de bayonetas, y con qu relevancia; si existe parlamento y divisin de poderes; si existe o no prensa y medios de comunicacin con autonoma o estn controlados; si operan mecanismos de representacin; peso de los aparatos armados en la vida pblica, etc.

Las preguntas sobre quienes detentan el poder y como dicho poder se ejerce se encuentran estrechamente asociadas. Hacia fines del siglo XX e inicios del siglo XXI el tema de la transicin a la democracia se constituy en eje de debates y anlisis polticos en Amrica Latina. Pero en esta caracterizacin se privilegiaba uno de los interrogantes sealados, el cmo se ejerce el poder. Y la multiplicacin de consultas electorales, alent una mirada sesgada, la que dara paso posteriormente a los estudios sobre la calidad de la democracia, dando por sentado que sta ya estaba en marcha en la regin.

Al desligar el cmo se ejerce el poder de la pregunta quienes detentan el poder, no se ponder que las propias fuerzas sociales y/o polticas que en momentos previos reclamaron y alentaron dictaduras militares o gobiernos civiles autoritarios contrainsurgentes, eran las que ahora reclamaban o participaban del discurso de la apertura democrtica. Y que las polticas econmicas que propulsaron muchos de los nuevos gobiernos civiles (que no incluye a los llamados gobiernos populares) eran las mismas que prevalecan en los gobiernos militares o contrainsurgentes. En pocas palabras, al no integrar las preguntas no se cont con herramientas para comprender los lmites de la democratizacin en marcha, ni los intereses de clase que terminaron fijando su impronta en esos procesos.

1.3.- Estado y aparato de Estado

La mistificacin de las relaciones de poder y dominio de clases que implica la forma Estado se ve alimentada a su vez por la cosificacin de dichas relaciones, asumiendo la forma de aparato de Estado, un conjunto articulado y jerarquizado de cosas, como instituciones, personal que ocupa posiciones en esas instituciones y de un cuerpos de leyes.

A mayor concrecin, la capacidad de mistificacin del Estado en tanto aparato de Estado se fortalece. Las instituciones del aparato de Estado, el personal que ocupa los cargos relevantes y los papeles en que se concentran las leyes, no nos dicen que son cosas atravesadas por intereses de clases. Su lenguaje y su discurso versa, por el contrario, sobre los intereses de la nacin y de la sociedad en su conjunto

No es un asunto menor en el tema de la mistificacin de la vida social el que la burguesa en particular sea la primera clase dominante que tiende a delegar la administracin del aparato de Estado en manos de otras clases, por lo que no le es necesario, en general, que de manera directa sean miembros de las clases dominantes los que se instalen en los principales cargos de las instituciones del aparato de Estado, como postul la corriente instrumentalista (Miliband:1970), para explicar cmo es que el Estado lleva a cabo los intereses de las clases dominantes3. Ello no niega que ocurra, pero no es un procedimiento rutinario. Ms bien opera en condiciones excepcionales4.

El hecho que cada cierto tiempo las autoridades que encabezan el aparato de Estado, y las fuerzas polticas que representan, pueden ser renovadas en consultas electorales por ciudadanos y no por clases, alimenta el imaginario que no subyacen poderes de clase en medio de esas peridicas renovaciones, sea de fuerzas polticas, sea de personeros. Adems el aparato de Estado permite sin mucha mediacin que se establezca la identificacin de las autoridades del aparato como quienes detentan el poder poltico, con lo cual se obscurece justamente el asunto de las clases cuyo poder poltico prevalece en la sociedad5.

En las elecciones y en la constante renovacin de autoridades en el aparato de Estado no est en juego de manera inmediata el poder poltico prevaleciente en la sociedad. Esto nos seala que el aparato de Estado es el aparato de un Estado especfico, con relaciones de poder y dominio de clases cuya vigencia no se encuentra en juego en los procesos electorales.

2.- Determinaciones del Estado dependiente

En el seno del sistema interestatal mundial, el Estado dependiente es un Estado subsoberano. Esto significa en lo inmediato un poder estatal subordinado a otros poderes estatales. Lo anterior implica romper con la ecuacin de la ciencia poltica tradicional que establece Estado es igual a soberana. Esta formulacin desconoce la heterogeneidad econmica y estatal que el capitalismo conforma a nivel del sistema mundial. A su vez implica romper con la idea que carencias en materia de soberana suponen incapacidades para el ejercicio del poder poltico por parte de las clases dominantes locales.

La condicin subsoberana del Estado dependiente no es sino la contracara de la existencia de un sistema mundial en donde operan mecanismos de intercambio desigual entre economas y regiones, que implican cesin de valor desde el capitalismo dependiente hacia el mundo desarrollado, por la configuracin de una tasa media de ganancia internacional en donde los precios de produccin de los bienes que exportan las economas dependientes se ubican por debajo del valor generado, en tanto los precios de produccin los bienes de las economas desarrolladas se ubican por arriba del valor generado. Tambin transferencias de valor en igual direccin por la apropiacin de ganancias de inversiones extranjeras; por el pago de intereses de deuda pblica y privada; por renta tecnolgica, etc., todo lo cual da vida a formas de capitalismo diferenciadas, siendo la forma del capitalismo desarrollado y la forma del capitalismos dependientes las ms relevantes.

Las modalidades de insercin en el mercado mundial y de reproduccin del capital que se generan en el capitalismo dependiente, unido a las prdidas de valor por los mecanismos arriba sealados, alientan que las clases dominantes en el capitalismo dependiente generen modalidades de explotacin que reclaman apropiarse de parte del fondo de consumo y de vida de los trabajadores para transferirlos al fondo de acumulacin del capital. A esta modalidad particular de explotacin se le denomina superexplotacin (Marini: 1973), la cual se ve posibilitada por la presencia de enormes contingentes de poblacin excedente, generados por la propia dinmica de la acumulacin dependiente.

El predominio de la superexplotacin bajo sus diversas formas agudiza los conflictos sociales y debilita las relaciones que generan sentido de comunidad en el capitalismo dependiente. Esta es una de las principales razones que provoca que en la historia poltica de los Estados latinoamericanos tiendan a predominar formas autoritarias de muy diverso signo, y de las dificultades de aquellos de asentarse de manera perdurable en formas democrticas, o semidemocrticas, para ser ms rigurosos. No es falta de desarrollo poltico el por qu esto acontece, sino que es la expresin de las formas particulares de reproduccin del capitalismo dependiente y de las modalidades de dominio que reclama.

En una economa sustentada en la expoliacin de condiciones de vida bsicos para el grueso de su poblacin y sometida por sus clases dominantes hegemnicas a procesos de despojo de valor hacia las economas desarrolladas, se deriva una agudizacin de los conflictos sociales y de la lucha de clases, dado el desarrollo de las clases sociales propias del capitalismo y de sus enfrentamientos. En estas condiciones el Estado dependiente tiende a convertirse en un eslabn dbil de la cadena de dominacin mundial del capital, que pone de manifiesto de manera permanente la actualidad de la revolucin6.

La agudizacin de los conflictos sociales en el capitalismo dependiente y la agudizacin de la superexplotacin tienen como correlato que el Estado de derecho y el peso de la ley sean socavados y se apliquen a discrecin. Las leyes no escritas tienen por el contrario un peso significativo en la vida social. Las instituciones del Estado a su vez manifiestan fragilidad, pero no por inmadurez, sino por las particularidades que presenta la imbricacin de lo econmico y lo poltico. Todo lo anterior es necesario para sostener la condicin subsoberana en el sistema interestatal, las particulares formas de explotacin en el plano local y las transferencias de valor hacia el capitalismo desarrollado. De esta forma la subsoberana y la superexplotacin son soportes de la acumulacin y dominio a escala mundial para el capital.

Ante la fragilidad de las instituciones del aparato de Estado, alimentada tambin por las recurrentes crisis de legitimidad de las autoridades, se genera la tendencia a que la clase reinante asuma mayores espacios de accin. Es en este cuadro que se desarrollan en el Estado dependiente las condiciones para la regular emergencia de mandos autoritarios y de gobiernos encabezados por liderazgos carismticos y por caudillos polticos.

El hecho que la reproduccin de los capitales ms dinmicos en el capitalismo dependiente realicen de manera predominante el plusvalor en los mercados exteriores o en mercados internos de alto poder adquisitivo, dando las espaldas a las necesidades de la poblacin trabajadora local, alimenta la incapacidad de las clases dominantes locales de generar proyectos nacionales frente a los poderes que prevalecen en el sistema mundial.

En la misma lgica opera la enorme presencia de capital extranjero en las economas dependientes bajo la forma de inversiones directas, muchas de ellas operando en sectores ejes en los distintos patrones de reproduccin de capital que hemos conocido. Esa presencia no es resultado de imposiciones, sino de alianzas de sectores y franjas locales de las clases dominantes con burguesas forneas. Esto propicia en el Estado dependiente una suerte de descentramiento, en donde el poder poltico local debe contemplar los intereses de aquellos capitales, lo que redunda en lo ya sealado: la incapacidad de las clases dominantes locales de conformar proyectos con una perspectiva de desarrollo nacional.

Esta limitacin de las clases que detentan el poder en las economas dependientes abre constantes fisuras que alientan la emergencia de fuerzas polticas con proyectos que reclaman mayor autonoma nacional y mayor soberana, las que siendo demandas democrticas, en las condiciones de articulacin de las economas dependientes con las economas desarrolladas, se constituyen en demandas que apuntan a subvertir la posicin subsoberana en el sistema de dominio mundial.

La inexistencia de estructuras productivas complejas y la temprana monopolizacin de la economa en sus muy diversos sectores, propician en las economas dependientes el rpido surgimiento de sectores del gran capital que pasan a predominar en la economa y en el Estado, reforzando la pobre diversificacin de la estructura productiva y la dbil diversificacin y fuerza de fracciones de clase y de sectores dominantes.

Ante el peso de patrones de reproduccin de capital volcados a los mercados exteriores en la historia econmica regional, prevalece en el capitalismo dependiente una suerte de esquizofrenia poltica en las clases dominantes de la regin, en donde ante la necesidad de estar abiertas a los mercados exteriores y limitar medidas proteccionistas, operan defendiendo posiciones liberales en lo econmico, sosteniendo sin embargo posiciones conservadoras en el terreno poltico y social. Esto, que ya se expresa en la segunda mitad del siglo XIX, sigue presentndose con fuerza desde el ltimo tercio del siglo XX a nuestros das, con gobiernos conservadores en el campo poltico y liberales en lo econmico, con hitos relevantes con la presencia de dictaduras militares y gobierno civiles contrainsurgentes. El surgimiento de gobiernos populares y progresistas en el siglo XXI moriger esta tendencia, la que vuelve a ganar vida tras la derrota electoral o bien va golpes blandos en estos ltimos gobiernos.

3.- Cambios en la correlacin de fuerzas entre clases

3.1.- Severas derrotas del mundo del trabajo

Desde la dcada de los setentas del siglo XX se presentan una serie de procesos que manifiestan y aceleran el cambio en la correlacin de fuerzas a nivel mundial y regional entre capital y trabajo, en perjuicio de este ltimo. Algunas de sus expresiones ms significativas lo constituye el establecimiento de dictaduras militares en gran parte de la regin sur de Amrica Latina, y en particular el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende en Chile, la puesta en marcha del gobierno encabezado por el general Augusto Pinochet y la pronta aplicacin de polticas econmicas neoliberales.

Tambin se debe mencionar la marcha de polticas estatales contrainsurgentes en la mayora de las sociedades latinoamericanas; el creciente avance de las polticas neoliberales en otras regiones, alentadas por los gobiernos de Ronald Reagan en Estados Unidos y de Margaret Thatcher en Gran Bretaa, en este ltimo caso tras una prolongada huelga y la derrota de poderosos sindicatos mineros del carbn; el derrumbe de la Unin Sovitica y la desintegracin del llamado campo socialista; la constante prdida de prestaciones sociales, lo que pondr fin al Estado benefactor en Europa Occidental y Estados Unidos, y a sus remedos en el capitalismo dependiente latinoamericano; cambios en los procesos de trabajo y avance de la precarizacin de los empleos; creciente peso del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, y del Banco Central Europeo para impulsar polticas de ajuste, con severos golpes a los niveles de ingresos, de empleo y seguridad social de la poblacin asalariada mundial.

Es en el cuadro de una severa derrota del mundo del trabajo que el capital pone en marcha nuevas divisiones internacionales del trabajo, nuevas revoluciones cientfico-tecnolgicas, unido a la baja de salarios, incrementos de jornadas laborales, e inestabilidad en los empleos, como frmulas para resolver la tendencia de larga duracin a la cada de la tasa de ganancia.

3.2.- Sus efectos en el Estado dependiente latinoamericano

En Amrica Latina la derrota del mundo del trabajo implic la puesta en marcha de un nuevo patrn de reproduccin de capital, el de especializacin productiva, bajo polticas econmicas neoliberales, que alentaron la venta de empresas pblicas al capital privado, nacional y extranjero, el retiro de prestaciones sociales, agudos descensos salariales y el incremento del desempleo, amn de reformas laborales que restaron fuerza a los sindicatos, incrementos de jornadas y deterioro general en las condiciones de trabajo.

En el terreno poltico la ltima dcada del siglo XX es un periodo dominado por la llamada transicin a la democracia en Amrica Latina, con el reemplazo de gobiernos militares o gobiernos civiles autoritarios por gobiernos civiles emanados de consultas electorales, tras cambios y reformas para acelerar la constitucin de nuevos partidos polticos o bien la legalizacin de viejas organizaciones; creacin de padrones electorales, as como de organismos encargados de velar por la equidad de campaas..

Este giro, que implicaba pasar del sbdito (menor de edad poltico) al ciudadano (un sujeto poltico mayor de edad), tena como trasfondo la bsqueda por las autoridades poltico-estatales de una nueva modalidad de legitimidad. Ante el fin de las prestaciones sociales desde el Estado, por el auge neoliberal, las autoridades buscaban ahora el reconocimiento de la sociedad al mando poltico por la va de hacerla responsable de las decisiones polticas.

Desde fines del siglo XX, pero con mayor claridad y fuerza en los inicios del siglo XXI se hizo sentir una temprana recomposicin de diversos sectores sociales, dada la represin desplegada para aplicar las nuevas polticas, desde estudiantes, mineros, pueblos indgenas, obreros, desempleados, empleados pblicos, profesores, etc. Amrica Latina vivi en este tiempo uno de los periodos ms convulsivos, con expresiones en tempranas renuncias y destitucin de autoridades presidenciales, y de enorme inestabilidad institucional, resultado de la puesta en marcha de polticas privatizadoras y de ajuste contrarias a los intereses del grueso de la poblacin, lo que precipit crecientes movilizaciones.

Una de las expresiones de esta temprana rearticulacin popular fue el ascenso al gobierno de fuerzas polticas creadas de manera reciente, contrarias al avance de las polticas neoliberales y que reclamaban polticas ms cercanas a las necesidades de los sectores populares. Todo ello aconteca en medio de masivas protestas y movilizaciones. Es as como Amrica Latina termina la primera dcada del nuevo siglo con a lo menos tres gobiernos populares, el de Hugo Chvez en Venezuela , el de Evo Morales en Bolivia y el de Rafael Correa en Ecuador, as definidos por la base social de apoyo que los erige, y por las polticas y programas que ponen en marcha.

Junto a los llamados gobiernos populares se constituyen a su vez gobiernos progresistas, que sin la radicalidad de las movilizaciones y exigencias que dieron vida a los primeros, recogen demandas para limitar las agresivas ofensivas de los capitales hegemnicos, no siempre con resultados claros en la materia, y que ponen en marcha a su vez numerosos programas sociales en favor de las franjas ms pobres y de sectores obreros y de la pequea burguesa asalariada.

Todo ello se ve favorecido por el excepcional momento que viven las exportaciones latinoamericanas de materias primas y alimentos en el mercado mundial, en la primera dcada del siglo XXI, particularmente estimuladas por la demanda de China, economa que vive en esos aos momentos de una enorme expansin, y de partes industriales dirigidas a los Estados Unidos.

Junto a los casos ms emblemticos de gobiernos de este tipo, como los encabezados por Ignacio Lula de Silva en Brasil, y de Nstor y Cristina Kirchner en Argentina, un sinnmero de otras fuerzas y personeros con grados muy dismiles en materia progresista y en tiempos diversos triunfan en Paraguay, Uruguay, Ecuador, Chile, Honduras, Panam y El Salvador, lo que permite la creacin de una poltica con dimensiones regionales que se plantea mayores autonomas frente a Estados Unidos, en poltica exterior, y en acuerdos comerciales intrarregionales y financieros7.

4.- Razones del agotamiento poltico

No se puede desconocer el papel que han jugado Estados y capitales del mundo desarrollado en los afanes por debilitar, cuando no defenestrar los procesos polticos gestados en la regin en este tiempo, aliados a sectores de las clases dominantes locales. La destitucin de los presidentes de Honduras, Paraguay y Brasil, en tiempos diferentes, no son ajenas a lo antes sealado, as como las maniobras golpistas en Bolivia, Venezuela y Ecuador.

Tambin se ha puesto nfasis en el fin del excepcional periodo econmico que vivi la regin en la primera dcada de este siglo como elemento clave para explicar el debilitamiento de los gobiernos progresistas y de los gobiernos populares. Sin desconocer la significacin de los puntos anteriores, considero que no se ha otorgado suficiente peso a las razones internas referida a lo que estos gobiernos hicieron y dejaron de hacer y que alimentaron su fragilidad.

Para el caso de los llamados gobiernos progresistas, y en particular para los casos de Brasil y Argentina, un asunto central se encuentra en el predominio de proyectos polticos que privilegian la conciliacin de clases, esto es, alentar programas para mejorar las condiciones de vida particularmente de la poblacin ubicada en la pobreza, y elevar salarios, generar empleos (con nuevas universidades, entre otras), y otras prestaciones sociales que beneficiaron a franjas obreras y de la pequea burguesa asalariada, manteniendo cuando no incrementando, sin embargo, importantes prerrogativas a las fracciones y sectores ms poderosos del capital, con tibios o nulos proyectos que retuvieran alguna cuota de las cuantiosas ganancias que perciban.

Estos proyectos polticos no podan sino generar fragilidades para los gobiernos en el corto o mediano plazo, por la dificultad de mantener equilibrios frente a demandas y presiones sociales contradictorias. Esta razn es la que subyace en la prdida de apoyos que sufren los gobiernos progresistas desde unos y otros agrupamientos, los que terminarn por agudizarse para cuando la capacidad de sostener las polticas de equilibrio se reducen ante la baja de los ingresos que se captaban por las exportaciones.

Si a la poltica de conciliacin se aaden las denuncias por casos de corrupcin8, alcanza sentido la desmovilizacin y desafeccin de los sectores populares cuando el Congreso destituye a la presidenta Dilma Rouseff en Brasil, o que propicia la derrota electoral de las fuerzas kirchneristas en las elecciones presidenciales en Argentina. Con posterioridad se generan importantes movilizaciones y protestas, pero ello no permite ocultar el sintomtico repliegue y la desmovilizacin inicial.

Los llamados gobiernos populares, a pesar de diferencias importantes, comparten a su vez debilidades consustanciales a la concepcin misma de lo que estos gobiernos consideran representar y expresar9. Existe el error comn de asumir el triunfo electoral como conquista del poder poltico, o bien como parte de un proceso que se enfila en esa direccin, y que se lograr en la medida que se mantengan dichos triunfos y se ganen mayores posiciones en el aparato de Estado. En algn momento se supone- se producir un punto de bifurcacin. Y ello acontecer sin necesidad de romper con la institucionalidad imperante10.

Esta idea matriz termina condicionndolo todo, en tanto la acumulacin de fuerza social de los dominados debe terminar expresndose en fuerza electoral y en los tiempos que la disputa electoral establece, y debe discurrir por los canales institucionales. De esta forma las dinmicas de los movimientos sociales terminan siendo encorsetada a esos tiempos y espacios, lo que provoca desgaste, agotamientos y repliegues.

En estas condiciones los sectores dominantes desarrollan una guerra de desgaste, ya que la propia institucionalidad imperante en el aparato de Estado es un territorio poltico que entraba la marcha de procesos y proyectos rupturistas. Nadie puede desconocer lo mucho realizado por estos gobiernos. La pregunta clave, sin embargo, es si no se contaban con fuerza social disponible para tareas mayores. Porque el no lograr metas mayores puede tener como consecuencia que mucho de lo ganado se pierda bajo nuevas autoridades de gobierno. All est lo que acontece en estos das en Ecuador, tras el triunfo de Lenin Moreno, su distanciamiento de Rafael Correa y sus ofensivas contra los logros de la llamada revolucin ciudadana.

Amarrados a la ruta establecida, el desgaste poltico de los gobiernos populares aparece como un camino previsible. Es en este cuadro que inciden la cada de precios de las exportaciones y los recursos de los gobiernos. Pero no est aqu la razn de fondo de sus debilidades.

Con los repliegues y desmovilizaciones generadas en la regin, como resultado de los problemas presentes en los gobiernos progresistas y populares, no tiene nada de extrao el avance electoral y poltico de fuerzas de derecha, las que han aprovechado los espacios otorgados, o posibles de arrebatar, as como la disgregacin y atomizacin de amplios sectores que conformaban antigua fuerza disponible y la desorientacin propiciada en amplios sectores sociales.

5.- Hacia el Estado de contrainseguridad con coro electoral 11

5.1.- Crisis de la democracia liberal representativa y de sus remedos en Amrica Latina

En el mundo desarrollado, particularmente en Europa Central y en Estados Unidos, el triunfo de la gran burguesa productiva y financiera y sus golpes al mundo del trabajo han propiciado que a poco andar se presente la crisis de la democracia liberal representativa, forma de gobierno que madura con posterioridad a la segunda guerra. Las bases que la hicieron posible fue el resultado de significativos cambios en los procesos de reproduccin del capital, la multiplicacin de la productividad y la generacin de nuevos y diversos valores de uso. En ese cuadro, potenciar el consumo de los trabajadores pas a constituir una necesidad vital para el capitalismo desarrollado, a fin de generar los mercados para realizar la plusvala, lo que se propici por incrementos en los salarios, nuevas prestaciones sociales y programas de mayor seguridad social. El llamado Estado Benefactor comenzaba a tomar forma.

Pero tambin se encuentran razones poltica de la mayor relevancia en este giro civilizatorio del capital en el mundo desarrollado. La segunda guerra implic un avance inesperado del socialismo real en trminos territoriales. Una franja nada despreciable de Europa Oriental pas a formar parte de la Unin Sovitica, al tiempo que en China la revolucin daba un salto significativo en su podero con la primera explosin atmica en 1947.

Frente a estas amenazas, las clases dominantes de Europa Occidental y de los Estados Unidos debieron incrementar los programas sociales y los ingresos de su poblacin trabajadora, sobre bases que eran compatibles con la reproduccin capitalista, a fin de disminuir los peligros que aquella fuese ganada por los discursos de la revolucin y el socialismo. Pero ese periodo lleg a su fin con la aguda guerra de clases que el capital desat en las ltimas cuatro o cinco dcadas en todo el mundo, tras la cada de la tasa de ganancia, y el posterior derrumbe del campo socialista, lo que alent un radical deterioro de las condiciones de trabajo, de seguridad y de vida para el grueso de la poblacin trabajadora, proceso que an prosigue y que hace de la precarizacin laboral la norma, en medio de un nuevo reordenamiento del sistema mundial capitalista.

A estos elementos se suman en todo el sistema la expansin de la acumulacin por la va de actividades ilegales y la multiplicacin de dinero sucio, propiciando que las fronteras con la reproduccin legal del capital se haga cada vez ms difusa12.

En este terreno minado, la clase reinante y la clase poltica no han escapado a la descomposicin imperante, apuntalando la imbricacin de operaciones legales e ilegales, favoreciendo procesos de corrupcin de todo tipo, en donde se ven involucrados desde altos mandos del aparato estatal y funcionarios de todos los niveles.

Todo ello ha alentado una desconfianza creciente hacia funcionarios que administran el aparato de Estado y dirigentes polticos, propiciando crisis de legitimidad del mando poltico, otra de las expresiones de la crisis de la forma de gobierno. A ello se suma que el puente de los partidos polticos como instancia de representacin se ha debilitado, cuando no fracturado, tendiendo a convertirse en cotos de grupos de poder, de burcratas y funcionarios, cada vez ms preocupados de sus negocios con recursos pblicos.

No hay terreno de la democracia liberal representativa y del remedo de democracia en Amrica Latina que no se haya visto golpeado y debilitado, alentando el desencanto de franjas crecientes de la poblacin con la poltica. Todos estos elementos se hacen presentes tambin en la crisis poltico-estatal en las sociedades del capitalismo dependiente. Slo que en estas sociedades, en rigor, no se puede hablar de crisis de la democracia liberal representativa, porque simplemente esta forma de gobierno slo alcanz a presentar remedos y sombras en la regin.

Y muchos de los signos de la crisis poltico-estatal de la democracia liberal representativa alcanzan mayor agudeza en la organizacin poltica del capitalismo dependiente, como la corrupcin de funcionarios pblicos y la difusa frontera entre clase reinante, clase poltica y aquellas franjas del capital que se reproduce en operaciones ilegales. Odebretch se ha convertido justamente en el paradigma de corrupcin y degradacin de sectores del gran capital y de altos funcionarios pblicos en la regin, en este caso para ganar sustanciosas licitaciones pblicas. A esta corrupcin se asocia la impunidad del alto personal del aparato de Estado.

5.2.- El Estado de contrainseguridad con coro electoral: respuesta a la crisis13

La crisis de los remedos de democracia en la regin, la destitucin de los presidentes en Honduras (2009), Paraguay (2012), y Brasil (2016) por medio de golpes blandos, la crisis de los gobiernos populares de Venezuela y Bolivia, cada vez ms cercados por movilizaciones internas y por el acoso internacional, e incluso el ascenso de Mauricio Macri a la presidencia de Argentina, en un proceso de avasallamiento meditico, econmico y judicial contra el gobierno anterior (Beinstein: 2018), ponen de manifiesto que el periodo abierto con la llamada transicin a la democracia ha llegado a su fin en la regin, y que asistimos a una reconfiguracin de las formas de gobierno que emergieron de aquel proceso, con la puesta en marcha de una nueva forma, el Estado de contrainseguridad con coro electoral.

Una de las razones que explican la fuerza con la que madura esta nueva forma de gobierno en la segunda dcada del siglo XXI, y que ya presenta antecedentes en la dcada previa, tiene relacin con un nuevo estadio de desarrollo de la fraccin burguesa productora y exportadora de materias primas, alimentos y de partes industriales ligados a las industrias automotriz y electrnica y al ensamble, as como de la fraccin bancaria y financiera, ambas en estrecha relacin con capitales extranjeros, resultado de la enorme expansin de sus actividades e ingresos en la primera dcada del siglo actual.

El Estado de contrainseguridad con coro electoral tambin es resultado de los embates de aquellas fracciones y del capital internacional con inversiones en la regin en contra de las polticas sociales de los gobiernos populares y progresistas, lo que lleva al conjunto del capital a redoblar esfuerzos para recuperar la gestin del aparato de Estado, buscando poner trmino a aquellos gobiernos, y a reforzar en toda la regin las polticas de seguridad, concebidas en un sentido amplio, no slo para hacer frente al crimen organizado o la delincuencia, sino tambin, en lugar destacado, a las fuerzas sociales, organizaciones y lderes que cuestionan las polticas del capital. Es as una respuesta a las exigencias econmicas y polticas del capital, lo que reclama nuevas derrotas del mundo del trabajo y de los sectores populares. .

En esta nueva forma de gobierno se mantienen las consultas electorales, pero bajo procedimientos de mayor control, sea de las fuerzas que participan, de los candidatos, y de los resultados14, para reducir los peligros de sorpresas como los gobiernos populares y los progresistas. Esto reclama derrumbar la credibilidad y poner fin poltico a organizaciones que amenacen la paz social y electoral que los grandes capitales reclaman. Tambin destruir cuando no eliminar15- a lderes sociales y polticos que pueden encabezar respuestas de masas. La posible eliminacin de Lula da Silva de las boletas para elegir presidente en Brasil es parte de esta nueva lgica, como lo fueron la destitucin de presidentes; de igual forma puede interpretarse la poderosa ofensiva meditica de desprestigio que se ha desplegado contra Cristina Fernndez, no slo para derrotarla electoralmente, sino para destruirla como opcin para futuras contiendas.

En el Estado de contrainseguridad con coro electoral se busca alcanzar mayor control de la sociedad por mecanismos en donde se incrementa la percepcin de inseguridad pblica; a travs de elevar el miedo a la presencia y accin de enemigos de la paz social y de los valores de la comunidad; de descalificar y reprimir la resistencia social, procedimientos que buscan desarticular las organizaciones populares y desmovilizar a la sociedad, restarle iniciativa y justificar la vigilancia y la intervencin policial y militar. Para ello es necesario que la prensa y otros medios de comunicacin, particularmente pbicos, sufran embates que limiten sus actividades, al tiempo que se incrementa el peso de la prensa y la televisin afn a los intereses sociales que se busca que prevalezcan.

Al mismo y como respuesta a la carencia de oportunidades laborales, se destacan las bondades del autoemprendimiento, de pasar de trabajador a socio de alguna marca, como choferes de Uber, repartidores de alimentos o de mensajera, donde los socios no slo no reciben salarios ni prestaciones sociales, sino que adems pagan algn porcentaje de sus ingresos para continuar siendo partcipes del negocio.

La nueva forma de gobierno presenta muchos puntos en comn con el Estado de contrainsurgencia, como perseguir o eliminar a quienes critican las polticas en marcha o denuncian la corrupcin, la impunidad o abusos de autoridades civiles o militares16; establecer nuevas leyes en materia de seguridad pblica17; la reorganizacin de fuerzas policiales, de aparatos de inteligencia y seguridad y de las Fuerzas Armadas18 y mayor presencia en calles y ciudades19, y la puesta en marcha de nuevos sistemas de control y vigilancia de los opositores20. Tambin de nuevos acuerdos con los aparatos de inteligencia, de seguridad y con las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.

Junto con impedir la repeticin de experiencias como los gobiernos populares y progresistas, bajo la nueva forma de gobierno tambin se busca el logro de otras metas para avanzar en los proyectos del gran capital local y trasnacional, como redoblar la marcha en las polticas de ajuste en nuevas reformas laborales y en la reformulacin de las pensiones; proseguir la venta a capitales privados de bienes y recursos pblicos, y construir nuevos acuerdos regionales con otros mercados para ensanchar los campos de accin del gran capital exportador de la regin.

Los pasos para configurar la nueva forma de gobierno no puede sino generar rechazos en amplios sectores de la poblacin, por la afectacin que propicia en sus condiciones de vida; por la militarizacin de calles y ciudades y por la criminalizacin de los movimientos sociales y dirigentes; por la secuela de muerte de civiles, acusados en general de formar parte de bandas de delincuentes, sin que tribunales civiles puedan meter mano en los procesos. De manera ms acelerada en unos casos, y ms lenta en otros, esta nueva forma de gobierno se concretiza en el conjunto de la regin, ponindose en marcha las diversas dimensiones que la caracterizan. El incremento de la violencia estatal ser una condicin necesaria para que alcance formas maduras, y con mayores razones si se considera que los movimientos populares en la regin han sido golpeados y en muchos casos puestos en repliegue, pero en ningn caso desarticulados.

Nota final 1

Al avance del Estado de contrainseguridad con coro electoral y la degradacin en general de la vida pblica, se suma la crisis de proyectos alternativos al capitalismo, lo que incrementa la desorientacin poltica y el imaginario de un futuro con sentido.

Enfrentar estos procesos no pasa por aorar tiempos pasados. Los Estados benefactores en el mundo desarrollado y sus polticas sociales y de seguridad social respondieron a un momento de la reproduccin capitalista y de la lucha de clases que ya no es posible repetir. Sus remedos en el capitalismo dependiente tambin ya agotaron su historia, al igual que los remedos de democracia.

Nota final 2

El contundente triunfo de Andrs Manuel Lpez Obrador en las elecciones presidenciales en julio pasado en Mxico, y del Movimiento de Regeneracin Nacional, MORENA, constituye un paso a contrapelo de las tendencias prevalecientes antes expuestas.

Es el primer triunfo electoral en la historia poltica de Mxico de una fuerza de izquierda en elecciones presidenciales. No slo eso, el triunfo ha sido en una contienda con una participacin de votantes por arriba de los promedios anteriores, y con una margen de apoyo inusitado: el 53 % de todos los votos. Ello ha llevado que los partidos tradicionales hasta ahora imperantes, lase el Partido de la Revolucin Institucional (PRI) y el Partido de Accin Nacional (PAN) hayan quedado en minora en el Parlamento en ambas cmaras, las de diputados y senadores, y haya perdido los cargos de gobernadores y las mayoras tambin en los parlamentos estatales.

Qu de particular ocurre en Mxico que explica esta situacin excepcional? Se pueden enumerar muchos asuntos: los agudos niveles de inseguridad que prevalecen en amplios territorios del pas; escndalos por procesos de corrupcin donde la clase poltica y las autoridades de gobierno se han visto involucradas; el empeoramiento de las condiciones de vida del grueso de la poblacin; la divisin de las clases dominantes que llegaron hasta el final electoral con dos candidatos, en un sistema que no cuenta con segunda vuelta electoral.

Pero todo esto y mucho ms se queda en la superficie del proceso. En Mxico se ha asistido a una verdadera rebelin ciudadana, que ha implicado que el grueso de la poblacin ha roto con fetichismos, trampas ideolgicas y ataduras culturales que por lo general tienden a producirse masivamente en momentos muy particulares de las luchas sociales. Ni las amenazas de los grandes empresarios, ni las catstrofes anunciadas han hecho retroceder a los votantes en su opcin por el cambio.

Ms all de las decisiones del futuro gobierno, amplios sectores de la poblacin se manifiestan dispuestos a empujar porque las transformaciones prometidas tomen forma. Y esto abre un escenario nada comn.

Bibliografa

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Roux, R. (2010), El Prncipe fragmentado: liberalizacin, desregulacin y fragmentacin estatal. En Veredas n. 20, Departamento de Relaciones Sociales, UAM-Xochimilco, Mxico.

Notas:

1.- Para abandonar la nocin de poder en el Estado, valos distingue entre autoridad y poder (valos: 2015a, 203), en donde la primera se ejercera sobre seres libres, en tanto el segundo sera un mando desptico sobre siervos y esclavos. Pero en El capital se demuestra que la libertad del obrero es justamente su sometimiento al poder desptico del capital (Marx:1973, 267-268), ya que en su desnudez de medios de produccin puede renunciar a un capital, para terminar ofrecindose a otro, lo que muestra la ficcin de libertad que posee (Ibid, 486). Toda su vida est sometida al capital (Ibid, 518). Slo asumiendo la ruptura entre economa y poltica en el capitalismo, que favorece la mistificacin, podra sealarse que en la esfera econmica hay poder, pero en la esfera poltica individuos libres que deciden sobre la vida en comn.

2.- Dice Marx que () el poder del Estado no flota en el aire. Y remite a clases: Bonaparte representa a una clase, que es adems, la clase ms numerosa de la sociedad francesa: los campesinos parcelarios. (Marx: 1980, t. I, 489). Este material, y otros escritos polticos que siguen a sus obras maduras, constituyen para valos anlisis coyunturales (...) en lo que el plano de lo poltico se concibe como el terreno de la transcripcin (sic), ciertamente contradictoria y sesgada por lo efmero (sic), de intereses de clase. (valos: 2007, 34), en su inters por minimizarlos, al no corresponderse con la propuesta estatal que ofrece.

3.- Adscribindose a esta corriente, y para explicar las transformaciones estatales en las ltimas dcadas, valos seala que el aparato de Estado fue conquistado () por la lgica del capital y que la antigua mquina burocrtica del Estado benefactor ha sido desplazad(a) por una dinmica empresarial (valos: 2015a, 123). Es un exterior el que conquista y desplaza, y. el Estado, aun integrando el aparato, en su propuesta es ajeno a las clases.

4.- Frente al arribo del empresario Donald Trump al gobierno de Estados Unidos se pueden mencionar otros triunfos electorales recientes que manifiestan esa condicin excepcional.Pero ni Angela Merkel ni Emmanuel Macrn, por ejemplo, son miembros de las burguesas alemana ni francesa.

5.- En la solucin de valos de integrar el aparato al Estado (2015b: 56), alimenta a su vez esta confusin. Los expresidentes de Mxico como Ernesto Zedillo y Felipe Caldern, seran integrantes de las clases dominante, junto a los Slim, Azcrraga y Larrea. Identificar Estado y aparato permite dar sustento a la tesis que el poder poltico se puede alcanzar ganando posiciones en el aparato de Estado, sueo de toda poltica reformista. Pero entre el aparato de Estado y el Estado existe un hiato social y poltico. Es por ello que fuerzas sociales y personajes con mayores o menores conflictos con el capital pueden arribar al aparato (como Allende, Chvez o Morales), sin que ello implique que alcanzaron al Estado y con ello el poder poltico.

6.- El tema, que nos lleva a los problemas de las revoluciones anticapitalistas en la llamada periferia del sistema mundial capitalista, lo he desarrollado inicialmente en el libro Explotacin redoblada y actualidad de la revolucin. Refundacin societal, rearticulacin popular y nuevo autoritarismo. UAM/Itaca, Mxico, 2009. Un nuevo desarrollo se encuentra en el libro Sistema mundial, intercambio desigual y renta de la tierra, UAM/Itaca, 2017, Mxico, cap. I, El despliegue del capital en el Estado-nacin y en el sistema mundial.

7.- Procesos de los cuales se excluyen Mxico, Colombia, Per y Chile, los dos primeros por la presencia de fuerzas polticas tradicionales o derechistas en los gobiernos. Chile, por la fuerte dependencia de su comercio exterior con Estados Unidos en esos aos y por mantener lejana con experiencias que recuerden los aos de la Unidad Popular, a pesar que personeros progresistas llegan a la presidencia.

8.- No es que no hubo corrupcin. Pero el despliegue meditico local e internacional para dar cuenta del problema muestran que la cruzada contra la corrupcin ha cargado sus tintas contra los gobiernos populares y progresistas en la regin. (Romano: 2018).

9.- Aqu habra que excluir a Ecuador, en donde la idea de construir socialismo no tuvo mayor audiencia.

10.- El reformismo neogramsciano reinterpreta la guerra de posiciones formulada por Gramsci, postura que gan peso en las dcadas de los golpes militares en la regin, particularmente reflejada en la obra de Portantiero (1977). En aos recientes encuentra en la obra de lvaro Garca Linera una importante retoma, aderezada con el ltimo Poulantzas. (Garca Linera: 2015).

11.- En la tragedia griega el centro del escenario lo ocupaban casi siempre los hroes (). La vida cotidiana tena reservado (..) un espacio subalterno y sin rostro: el del coro. (Nun: 1989, 11). Con coro electoral quiero destacar el peso secundario de los ciudadanos y de las elecciones en la nueva forma de gobierno.

12.- Produccin y venta de drogas y estupefacientes de todo tipo, trfico de rganos, trfico de personas, trfico de armamentos, de material para fisin nuclear, blanqueo y lavado de dinero en actividades inmobiliarias, masivas operaciones fraudulentas por internet, apropiacin de informacin en redes sociales y venta, son algunas de las nuevas actividades de la acumulacin del capital.

13.- Es comn sealar que nos encontramos en un periodo de crisis estatal, y se han multiplicado las nociones que buscan dar cuenta de dicha crisis:fragmentacin o desintegracin del Estado (Roux: 2010 ), disolucin del Estado (valos: 2010 ), a la que ste agrega recientemente la de crisis de la estatalidad, como resultado del quiebre del principio del Estado Leviatn y del Estado Res pblica (valos: 2015a, 237-238), lo que pondra en discusin la autoridad del Estado, y su capacidad de expresin de las decisiones ciudadanas, en una vuelta de tuerca a la supuesta capacidad estatal de expresar esas decisiones. En el seno del capitalismo no es posible que la vida en comn se pueda desarrollar sin Estado. La manifestacin de problemas de seguridad, como en Mxico, no han paralizado los procesos de reproduccin del capital ni el dominio de las clases ligadas a ste. Con lo anterior no se pretende sealar que en Mxico en particular, desde donde se han formulado los trminos anteriores - no ocurre nada. Simplemente poner de manifiesto que las nociones empleadas, como fragmentacin del Estado, y peor an, disolucin del Estado, conducen a serios equvocos tericos y polticos. El Estado feudal se puede fragmentar, lo que hizo posible, por ejemplo, que la revolucin china fuera ganando poderes parciales en la larga marcha. Pero el Estado capitalista es un poder altamente centralizado, lo que impide que se le pueda destruir y reemplazar por partes.por un nuevo poder. Por otro lado los Estados capitalistas no se disuelven. De esta forma seran innecesarias las revoluciones. Por ello es que su fin pasa justamente por la destruccin de sus relaciones, en procesos de revolucin.

14.- La seguridad electoral refuerza la tendencia a la realizacin de todo tipo de maniobras y fraudes, desde la compra de votos, engaos cibernticos o simple manipulacin de boletas y de recuentos. La reeleccin de Juan Orlando Hernndez como presidente de Honduras, tras un escandaloso fraude en las elecciones de 2017, forma parte de viejas historias en las nuevas condiciones.

15.- Frmula contrainsurgente que el Estado colombiano ha aplicado de manera efectiva en las ltimas dcadas, asesinando a dirigentes sindicales obreros y campesinos, lderes sociales y dirigentes guerrilleros que han pasado a la vida institucional.

16.- Aqu se ubica la elevada cantidad de periodistas mexicanos asesinados en los ltimos aos. Tambin el reciente asesinato en Brasil (14 de marzo del 2018) de la legisladora del PSOL, Marielle Franco, tenaz opositora a la presencia de militares en Ro de Janeiro, y a los crmenes de las fuerzas de seguridad en las favelas.

17.- A fines de 2017 se aprob en Mxico una nueva Ley de Seguridad Interior, que otorga mayor presencia y operatividad a las Fuerzas Armadas, tras la intervencin del Ejecutivo en estados o municipios. La nueva ley, aprobada con la oposicin de organismos locales e internacionales de derechos humanos, deber ser sancionada por la Suprema Corte de Justicia, por decisin del presidente Pea Nieto.

18.- A solicitud del presidente Macri en marzo de 2018, el Ministerio de Defensa crear una unidad especial, la Fuerza de Despliegue Rpido (FDR), conformada por las tres ramas de las Fuerzas Armadas, para apoyar a las fuerzas de seguridad en la lucha contra el narcotrfico y el cuidado de los recursos naturales, asunto que refiere a la presencia de organizaciones mapuches en zonas boscosas del sur del pas, entre ellas el grupo Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), que reclaman su derecho a las tierras que ocupan, y en donde ya hubo enfrentamientos el 2017. Lo relevante de esta decisin es que permite operaciones de las Fuerzas Armadas al interior del territorio, lo que no ocurra desde las dictaduras militares en los aos ochenta (Beinstein: 2018). En la misma lnea, en octubre de 2017 el gobierno brasileo aprob la creacin de un nuevo Ministerio Extraordinario de Seguridad Pblica, que agrupa a todas las fuerzas del orden, bajo el mando del hasta entonces Ministro de Defensa. Tribunales y fiscales militares investigarn la muerte de civiles durante las operaciones armadas.

19.- El 16 de febrero de 2018 Michel Temer declar la intervencin federal en el Estado de Ro de Janeiro, entregando a un general el mando sobre militares y policas.

20.- En 2017 se inform que los aparatos de inteligencia del Estado mexicano espiaban a periodistas crticos, infiltrando con un mensaje SMS sus celulares con el sistema Pegasus, adquirido a Israel, que permite que cmara y micrfono queden bajo control de la seguridad estatal. En Chile, como parte de la Operacin Huracn, iniciada en septiembre de 2017, Carabineros detuvo a ocho dirigentes mapuches acusados de quemar iglesias y camiones en La Araucana. Ms tarde se descubri que la Unidad de Inteligencia Operativa Especializada de Carabineros no slo espi a periodistas de diversos medios que seguan el caso, que se prolong meses, sino que sembr conversaciones en los celulares de los detenidos, para ofrecerlos como prueba de culpabilidad y de pertenecer a una organizacin subversiva y criminal. En marzo de 2018 el Director General de Carabineros y el Director de Inteligencia de la institucin, conocedores del montaje, debieron presentar su renuncia.

Jaime Osorio. Profesor/investigador. Departamento de Relaciones Sociales, UAM-Xochimilco

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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