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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-08-2018

Gobiernos posprogresistas: la degradacin de la prensa y la justicia

Atilio A. Boron
Rebelin


Leo los principales medios de la prensa hegemnica en la Argentina por necesidad. Es tarea ineludible de mi labor como analista poltico. Bien s que son pocas las informaciones verdicas y relevantes que obtendr de esas fuentes. La razn: no son expresiones del periodismo sino dispositivos que de modo incesante fraguan operaciones de todo tipo para reforzar la primaca de los grandes intereses corporativos nacionales y extranjeros, de los cuales no slo son voceros y operadores sino que tambin forman parte y tienen intereses que proteger. Esta insercin de los grandes medios en el corazn de la clase dominante explica las razones por las que a travs de su prensa escrita, radial o televisiva muy rara vez podremos conocer la verdad.

A diferencia del periodismo -que languidece y sobrevive con inauditos esfuerzos en el capitalismo contemporneo- la funcin de los medios concentrados no es informar objetivamente sino mentir, crear un mundo paralelo, escamotear las noticias inconvenientes para el gobierno y las clases dominantes, satanizar sin pausa a los liderazgos y las fuerzas polticas contestatarias, suprimir las voces disidentes o, de no ser tal cosa posible, acosarlas hasta tornarlas inaudibles. Pero bucear en sus mentiras es una va para identificar sus intereses y sus planes. La historia confirm la amarga premonicin de Gilbert K. Chesterton cuando en el fragor de la Primera Guerra Mundial dijo que los peridicos comenzaron a existir para decir la verdad y hoy existen para impedir que la verdad se diga. El caso de la Argentina se ajusta como anillo al dedo a su vaticinio.

En este terreno los nefastos logros del gobierno de Mauricio Macri no tienen precedentes en el perodo democrtico inaugurado el 10 de diciembre de 1983. En la actualidad el control ejercido sobre los medios de comunicacin es casi total, propio de un hbrido poltico que todava combina algunos pocos rasgos de la democracia con un nmero creciente de otros propios de las dictaduras. De ah que la caracterizacin ms apropiada que le cuadra al rgimen macrista sea la de democradura. El Ministerio de la Verdad concebido por George Orwell en su clebre novela 1984 irrumpi con fuerza en la Argentina. Como aqul, la principal tarea de los medios hegemnicos es la propagacin de posverdades y plusmentiras cuyo nico objetivo es impedir que el pblico acceda a informacin verdica y conozca lo que est ocurriendo. Por eso la mezcla de iracundia y repugnancia que genera la mera lectura de esos vulgares pasquines en donde especialmente en sus ediciones de fin de semana- la falsedad y el engao estn a la orden del da.

Este fin de semana en la seccin de las noticias nacionales, por ejemplo, slo existe el tema de la corrupcin de la poca kirchnerista. La sistemtica destruccin del Estado de Derecho que ha venido padeciendo este pas desde la llegada de Macri a la Casa Rosada es completamente soslayada por los propagandistas de la derecha que se arrogan el inmerecido ttulo de prensa independiente. En este pas ya no hacen falta pruebas para ser enviado a prisin; basta, como en el infausto caso del Brasil, que un juez tenga la conviccin repito, la conviccin no las pruebas- de que Lula es culpable para enviarlo a la crcel.

En la Argentina, el ex ministro Julio de Vido o Milagro Sala estn en prisin sin que haya sentencia firme que as lo determine pero el juez que interviene en la causa est convencido de que son culpables y las dicta la prisin. El ex vicepresidente Amado Boudou fue condenado en una farsa judicial pese a que todas las evidencias del caso desmentan la acusacin. En su caso del debido proceso no quedaron ni rastros. Lo mismo ocurri en Ecuador con el ex vicepresidente Jorge Glas, perseguido con saa por un traidor que ya descendi a las cinagas de la historia latinoamericana. Un rasgo comn que hermana a las democraduras pos-progresistas de Argentina, Brasil y Ecuador es la elevacin de la venganza y el escarmiento al rango de principios cardinales del nuevo orden jurdico-institucional.

En la lgubre atmsfera de estos regmenes el derecho arroja por la borda cualquier atisbo de garantismo o debido proceso e involuciona hasta la poca del absolutismo dinstico europeo, anterior a la Revolucin Francesa; o de la Santa Inquisicin, con la complicidad de los custodios de los valores republicanos llamados a un indigno silencio. En el caso de los cuadernos Gloria inslitamente arrojados a las llamas por su redactor -un inverosmil chofer que escribe como Vargas Llosa pero habla como un barrabrava y cuyos minuciosos recuerdos slo son comparables a los prodigios que Borges le atribua a Funes el memorioso- no equivale ese arranque de piromana a la destruccin de pruebas? No est eso penado por la ley? Porque sin poder peritar esos cuadernos que supuestamente probaran la corrupcin del kirchnerismo, cmo saber si fueron escritos a lo largo de tantos aos por quien dice ser su autor o encomendados de apuro a algn escriba para que terminara su tarea en vsperas del ao electoral? Otra duda: mi caligrafa ha ido variando con el tiempo. No escribo exactamente igual hoy que hace diez aos. Adems, tambin cambia en funcin de las condiciones que rodean el acto de escribir, la comodidad con que puedo hacerlo, el lugar, y las emociones que atraviesan mi persona sobre todo si estoy a punto de revelar cuestiones como las que all se denuncian. Los cuadernos del meticuloso Oscar Centeno, mejor dicho, las fotocopias, parecen escritas por un inmutable copista medieval cuya vida transcurre en un etreo monasterio aislado del mundo y sus circunstancias.

Pero estos son detalles menores, infundadas sospechas que la prensa hegemnica pasa alegremente por alto para barrerlas bajo la alfombra, lo mismo que el ilegal encarcelamiento y permanente hostigamiento a que es sometida Milagro Sala aun cuando su situacin provoque el repudio de la Comisin Interamericana de Derechos Humanos. Por supuesto, si se demostrase fehacientemente que los arriba nombrados incurrieron en un delito y fueron condenados en un juicio ajustado al debido proceso cosa que hasta ahora no ha ocurrido- nadie en la izquierda saldra en defensa de los corruptos.

La corrupcin es estructural, tolerada y aprobada en los gobiernos de derecha. Qu otra cosa es el cruento despojo de millones de hectreas a los pueblos originarios en el siglo diecinueve o los fabulosos negociados con la deuda externa y las exorbitantes comisiones bancarias pagadas por el gobierno de Macri, para hablar slo del caso argentino? Pero no acontece lo mismo con los gobiernos y las fuerzas de izquierda, para los cuales la corrupcin significa la malversacin y posterior frustracin de un proyecto revolucionario, razn por la cual la intransigencia ante la misma es absoluta. En los regmenes pos-progresistas lo que impera no es la justicia sino la venganza, la persecucin poltica, el escarmiento. En su soberbia y rusticidad intelectual los actuales gobernantes y sus lenguaraces se dan el lujo de ignorar una grave enseanza de la historia: ms pronto que tarde, la monstruosidad jurdica que han creado se volver en su contra y el derecho a un debido proceso que hoy le niegan a sus adversarios muy probablemente tambin les sea negado a ellos. Macri y los suyos tambin tendrn que desfilar por aos por los pasillos de Comodoro Py.

Pero hay ms. Los medios hegemnicos no slo justifican el avasallamiento de la justicia sino que se hunden en la infamia y el escndalo al silenciar por completo el tema de los aportantes truchos. Para quienes no estn familiarizados con lo que ocurre en la poltica argentina se trata de personas pobres o indigentes, beneficiarios de programas sociales del gobierno, cuyos nombres fueron sustrados de los listados de distintas oficinas gubernamentales para convertirlos en esplndidos donantes de dinero para la campaa del macrismo, en montos inalcanzables para ellos, con el objeto de ocultar contribuciones ilegales recibida por la alianza Cambiemos. Este escndalo salpica desde el presidente para abajo, pasando sobre todo por la gobernadora Mara Eugenia Vidal y las principales figuras del macrismo. Pese a las flagrantes pruebas de lo que ha dado en llamarse el Vidalgate, la justicia argentina no dispuso la realizacin de allanamientos ni llamados a declaraciones indagatorias a los incursos en ese delito, como s ocurri en los casos en que los acusados pertenecan al anterior gobierno. Los graves delitos cometidos en el caso de los aportantes truchos, que incluyen desde fraude, evasin fiscal y lavado de dinero, son arteramente ocultados por los medios. Lo mismo ocurre con la completa desaparicin del espectro noticioso del estallido de una garrafa de gas que caus las muertes de la Vicedirectora y un portero de una escuela en una barriada popular de Moreno, ocasionadas por la criminal desidia del gobierno de la provincia de Buenos Aires que haba sido repetidamente advertido del problema.

Tampoco comentan esos diarios el papeln internacional causado por la celebracin sin tapujos del rechazo del Senado a la ley de la interrupcin voluntaria del embarazo manifestado por la inimputable Vicepresidenta de la Argentina, Gabriela Michetti, y Mara E. Vidal, en acelerada metamorfosis de Heidi a Malfica. De estos temas los medios concentrados no hablan, como tampoco lo hacen de los Panam Papers que involucra a prominentes figuras del gobierno, comenzando por el presidente; o del affaire del Correo Central y el resarcimiento exigido por el Grupo Macri y tantos otros asuntos ms que esa prensa que se declara seria, independiente, objetiva tendra que mantener bajo constante escrutinio da a da si quisiera honrar la noble profesin del periodismo.

En suma: la progresiva disolucin del Estado de Derecho requiere de una prensa degradada y prostituida, cuya misin no es informar a la ciudadana sino manipularla, engaarla y embrutecerla con mentiras y un verdadero tsunami de fake news. La divisin del trabajo es muy clara: la prensa se encarga de linchar mediticamente a los indeseables y de preparar un clima de opinin adverso a esos personajes. Luego de ello el poder judicial dicta la prisin preventiva de los acusados, mientras da por bueno lo establecido en los medios, comienza a acopiar las pruebas y pone en marcha el proceso legal. El principio de que alguien es inocente hasta que se pruebe lo contrario pas a mejor vida. La prensa se encarga de demonizar o de encubrir, segn el caso. Por eso la labor de este analista poltico que debe sumergirse da tras da en esa cloaca maloliente se ha transformado en un trabajo insalubre que provoca indignacin y repugnancia moral. Pero el esfuerzo se justifica porque permite comprender la naturaleza maligna e insanable de los gobiernos que vinieron a redimir a nuestros pases de los males de la izquierda o el progresismo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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