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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-08-2018

El supremacismo blanco y la violencia consentida un ao despus de Charlottesville

Gonzalo Baptista
Rebelin

A un ao de la irrupcin neonazi en Charlottesville, la extrema derecha planea una nueva marcha cerca de la Casa Blanca.


Este domingo 12 de agosto se cumple el primer aniversario del asesinato de Heather Heyer, una camarera que, cansada de ver la ostentacin de violencia por parte de grupos fascistas, sali a las calles de Charlottesville junto a cientos de vecinos, en un ro de gente que vino a llamarse marcha antifascista. En el otro lado, cientos de miembros de la extrema derecha defendan con antorchas y con rifles semiautomticos la memoria de un polmico general de la poca de la Confederacin. Robert E. Lee (18071870), renuente en vida a aceptar la igualdad de derechos para los esclavos liberados, fue la excusa tctica para tomar por asalto una ciudad progresista y reunificar as el movimiento nacionalista supremacista, bajo el nombre de Unite the Right. Ante dicha efemride, vale la pena preguntarse qu son o qu piensan los supremacistas blancos?, por qu sus marchas son sinnimos de violencia consentida?

  Para abordar estas cuestiones, es bueno sintetizar cul era el clima previo. Antes de que la manifestacin de Charlottesville tomara lugar el ao pasado, Estados Unidos, en su conjunto, ya vena arrastrando la convulsa llegada de Trump al Despacho Oval. Desde un postulado institucional, el magnate fue diseminando ideas txicas sobre los negros, los latinos, los musulmanes, los asiticos, los colectivos LGTB+ y los medioambientalistas, entre otros. Algunos grupos de blancos catlicos vieron representado en l un cauce para dar expresin a los ideales racistas. Esta legitimacin xenfoba se difundi en las plataformas mediticas de Steve Bannon y con el beneplcito de la Asociacin Nacional del Rifle. Horas despus del atropello mortal de Heather, Trump, como presidente de la nacin, no conden el uso de smbolos nazis ni el paseo impune de las milicias. Sin embargo, se limit a decir que ese da hubo odio, fanatismo y violencia en ambos lados, algo que David Duke, ex lder del Ku Klux Klan, le agradeci pblicamente.

Sin embargo, las reuniones violentas del pasado agosto no son una absoluta novedad en la historia reciente estadounidense. Dos aos antes del asesinato en Charlottesville, fue fermentando un caldo de cultivo por casi todo el pas, principalmente en California. En Anaheim, por ejemplo, tres personas resultaron acuchilladas en una manifestacin a favor del Ku Klux Klan y, posteriormente, otras siete recibieron pualadas en un acto pronazi en Sacramento. En la ciudad universitaria de Berkley y en Huntington Beach las marchas convocadas por grupos supremacistas acabaron en una pelea campal, donde se pusieron en prctica tcticas de violencia sincronizada. A pesar de que la violencia era una constante en cada manifestacin, las autoridades locales en parte asintieron y las fuerzas policiales no intervinieron. Con un estado c ondescendiente, todo apunta a una legitimacin y empoderamiento de la violencia de la ultra derecha. Bajo esta luz se entiende mejor que la congregacin neonazi del pasado agosto fuera la ms numerosa de las ltimas tres dcadas.

En un reciente documental de investigacin dirigido por el periodista A. C. Thomson, se expone que ante este acceso de violencia permitida se ven los mimbres de una organizacin consentida a nivel nacional. A travs de artculos anteriores, el reportero de ProPublica pone en evidencia que hay una estrecha vinculacin entre los grupos violentos neonazi y el ejrcito, institucin de la que obtienen entrenamiento e inspiracin tctica que luego transvasan a sus grupos paramilitares. La historia ha demostrado que muchos lderes clave de este paraguas supremacista blanco han pertenecido a los cuerpos de seguridad del Estado, como el fundador del Partido Neonazi Americano, George Lincoln Rockwell, y el lder del Ku Klux Klan, Louis Beam. Un trasiego similar ha ocurrido con Richard Girnt Butler, el fundador de la organizacin religiosa de supremacistas blancos Nacin Aria.

A pesar de que el Pentgono condena pblicamente el racismo y la violencia del pasado agosto, varios de los neonazis que sembraron miedo y violencia en Charlottesville, algunos de ellos altos cargos de los grupos de odio, prestan servicio a la seguridad estatal, como el caso de un joven militar llamado Vasillios Pistolis, el cual sali indemne de una investigacin interna, hasta que recientemente, tras evidencias periodsticas, se le expuls por haber cometido una falta leve. Estos grupos de jvenes blancos, con una agenda activa en 23 estados, creen en el ataque en grupo armado, para el cual se preparan en lugares ridos como el desierto de Arizona, junto al Valle de la Muerte.

Las fuerzas policiales tampoco se han distinguido por su frrea determinacin frente a los grupos supremacistas armados. Una investigacin independiente pone de manifiesto la falta de preparacin y la ausencia de actuacin por parte de los cuerpos de la polica local y estatal, entonces al mando del ya retirado jefe de polica Al Thomas. En sus ms de doscientas pginas se destacan algunos ejemplos, como el de un grupo de policas impasibles cuando un miembro destacado del Ku Klux Klan de Maryland, armado con una pistola, dispar a los pies de un residente afroamericano, el cual baj a las calles para frenar tal escenificacin de dominio racial en la ciudad. Entre las conclusiones de dicha investigacin se asegura que de ningn modo la polica previno los enfrentamientos entre un grupo convocante organizado y otro convocado espontneo, pues incluso llegaron a desaparecer en algunos momentos de tensa confrontacin callejera. Slo queda pensar que dicha permisividad con la violencia proveniente de la extrema derecha contribuy al desenlace luctuoso, que acab con un total de tres muertos ese da, la activista Heather Heyer y dos policas en operativo areo a las afueras de la ciudad.

Situada entre la Cordillera Azul (Blue Ridge) de los Apalaches y el ro Rivanna, Charlottesville es una pequea ciudad apacible y verde, con un 45% de rboles en su casco urbano, un mercado de agricultores locales dos veces por semana y un festival internacional de cine en otoo. Esta conjuncin entre lo vecinal y lo global, junto al cuidado del medio ambiente, la convierte en una poblacin donde a da de hoy el respeto por lo comunitario y la integracin multicultural tiene una huella relevante. Dicho emplazamiento se distingue adems por la cercana a Washington DC (unos 150 kms) y por la sede de la Universidad de Virginia, fundada hace 200 aos por Thomas Jefferson.

Justo en uno de los parques centrales de la ciudad, comenz la disputa por un a estatua ecuestre de Robert E. Lee, manzana de la discordia entre el ayuntamiento y grupos de inspiracin confederada, que defendan la ubicacin central del general esclavista. Durante los varios meses del litigio, el ayuntamiento pudo cambiar el nombre de Robert Lee Park y pas a llamarse Emancipation Park, pero la estatua de bronce de 1924 se mantiene sobre su basa hasta que no se resuelva el caso judicialmente.

En la retina de muchos an queda impresa la procesin de unos 300 supremacistas blancos portando antorchas en la noche. Esta toma por asalto del campus de la Universidad de Virginia, a todas luces simblica, resulta estratgica, pues con banderas neonazis y gritos de odio ( Jewish will not replace us y White Lives Matter ) daban vueltas alrededor de una estatua de Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores del pas. Aunque Jefferson se distingue por haber grabado a fuego en la Declaracin de Independencia (1776) la frase Todos los hombres son creados iguales", mantena un gran nmero de esclavos en sus plantaciones. Con una de ellos, Sally Hemings, se sabe adems que mantuvo encuentros sexuales, de los que nacieron al menos cinco hijos.

Los administradores de la universidad bicentenaria, orgullosos de mencionar glorias pretritas, con estudiantes como Edgar Allan Poe o profesores como William Faulkner, quieren pasar de puntillas por la gestin de esta marcha racista, pues a fin de cuentas les dieron permiso de concentracin a los grupos violentos. Para entender mejor el contexto, la profesora y activista de Black Live Matters Jalane Schmidt pone de manifiesto el pasado oneroso de la universidad, vinculada con actividades esclavistas desde su fundacin, pasando por albergar una seccin del Ku Klux Klan y recibir sufragio econmico de la misma en los locos aos veinte del siglo pasado. La defensa frente al supremacismo de aquella noche vino de la mano de unos 25 activistas, la mayora estudiantes, que les salieron al paso y les plantaron cara a las antorchas y los golpes. Das despus, otro grupo de estudiantes de posgrado compil el llamado Charlottesville Syllabus, un programa de curso con fuentes primarias y secundarias sobre los precedentes contemporneos de la ideologa supremacista blanca, un recurso completo para incluirlo en las clases.

Los organizadores de la marcha armada Unite the Right, Jason Kessler y Richard Spencer, conocan bien el campus, pues ambos pasaron algunos aos como estudiantes. Las puntadas del pensamiento supremacista de ambos quedan visibles en algunos artculos que han publicado por la red. Kessler, por ejemplo, destaca la visin amenazante del mundo contemporneo en el que prima lo multicultural. Segn afirma, el ciudadano blanco estadounidense est acorralado e indefenso, por lo que asegura que hay en marcha un genocidio, un lento exterminio blanco, del que slo se puede salir abruptamente. No hay como acudir a los ltimos datos oficiales del censo estadounidense para desestabilizar dichas teoras, pues un 76,6% de la poblacin es blanca.

A da de hoy, los organizadores de la convencin violenta siguen libres y determinados a convocar una nueva cita conmemorando el primer aniversario. El ayuntamiento de la ciudad ya le ha denegado a Kessler el permiso. Sin embargo, ha solicitado una concentracin para este fin de semana a favor de los derechos civiles de los blancos en la capital de Estados Unidos, frente a la Casa Blanca , donde ahora reside Trump. Qu ocurrir este fin de semana en Charlottesville o en Washington?Volveremos a ver encapuchados impunes con armas y antorchas de fuego? Habr violencia consentida? Habr que lamentar otros muertos y herido s? Hasta que no lleguen las respuestas, habr que recordar que en estos das Rick Gates, la mano derecha del jefe de campaa de Trump, acaba de reconocer ante el juez que l le facilitaba el lavado de dinero al magnate, lo que podra levantar otra tormenta poltica sobre corrupcin que va acorralando a Trump. Des viar la atencin de ese juicio por unos das puede darle una inyeccin extra de oxgeno. Quiz por ello, el presidente de los Estados Unidos ha ido incrementando el tono violento contra los periodistas, llegndolos a definir recientemente como el enemigo del pueblo y que pueden provocar una guerra.



Fuente: https://www.elsaltodiario.com/racismo/el-supremacismo-blanco-y-la-violencia-consentida

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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