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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-08-2018

La huella gallega del realismo mgico de Garca Mrquez

Anbal Malvar
Pblico

El Nobel busc no solo su genealoga gallega, sino la deuda de su propia literatura con la tradicin gallega.


El escritor colombiano ganador de Premio Nobel Gabriel Garcia Mrquez, en una visita a Barcelona en abril de 2005 - AFP /Cesar Rangel

Hace tres aos, durante el festival literario La Commedie du Livre de Montpellier, fui invitado por una asociacin cultural colombiana a un encuentro con lectoras del pas de Gabriel Garca Mrquez. Aquellas alegres damas cultas, dicharacheras, informadas y espontneas- haban elegido La balada de los miserables para su club de lectura y me comentaron orgullosas que haban rastreado en mi novela evidentes huellas del realismo mgico de su Gabo. Yo, anteponiendo mi sinceridad al deseo de agradar el patriotismo literario de mis anfitrionas, negu rotundamente la unnime aseveracin.

-Os equivocis de punta a punta, mis queridas guajiras respond humoroso pero tajante-. Soy yo quien ha influido sobre Garca Mrquez, no viceversa.

Las carcajadas de mis interlocutoras se pudieron escuchar de Maracaibo a Barranquilla, e incluso alguna se acerc al estrado a brindar conmigo la ocurrencia, pues haban tenido la delicadeza de programar el encuentro en un local dotado de un muy hospitalario libre-bar. Estos gestos de amor a la cultura son desconocidos en Espaa.

Yo continu mi argumentario con el aplomo de saber ya irremediablemente seducido a mi auditorio. Y habl de Tranquilina Iguarn Cotes, abuela y musa de Gabo, panadera cuya familia haba llegado desde Galicia a las cercanas de Macondo, y que distraa al nieto relatndole extraos episodios donde lo natural y lo sobrenatural convivan cordialmente.

Lo cont el propio novelista en un artculo de El Pas de 1983: Surgi mi inters de descifrar su ascendencia, y buscando la suya encontr la ma en los verdes frenticos de mayo hasta el mar y las lluvias feraces y los vientos eternos de los campos de Galicia. Slo entonces entend de dnde haba sacado la abuela aquella credulidad que le permita vivir en un mundo sobrenatural donde todo era posible, donde las explicaciones racionales carecan por completo de validez.

A riesgo de ofender todava ms gravemente a mis anfitrionas, les di la mala nueva de que su realismo mgico haba nacido, mucho antes de que lo etiquetaran en Aracataca los entomlogos culturales del boom, en alguna aldea umbrosa de Galicia. En todas las umbrosas aldeas de Galicia, ms bien, hubo siempre una Tranquilina narradora. Muri muy vieja, ciega, y con el sentido de la realidad trastornado por completo, hasta el punto de que hablaba de sus recuerdos ms antiguos como si estuvieran ocurriendo en el instante, y conversaba con los muertos que haba conocido vivos en su juventud remota, segu leyendo la confesin de Garca Mrquez sobre la tierra y las leyendas inspiradoras de su originalidad.

Tambin les cit El olor de la guayaba (1982), libro de conversaciones de Gabo con su amigo Plinio Apuleyo, al que confiesa cmo redact Cien aos de soledad: Usando el mismo mtodo de mi abuela. Es decir, narrar las historias ms extraordinarias, inverosmiles y conmovedoras con la cara de palo con que las contaba ella. Se haba disipado tanto la incredulidad inicial de mis oyentes, que a todas, mgicamente, les haban desaparecido los prpados del rostro.

A Garca Mrquez, con el descubrimiento tardo del origen gallego de su genio continu martirizando a las lectoras colombianas- solo le quedaban las opciones de confesarse ntimamente impostor o de hacerse gallego. Y se hizo gallego, pues era hombre con alta estima de s mismo.

Recuerda Garca Mrquez en sus memorias un encuentro que mantuvo, a finales de los 60 y en un restaurante del Raval barcelons, con el poeta, gastrnomo y novelista mgico gallego lvaro Cunqueiro (Mondoedo, 1911 - Vigo, 1981). No precisa el colombiano la fecha de aquella cena, pero casi con toda seguridad se produjo ya despus de publicado Cien aos de soledad (1967). Gabo s recuerda que le habl a Cunqueiro de su abuela Tranquilina, y de cmo recre su carcter en la esposa de Jos Arcadio Buenda, rsula Iguarn, que destroz contra el suelo el astrolabio de su marido cuando este comprendi que la tierra era redonda: Si has de volverte loco, vulvete t solo. Pero no trates de inculcarle a los nios tus ideas de gitano.

Aunque Arturo Uslar Pietri (Caracas, 1906-2001) ya haba usado en 1947 la expresin realismo mgico para calificar una adivinacin potica o una negacin potica de la realidad, la expresin no alcanz popularidad universal hasta la llegada de los Buenda a los hogares del mundo.

Desgraciadamente, ningn estudioso ni periodista se interes, antes de la muerte de Cunqueiro y Gabo, en invitarlos a hacer memoria sobre aquel encuentro del Raval, sobre el contenido de la conversacin, ni si el gallego socarrn, dandi y bon vivant- le dijo a Gabo que l llevaba escribiendo realismo mgico desde mucho antes de Cien aos. Ni que el gallego naca, se culturizaba y mora en claves de realismo mgico. Qu expresin ms contundente que la santa compaa existe del realismo mgico? O los hombres, nios y mujeres que en la romera de Santa Marta de Ribarteme (As Neves) procesionan dentro de atades y amortajados mientras el pblico salmodia: Virxe Santa Marta, estrela do Norte, tramosche os que viron a morte (Virgen de Santa Marta, estrella del norte, te traemos a los que vieron la muerte)?

Tampoco nunca sabremos si Cunqueiro le habl a Gabo de Wenceslao Fernndez Flrez o del mismo Ramn Mara del Valle-Incln, otros autores gallegos que hacan realismo mgico incluso ya antes de que a mediados de los aos 20 se acuara el trmino para describir una corriente pictrica.

Una noche en que la inquietud le haba arrojado de su guarida llevndole a vagar cautelosamente por lo ms intrincado de la fraga, tuvo una visin que le llen de pavura. Por entre robles y castaos, siguiendo las sinuosidades de una vereda casi cubierta por los tojos, vio avanzar un fantasma. Era un fantasma enteramente igual a cualquier otro fantasma aldeano. Es un fragmento de El bosque animado, de 1943, para muchos primera novela encuadrable en el realismo mgico, tal como lo desarrollaron Mrquez y otros autores del boom.

As lo defendi la prestigiosa doctora en Filologa y crtica madrilea Pilar Palomo, entre muchos otros estudiosos. Lo mismo que hace la tambin filloga Massimila Diclorsi con Cunqueiro, cuyas felices ocurrencias de realismo mgico se resumen en un epigrama del propio autor mindoniense: Todos mis personajes estn en el prodigio como en una redoma de cristal. Difcil una declaracin ms josearcadiana.

Emundo Moure, escritor chileno, rastrea el realismo mgico de los autores gallegos incluso antes, en Valle-Incln, que se esforzaba en convertirse en espectro antes de sentarse a escribir: Yo quisiera ver el mundo desde la perspectiva de la otra ribera. Moure ya ve en El ruedo ibrico (1927-1932) unos cien aos de soledad avant-la-lettre.

La obsesin gallega de Gabo, que a buen seguro ya haba odo comparar su Macondo con el Cecebre de Fernndez-Flrez, lo llev incluso a realizar algn excntrico encargo. Contrat o pidi a su hermana Ligia, historiadora, que robara tiempo investigador a rastrear la aldea de la que parti Tranquilina. Muri sin saberlo, para su desgracia. Como dijo Camilo Jos Cela, no se es gallego impunemente.

Unos 20 aos despus de la cena del Raval con Cunquiero, Garca Mrquez recibi en Los Angeles al periodista lucense Carlos G. Reigosa con estas palabras: Tambin t por aqu? Ah, gallego, gallego. Los gallegos somos los seres ms testarudos del mundo! Se lo he dicho muchas veces a Fidel Castro, que, como buen gallego, es de una terquedad ilimitada.

Y as, ilimitado terco, el falso inventor del realismo mgico se sinti, por fin, gallego. A ver si la Santa Compaa no van a ser almas en pena de escritores que nunca pudieron ser gallegos. Habr que investigarlo.

@AnibalMalvar

Fuente: https://www.publico.es/culturas/huella-gallega-realismo-magico-garcia-marquez.html



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