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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-08-2018

Russell, la literatura comprometida y una moralidad nueva

Santiago Suquillo
Rebelin


Dice Jorge Luis Borges en el prlogo de El informe de Brodie que no pretende ser un escritor que intenta persuadir al lector, sino distraerlo o conmoverlo. No quiere escribir fbulas con lecciones morales, sino cuentos como los de Las mil y una noches. As Borges, a quien el prjimo le importaba ms bien poco, se desmarca de la llamada literatura comprometida. En su poema Fragmentos de un evangelio apcrifo, expone su postura con mucha elocuencia: Bienaventurados los que no tienen hambre de justicia, porque saben que nuestra suerte, adversa o piadosa, es obra del azar, que es inescrutable.

Pero los escritores que se conmueven con el espectculo del mundo no pueden encerrarse en la proverbial torre de marfil, y a menudo esa sensibilidad los lleva a incorporar a su ficcin el drama social. Si adems mantienen el compromiso esttico inherente al oficio literario, el resultado puede ser bello y persuasivo. Es importante anotar que ese camino lo pueden recorrer autores de todas las tendencias, no solo los progresistas. Los casos de George Orwell y Mario Vargas Llosa son ejemplares al respecto. Ambos retratan la realidad social admirablemente en sus novelas, pero mientras Orwell anhelaba una reconstruccin social radical, Vargas Llosa defiende el modelo econmico dominante, que concentra la riqueza en pocas manos.

Una vez admitido que se puede escribir literatura comprometida sin lesionar la dimensin esttica, y que escritores de distintas tendencias la pueden llevar a cabo, llegamos a la cuestin de si esos esfuerzos tienen un impacto social significativo. Bertrand Russell en el prlogo a sus Ensayos escpticos nos deja perplejos con su respuesta a esta cuestin. En 1919 Russell asisti a una representacin de Las troyanas de Eurpides en el Royal Victoria Hall de Londres. En esa obra, Eurpides escenifica el sufrimiento de las mujeres de Troya esclavizadas por atenienses que asesinaron a sus esposos. Cuando se represent en Atenas esta historia mtica, en el ao 415 a.C., entre el pblico se encontraban algunos hombres que hace poco haban cometido el mismo crimen: haban matado a todos los varones adultos de Melos y haban esclavizado a sus esposas e hijos. La situacin de los ingleses en 1919 no era muy distinta a la de aquellos atenienses. Cuenta Russell:

Hay una escena de insoportable patetismo en la que los griegos dan muerte a Astianacte por temor a que se convierta en un segundo Hctor. Prcticamente el teatro entero tena los ojos arrasados en lgrimas, y el pblico apenas consegua dar crdito a la crueldad de los griegos de la obra. Y sin embargo, esas mismas personas que encontraban imposible contener el llanto estaban ejerciendo, en ese preciso instante, una crueldad idntica, y a una escala que la imaginacin de Eurpides jams habra alcanzado a sospechar. Haban votado poco antes (en su mayora) en favor de un Gobierno que haba decidido prolongar el bloqueo de Alemania tras el armisticio e imponer igual castigo a Rusia. Se saba que esas medidas provocaban la muerte de una enorme cantidad de nios, pero se juzgaba deseable reducir la poblacin de los pases enemigos; como Astianacte, los chiquillos podran haber crecido y emulado a su padre.

Shakespeare dijo en El sueo de una noche de verano que el luntico, el amante y el poeta estn hechos por entero de imaginacin. Russell se apoya en esa clasificacin para explicar la reaccin del pblico:

El poeta Eurpides haba despertado al amante dormido en la imaginacin de los asistentes. Sin embargo, uno y otro, amante y poeta, seran olvidados a la puerta del teatro, para que el luntico (que aqu se presenta en forma de manaco homicida) pudiera controlar las decisiones polticas de aquellos hombres y mujeres, que adems se tenan por tiernos y virtuosos.

Podemos concluir admitiendo que el impacto social de la literatura comprometida es ms bien escaso. Incluso la ms bella y bienintencionada, como la de Eurpides, no puede mejorar nuestro comportamiento. El germen de la transformacin social se halla en otro lugar. Russell apuesta por una nueva moralidad, ms amable y razonable que la vigente, sin que por eso resulte incompatible con nuestros instintos:

No hay peligro en dejar al instinto las relaciones que nos unen a nuestros seres queridos; es nuestro roce con las personas odiadas lo que ha de someterse inexcusablemente al seoro de la razn. En el mundo moderno, aquellos a quienes detestamos de facto son los grupos lejanos, en especial las naciones extranjeras. Los concebimos de manera abstracta, y nos engaamos a nosotros mismos creyendo que unos actos que en realidad son la encarnacin del odio obedecen en el fondo al amor que profesamos a la justicia o a algn otro noble motivo. nicamente una buena dosis de escepticismo puede rasgar el velo que nos oculta esta verdad. Una vez conseguido esto, podemos empezar a construir una moralidad nueva, una moralidad que no se base en la envidia y la represin, sino en el anhelo de una vida plena y en la comprensin que surge tan pronto como sanamos de la enajenacin celosa de que en los dems seres humanos hemos de ver un apoyo y no un estorbo. Esto no es una esperanza utpica, y la prueba es que se concret en parte en la Inglaterra isabelina. Y podra materializarse maana si los hombres aprendieran a procurar su propia felicidad y no la desdicha de sus semejantes. No se trata de una moralidad imposiblemente austera, pero su adopcin convertira a la Tierra en un paraso.

 

Blog del autor: http://fandebertie.blogspot.com/2018/08/la-literatura-comprometida-y-una.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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