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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2018

Norte

Ilka Oliva Corado
Rebelin


Estoy en el supermercado y me dirijo hacia las estanteras de frutas buscando las pias, en la estantera de enfrente, donde estn las naranjas y las toronjas, est un hombre mexicano colocando fruta fresca; tiene la mirada vaca y las manos cansadas, como la mayora de indocumentados.

Tomo dos pias y una docena de bananos, nuevamente volteo hacia donde est el hombre, su mirada vaca hace que me acerque e intente sacarlo de sus pensamientos momentneamente, conozco esa agona, conozco la profundidad de la desolacin.

Me acerco y le digo, como si fuera mi amigo de toda la vida, pero Norte queramos, verdad? De sus ojos se crispan dos lgrimas, instantneamente, le acaricio una mano y le digo que no se preocupe, que a todos los pasa.

Comienza a hablar sin parar, las palabras salen una tras otra, yo bajo la canasta y la coloco junto a mis pies y me repeso en la estantera para escucharlo pacientemente, en momentos ya estamos rodeados de otros jornaleros que tambin colocan las frutas y verduras, y comienzan a hablar, en una especie de catarsis colectiva, prcticamente todos a la vez.

Todos son mexicanos, de aldeas remotas, hablan de sus pueblos, de la nostalgia y de la migracin forzada, de cuando en cuando los interrumpo para guiar la terapia: por qu migraron?, hay trabajo en sus pueblos?, qu aoran de su tierra?, qu estaran haciendo en estos momentos de no haber emigrado?, qu sienten?, cmo es vivir sin documentos?, qu sabor recuerdan ms?, recuerdan el olor a tierra mojada?, cmo es sentir hambre?

Mientras hablan unos los otros cuidan que no llegue el supervisor y los regae por no estar haciendo su trabajo. La vida de un indocumentado en Estados Unidos es cuesta arriba, pero la tragedia est en sus pases de origen de donde se ven obligados a migrar por falta de oportunidades de desarrollo.

Fue una terapia colectiva de no ms de cinco minutos, en donde todos expresaron a borbotones la agona de la migracin y la aoranza.

Son hombres de una edad promedio de 40 aos pero debido al trabajo arduo desde nios, parecen de 60.

No soy extraa para ellos, llevo aos yendo a ese supermercado, tal vez los mismos que ellos llevan trabajando ah. Les doy las gracias por esos cinco minutos de conversacin y camino hacia la estantera de los cereales y pienso en ese instante de catarsis, en donde todos sin quererlo, sin proponrselo expresaron y tambin momentneamente aliviaron la carga emocional.

Salgo del supermercado, con un nudo en la garganta, pensando en los miles de nios que tambin crecern en la miseria y la explotacin y que con su vidas rotas tambin se convertirn en hombres adultos, con miradas perdidas en el vaco el tiempo y el olvido.

Blog de la autora: https://cronicasdeunainquilina.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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