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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2018

Los impactos socioambientales del coche elctrico: un debate necesario

Guillermo Otano Jimnez
The Conversation


El pasado 8 de noviembre, la Comisin Europea lanz su iniciativa para fomentar el liderazgo mundial de la UE en el mbito de los vehculos limpios. El desafo es doble: por un lado, lograr posicionar la industria automovilstica europea a la vanguardia de la innovacin y el desarrollo tecnolgico necesario; por otro, reducir nuestras emisiones de CO en un 40% de aqu a 2030, que es el compromiso adoptado en el Acuerdo de Pars.

En este sentido, la piedra angular del nuevo paradigma de la movilidad limpia son los denominados coches hbridos o elctricos que, poco a poco, van hacindose con una cuota de mercado cada vez mayor. En Espaa, por ejemplo, los coches hbridos y elctricos suponen slo el 0,69% del mercado, pero, en los ltimos dos aos, las matriculaciones se han duplicado (de 6.180 vehculos en 2016 a 13.021 en 2017). De hecho, el Gobierno ya est buscando la manera de incentivar su compra. Y no es el nico. Se trata de una tendencia global, incluso en aquellos pases donde su arraigo es mayor.

En esa lnea, Inglaterra y Francia han anunciado recientemente su intencin de prohibir la venta de automviles disel y gasolina a partir de 2040. Las grandes ciudades europeas como Londres, Roma, Barcelona o Madrid estn implantando medidas similares para reducir la contaminacin de los tubos de escape: desde zonas de acceso limitado para ciertos vehculos a motor hasta prohibiciones de estacionamiento, pasando por restricciones de velocidad.

Todos estos incentivos pblicos contribuirn, sin duda, a incrementar la demanda de coches elctricos en los prximos aos. No obstante, nada de esto sera posible sin las innovaciones tcnicas que han visto la luz en la ltima dcada, las cuales han posibilitado la creacin de una nueva generacin de bateras de litio. Sus costes de fabricacin siguen siendo ms elevados que el de las bateras de plomo-cido que emplean los coches convencionales. Sin embargo, ofrecen cada vez mayor autonoma y mejores prestaciones, al tiempo que reducen significativamente la contaminacin y sus efectos nocivos sobre la salud y el medioambiente.

Es evidente que todo ello es positivo. Pero no deberamos perder de vista que, como todo desarrollo cientfico-tcnico, el horizonte de posibilidades que nos abre es ambivalente. Si algo nos ense la sociologa del difunto Ulrich Beck es que la voluntad de combatir los problemas de la sociedad industrial ha terminado generando nuevas problemticas (como el cambio climtico) que cuestionan las certezas del pasado y, en consecuencia, nuestra capacidad para resolver los desafos del presente, sumindonos en la incertidumbre. La diferencia con otras pocas anteriores es, como dira el socilogo alemn, que cada vez somos ms conscientes de los riesgos que entraa cada nueva innovacin tcnica y eso nos obliga a considerar sus consecuencias antes -y despus- de que se produzcan.

Desde este punto de vista, la expansin del coche elctrico debera plantearnos interrogantes ms all de su desarrollo tecnolgico o los incentivos comerciales que requiere. Es necesario considerar tambin sus impactos sociales y medioambientales. Estos ltimos llevan tiempo sobre la mesa, pero apenas hemos odo acerca de los primeros, y a da de hoy son pocas las reflexiones que sobre las consecuencias que va a tener la movilidad limpia en los mercados de materias primas.

Las bateras de litio, por ejemplo, llevan en su composicin entre un 40% y un 15% de cobalto, dependiendo del modelo. Las que impulsan los coches elctricos emplean en su fabricacin unos 26 kilos de este mineral. As pues, entre 2016 y 2018, el precio del cobalto por tonelada mtrica se ha cuadruplicado, y su evolucin nos muestra que los picos ms altos se alcanzan a medida en que las diferentes compaas automovilsticas (Tesla, BMW, Volvo) han ido anunciando sus nuevos modelos hbridos o elctricos. Las estimaciones ms conservadoras hablan de una demanda global que se va a quintuplicar de aqu a 2030 y hay quien duda de que las reservas mundiales puedan satisfacerla.

Ms all del quebradero de cabeza que plantea el encaje entre la oferta y la demanda, no deberamos perder de vista otro tipo de problemas. El azar geogrfico ha querido que las principales reservas de cobalto (dos tercios de la produccin mundial, para ser exactos) se concentren en la Repblica Democrtica del Congo (RDC). El ao pasado dicho pas export alrededor de 64.000 toneladas mtricas , una cifra muy superior al segundo importador ms importante, Rusia, que se qued en 5.600 toneladas mtricas. Todo indica a que el boom del cobalto podra convertirse en una inmensa fuente de riqueza para el pas y en un potencial motor para su desarrollo.

Se tratara de una buena noticia de no ser porque el pas africano es uno de los pases ms afectados por eso que los economistas han denominado como la maldicin de los recursos. La correlacin entre recursos naturales y alta conflictividad es evidente en la RDC, y de hecho, a la Segunda Guerra del Congo que asolo el pas entre 1997 y 2003 se la conoce como la Guerra del Coltn por la importancia que desempeo dicho mineral. Aunque, como suele suceder, la correlacin no implica causalidad entre ambas cosas (pues en los conflictos inciden otros factores de tipo histrico, sociopoltico o cultural), lo cierto es que estas materias primas son una importante fuente de ingresos para el crimen organizado y las partes en conflicto. En consecuencia, si bien no son la causa que desata la violencia, s podra decirse que son el combustible que los prolonga en el tiempo. Una idea que sirve para entender no slo las dinmicas de conflicto en la RDC, sino tambin las que suceden en algunas zonas de Colombia, Venezuela, Repblica Centroafricana o Birmania, por citar algunos casos conocidos.