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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-08-2018

El capitalismo, no la naturaleza humana, fue lo que acab con nuestro impulso para enfrentar el cambio climtico

Naomi Klein
The Intercept

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Perfil de Manhattan al atardecer, 23 mayo 2018. (Foto Saul Loeb/AFP/Getty Images)

Este domingo, la revista del New York Times enteraestar dedicada a un solo artculo sobre un nico tema: el fracaso a la hora de enfrentar la crisis climtica global en la dcada de 1980, una poca en que la ciencia y la poltica parecan alinearse. Escrito por Nathaniel Rich, esta obra de la historia est llena de revelaciones internas sobre caminos no tomados que, en varias ocasiones, me hicieron maldecir en voz alta. Y para que no quede ninguna duda de que las implicaciones de esas decisiones quedarn grabadas en el tiempo geolgico, las palabras de Rich aparecen reforzadas por las fotografas areas a toda plana de George Steinmetz, que documentan de forma dolorosa la veloz desintegracin de los sistemas planetarios, desde el agua torrencial donde sola haber hielo en Groenlandia, a las floraciones masivas de algas en el tercer lago ms grande de China.

El artculo, con una extensin de novela corta, representa el tipo de compromiso de los medios que la crisis climtica se ha merecido siempre aunque casi nunca se le ha dedicado. Todos hemos escuchado las diversas excusas de por qu ese pequeo asunto de expoliar nuestro nico hogar no se consideraba una noticia urgente: "El cambio climtico es cosa de un futuro lejano"; "es inapropiado hablar de poltica cuando la gente est perdiendo la vida por los huracanes y los incendios"; "los periodistas siguen las noticias, no las crean, y los polticos no hablan del cambio climtico"; y, por supuesto: "Cada vez que intentamos hablar del tema, los ndices de audiencia se desploman".

Ninguna de estas excusas puede enmascarar el abandono del deber. Los principales medios de comunicacin siempre han podido decidir, por s mismos, que la desestabilizacin planetaria es una gran noticia, muy probablemente la ms relevante de nuestro tiempo. Siempre tuvieron la capacidad de aprovechar las habilidades de sus reporteros y fotgrafos para conectar la ciencia abstracta con los fenmenos climticos extremos experimentados. Y si lo hicieran de forma consistente, disminuira la necesidad que de los periodistas se adelanten a los polticos porque cuanto mejor informada est la gente sobre la amenaza y las soluciones tangibles, ms presionarn a sus representantes electos para que se decidan por acciones audaces.

Por eso es tan excitante ver que el Times pone toda la fuerza de su maquinaria editorial al servicio de la obra de Rich, acompandola de un video promocional, lanzndola con un evento en vivo en el Times Center y acompandola de material educativo .

Por todo ello es por lo que resulta tan indignante que el artculo se equivoque de forma espectacular en su tesis central.

Segn Rich, entre los aos de 1979 y 1989, se entendi y acept la ciencia bsica relativa al cambio climtico; la divisin partidista sobre la cuestin an no se haba producido, las empresas de combustibles fsiles an no haban iniciado seriamente su campaa de desinformacin y haba un enorme impulso global para conseguir un acuerdo internacional vinculante y audaz de reduccin de emisiones. Al escribir sobre el perodo clave de finales de los ochenta, Rich dice: "Las condiciones para el xito no podran haber sido ms favorables".

Y, sin embargo, "nosotros", los seres humanos, lo echamos todo a perder porque al parecer somos demasiado miopes para salvaguardar nuestro futuro. En caso de que no entendamos a quin y a qu hay que culpar por el hecho de que estemos ahora "perdiendo el planeta", la respuesta de Rich se presenta en un recuadro a toda pgina: "Conocamos todos los hechos y nada se interpona en nuestro camino. Nada, excepto nosotros mismos".

S, Vds. y yo. Segn Rich, no eran responsables las compaas de combustibles fsiles que acudan a cada reunin poltica importante descrita en el artculo. (Imagnense a los ejecutivos del tabaco siendo repetidamente invitados por el gobierno estadounidense para proyectar polticas que prohibieran fumar). Cuando todas esas reuniones no consiguieron resultado sustancial alguno, no deberamos llegar a la conclusin de que la razn de ello es que los seres humanos slo queremos morirnos? En cambio, no podramos llegar a la conclusin de que el sistema poltico es corrupto y est en quiebra?

Varios cientficos e historiadores del clima han sealado esta lectura equivocada desde que la versin online del artculo apareci el mircoles. Otros han comentado sobre las enloquecedoras invocaciones de la "naturaleza humana" y el uso del regio "nosotros" para describir a un grupo muy homogneo de poderosos actores estadounidenses. A lo largo del relato de Rich, no omos nada de todos aquellos lderes polticos del Sur Global que exigan una accin vinculante en este perodo clave y despus se preocupaban de algn modo por las generaciones futuras a pesar de ser humanos. Al mismo tiempo, las voces de las mujeres son casi tan raras en el texto de Rich como los avistamientos del pjaro carpintero real en peligro de extincin, y cuando las seoras aparecen, es principalmente como esposas sufridoras de hombres trgicamente heroicos.

Todos estos fallos han sido ya abordados, por eso no voy a discutirlos de nuevo aqu. Me centrar en la principal premisa del artculo: que a finales de la dcada de 1980 las condiciones no "podan haber sido ms favorables" para una accin climtica audaz. Bien al contrario, una apenas podra imaginar un momento ms inoportuno en la evolucin humana para que nuestra especie se encontrara cara a cara con la dura verdad de que las ventajas del moderno capitalismo consumista estaban erosionando rpidamente la habitabilidad del planeta. Por qu? Porque los ltimos aos ochenta estbamos en el cenit absoluto de la cruzada neoliberal, un momento de suprema ascendencia ideolgica para el proyecto econmico y social que se propuso vilipendiar deliberadamente la accin colectiva en aras a la liberacin del "libre mercado" en los aspectos de la vida. Sin embargo, Rich no menciona esta turbulencia paralela en el pensamiento econmico y poltico.

En esta foto de archivo del 9 de mayo de 1989, James Hansen, director del Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la NASA, testifica ante el subcomit de transportes del Senado en el Capitolio, Washington D.C., un ao despus de su histrico testimonio dicindole al mundo que el calentamiento global estaba ya aqu e iba a empeorar (Foto: Dennis Cook/AP).

Cuando ahond en esta misma historia del cambio climtico hace unos aos, llegu a la conclusin, al igual que Rich, que el momento clave en que el impulso mundial se estaba forjando en aras a un acuerdo global firme basado en la ciencia se produjo en 1988. Fue cuando James Hansen, entonces director del Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la NASA, testific ante el Congreso alegando que tena un "99% de seguridad" en que haba una "tendencia real hacia el calentamiento" vinculada con la actividad humana. Ms tarde, ese mismo mes, cientos de cientficos y polticos celebraron la histrica Conferencia Mundial sobre Cambios en la Atmsfera en Toronto, cuando se discuti sobre los primeros objetivos para la reduccin de emisiones. A finales de ese mismo ao, en noviembre de 1988, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climtico de la ONU, la principal entidad cientfica para asesorar a los gobiernos sobre la amenaza climtica, celebraba su primera sesin.

Pero el cambio climtico no slo preocupaba a polticos y expertos, haba pasado a formar parte de las conversaciones cotidianas y charlas de caf, a tal nivel que cuando los editores de la revista Time anunciaron en 1988 su "Hombre del Ao", optaron por cambiarlo por el "Planeta del Ao: La Tierra en Peligro". La portada mostraba una imagen del mundo sostenido con un cordel, con el sol ponindose al fondo de forma inquietante. "Ningn individuo en particular, ningn acontecimiento, ningn movimiento logr capturar la imaginacin ni domin ms los titulares", explicaba el periodista Thomas Sancton, "que el grupo de rocas y suelo y agua y aire que es nuestro hogar comn".

(Curiosamente, a diferencia de Rich, Sancton no culpaba a la "naturaleza humana" del pillaje planetario. Sigui profundizando en el uso indebido del concepto judeocristiano de "dominio" sobre la naturaleza y en el hecho de que suplant la idea precristiana de que "la Tierra era considerada como madre, como donante frtil de vida. La naturaleza -el suelo, el bosque, el mar- estaba investida de divinidad y los mortales estaban subordinados a ella.)

Cuando examin las noticias climticas de este perodo, pareca que podra lograrse realmente un cambio profundo. Pero despus, de forma trgica, todo se desvaneci, con Estados Unidos largndose de las negociaciones internacionales y el resto del mundo conformndose con acuerdos no vinculantes que dependan de "mecanismos de mercado" sospechosos, como la comercializacin y compensaciones de bonos del carbono. Por tanto, merece realmente la pena preguntar, como lo hace Rich: Qu demonios sucedi? Qu fue lo que interrumpi la urgencia y la determinacin que emanaban de todos estos establishment elitistas de forma simultnea al final de los aos ochenta?

Rich concluye, aunque sin ofrecer ninguna prueba social o cientfica, que algo llamado "naturaleza humana" se puso a dar patadas y lo estrope todo. "Los seres humanos", escribe, "ya sea en organizaciones globales, democracias, industrias, partidos polticos o como individuos, son incapaces de sacrificar las ventajas presentes para evitar el desastre impuesto a las generaciones futuras". Parece que estamos programados para "obsesionarnos con el presente, preocuparnos por el medio plazo y eliminar de nuestra mente el trmino a largo plazo, aunque acabemos envenenados por ello".

Al examinar el mismo perodo, llegu a una conclusin muy diferente: que lo que al principio pareca ser nuestro mejor intento para salvar la vida de la accin climtica haba sufrido, en retrospectiva, un caso pico de mal momento histrico. Porque lo que queda claro cuando se mira hacia atrs en esta coyuntura es que justo cuando los gobiernos se estaban uniendo para actuar seriamente a fin de controlar el sector de los combustibles fsiles, la revolucin neoliberal global se convirti en supernova y ese proyecto de reingeniera econmica y social choc a cada paso con los imperativos tanto de la ciencia del clima como de la regulacin corporativa.

El hecho de no hacer siquiera una referencia pasajera a esta otra tendencia global que estaba desarrollndose en los ltimos aos ochenta representa un gran punto ciego incomprensible en el artculo de Rich. Despus de todo, el principal beneficio de volver como periodista a un perodo en un pasado no muy lejano es que puedes ver tendencias y pautas que an no resultaban visibles para las personas que vivieron esos tumultuosos acontecimientos en tiempo real. Por ejemplo, en 1988, la comunidad del clima no tena manera de saber que estaban en la cspide de la convulsa revolucin neoliberal que transformara todas las economas principales del planeta.

Pero nosotros s lo sabemos. Y una cosa que queda muy clara cuando se mira hacia atrs, en los finales ochenta, es que desde ofrecer "condiciones para el xito que no podran haber sido ms favorables", 1988-89 fue el peor momento posible para que la humanidad decidiera que iba a tomarse en serie el hecho de poner la salud planetaria por delante de los beneficios.

Recuerden qu otras cosas estaban pasando. En 1988, Canad y Estados Unidos firmaron su acuerdo de libre comercio, un prototipo del NAFTA (siglas en ingls del Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte) y de los innumerables acuerdos que lo seguiran. El muro de Berln estaba a punto de caer, un acontecimiento que los idelogos de la derecha aprovecharan con xito en EE. UU. como prueba del "fin de la historia", tomndolo como licencia para exportar la receta Reagan-Thatcher de privatizacin, desregulacin y austeridad a todos los rincones del mundo.

Fue esta convergencia de tendencias histricas -la aparicin de una arquitectura global que se supona iba a abordar el cambio climtico y el afianzamiento de una arquitectura global mucho ms poderosa que iba a liberar el capital de cualquier restriccin- lo que hizo descarrilar el impulso que Rich identifica correctamente. Porque, como seala repetidamente, enfrentar el desafo del cambio climtico hubiera requerido imponer rgidas regulaciones a los contaminadores, a la vez que invertir en la esfera pblica para transformar la forma en que impulsamos nuestras vidas, vivimos en las ciudades y nos movemos.

Todo esto fue posible en los aos 80 y 90 (todava lo es hoy), pero habra exigido una batalla frontal contra el proyecto del neoliberalismo, que en ese momento estaba librando una guerra contra la idea misma de la esfera pblica ("La sociedad no existe", nos dijo Thatcher). Mientras tanto, los acuerdos de libre comercio que se firmaron en este perodo estaban desarrollando muchas iniciativas climticas sensatas, como subvencionar y ofrecer un trato preferencial a la industria verde local y rechazar muchos proyectos contaminantes como la fractura hidrulica y los oleoductos, que son ilegales en virtud del derecho comercial internacional.

Sobre esta colisin entre el capitalismo y el planeta escrib un libro de 500 pginas, y no quiero entrar de nuevo en los detalles aqu. Sin embargo, este extracto se introduce en el tema con cierta profundidad, por lo que citar aqu un breve fragmento:

No hemos hecho lo necesario para reducir las emisiones porque eso entra fundamentalmente en conflicto con el capitalismo desregulado, la ideologa reinante durante todo el perodo en el que hemos estado luchando para encontrar una salida a esta crisis. Estamos atrapados porque las acciones que nos daran la mejor oportunidad para evitar una catstrofe -que beneficiaran a la gran mayora- son extremadamente amenazadoras para una lite minoritaria que tiene un dominio absoluto sobre nuestra economa, nuestro proceso poltico y la mayora de nuestros principales medios de comunicacin. Ese problema podra no haber sido insuperable si se hubiera presentado en otro momento de nuestra historia. Pero es nuestra gran desgracia colectiva que la comunidad cientfica hiciera su decisivo diagnstico sobre la amenaza climtica en el preciso momento en que esas lites disfrutaban de un poder poltico, cultural e intelectual ms ilimitado que en cualquier momento desde la dcada de 1920. De hecho, los gobiernos y los cientficos haban empezado a hablar seriamente sobre los recortes radicales a las emisiones de gases de efecto invernadero en 1988, el ao exacto que marc el comienzo de lo que se llam "globalizacin".

Por qu es importante que Rich no mencione este choque y, en cambio, afirme que nuestro destino ha sido sellado por la "naturaleza humana"? Es importante porque si la fuerza que interrumpi el impulso hacia la accin somos "nosotros mismos", entonces el titular fatalista en la portada de la revista New York Times Magazine "Perdiendo la Tierra" es realmente merecido. Si la incapacidad de sacrificarnos a corto plazo por una dosis de salud y seguridad en el futuro se cuece en nuestro ADN colectivo, entonces no tenemos ninguna esperanza de cambiar las cosas a tiempo para evitar un calentamiento verdaderamente catastrfico.

Por otra parte, si nosotros, los seres humanos, estuvimos realmente a punto de salvarnos en los aos 80, pero nos vimos inundados por una oleada de fanatismos por parte de la lite del libre mercado, a la que se oponan millones de personas en todo el mundo, entonces ah hay algo bastante concreto que podemos hacer al respecto. Podemos enfrentar ese orden econmico y tratar de reemplazarlo con algo que est enraizado en la seguridad humana y planetaria, esa que no coloca la bsqueda del crecimiento y el beneficio a toda costa en su centro.

Y la buena noticia -y s, hay alguna- es que hoy, a diferencia de 1989, un movimiento joven y en crecimiento de socialistas democrticos verdes est avanzando precisamente con esa visin en EE. UU. Y eso representa algo ms que slo una alternativa electoral: es nuestra nica lnea de vida planetaria.

Sin embargo, tenemos que tener claro que la lnea de vida que necesitamos no es algo que haya sido probado antes, al menos no en la escala requerida. Cuando el Times tuite su triler del artculo de Rich sobre "la incapacidad de la humanidad para enfrentar la catstrofe del cambio climtico", la excelente ala de ecojusticia de los Socialistas Democrticos de Amrica ofreci velozmente esta correccin : "*CAPITALISMO* Si fueran serios a la hora de investigar qu ha ido tan mal, deberan centrarse en la incapacidad del capitalismo para abordar la catstrofe del cambio climtico. Por encima del capitalismo, *la humanidad* es totalmente capaz de organizar sociedades que prosperen dentro de lmites ecolgicos".

Su punto de vista es bueno, pero est incompleto. No hay nada esencial sobre los seres humanos que viven bajo el capitalismo; los humanos somos capaces de organizarnos en todo tipo de rdenes sociales diferentes, incluidas las sociedades con horizontes de tiempo mucho ms largos y con mucho ms respeto por los sistemas de apoyo a la vida natural. De hecho, los humanos han vivido de esa manera durante la gran mayora de nuestra historia y muchas culturas indgenas mantienen vivas hasta el da de hoy las cosmologas centradas en la tierra. El capitalismo es un breve incidente en la historia colectiva de nuestra especie.

Pero culpar simplemente al capitalismo no es suficiente. Es absolutamente cierto que el impulso hacia el crecimiento y las ganancias sin fin se oponen rotundamente al imperativo de una transicin rpida en el abandono de los combustibles fsiles. Es absolutamente cierto que el desencadenante global de la forma desatada de capitalismo conocida como neoliberalismo en los aos 80 y 90, ha sido el mayor contribuyente al desastroso pico de las emisiones globales en las ltimas dcadas, as como el mayor obstculo para la accin climtica basada en la ciencia desde que los gobiernos comenzaron a reunirse para hablar (y hablar y hablar) sobre la reduccin de emisiones. Y sigue siendo el mayor obstculo hoy en da, incluso en pases que se promocionan como lderes climticos, como Canad y Francia.

Pero tenemos que ser honestos y reconocer que el socialismo industrial autocrtico ha sido tambin un desastre para el medioambiente, como lo demuestra radicalmente el hecho de que las emisiones de carbono descendieron brevemente cuando las economas de la antigua Unin Sovitica se colapsaron a principios de los aos noventa. Y como escrib en "Esto lo cambia todo", el petropopulismo venezolano ha continuado con esta tradicin txica hasta nuestros das, con resultados desastrosos.

Reconozcamos este hecho al tiempo que sealamos que los pases con una fuerte tradicin socialista democrtica, como Dinamarca, Suecia y Uruguay, tienen algunas de las polticas ambientales ms visionarias del mundo. De esto podemos concluir que el socialismo no es necesariamente ecolgico, pero que una nueva forma de ecosocialismo democrtico, con la humildad de aprender de las enseanzas indgenas sobre los deberes para con las generaciones futuras y la interconexin de toda la vida, parece ser la mejor oportunidad que tiene la humanidad para la supervivencia colectiva.

Estas son las apuestas del aluvin de candidatos polticos que estn promoviendo una visin democrtico ecosocialista, conectando los puntos entre los expolios econmicos causados por dcadas de ascendencia neoliberal y el devastado estado de nuestro mundo natural. Inspirados en parte por la carrera presidencial de Bernie Sanders, candidatos de diversos tipos, como Alexandria Ocasio-Cortez en Nueva York, Kaniela Ing en Hawai y muchos ms, se presentan en plataformas que piden un "Nuevo acuerdo ecolgico" que satisfaga las necesidades materiales bsicas de todos, ofrezca soluciones reales a las desigualdades raciales y de gnero, al tiempo que catalice una transicin rpida al cien por cien de energa renovable. Muchos, como la candidata a gobernadora de Nueva York, Cynthia Nixon, y el candidato a fiscal general de Nueva York, Zephyr Teachout, se han comprometido a no aceptar dinero de las compaas de combustibles fsiles y, en cambio, estn prometiendo procesarlas.

Estos candidatos, se identifiquen o no como socialistas demcratas, rechazan el centrismo neoliberal del establishment del Partido Demcrata, con sus tibias "soluciones basadas en el mercado" para la crisis ecolgica, as como la guerra total de Donald Trump contra la naturaleza. Tambin estn presentando una alternativa concreta ante los socialistas extractivistas antidemocrticos del pasado y del presente. Y quiz lo ms importante, esta nueva generacin de lderes no est interesada en convertir a la "humanidad" en chivo expiatorio de la avaricia y corrupcin de una lite minscula. Busca en cambio ayudar a la humanidad, en particular a sus innumerables miembros sistemticamente desconocidos, a encontrar su voz y poder colectivos para poder enfrentarse a esa lite.

No estamos perdiendo la Tierra, pero esta se est calentando de forma tan veloz que est inmersa en una trayectoria en la que muchos de nosotros vamos a perdernos. Justo a tiempo, est apareciendo un nuevo camino poltico hacia la seguridad. No es el momento de lamentar nuestras dcadas perdidas. Es hora ya de salir del infierno por ese camino.

Naomi Klein es una periodista e investigadora canadiense de gran influencia en el movimiento antiglobalizacin y el socialismo democrtico. Entre sus libros publicados figuran: No Logo, Vallas y Ventanas, Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima. Su nuevo libro es: Decir no, no basta: Contra las nuevas polticas del shock, por el mundo que queremos.

Fuente: https://theintercept.com/2018/08/03/climate-change-new-york-times-magazine/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.

 


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