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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-08-2018

La clase obrera ya est rota

Pastora Filigrana Garca
CTXT

El discurso de atencin a la diversidad de la raza y el gnero es fundamental para reconstruir la unidad de lucha en todos los frentes


Pintura de Angela Davis.THIERRY EHRMANN

El discurso de la diversidad pone en peligro la unidad de la clase obrera. ltimamente ha reaparecido con fuerza esta alerta. Frente a las lecturas neomarxistas de las ltimas dcadas que sealaban que la opresin del neoliberalismo no se estructura nicamente a travs de la explotacin laboral, sino que existen otros dispositivos de opresin como la raza o el gnero, se lanza esta advertencia: El discurso de la diversidad es un triunfo del neoliberalismo porque esconde o diluye la opresin principal, que no es otra que la opresin de clase.

A continuacin, expongo una reflexin sobre la menor o mayor veracidad que esconde esta alerta, e invito a cuestionarla desde una mirada situada, llamando a la prudencia. Esta reflexin la hago desde mi propia mirada y mi vivencia de la raza, el gnero y la clase. Soy mestiza gitana, y he dedicado una parte importante de mi vida al activismo gitano, soy sindicalista activa, abogada laboralista y de ideologa comunista-libertaria.

Los discursos de la diversidad no rompen la clase obrera, la clase obrera ya est rota. La explotacin capitalista y el chantaje de la renta a cambio de fuerza de trabajo se manifiesta con diferente violencia segn el grado de humanidad que el sistema otorga a la persona trabajadora a partir de la raza, el gnero o el territorio que habita. En el Norte Global las luchas sindicales pueden articularse, organizar protestas, huelgas, o acciones sin que peligre la vida. No es cuestin de minusvalorar la represin que sufrimos, y que conozco de primera mano, pero la vida est a salvo. En el Sur Global, imaginemos las maquilas asiticas, estas prcticas de lucha suponen no ya la represin sindical, el despido o la multa sino que ponen en juego verdaderamente la integridad fsica y la vida. El discurso que llame a la unidad de la clase obrera frente a la explotacin capitalista tiene que hacerse cargo de esta diversidad de situaciones que se padecen. El discurso homogeneizador de todos somos la misma clase obrera sin matices y sin integrar estas diferentes situaciones de partida no es eficaz para la unidad, y la historia ha demostrado que fracasa porque deja fuera muchas formas de vida. El discurso de atencin a la diversidad de la raza y el gnero es fundamental para reconstruir una clase obrera que ya viene rota por estas diversas violencias.

El neoliberalismo imbrica varios dispositivos de explotacin que se retroalimentan: el racismo, el colonialismo, el patriarcado y el capitalismo. Son varias cabezas de un mismo cuerpo monstruoso. La emancipacin pasa sin duda por articular discurso y prcticas de lucha en todos los frentes, y para eso es esencial la atencin a las diversas manifestaciones del monstruo.

Cuando Silvia Federici, anticapitalista y marxista, advierte sobre cmo la explotacin no nicamente est en la plusvala, y pone la atencin en el trabajo de cuidados invisible que realizan las mujeres en el mbito familiar, no est dividiendo la clase. Est llamando a sumar un sujeto, la mujer cuidadora, que hasta ese momento se quedaba fuera porque el discurso marxista-obrerista se haba quedado estrecho.

Cuando Angela Davis, comunista, pone en el centro del discurso la raza como paradigma de explotacin no est rompiendo la clase, est incluyendo a un sujeto que se quedaba fuera por la violencia especfica que sufra desde su posicin de raza que no estaba siendo respondida desde luchas obreras. Cuando Sirin Adlbi habla de islamofobia y de cmo el capitalismo necesita construir al otro para justificar su acumulacin destructiva no rompe la clase, est sealando cmo se manifiesta la opresin desde la posicin de su comunidad y proponiendo una estrategia de lucha propia que responda a esta violencia.

Los discursos y las prcticas de lucha y resistencia no son universales. La hegemona blanca y occidental se cuela incluso en los discursos contrahegemnicos y convierte en universal sus formas de resistencia y lucha. Es imprudente que un obrero blanco y occidental quiera hacer universal que la primera lucha es la liberacin de clase, es decir liberarse de la explotacin laboral. Es osado porque quizs, desde su posicin en el mundo, es la nica opresin que padece, y por eso la hace centro y pretende universalizarla. Pensar de manera situada es valorar que quizs en un gueto negro estadounidense la represin que se sufre pase ms por la raza que por la clase y que la represin policial racista suponga el centro de la lucha, y no tanto la cuestin sindical en un centro de trabajo. Por supuesto que la violencia es por la raza y por la clase, porque son pobres, pero son las personas que padecen violencia especfica quienes deciden, de manera colectiva, qu ponen en el centro de su estrategia emancipatoria.

Darle protagonismo a la liberacin racial no est rompiendo la clase porque la lucha antirracista es una lucha anticapitalista; el capitalismo necesita para su mantenimiento de esta divisin racial y colonial del mundo.

Los discursos y las estrategias de resistencia estn all donde haya una comunidad oprimida. Construir la emancipacin desde estas estrategias de lucha propia y no estar obligados a mimetizar los modelos de la Europa blanca. Esto es la diversidad. Cuando abogo porque el pueblo gitano tiene sus propias prcticas de autogestin de conflictos o de mutualismo de base sin necesidad de parafrasear a Kroptkin, no estoy cuestionando la teora del apoyo mutuo, sino estoy hacindola cercana a gente que le queda lejos porque es distinta; es decir, no forma parte del paradigma blanco europeo.

Las alertas sobre cmo determinados discursos de la diversidad posmoderna conllevan la frivolizacin de los planteamientos polticos pueden ser muy necesarias, pero deben hacerse con prudencia y saber que se est hablando desde una mirada concreta y no universalizando nuestras experiencias. Hay que ponerse en estado de duda y pensar que quizs no todas las violencias pasan por las mismas jerarquas que las que padecemos en un territorio o un cuerpo determinado.

Son importantes y necesarias las llamadas de atencin sobre el sectarismo que puede existir en grupos que reivindican la diversidad, pero, si verdaderamente creemos en la unidad de las luchas, estas crticas deben buscar el dilogo y no el enfrentamiento. Enfrentarse con quienes rompen la clase slo alimenta una dinmica de atomizacin de las luchas y no suma en colectivo.

Nos enfrentamos a un monstruo de mil cabezas, y difcilmente saldremos de esta con un nico discurso y prctica de lucha. Va a hacer falta un dilogo amplio y una escucha atenta a las diferentes manifestaciones de violencia de estas cabezas. La unidad de lucha que aspiramos sin duda pasar por tener en cuenta la diversidad.

Pastora Filigrana Garca es abogada y activista por los derechos humanos. Pertenece a la Red Antidiscriminatoria Gitana (RAG) Rromani Pativ.

Fuente: http://ctxt.es/es/20180808/Firmas/21149/Pastora-Filigrana-Garcia-diversidad-clase-lucha.htm



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