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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-08-2018

La Iglesia y el poder

Juan Carlos Pinto Quintanilla
Rebelin


Desde la lectura de la Teologa de la Liberacin, que parte de la realidad de nuestro continente y de los pobres como protagonistas del Evangelio y de la historia, existe una perspectiva crtica del papel de la Iglesia como institucin en su relacin de compromiso con los grupos de poder a nivel mundial y en definitiva con los sistemas dominantes, que justifican en ltima instancia que los pobres lo sean por voluntad divina y no como obra de la explotacin de un sistema de mercado que ha elegido como dios al dinero antes que a la vida de las personas.

Esa Iglesia poder no dubit en justificar reinados y dictaduras, masacres y genocidios, en tanto se senta parte del poder terrenal que defenda; sin embargo, el Espritu nunca dej de soplar esperanza entre los ms oprimidos, desde esa espiritualidad que tenemos los seres humanos y no desde una religin en particular; y es que la fuerza, el ajayu que le ponemos para seguir cambiando nuestras vidas, nuestro pas, nuestro mundo, deviene de la conviccin interna que nos hace seguir ms all de cualquier desesperanza que suelen inventar los sistemas para resignarnos.

De esta manera, a pesar de los intereses de clase, en la iglesia catlica como institucin, nunca dejaron de sonar otras voces provenientes de lo ms profundo de nuestro ser espiritual, que interpelaban, denunciaban los sistemas injustos y seguan alimentando la esperanza. Los que nos recordaban no se olvidaron de que la comunidad de Jess era de pobres y rebeldes frente al poder, el mismo que lo crucific y luego persigui a la iglesia primitiva durante dos siglos, acosando persiguiendo, matando, torturando hasta finalmente hacerse parte del poder; convirtindose en la religin oficial y dndoles a los Papas el poder de la representacin divina por sobre el pueblo creyente.

Aun as, algunos Papas a lo largo de la historia se sintieron interpelados y generaron transformaciones en el mensaje oficial, como Len XIII en contra de la explotacin del trabajo humano, o Juan XXIII y Paulo VI que dieron un nuevo aire renovador a la participacin en la Iglesia y acompaaron los procesos de Puebla y Medelln, donde la Iglesia Latinoamericana, finalmente, aceptaba la equivocacin de determinadas opciones histricas desde la colonia, reconoca a las comunidades de base como iglesia fundamental y hablaba del necesario compromiso cristiano con la poltica para cambiar las estructuras de explotacin. Este aire renovador acompa el compromiso poltico de los cristianos en los procesos revolucionarios, desde los annimos combatientes guerrilleros a lo largo del continente hasta los visibles mrtires de esta lucha liberadora como Camilo Torres, Monseor Romero o el mismo Luis Espinal en Bolivia.

Las comunidades de base se multiplicaban como testimonio de compromiso y lucha de la iglesia, y fueron un motor fundamental contra las dictaduras, junto a algunos de sus pastores que optaron por el proyecto popular, aun confrontndose con la jerarqua eclesial como fue el caso de Nicaragua. En otros casos, son los mismos Obispos los que se sienten llamados y convertidos a la necesidad de actuar, de denunciar y afirmar la esperanza del pueblo, como ocurri con Monseor Romero, y muchos obispos brasileros como Casaldliga, o sacerdotes como Leonardo Boff o Gutirrez en el Per. Muchos en esa confrontacin hicieron testimonio de compromiso de vida y alentaron caminos revolucionarios, donde junto a otros soadores marxistas o anarquistas construyeron alternativas polticas revolucionarias.

Los tiempos neoliberales crearon nuevos desafos, las jerarquas volvieron a centralizar el poder institucional, y demasiadas homilas se hicieron cada vez ms conservadoras y allegadas otra vez al poder del mercado. Se cambiaron roles desde esta perspectiva, y de compromiso con el pueblo, la iglesia una vez ms asumi el papel de rbitro entre explotados y explotadores, dejando de lado su compromiso con los ms pobres, dando lugar al discurso de la resignacin y la conciliacin.

En Bolivia, los que se haban hecho parte de la institucin desde su compromiso, fueron cediendo al acomodo del poder y a la justificacin antes que la denuncia de las estructuras injustas, y el pueblo eclesial, sin perder la fe de compromiso, se fue afiliando y comprometiendo cada vez ms con sus organizaciones sociales, para seguir la lucha por un mundo diferente. As lo que encontramos en el Proceso de Cambio , ya no es un acompaamiento militante de la Iglesia Catlica a una sociedad que tomaba el protagonismo revolucionario, sino ms bien es una posicin conservadora que paulatinamente se va alineando con los grupos opositores en su discurso oficial; que defiende los espacios de poder que siempre tuvo cedidas por un Estado republicano y neoliberal que se desentendi del cumplimiento de los derechos fundamentales, como salud y educacin, lugares en los que el nuevo Estado Plurinacional decidi asumir responsabilidad fundamental y la Institucin eclesial en lugar de buscar complementacin, opt por la confrontacin.

Sin embargo, el soplo del Espritu que va donde quiere, permiti tambin nuevos inicios para un nuevo momento de la historia. De esta manera, es nombrado Papa, Francisco un latinoamericano y jesuita que mira la Iglesia y su urgente necesidad de cambios desde la perspectiva de los ms oprimidos, acompaa los procesos de transformacin en el mundo, sin dejar de ver crticamente las desviaciones de sectores institucionales de la Iglesia, que han pervertido las razones de la fe. Alienta la mirada del compromiso de una Iglesia que en el ltimo tiempo se ha quedado sin testimonio para ofrecer al mundo, y que necesita reentusiasmar el compromiso cristiano en un mundo informatizado y excesivamente superficial e individualista.

De ah el mensaje de apoyo al presidente indio de Bolivia, porque representa a la mayora histricamente excluida y no es que est de acuerdo con todo lo que polticamente se decide, sino que apoya la esencia de que sean los oprimidos, los colonizados, los que estn recuperando su capacidad de autogobernarse, de plantear soberana frente a la dependencia capitalista y colonial. Por eso, es consecuente con este compromiso el nombramiento del primer Cardenal indio en nuestro pas, Toribio Ticona, que expresa lo que la Iglesia quiere y debe ser ahora: parte del pueblo que quiere seguir haciendo revolucin en un mundo intercultural.

En medio de una jerarqua que todava en gran parte sigue siendo extranjera, y obispos que siendo locales suelen ser an ms conservadores, su nombramiento desat un posicionamiento interno contra los esfuerzos descolonizadores del actual Vaticano, y no slo en la perspectiva excluyente y discriminadora de siempre, asumir que los jerarcas nombrados siempre fueron parte de cierta lite conservadora y acostumbrada a ciertos privilegios; sino tambin de lo que representa dar cabida a que la urea divina con la que suele presentarse la Iglesia, como intermediarios ante Dios, se estuviera pervirtiendo una vez ms al dar cabida a uno de la masa, que democratiza la relacin con Dios y permite no slo el resurgimiento de las Iglesia de base, sino que en este momento histrico, se reconozca y acompae la pluralidad de expresiones de fe que tiene nuestro pas.

As los aires descolonizadores que soplan en Bolivia, tambin alcanzan a la Iglesia Catlica, esperamos la conversin de la jerarqua a esta Buena Nueva con la que deberamos seguir construyendo el Reino de Dios aqu y ahora con el pueblo; y que adems de los cambios en la representatividad, recuperen los contenidos evanglicos originales de compromiso y construccin de un mundo nuevo, para todos y con todos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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