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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-08-2018

Pensiones pblicas versus Entidades de Previsin Social Voluntaria

Juan Enrique Elua Suarez y Herminio Carral Olondriz
Viento Sur


Desde el momento en que se decidi separar la financiacin de la Seguridad Social (parte contributiva) de los Presupuestos Generales del Estado, el sistema de pensiones dej de recaer en toda la sociedad para hacerlo en exclusiva, en los trabajadores asalariados (cotizaciones sociales) y se abri la puerta para eliminar los componentes solidarios y redistributivos del sistema pblico. El sistema pblico de pensiones es un sistema de reparto, y adems, constituye un mecanismo de redistribucin (transfiere rentas desde las etapas de actividad hacia las de no actividad) y fortalece el principio de solidaridad. Las rentas que los beneficiarios reciben cuando no trabajan han sido generadas en pocas de actividad y, adems, es intergeneracional. Las pensiones son una parte del salario de las y los trabajadores, al igual que las cotizaciones sociales (salario diferido).

Los planes de pensiones privados son muy diferentes a las pensiones pblicas. Los fondos de pensiones, en que deben estar integrados los planes de pensiones, en realidad son similares a los fondos de inversin privados, constituidos por el ahorro de cada persona que los deposita en una entidad gestora (por lo general, en un banco) hasta el momento de su jubilacin. Conviene sealar el tratamiento fiscal ventajoso que tiene este producto financiero. La Administracin admite una reduccin de los ingresos fiscales a corto plazo, para fomentar el ahorro a largo plazo de los titulares de planes de previsin social privados (de empleo e individuales). Esta ventaja fiscal es, adems, regresiva, pues mejora cuanto mayor es la renta percibida por l o la titular. Estas rentas altas son las que pueden ahorrar y tener inmovilizada esa liquidez hasta su jubilacin. La Asociacin de Tcnicos de Hacienda (GESTHA) calcula que a partir de 46.000 de ingresos, tiene aliciente constituir una pensin privada.

Esta regresividad tambin aparece si se liga a los topes que tienen las bases de cotizacin en el Estado. El grupo con rentas ms bajas soporta una carga de cotizaciones sobre el 14,2% de los ingresos. Mientras que, en el otro extremo, el colectivo con ms renta, soporta un 6,5%. De aqu ya podemos extraer una primera conclusin: todas las personas contribuyentes estamos subvencionando a quienes pueden ahorrar una pensin privada.

Hay quienes desde un planteamiento ultraliberal propugnan adelgazar el sistema pblico y a la par, fortalecer las pensiones privadas con el fin de forzar un sistema mixto (pblico-privado). La idea de capitalizar una parte de nuestras cotizaciones sociales no es otra cosa que detraer fondos del sistema pblico (descapitalizacin) y llevarlos al privado, ya que una parte de la que contribuye cada persona trabajadora dejara de ingresarse en las arcas de la Seguridad Social para ser invertida en fondos de pensiones privados. Estas medidas no se dirigen a la salvaguarda del sistema pblico sino a promover su agona mediante la disminucin de su financiacin.

En un sistema mixto nos encontraramos con que la pensin privada que cobrara el ciudadano por su contribucin al fondo de pensiones (parte privada) dependera nicamente de su aportacin, por lo tanto, a sueldos bajos, corresponderan pensiones bajas. En definitiva, el sumatorio de una pensin pblica baja con otra privada baja, dara lugar a una cantidad significativamente inferior a la que resultara si cotizara slo al sistema pblico. Este sistema mixto contribuira a incrementar la desigualdad entre rentas altas y medias-bajas. Aqu lo que est en juego es la capacidad redistributiva implcita en el sistema de reparto (pblico), lo cual es imposible en un sistema de capitalizacin en el que el retorno es plenamente individual.

La experiencia nos indica que cuando gobiernos y parlamentos reforman el sistema pblico de pensiones es para debilitarlo y endurecer las condiciones de acceso al mismo. Adems de recortar las prestaciones, ponen a disposicin de las entidades financieras (gestoras) toda su capacidad legislativa (desgravaciones fiscales, bonificaciones, ...) para promocionar las pensiones privadas. Dicen que para complementar la "pblica", pero sabemos cul es el final de esta historia: "suplantar la pblica".

En la Comunidad Autnoma Vasca (CAV) las Entidades de Previsin Social Voluntaria (EPSV) son equivalentes a los planes y fondos de pensiones privados del resto del Estado. Este marco de previsin social privado fue aprobado en 1983. Entre las diversas modalidades de EPSV destacan las "individuales" y las de "empleo" o "empresa", vinculadas estas ltimas al puesto de trabajo y al salario (pactadas en convenio colectivo). Estos fondos de pensin privados han acumulado un patrimonio cercano a los 24.000 millones de euros hasta 2017, que se acerca al 34% del PIB de Euskadi. Este porcentaje casi cuadruplica la media de los fondos del Estado (9,5%).

Es difcil precisar cuntas personas tienen una EPSV en la actualidad porque muchas tienen abiertas dos o ms cuentas en funcin de sus preferencias y estrategias. Pero segn la Federacin de EPSV de Euskadi, el clculo que hacen parte de la existencia de aproximadamente 1,14 millones de cuentas, por lo que deducen que alrededor de 700.000 personas vascas disponen de una EPSV de jubilacin, y ms de la mitad de estos tienen un plan de pensin social privado de empresa y, el resto, de ahorro individual. El fondo patrimonial de la EPSV asciende en la actualidad a los 6.300 millones de euros.

En las EPSV de empleo o empresa existen tres grandes colectivos. Por un lado, estn los asalariados, principalmente guipuzcoanos del sector privado (metal mayoritariamente) integrados en GEROA, que suman entre 150.000 y 170.000 personas socias y un patrimonio de 1.800 millones de euros.

El sector pblico est cubierto con las ESPVs Elkarkidetza e Itzarri (unas 125.000 personas socias) y las tres cajas, ahora fusionadas en Kutxabank, que generaron importantes fondos de pensiones al abrigo del carcter pblico de las antiguas cajas.

El importante peso del Grupo Cooperativo Mondragn en el tejido vasco hace que participe, de forma destacada, en el sumatorio del capital total de las EPSV deEuskadi. Aqu, los y las trabajadoras socias tienen doble cotizacin: por un lado al rgimen de autnomos; por otro a la EPSV Lagun Aro. Quienes trabajan (para el grupo) por cuenta ajena cotizan slo al Rgimen General de la Seguridad Social. Al cierre del ao 2016 existan 28.413 personas activas (cotizando) y 13.000 pensionistas.

Con qu facilidad se olvidan elementos como los que siguen!:

- Que los llamados "recursos pblicos" se conforman con el pago de los impuestos (directos e indirectos) por parte de toda la ciudadana contribuyente;

- Que el uso que se haga de esos recursos har que se fortalezca o se debilite tanto la justicia como la cohesin social;

- Que tanto las cotizaciones sociales, como las cantidades que ingresa el empleador (las tres administraciones) para complementar la pensin pblica, prxima o futura de las y los trabajadores pblicos, son salario diferido. An siendo as, hay que decir que ni significa lo mismo, ni el alcance es el mismo. Mientras en uno, las cotizaciones sociales se detraen de las nminas (sector pblico-privado) y va a la Seguridad Social, en el otro, la cantidad que pone la Administracin va directa al bolsillo privado de cada empleado o empleada. Es decir, uno tiene carcter social y adems de ser contributivo y solidario, alimenta el sistema pblico de pensiones, que es un sistema de reparto. El otro, tendr un fin social, pero es privado, no aporta al bien comn ni a la justicia social y alimenta otro sistema: el individual, que es de capitalizacin.

Todava hay quien confunde los derechos adquiridos con teologa sindical. Nos parece de inters mencionar que el DEIA, el 29 de Abril de 2012, public una entrevista al Dr. en Ciencias Econmicas por la UPV-EHU y profesor de contabilidad analtica, Jos Ramn Urrutia, en la que ante la pregunta Hay dinero para invertir aqu? Responda: "Kutxabank y Caja Laboral Popular-Ipar Kutxa, tienen que apostar por invertir aqu. Tambin tenemos la posibilidad de usar mejor el dinero depositado en las EPSV vascas. Las EPSV tienen unos 20.000 millones de euros de los que ni siquiera el 10% est invertido en Euskal Herria. Tenemos un patrimonio que se puede usar aqu y que est invertido fuera!" Desde luego, hay frases que merecen grabarse en mrmol. Lo curioso es que nadie sali, en prensa, para confirmar o desmentir las declaraciones del Sr. Urrutia. Si tenemos en cuenta que las transformaciones financieras han hecho que los mercados sean mucho ms rentables que el sector productivo, ya tenemos perfilada la respuesta a la pregunta dnde est el 90% restante? Si bien es escasa, algo de luz es lo que nos aportan Virginia Oregui (gerente de Geroa) y Amaia Aldasoro (vicepresidenta ejecutiva de Elkarkidetza) en una entrevista que public Deia el 19 de Julio del 2015, donde declararon que el porcentaje del patrimonio de ambas EPSV invertido en Euskadi ascenda al 15 % (Geroa) y al 16% (Elkarkidetza) respectivamente.

Hay quien dice que el crecimiento y aceptacin de las EPSV en Euskadi (1983) es debido a la cultura financiera de la Sociedad Vasca, cuando lo cierto es que la accin combinada de los partidos polticos, instituciones, y algunos sindicatos bien implantados es lo que ha permitido que se instale la cultura de la Proteccin Social Privada con el consecuente debilitamiento de la Proteccin Social Pblica, a da de hoy gravemente comprometida.

Estos sindicatos llevan trabajando, en esta lnea, ms de 30 aos. Y esto se hace cuando se prioriza los intereses del propio "sindicato" ( cuidar a su sector de influencia ) frente a la necesidad de recuperar la equidad, justicia social, as como, de reducir las desigualdades... Por lo tanto, segn donde se ponga la mirada se adapta el contenido a transmitir.

Mirada hacia adentro

Aqu se trabaja para lograr la mxima rentabilidad financiera al ahorro de cada empleado o empleada pblica que tenga Itzarri o Elkarkidetza. Se refuerza la hegemona cultural capitalista y se estimula la lgica del "mximo beneficio", as como se bendice la "lgica rentista".

Aqu no se exige arraigo al llamado "ahorro vasco". As mismo no se habla de la deslocalizacin del citado ahorro. En qu economa est invertido ?. En la economa real o la especulativa?

Aqu las emociones se viven hacia dentro. El alborozo y el contento se manifiesta con contencin cuando se sabe que, por ejemplo, este ao se han reactivado las aportaciones institucionales a Itzarri (venan de estar suspendidas los ltimos 6 aos). Sinduda una excelente noticia para empezar el ao. Y se hace as, ms que por pudor o esttica, por el riesgo de que quienes estn excluidos de este tratamiento de ventaja pidan explicaciones, o algo ms. Conviene recordar que hablamos de empleos: estables, a jornada completa, protegidos y con condiciones laborales y salariales dignas, conciliables y con contrato indefinido.

El resultado es evidente: se pasa de estar protegido a hiperprotegido como si fuese lo ms natural del mundo; y esto es lo que hace que alguien que "tiene la suerte" de tener este tipo de empleo pase a la categora de "privilegiado o privilegiada".

Mirada hacia fuera (la sociedad)

Aqu las expresiones van hacia fuera. Se exterioriza intensidad y no se duda en llamar a "confrontar con el capital", a exigir transparencia a los dems, y a reconvenir al resto por no tener "agenda social"...

Aqu se exige arraigo al empresario y se censura la deslocalizacin de empresas. En definitiva, aqu se recogen los "principios", el "ideario"

En resumen, la primera mirada sirve para ocultar y proteger el "tratamiento de ventaja" (EPSV) y la otra mirada sirve para exhibir sus "principios". El contraste entre las dos miradas es evidente. A esta dicotoma se llega cuando se considera que lo importante es no perder "espacio de poder", porque hay mucha competencia en el mercado electoral. As que cueste lo que cueste, el sindicato es lo primero. Este enfoque lleva a considerar que la "coherencia" (cuando el verbo coincide con la praxis) est sobrevalorada y adems es prescindible, y hace que la cohesin social deje de ser social y pase a ser grupal o corporativa, sin ningn problema.

Con qu facilidad se olvida que la penuria colectiva de las y los perdedores de esta crisis (jvenes, mujeres, inmigrantes, familias monoparentales, contratados temporales y/o a tiempo parcial, trabajadores con empleo pero pobres...) descansa en la persistente desigualdad en la distribucin de los recursos.

Con este planteamiento, cuando el empleador pblico oferta en la Mesa de Negociacin Colectiva abrir a cada empleado o empleada pblica de las tres Administraciones (local, foral y autonmica) una cuenta de pensin privada con aportaciones institucionales (recursos pblicos de todas y todos) para complementar la pensin pblica prxima o futura, los sindicatos firmantes no tienen inconveniente en priorizar la primera mirada (ventajas para sus representados) y firmar. La segunda mirada queda aparcada.

El resultado de esta manera de proceder es: un mal uso de los recursos pblicos; no sirve para reducir las desigualdades; se desdibuja la transicin a un "modelo de sociedad decente"; aumenta la inequidad: la equidad ni est ni se la espera. Ese sindicalismo combativo, con agenda alternativa y transformador (tan necesario siempre) queda en mera pirotecnia. Consolida una ciudadana de primera y de segunda. Se impulsa una Proteccin Social Vasca dual o de doble velocidad, mediante la cual, una parte de la poblacin va ms rpido, ms lejos y en mejores condiciones (gracias a la EPSV privada que complementa a la pensin pblica) y la mayora, va ms lenta, en endebles condiciones y el recorrido es ms corto (solo tiene el sistema pblico de reparto). Esa transparencia que se reclama a los dems, se la tiene que aplicar uno mismo. Por lo tanto pedimos a estos sindicatos que "rindan cuentas" al conjunto de la Sociedad. Se trata de explicar las EPSV en lo referente a: Estatutos; composicin de los comits de direccin y de inversiones; retribuciones de los cargos; memoria econmica; dnde se invierte el patrimonio (Itzarri, Elkarkidetza... ).

Quizs lo entiendan, o no? las y los trabajadores de PYMES (pequeas y medianas empresas), autnomos, sectores de Oficina y Despachos, trabajadoras de residencias geritricas, hostelera, comercio Pero seguro que lo agradecen. As nadie se sustraera al escrutinio del contenido, de las actuaciones, y de los actuantes. Qu importante es la informacin! Y as poder decidir con conocimiento de causa si aplaudir o hacer una peineta.

No os pedimos un acto de contricin, ni siquiera de atricin, pero s una sincera autocrtica, que permita revertir esta situacin "ventajista" para algunos y excluyente para la mayora de la ciudadana. Actuar as posibilitara recuperar ese impulso transformador y renovador, que tambin le pertenece al sindicalismo, y que pasa por abandonar el papel de "agentes comerciales" de, en definitiva, un producto financiero (EPSV) que hiperprotege al protegido y desprotege a los y las grandes perdedoras y excluidos. Necesitamos ese sindicalismo alternativo y ejemplar que agrupe (sindicar es agrupar) al conjunto de las y los trabajadores (ocupados o no) para lograr ese cambio de mentalidad en la masa crtica de la sociedad.

Por lo tanto, reclamamos a los partidos polticos, instituciones, y organizaciones sindicales que a los ciudadanos de la CAV que quedaron, y siguen, excluidos de aparecer como beneficiarios de una cuenta de Proteccin Social Privada con dinero pblico (de todos y todas) se les reconozca el mismo tratamiento dado a los empleados pblicos en dicha cuestin.

La penosa conclusin de este escrito se puede expresar en los siguientes trminos: lo pblico es de todos y todas pero no es para todos y todas.

Salud y Vida Buena!

Juan Enrique Elua Suarez. Jubilado de Osakidetza. Herminio Carral Olondriz. Jubilado de la Diputacin de Bizkaia.

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article14085



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