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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2018

La impotencia del gobernante

Jaime Richart
Rebelin


Ante todo debo decir que el presente ttulo no lo trato en trminos estrictamente polticos. Lo sito en el plano sociolgico y ms exactamente antropolgico. Ya hay cientos de politlogos, de periodistas, de expertos y de aficionados que lo bordan. Yo apunto hacia el lado humano de la debilidad y de la estupidez tan frecuente entre los polticos y en la poltica. Y por otro lado aado, que por supuesto aqu me refiero tanto al gobernante conservador como al progresista espaoles, sin olvidar que el conservador, por las connotaciones guerracivilistas ms de derechas que conservador, lo tiene ms fcil al estar su ideario mucho ms prximo al pensamiento nico que domina el parlamento europeo y mundial, que el del socializante.

Se acostumbra en Espaa a aplaudir o a maldecir al gobernante. No hay trmino medio. Pero no es fcil ver la otra cara, triste, de la moneda del poder poltico (aqu y en todas partes pero menos) embutido en el econmico y financiero. Me refiero al espectculo de la impotencia del gobernante que, a menos que fuese un impostor que no es, da una imagen entre ridcula y pattica del quiero y no puedo permanente. Y, como aclaro al principio, no lo digo slo por el actual presidente del gobierno sino tambin por todos los que han ido desfilando del bipartidismo hasta ahora. Porque tampoco el presidente de gobierno anterior, siendo a todas luces cmplice o encubridor de muchas fechoras de los de su partido, pudo hacer las cosas que hubiera querido y como hubiese querido...

Desde que Espaa entr a formar parte de la Unin Europea que coincidi ms o menos con su entrada triunfal en el reino de las democracias pimpantes europeas tras la muerte del dictador, se han visto aqu a dos tipos de gobernante: uno es el que estaba ciegamente a favor del statu quo econmico de estas democracias, y otro es el que, no estando a favor del neoliberalismo antes de gobernar, poco a poco fue renunciando a los principios y postulados de sus mtines, para acabar sucumbiendo a los dictados del establishment. Pero no del establishment poltico, sino del econmico, que es un rgimen de corporaciones nacionales que desplaza a los Estados a los que slo les falta las siglas S.A. Espaa, S.A., por ejemplo. La marca Espaa, de la que tanto se habla, ya lleva en s el marchamo de lo que est entre lo comercial y lo econmico. Lo poltico es casi irrelevante.

En estas condiciones qu puede hacer un gobernante socialista que sea muy diferente de lo que hace el otro descaradamente neoliberal? Muy poco. Tan poco puede hacer que, para no poner patas arriba todo el tinglado, sus polticas apenas puedan ir un poco ms all de corregir costumbres corregibles, establecer o modificar normas relativas al gnero, al aborto, a la eutanasia y a otras cuestiones que ahora se me escapan relacionadas con las peculiaridades de un pas y de una sociedad llegados del fro de la dictadura, y a condicin de que todo ello no afecte directamente a lo econmico. Por ejemplo ahora, la exhumacin de los restos del tirano, la expropiacin o confiscacin de los bienes patrimoniales de sus herederos apropiados por obra y gracia de la dictadura, la supresin de los ttulos nobiliarios dados por el dictador, o dems vestigios de aquella poca. O referndums sobre la forma de Estado o sobre la reforma territorial, e incluso constitucional en detalles que no den demasiado problema. Y todo ello, si se atreve, en medio de una tensin social insoportable. En todo lo dems el gobernante, socializante o no, poco tiene qu hacer. Los poderes bancario, econmico, financiero y eclesistico bloquean cualquier iniciativa que afecte a su inters y/o a su estabilidad.

Los fundamentos del ya famlico socialismo se han esfumado. El deseable igualitarismo econmico, la proteccin de la sanidad y de la enseanza, la subsidiariedad del Estado frente al desamparo de grandes porciones de sociedad, y la conservacin de los bienes y servicios pblicos no son conquistas o posibilidades que estn ya al alcance del gobernante, pues no dependen de sus deseos ni de sus recursos tcnicos; ni siquiera de iniciativas legislativas que la oposicin no est dispuesta a tolerar. Pero si a pesar de ello el gobernante se obstinase con decretos leyes, la crisis consiguiente sera de tal envergadura que no tendra ms remedio que dar marcha atrs o dimitir.

Y es que podra decirse sin exagerar que los presidentes o jefes de gobierno europeos de la UE no pasan de ser meros cnsules romanos de las respectivas provincias del Imperio Econmico de Occidente, a cuyo mando estn los emperadores del vil metal convertido ahora en bits coins. Y el actual presidente de gobierno espaol, que a priori no es cmplice declarado del sistema, supuestamente desconocedor antes de alcanzar el poder del verdadero papel que sus homlogos europeos s conocen y asumen, est comprobando que cuando haca promesas rotundas y ridculamente reiteradas, era un ignorante del escaso alcance del poder real del gobernante que ahora es. Todo lo que, creo yo, explica su imagen cuanto menos pattica frente a sus seguidores, a sus militantes y a sus votantes socialistas.

Mientras el sistema econmico y financiero reinantes sean los que son, mientras persistan los parasos fiscales, mientras las ingenieras especulativas e improductivas sean la columna vertebral de la economa, y mientras la sociedad espaola tenga la configuracin que tiene, los socialistas y jacobinos aspirantes a gobernar Espaa, o ya en el gobierno, debern pasar por las prescripciones de los poderes fcticos y por la resistencia numantina de los franquistas. As es que si no quieren prestarse a ser un ttere al servicio de aquellos pero tampoco estn dispuestos a hacer la revolucin, ms vale que no se presenten a los comicios.

Dejen el camino expedito a los dueos polticos de este pas, los vencedores de la guerra civil, tambin cmplices de los poderes econmicos y de los eclesisticos, a los que ya se unieron hace mucho otros de los suyos al renunciar a lo que ahora ya se revelan como fines demasiado peligrosos de la socialdemocracia. Aunque sigan mintiendo y robando a mansalva, Espaa tendr la fiesta en paz y ellos no harn el ridculo. El inteligente y esforzado economista Varoufakis no pudo. La suerte de Espaa no est echada de manera muy distinta a la de Grecia. De modo que o hagan la revolucin o sean razonables y esperen a que pase el tiempo preciso para que la sociedad, antes que las leyes, madure al nivel del siglo que vivimos: el nico remedio posible. Todo lo que pase de un mero maquillaje, significa volver al 36...

Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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