Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-08-2018

La jugada de Israel y EE.UU. con la embajada a Jerusaln

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


La Gran Marcha del Retorno de los palestinos que conmemoraba los 70 aos de la Nakba, la operacin de despojo y saqueo del movimiento sionista sobre el territorio palestino, 14 de mayo de 1948, que consisti en manifestaciones a lo largo de varios viernes hasta los lindes entre la Franja de Gaza y el Estado de Israel, agrup a decenas de miles de pobladores palestinos, sobre todo los virtualmente sitiados y puestos bajo un rgimen de escasas caloras, casi sin luz ni calefaccin y sobreviviendo en un mar de viviendas destruidas. La marcha se haca cada viernes sin armas ni piedras, a lo sumo banderas palestinas y carteles.

Ese collar de manifestaciones de los viernes de abril y mayo (empez el 30 de marzo de 2018) recibi viernes a viernes la balacera de centenares de soldados israeles, entre ellos un centenar de francotiradores que les permiti cosechar cientos de asesinados y miles de heridos.

Pero no slo eso. EE.UU. decidi a impulsos de Trump la mudanza de su embajada a Jerusaln el 14 de mayo, precisamente. Para lo cual Trump y su equipo ha ignorado deliberada y olmpicamente el status de ciudad internacional que la ONU otorgara a Jerusaln, en 1948, para disminuir siquiera simblicamente el despojo, basndose en el carcter de asiento de las tres religiones monotestas ms grandes del mundo, y que por lo tanto no quedara dentro del estado sionista ni del inexistente estado palestino.

Israel se aduea en 1967 de Jerusaln por las armas, y la ONU, como habitualmente, calla. Ahora, en 2018, EE.UU. respalda a Israel y lo ejemplifica con la mudanza de su embajada desde Tel-Aviv.

Poniendo sal en la herida

Obviamente, en esta fecha la Gran Marcha del Retorno sufri todava ms vctimas de las que estuvo sufriendo viernes a viernes.

Si bien la matanza de cientos de palestinos y las lesiones a veces graves de otros miles de seres humanos, [1] no parecen necesitar, en el concierto internacional, de condena alguna, la violacin de Jerusaln apropiado por Israel no ha sido tan bien recibida.

Israel ha invitado a los estados que tienen representacin diplomtica en Israel a mudar las embajadas y apenas uno, Guatemala, lo ha hecho y dos ms, Honduras y Paraguay, lo proyectan.

Esos estados tienen una muy significativa relacin con Israel que les ha aportado armas, tcnicos en represin y tortura y/o guardias de corps: Guatemala ha mudado de inmediato su embajada, cumpliendo con la exhortacin. Fue asesorado por Israel a principios de la dcada de los 80. [2]

Honduras tiene una doble relacin, un doble agradecimiento (o una doble dependencia) hacia Israel; fue uno de los estados asesorados cuando las matanzas de los paramilitares en Amrica Central en los 80, como Guatemala, y a la vez es uno de los estados que en los ltimos aos ha ingresado a la ola de golpes de estado blandos, de Amrica al sur del ro Bravo., junto con Paraguay. [3] Golpes de palacio ms bien. Con amparos legislativos. Estos dos ltimos han sido asesorados desde Israel, al punto que Israel brind en el caso de Honduras no slo armas sino incluso aparatos con radiacin emtica. Y guardias presidenciales. Y en el de Paraguay, personal en la guardia presidencial.

La escasa resonancia que hasta el momento caracteriza el enroque de las embajadas en Israel parece ser, sin embargo, el mximo de crtica a la accin absolutamente abusiva, prepotente, que ejerce Israel en su plan de aduearse de todo el territorio palestino (y algunos otros; pensemos en los Altos de Golan, un territorio sirio, anexado por Israel en los 80, en la ocupacin por dcadas del territorio libans al sur del ro Litani o las peridicas ocupaciones de la pennsula de Sina, otra vieja aspiracin territorial sionista).

Sin embargo, y aunque a nivel institucional, Israel sigue contando con el aval de EE.UU. y la mayor parte de Europa amn del mundo anglfono (Canad y Australia fundamentalmente), existe un runrn, apenas audible pero ya perceptible en muchos tejidos sociales, que repudian la poltica de matn de Israel.

La verdad, junto con la sabidura, tienen un vuelo tardo, pero a la larga se abren paso ante las fulgurantes llamaradas de la mentira oficial. Claro que el costo es altsimo. En las vidas de las vctimas. Y tan menguado, suele ser, en la de los violadores. Pero hay que seguir siendo empecinadamente resistentes.


Notas

[1] Tenemos que recordar lo obvio; que parece olvidado por la llamada comunidad internacional: los palestinos son seres humanos, algo sistemticamente negado por el Estado de Israel al desconocer derechos tan elementales como el de movimiento, de protesta, de salud, parto asistido el derecho a beber agua, incluso. Y a no morir en ninguna de esas acciones vitales, mnimas.

[2] La coyuntura poltica oblig entonces a EE.UU. a abandonar su proteccin en Amrica Central y deleg en regmenes de su confianza la tarea de mantener la represin ─genocidio maya incluido─ con miras a la Tercera Guerra Mundial, como se deca entonces. Los estrategos yanquis encontraron en la Argentina del dictador L. F. Galtieri y en los colonialistas agresivos de Israel los mejores candidatos (v. N. Chomsky, La quinta libertad, Editorial Crtica, Barcelona, 1988, p. 250).

[3] As como la llegada al gobierno de Cuba de Fidel Castro gener una oleada de movimientos guerrilleros en Amrica del Sur y Central y sobrevino despus una de dictaduras militares o cvicomilitares que asol el subcontinente durante los 70, nuestro subcontinente sigue experimentando nuevas oleadas. Las dictaduras poco a poco fueron sustituidas por un sarampin democrtico con el que vimos el cambio de siglo. Poco despus ha ido asomando una nueva generacin de golpes de estado, menos sangrientos que los del 70, ms administrativos. Algunos fracasados como el realizado en Ecuador en 2010 o en Venezuela en 2011. Otros exitosos, como contra F. Lugo en Paraguay y M. Zelaya en Honduras.


Blog del autor: http://revistafuturos.noblogs.org/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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