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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-08-2018

Carta de un oficial del Ejrcito del Aire
A los seiscientos altos mandos de las Fuerzas Armadas que firman el manifiesto de adhesin a la memoria de Franco

Floren Dimas
Rebelin


Permitidme que os tutee, a vosotros que siempre tratabais de t a vuestros subordinados, para entendernos mejor en el plano de igualdad en que nos ha colocado nuestra condicin de retirados. He sido y soy militar por vocacin, y si pertenec a las fuerzas armadas espaola en las postrimeras del franquismo, no lo hice por adherirme como soporte de la dictadura, si no por coherencia con mis propias habilidades y expectativas personales, porque el ejercicio de la profesin de militar no es prerrogativa de ningn general, por muy generalsimo que sea, ni de ningn rgimen por mucha intencin que tengan de patrimonializar la carrera militar.

Vais por seiscientos los que habis firmado el Manifiesto pro defensa de la memoria del general Franco, El Franco militar y no el poltico, segn decs en vuestro escrito, como si fuera posible la paranoica tarea de deslindar el Franco-militar del Franco-poltico-dictador, queriendo quedaros con el segundo teniente de 17 aos y con el general de treinta y tres, como enaltecido ejemplo de disciplina y dems valores militares, renunciando a la carga histrica personal del resto de su legado. Disciplina decs? Recordemos cmo fue aquello.

En los cuatro das posteriores al decreto de 23 de abril de 1931, como todos los militares de carrera, el general Franco realiz pblicamente la siguiente promesa: Prometo por mi honor servir bien y fielmente a la Repblica, cumplir sus leyes y defenderla con las armas, el ms importante y solemne compromiso que vinculaba a un militar con el ejercicio de su profesin. Nada perda quin no lo hiciese, porque la ley respetaba sus pagas al abandonar las fuerzas armadas. Y no obstante Franco prometi. El 18 de julio de 1936, este mismo general levanta contra la Repblica las armas que esta le haba confiado para su defensa. Estamos ante la comisin del ms grave delito que un militar pueda cometer, por el que renuncia al honor como un valor moral para guiar sus actos en todos los sentidos de la vida. As que Franco no fue disciplinado, si no un traidor.

No voy a hacer alambicados razonamientos de carcter historiogrfico, por innecesarios, para convenceros de que Franco fue, adems de desleal, un criminal de guerra, un convicto de los delitos de crmenes contra la humanidad y crmenes contra la paz. Y no lo digo yo, lo dijo la ONU en su resolucin 39/1946 declarando: "En origen, naturaleza, estructura y conducta general, el rgimen de Franco es un rgimen de carcter fascista, establecido en gran parte gracias a la ayuda recibida de la Alemania nazi de Hitler y de la Italia fascista de Mussolini.

Hacer abstraccin de la personalidad militar, separndola de la poltica del personaje, para justificar una y no cuestionar otra, es un ejercicio de imposible comprensin que solo el cinismo puede justificar, pues esa misma razn llevara a vuestros correligionarios nazis a reivindicar el culto a la memoria de Hitler, basndose en el valor acreditado por el Cabo Adolf Hitler, acreedor que fue de la Cruz de Hierro en la I Guerra Mundial, desvinculndolo de su papel como promotor de la II Guerra Mundial y del Holocausto.

Es aterrador poder ahora certificar que, tal como sospechbamos algunos, estbamos mandados por los herederos ideolgicos de los que hicieron la guerra con Franco. Debamos soportar para no renunciar a nuestra vocacin, tener que sufrir vuestros discursos de inflamado patrioterismo zarzuelero, mientras en las salas de banderas, en las cmaras y cafeteras de oficiales, en los clubs y durante las conversaciones relajadas al final de las maniobras, os dedicabais a soltar la retestinada devocin que os mereca la dictadura franquista y las glorias de aquel dictador despreciable y feln.

Hasta la cada del muro de Berln, el Da de las Fuerzas Armadas alemanas fue el 20 julio. Sabis qu se conmemora en esa efemrides? El atentado contra Hitler en la guarida del lobo. Una accin que, aunque frustrada, dignifica el compromiso de altos mandos y civiles alemanes para acabar con el tirano; desde entonces cada 20 de julio en el patio de armas del Bendlerblock de Berln, tiene lugar una solemne ceremonia en la que los mandos del Ejrcito, de la Armada y de la Luftwaffe, recuerdan y rinden homenaje a aquellos hroes que sacrificaron sus vidas para acabar con el dictador. Al revs que vosotros, los firmantes del Manifiesto de adhesin a la memoria Franco, que amparis vuestro falso patriotismo envolvindoos en la Bandera de Espaa, soando que lo hacis con la bandera del aguilucho bajo la sombra siniestra del recuerdo al dictador.

Tenis la suerte de vivir en una Democracia, ganada y regada con la sangre y el sacrificio heroico de los compatriotas que se opusieron al rgimen de vuestro caudillo, Democracia que por incompleta y poco desarrollada, os permite decir lo que decs, porque de estar en Alemania exaltando la figura del Cabo Adolfo, ya adivinis el lugar donde podais estar todos concentrados en estos momentos.

El vuestro no es solo un manifiesto pro franquista, es un desafo frontal y beligerante hacia el Gobierno legal y legtimo de Espaa, que este no puede tolerar sin hacer dejacin de su obligacin de hacer respetar las leyes, y entre ellas el artculo 578 del Cdigo Penal que se refiere al delito de enaltecimiento del terrorismo, porque terrorista fue el rgimen de vuestro adorado Franco y a sus aclitos, vivos o muertos, hacindolos objeto penal del artculo 607.bis que seala y castiga los delitos de lesa humanidad, aquellos que justificis con vuestra fina ciruga mental, como si con el Valle de los Cados estuvisemos ante el debate de qu hacer con los restos del doctor Jekyll y mister Hyde. No se puede diseccionar la figura de Franco separando al Franco-bueno del Franco-malo. Solo hubo un Francisco Franco, el que traicion su promesa, promovi una cruenta guerra civil y sumi a Espaa y a los espaoles en una dictadura de cuarenta aos, llegando las cunetas de nuestra patria con decenas de miles de asesinados.

En 1945, una disposicin del Mando Militar Aliado en Berln, orden que todos los monumentos de exaltacin del nazismo fuesen volados con dinamita y su escombros triturados y convertidos en gravilla de obra pblica.

Los que de vosotros estn de acuerdo en manifestar pblicamente su acuerdo con aquel decreto que d un paso al frente.

Floren Dimas, es Oficial del Ejrcito del Aire (Retirado), miembro de ANEMOI (Colectivo de Militares Demcratas Espaoles), miembro de la directiva de ACMYR (Asociacin Civil Milicia y Repblica)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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