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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-08-2018

Andrs Aylwin Azocar: Su lucha por los Derechos Humanos y la Justicia

Juan Carlos Gmez Leyton
Rebelin


A los que fueron vctimas de la represin,

de cuyo dolor nace el derecho a vivir

en un pas ms justo y solidario

y que fueron defendidos por

Andrs Aylwin

La muerte de don Andrs Aylwin ocurre en un momento altamente sensible para el pas. La ciudadana haba sido golpeada por dos hechos, la libertad condicional otorgada por la Corte Suprema a condenados por crmenes de lesa humanidad y por las insolentes e indolentes declaraciones del ahora exministro de las Culturas, Mauricio Rojas, sobre el Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos. Ambas situaciones abrieron y agitaron la controversia sobre la existencia de las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura, sus culpables, las responsabilidades polticas, de los contextos histricos presentes o ausentes, etctera. Declaraciones destempladas, por parte de los sectores oficialistas, se multiplicaron y fueron rematadas por la paradjica idea del presidente Piera de levantar y construir un Museo de la Democracia como una forma de zanjar aparentemente el sesgo poltico e histrico del Museo de la Memoria. En dicho contexto un hombre bueno nos abandona. Tal vez, consciente de que su lucha de ms de 40 aos por los derechos humanos haba sido como arar en el mar, nos deja aun con tareas por hacer en dicha materia. De manera que, lamentable, la lucha por los derechos humanos, la justicia, la verdad y la reparacin ha perdido a uno de sus ms genuinos representantes. No obstante, la presencia de Don Andrs Aylwin, seguir viva y, sobre todo, su quijotesca figura seguir guiando la lucha por la justicia y los derechos humanos.

La lucha por los derechos humanos, la justicia, la verdad y la reparacin de parte de Andrs Aylwin constituye un conjunto de principios que ordenaron su vida privada, profesional y poltica. Desde aquel da 13 de septiembre de 1973 que estampo su firma en la Carta de los 13 militantes democratacristianos que condenaron el derrocamiento del gobierno constitucional de Salvador Allende y rindieron el primer homenaje pblico al extinto presidente: Nos inclinamos respetuosos ante el sacrificio que l hizo de su vida en defensa de la Autoridad Constitucional. Don Andrs firmo su compromiso por la defensa de todas y todos aquellos que desde dos das antes haban comenzado a ser perseguidos y asesinados solo por el hecho de haber pensado y luchado por un futuro ms justo.

Muchos de esos hombres, mujeres, nios y nias castigados y daados violentamente por los opresores que bajo traicin haban ocupado militarmente el pas, militaban y participan en partidos polticos de la Unidad Popular y apoyaban el proyecto de construccin de una sociedad socialista. No obstante, que don Andrs haba militado en un partido opositor, el cual incluso haba justificado y avalado el derrocamiento del gobierno popular y la accin de las Fuerzas Armadas. l se puso al frente de un conjunto de defensores de los derechos de los seres humanos que durante 17 aos fueron despojados violentamente de ellos y condenados a una condicin de humanoides, o sea, de no humanos.

Los partidarios y simpatizantes de la Unidad Popular (1970-1973), aproximadamente, un tercio de la poblacin de Chile desde el mismo 11 de septiembre de 1973 comenzaron a ser considerados por los usurpadores del poder como no humanos y bajo esa condicin carecan de cualquier derecho asignado a los seres humanos. Por esa razn, podan ser vejados, humillados, torturados, asesinados, exilados y desaparecidos. Cientos de hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas y de Orden fueron instruidos y adiestrados en dicha doctrina.

El pas fue ocupado militarmente durante 17 aos. Y, los militares con la complicidad del Poder Judicial, de los gremios empresariales, de la Embajada de Estados Unidos de Norteamrica entre otras; de los medios de comunicacin: de la prensa escrita El Mercurio, Revista Que Pasa, La tercera de la Hora, Ercilla, entre otros; de los canales de televisin como el Canal 13 de la Universidad Catlica de Chile, y de radioemisoras tales como Radio Agricultura y Minera, etctera; como tambin de cientos de miles de civiles provenientes de los Colegios Profesionales, de las Universidades, empresas o de organizaciones de la sociedad civil opositoras al gobierno de la Unidad Popular, etctera. Todos los cuales se pusieron a disposicin de las nuevas autoridades. Estas implementaron una poltica e instalaron toda una maquinaria y tecnologas de terror con el objeto de aplastar y exterminar a los partidarios y simpatizantes de la Unidad Popular. Una poltica estatal fundada en el encarcelamiento, allanamientos, torturas, asesinatos, exilios y desaparecimiento sistemtico de sus principales dirigentes polticos, sindicales y sociales.

Durante aos esta maquinaria de terror y muerte debi ser enfrentada por hombres y mujeres, los cuales arriesgando su propia vida se organizaron para defender a las y los que no se podan defender. El poder Judicial alineado con la dictadura militar no los defenda y les negaba sus derechos como tambin los cientos de recursos de amparos que le eran solicitados.

Don Andrs Aylwin, presento cientos de recursos de amparos. La mayora de ellos fueron una y otra vez rechazados por los jueces de la dictadura. La complicidad del Poder Judicial y de los jueces es una vergonzosa y ttrica historia que an permanece oculta o en relativo silencio. Es la hora de las y los historiadores de comenzar develarla.

Por eso, uno de los ms valiosos legados que nos deja don Andrs Aylwin es, justamente, su libro Simplemente lo que vi (1973-1990). Y Los imperativos que surgen del dolor. (LOM Ediciones, 2003). Este libro testimonio se encuentra narrada y expuesta la burda y execrable complicidad de los jueces con la violacin de los derechos humanos y su contubernio con la dictadura. Los jueces no eran cmplices pasivos sino activos. Y, sobre todo, un engranaje fundamental de la maquinaria estatal destinada a exterminar a los opositores de la dictadura.

Tempranamente, en octubre de 1973, don Andrs Aylwin conoci de la postura del poder judicial y de sus jueces. En el citado libro relata y voy transcribirlo en extenso porque se trata de un testimonio que no merece ninguna duda y que a su vez ratifica la postura que la justicia tuvo a lo largo de los 17 aos de dictadura como tambin durante los 28 aos de supuesta democracia (1990-2018). Dice Don Andrs:

la posicin del Presidente de la Corte [Enrique Urrutia Manzano] era de clara simpata con el Golpe, de gratitud con las Fuerzas Armadas por haber hecho el pronunciamiento y, por lo mismo, de total compromiso con todo lo negativo, aun delictual, que pudiera estar aconteciendo despus del 11 de septiembre, lo cual deba juzgarse dentro de un esquema de guerra donde si los otros (los de la Unidad Popular) hubieran triunfado, nosotros (los demcratas) seramos las vctimas (Libro citado, pg. 94) 

Esta claro que en la maquinaria de terror y exterminio de la dictadura cvico-militar los tribunales constituan tan solo una Divisin, o un Batalln, dentro de un movimiento revolucionario liberador y triunfante. Es decir, configuraban simplemente el frente judicial, para seguir la terminologa del dictador.

Ante lo cual era imposible esperar de los exjueces de la Repblica, nada. De all que la frustracin y desilusin de Don Andrs Aylwin con la familia judicial de la cual su padre como l mismo haban sido parte, fue total. As lo expresa:

La percepcin de lo que era realmente el Poder Judicial en esos tiempos se fue ratificando vivencia tras vivencia, frustracin tras frustracin, en medio de una angustia realidad en que fuera de las murallas de los tribunales miles de hombres y mujeres necesitaban ms que nunca de la accin y proteccin de los jueces y, sin embargo, tambin ms que nunca dichos jueces permanecan dramticamente silenciosos y ausentes (dem).

El libro de Don Andrs Aylwin es el testimonio vivo de la complicidad de los jueces con la violacin de los derechos humanos. Ojal que las y los chilenas lo puedan leer y conocer, pues constituye una pieza valiosa de la lucha por la justicia emprendida por un hombre bueno y justo.

Conoc de la accin de Don Andrs como muchos de las y los ciudadanos chilenos opositores a la dictadura en los aos ochenta. Supe de su valer. Y, al mismo tiempo de su consecuencia poltica. Ms tarde lo trate directamente a comienzos de los aos noventa en una singular experiencia humana y poltica. Nos encontramos en la ex Crcel Pblica de Santiago, hoy desaparecida, l defenda o representaba o visitaba a distintos prisioneros polticos, la mayora de ellos presos por haber luchado contra la dictadura. Algunos de ellos eran mis estudiantes de un curso de Historia de Chile siglo XIX y XX que imparta en la Crcel. Un da en la puerta de ingreso a la Crcel, nos topamos. Recuerdo que me pregunto que haca yo ah, si era abogado de los derechos humanos, no, le dije, hago clases de historia de Chile a los presos polticos. Me miro con sorpresa y me dijo y aprenden los chiquillos. Por cierto, que s. Estn muy interesados, respond. Que bien, me dijo y agrego, son personas muy valiosas. Si, lo son y merecen su libertad, conteste. En eso estamos, me respondi. Y, entramos a la Crcel, l se dirigi a la sala de los abogados y yo me dirig a la sala en del segundo piso del primer pabelln interno. Donde dos veces a la semana me reuna con una veintena de presos polticos a discutir y analizar la historia de Chile. Era un grupo multicolor. Concurran a mi clase combatientes de todas layas, viejos y jvenes. Muchos de ellos gracias al concurso de Don Andrs Aylwin obtuvieron su libertad en Chile, u otros, fueron condenados a la pena de extraamiento. Mientras que Marco Ariel Antonioletti, fue asesinado por agentes del Estado, luego de su violento rescate protagonizado por un comando del Frente Juvenil Lautaro en noviembre de 1990.

Don Andrs como un hombre de ley, como lo fue toda su vida, haba elegido un camino distinto al asumido por esos luchadores sociales y polticos. Pero, entre ellos, haba una conexin poltica que los una el mismo propsito, pero con distintos medios, la lucha por la justicia.

Justicia que en una sociedad de clases es imposible de lograr con plenitud. As lo entenda don Andrs, sin ser un marxista, tena dicha claridad histrica y poltica que muchos carecen. Esa claridad que le permite identificar a la dictadura como una dictadura esencialmente clasista. Una dictadura cuyo principal enemigo eran los pobres. Nunca vi sufrir tanto a los pobres. Una pobreza sin respeto, sin esperanzas. Junto con ello, jams percib, escribe en las paginas finales de su libro, tanta soberbia y prepotencia por parte de los que tenan el poder poltico. Y tambin -hay que decirlo- de los que tenan el poder econmico (pg. 453)

Esa prepotencia no ha desaparecido, pues aquellos que hoy tienen el poder econmico, el empresariado nacional, como aquellos que controlan el poder poltico siguen agrediendo a las y los pobres. Pero tambin agrediendo su memoria y su historia. Esta claro, en que lugar estara, don Andrs.

Hace algunos aos atrs escrib otra columna dedicada a otro Aylwin Azocar, a Patricio, hermano de Don Andrs, pero que a diferencia de l. Patricio Aylwin, fue un gestor poltico y defensor del derrocamiento del gobierno de Salvador Allende. Lo justifico ante la opinin publica nacional e internacional. Las primeras reacciones de Patricio Aylwin ante el golpe de Estado, que expone en su libro, El reencuentro de los Demcratas. Del Golpe al triunfo del No. (Ediciones B, Chile S.A., 1998) son muy decisivas comprender poltica e histricamente a ambos hermanos. Mientras a don Andrs su principal preocupacin desde el 11 de septiembre, fue salvar la vida de aquellos que eran perseguidos. Al expresidente Aylwin, su preocupacin central era salvar al partido. As lo plantea: Cualquiera que fueran nuestros desacuerdos sobre lo ocurrido y sobre la actitud que debamos adoptar ante el rgimen militar; casi todos coincidamos en que nuestra responsabilidad fundamental eran mantener viva la Democracia Cristiana. Casi todos pensbamos que, fuera breve o larga la duracin de la dictadura, a su trmino la Democracia Cristiana debera estar viva como alternativa.

Como sabemos, todos los partidos polticos, lo integran hombres y mujeres de carne y hueso, por lo tanto, lo primero que haba salvar ante el ataque artero de los militares, eran los seres humanos. As lo entendi desde el 13 de septiembre don Andrs, mientras que su hermano mayor y presidente del principal partido opositor al gobierno de Salvador Allende, le preocupaba tenerlo presto para tomar la posta o mejor dicho el poder del Estado cuando lo dejaran los usurpadores. Independientemente del tipo de rgimen poltico que instituyera la dictadura militar. Este aspecto es relevante sealarlo, pues, a Patricio Aylwin le interesaba que la Democracia Cristiana, accediera al poder, mientras que a los hombres que firmaron la Carta de los 13, como Bernardo Leighton, por ejemplo, ms que hacer sobrevivir al partido, le interesaba luchar por la democracia, a secas. Lo mismo pensaba don Andrs.

Patricio Aylwin, tal vez, logr salvar a su partido. Sin embargo, no logro instalar la democracia. Pues, la que existe es la que instituyeron los autoritarios y aquellos que combati con todas sus fuerzas don Andrs. Por ello, nos advierte, en el 2003, que ha estimado escribir el libro que hacamos mencin ms arriba porque es moralmente aberrante la recuperacin del poder por quienes impusieron por medio del terror un modelo de sociedad profundamente injusto e inmoral, que lgicamente no van a modificar si vuelven al gobierno. (pg. 456)

La principal preocupacin de Don Andrs, en sus ltimos aos estaba en que Chile segua viviendo bajo las instituciones y estructuras aberrantes diseadas por la dictadura. La necesidad de reiterar permanentemente la voluntad de modificar lo inicuo constituye un imperativo tico insoslayable. No hacerlo, deca Don Andrs, implica una forma de tolerancia tanto frente a los grandes crmenes como ante la posibilidad de que en base a ellos se disee una sociedad permanentemente inhumana. (dem) 

La tolerancia de parte de los gobiernos democrticos que han gobernado desde 1990-2010 y 2014-2018, con la institucionalidad establecida y por la sociedad inhumana construida por la dictadura, ha sido total.

Lamentablemente, don Andrs nos deja cuando aquellos responsables de haber construido la sociedad neoliberal, o sea, una sociedad inhumana por excelencia, estn de nuevo en el poder, fundamentalmente, por que su partido y otros han sido complacientes con el orden social construido sobre los restos de miles de detenidos, torturados, encarcelados, exilados, asesinados y desaparecidos. Y durante 28 aos han obviado la posibilidad de poner fin al orden social y poltico construido por la dictadura.

Por eso, es urgente, tal como lo dijo don Andrs, en Chile existe la obligacin de recordar lo que sucedi durante la dictadura como una forma de sancin moral a los que la sustentaron sino, adems, como un llamado a la conciencia de los dirigentes polticos que lucharon contra ella en cuanto a no olvidar jams ni la magnitud de los crmenes, ni la arbitrariedad del sistema construido bajo el terror, de todo lo cual surge el imperativo histrico ineludible de construir una sociedad justa, tolerante, participativa y solidaria. (pg. 457)

Hoy a pocas semanas de conmemorar un nuevo ao del golpe de Estado de septiembre de 1973 que no solo fue el derrocamiento del gobierno popular, socialista y revolucionario de Salvador Allende, la destruccin de la democracia, sino fue el intento de parte de la clase dominante de exterminar al pueblo, a los trabajadores y a los pobres, solo por el hecho de pensar que la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Gracias a Don Andrs y a miles hombres, mujeres, nios y nias que resistieron valientemente ese intento de genocidio, hoy podemos despedirlo y agradecerle su lucha y al mismo tiempo, seguir luchando por poner fin de la inhumana sociedad neoliberal.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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