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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2018

Nuestros hijos en nuestra cultura neurtica

Jorge Majfud
Rebelin


Nuestro mundo neurtico es especialmente neurtico con los nios. Est organizado para evitarles todo tipo de sufrimiento, como si viviesen en Disney World, con la ausencia total de las necesidades bsicas de otros tiempos y de otras sociedades perifricas, rodeados de cosas (que compramos para suplir nuestros sentimientos de culpa) mientras los torturamos y les impedimos tener una existencia propia, como si la niez, primero, y el resto de la vida, despus, fuesen una carrera interminable hacia el xito econmico, acadmico o social.

Desde que nacen, los especialistas de todo tipo comienzan a medir su naturaleza. Peso corporal, dimetro cerebral. A los pocos aos, el especialista est contando cuntas palabras pueden aprender y producir, y las compara con las estadsticas. Como todos los individuos son diferentes, ninguno se adeca exactamente al modelo. Para no herir sensibilidades, casi todos son calificados como normales dentro del rango de la felicidad. Pero si alguno sale un poco por fuera (es decir, todos), se lo empuja como ganado al tubo de tratamiento. Inmediatamente empiezan las ansiedades y el estrs por cualquier diferencia que, generalmente, debe ser tratada con un especialista para que: (1) si es un genio, no se le arruine el futuro que merece; o (2) si tiene alguna tara, como tenemos todos los que nos consideramos normales, se lo derive a un especialista para que lo ayude a superarla, al tiempo que, en el mismo proceso, el nio va absolviendo el resto de las taras de una cultura exitista y consumista.

Ni el orden socioeconomico ni la cultura que deriva de l y lo promueve, son tratados, porque para eso no hay especialistas diplomados: se tratan los individuos, de la misma forma que la polica y el sistema judicial castigan los elementos expurgados por una sociedad enferma. Son nios y adolescentes generalmente estresados y sufriendo el sndrome de la ansiedad crnica que su propia cultura produce. Sobre ellos proyectamos todas nuestras expectativas y, sobre todo, todos nuestros miedos. Los miedos propios de una sociedad basada en la competencia y el consumo, es decir, el miedo al fracaso, a no ser exitosos, a no tener cosas, ttulos, a ser una basura que todava no cometi ningn delito.

Nuestra generacin, aunque jodida de otras formas, tuvo algunos privilegios existenciales: todas nuestras incapacidades fueron ignoradas. Yo aprend a leer solo, antes de entrar a la escuela, y todava tengo problemas para decidir si vacaciones va con c o con s. No haba tantos nombres para esas deficiencias que hacen de un individuo un artista, un cientfico, un carpintero o un deportista. No haba reportes detallados de nuestro coeficiente de inteligencia ni de nuestra incapacidad de prestar atencin a lo que deca la maestra en clase, por lo cual podamos recibir un grito histrico, pero no el estrs ni la ansiedad ni la desesperacin diaria de nuestros padres por un hijo con futuro de perdedor.

A nosotros nos amaban tanto como nosotros amamos a nuestros hijos, con una diferencia: por lo general, nuestros padres, con todos sus problemas, que no eran pocos ni eran pequeos, aun siendo terriblemente estrictos, vivan con nosotros y nos dejaban en paz. ramos, por lejos, ms libres. No conocamos la adiccin a los videojuegos, a las pantallitas, esas fbricas de autistas sociales. Estbamos rodeados de seres humanos, con todos sus defectos de humanos. Nuestros padres eran, para el estndar actual, terriblemente negligentes. Corramos casi desnudos por las calles bajo la lluvia. Solos, sin la guardia paterna. Hacamos las compras en algn almacn. bamos caminando a la escuela, murindonos de fro o de calor. En las escuelas, en los automviles, no exista ni la calefaccin ni el aire acondicionado, por lo que no podamos quejarnos de su falta. Suframos ms el calor y el fro y menos la tristeza y la frustracin. Hoy ya no hay nios jugando en las calles. Por estadsticas, los reclusos pasan ms tiempo al aire libre que los nios de hoy.

Las maestras no nos exigan resolver la cuadratura del crculo ni nos presionaban para alcanzar altos escores en las pruebas PISA. No necesitbamos competir ni con Estados Unidos ni con China. S, ramos ms pobres. Pero ramos lo que ramos. ramos nios y, en mi opinin, ms felices.

Ahora, los padres ya no vivimos con nuestros hijos; vivimos para nuestros hijos. Les damos todo y les exigimos todo. La repetida publicidad, los numerosos negocios no dejan de recordarnos que debemos comprar diez seguros, hasta por si se nos escapa una mala palabra en pblico y alguien nos hace un juicio. Debemos ahorrar en el Banco X para la universidad y hasta para el retiro de esos nios. El negocio est siempre en promover el miedo para vender una ilusin de futuro y aplastar el presente, convirtindolo en una oportunidad de inversin.

La solucin no es individual sino colectiva. Por qu? Porque incluso aquellos padres que criticamos esta cultura neurtica estamos atrapados o tenemos poco margen de movimiento real: si alguien quisiera criar a un nio por fuera de esta locura global, creara un ser marginal, inadaptado, una futura vctima de una sociedad que lo castigar con todo su variado arsenal de privaciones, de humillaciones propias y de premios ajenos.

Todos los best sellers para nios y jvenes insisten en la idea de escaparse del sistema, como si fuese una catarsis, un sueo pasajero que, al terminarse, deja la misma sensacin de despertar de un sueo agradable a una realidad decepcionante. No aprendimos nada, pero renovamos energas para seguir haciendo lo mismo. Este tipo de industria editorial contina haciendo montaas de dinero con una frustracin infantil y adolescente a la que no ayuda, aparte de una distraccin y de una mejora en las habilidades de lectura que lo harn un mejor consumidor o un mejor CEO. No es el espritu crtico lo que se promueve, sino habilidades para aprobar esos exmenes que le ensean al nio a odiar las matemticas y la literatura o, en el mejor caso, a creer que la literatura es un examen clerical de datos computacionales.

En Estados Unidos, tanto la educacin elemental como secundaria, privada o pblica, est obsesionada con la literatura, pero confunden literatura y cultura con tortura. La literatura debera expandir los lmites interiores de la experiencia humana y no ser, como lo es hoy, un objeto de decodificacin para aumentar las habilidades clericales y computacionales de los nios. Una actividad de primer ao de secundaria (sexto ao de primaria en Amrica del Sur) suele consistir en doscientas preguntas sobre tres novelas de cien y doscientas pginas, de las cuales me reservo el calificativo.

Dnde est el espritu crtico, la fantasa creadora, el placer de estar vivos? Entonces, uno entiende el desinters de los jvenes por la cultura crtica, esa que produce seres humanos, sensibles y pensantes, no consumidores de cantidades, eso otro tan necesario para la economa del uno por ciento que luego, en los promedios, se confunde con la economa de un pas y con la felicidad de sus habitantes.

Para que todo eso funcione, los dulces padres deben ser los policas de sus hijos, como sus dulces maestros, cuya estrategia es acosar al nio con una montaa de deberes y actividades para que no piense, para que desarrolle solo aquellas habilidades que lo harn una persona exitosa en un futuro super-controlado y pre-determinado.

Un mundo que no estar controlado por ellos, sino por unos pocos que se encargarn del resto. Eso en el mejor de los casos, si no hay un quiebre abrupto.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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