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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2018

Resea de Extraos en su propia tierra: rquiem por la derecha estadounidense, de Arlie Russell Hochschild
Una brjula sociolgica para la izquierda sabihonda

Matas Escalera Cordero
Viento Sur


Extraos en su propia tierra: rquiem por la derecha estadounidense, recientemente publicado por Capitn Swing, firmado por Arlie Russell Hochschild (Boston, 1940), la eminente sociloga e intelectual norteamericana profesora emrita, en estos momentos, en Berkeley, es, antes que un estudio pormenorizado de cmo las emociones condicionan los comportamientos sociales, las decisiones polticas y las tendencias dominantes en el capitalismo moderno, un sugestivo viaje al corazn mismo del Tea Party para demoler los muros de empata que nos impiden ver en todas sus dimensiones la realidad del otro.

No en vano, Hochschild se ha dedicado sobre todo al estudio de las emociones que cimientan los comportamientos sociales y morales de las mayoras en su pas, la patria del capitalismo actual.

Este libro [dice de l la propia autora] aborda un tipo de investigacin que los socilogos llaman de exploracin y de generacin de hiptesis. Su objetivo no es tanto ver cun habitual o poco habitual es algo, o dnde encaja o no encaja uno / Mi objetivo en esta investigacin ha sido descubrir qu es, realmente, ese algo (Apndice A. Pg. 391)

As, pues, este enorme estudio de los comportamientos sociales y culturales de la poblacin blanca marginal y marginada que sustent al Tea Party, primero, y que ha aupado a Trump al poder, a continuacin, es, en realidad, un verdadero viaje, tan lcido, como documentado y objetivo, desde la California ilustrada, urbana y cosmopolita, a los fondos de la Luisiana ms profunda, bastin de la derecha conservadora donde los haya, con el fin no de evaluar, sino de comprender realmente, no solo el fenmeno estudiado, sino a los sujetos reales conformadores de ese fenmeno.

Un viaje que deberamos hacer tambin todos nosotros, la izquierda ilustrada y urbana europea para reconocer ese mismo e idntico proceso de extraamiento de nuestra clase obrera, que se est dando delante de nuestras narices; pues la izquierda europea, como la norteamericana, posee, por lo general, un conocimiento ideolgico, poltico y moral (a veces, tan puritano y estrecho, como cerrado y tautolgico) de los procesos que nos afectan: por ejemplo, votar a la ultraderecha es malo; en realidad, es una tamaa barbaridad; el trabajador que lo hace est engaado o es un imbcil, oponerse a lo pblico es suicida, los inmigrantes no son el enemigo, nuestro enemigo es el capital, los aficionados a los toros o a la caza son unos paletos salvajes, etc. Todas ellas aparentes verdades morales y verdades polticas incontestables, pero, como demuestran los continuos fracasos de los anlisis izquierdistas y la paulatina irrelevancia electoral, poltica y social de la izquierda continental, barrida del mapa por las alternativas populistas y ultraderechistas ms groseras, demuestra una deplorable enunciacin y un dudoso conocimiento material, prctico y sociolgico de esos mismos procesos que trata de entender y combatir.

ante la ausencia de todos los talismanes de mi propio mundo [de los del muy urbano, cosmopolita y moderno hbitat californiano], y en presencia de los del suyo [el profundo sur del bajo Misisipi], me di cuenta de que el Tea Party no era tanto un grupo poltico oficial como una cultura, una forma de ver y de sentir un lugar y sus gentes (pg.42)

Y esta es justamente la razn por la que es tan necesario este agudsimo informe de la situacin real, de la cultura y del imaginario de esas masas que, de pronto, se sienten extraas en su propio mundo; por eso son tan necesarias especialistas de campo (especialistas de verdad) como Arlie Russell Hochschild que nos saquen de los carriles polticos y morales y nos den un verdadero conocimiento sociolgico, material, prctico y documental de las realidades que nos afectan y que deberan condicionar la enunciacin de nuestras posiciones y la cimentacin de nuestras decisiones acerca de esas mismas realidades. Por ejemplo, que los trabajadores que votan a los republicanos y a Trump, all, como los que votan a Salvini, a Orban, a Rivera, al Frente Nacional o al Partido Popular, aqu, no son unos paletos ignorantes, ni seres entontecidos, ni tarados morales, ni van engaados a las urnas.

La realidad real es mucho ms compleja que todas esas afirmaciones tan enrgicas y tan tranquilizadoras, al mismo tiempo, que nos repetimos sin que se nos mueva el flequillo.

Por ejemplo, en el Apndice B (pg. 397), Hochschild nos expone una serie de hechos fastidiosos y paradjicos, pero explicables y radicalmente lgicos, si se tienen en cuenta las variables sociolgicas y emocionales que determinan los mismos; los pobres, en los estados ms contaminados y degradados econmica y socialmente, como es el de Luisiana, no es solo que les importe un comino la contaminacin y las condiciones medioambientales en las que viven, o que voten a la ultraderecha, es que normalmente la inmensa mayora no vota; solo votan los ricos y las clases medias altas. Justo como ha comenzado a suceder en nuestra Europa, que cuanto ms pobre y degradado llega a ser un espacio social cualquiera, sea cual sea, estado, regin, ciudad o distrito, ms hostiles y pasivos se muestran los ms pobres frente a las recetas y a los discursos dominantes en la izquierda, carentes del menor sentido y atractivo para esos mismos pobres, a los que en teora se dirigen esos mismo discursos y recetas.

No importa que las impresiones sobre las que se fundan sus certezas, las de esos mismos trabajadores pobres, sean, muchas de ellas, falsas, o que no se correspondan a la realidad objetiva, como la autora demuestra en el Apndice C (pg. 401); lo importante es que esas certezas son el resultado no solo de impresiones emocional y subjetivamente sentidas como verdaderas, y sobre las que esos extraos en su propia tierra levantan finalmente sus estados de nimo y sus emociones (sensaciones y emociones que son las que finalmente votan o se movilizan); sino que algunas de ellas son certezas objetivas y contrastables: la precariedad y la inseguridad econmica que domina sus vidas de un modo agobiante y desmoralizador; el sentimiento de olvido y de abandono de los que les gobiernan desde tan lejos y tan alejados de ellos (en Washington o en Bruselas, da lo mismo); el sentimiento de impotencia frente a la corrupcin generalizada del sistema; el arrogante desprecio hacia esas masas de paletos y de ignorantes de una parte de la prensa liberal y de la izquierda ilustrada; la impresin de ser realmente invadidos por otros, que vienen de fuera, ajenos a ellos, pero con los que deben disputarse no solo las migajas del sistema, sino tambin las costumbres heredadas, o las creencias, o las verdades religiosas; etc.

Si no logramos establecer puentes e incluso empatizar nos dice Arlie Russell Hochschild con esos temores y esas certezas emocionales (tan verdaderas) de los que se sienten realmente expulsados de su mundo, su segura y conocida cotidianidad desvanecida delante de sus narices; si la izquierda liberal, cosmopolita e ilustrada, contina obvindolas y desprecindolas, estaremos haciendo el caldo gordo a nuestros autnticos enemigos polticos y sociales.

Durante la mayor parte de mi vida he sido partidaria del sector progresista, pero hace relativamente poco comenc a sentir la necesidad de entender a la derecha. Cmo han llegado a pensar as? Podemos hacer causa comn en algunas cuestiones? Estas dudas fuero las que me llevaron a coger el coche un da y recorrer el cinturn industrial de Lake Charles (Luisiana) junto a Sharon Galicia: una madre soltera blanca / que iba por las empresas vendiendo seguros mdicos / [cmo era su vida de madre soltera y] cmo era la vida de aquellos hombres con los que trabajaba?, por qu una mujer como ella, brillante, considerada y llena de determinacin que poda haber disfrutado de una baja parental remunerada era miembro entusiasta del Tea Party, para quien esa idea era inconcebible? (pgs. 11 y 12)

En ese viaje al corazn de la derecha blanca, desprovista de prejuicios, la autora no encontr paletos tarados, embaucados y analfabetos, sino gentes, trabajadores y trabajadoras, con preocupaciones legtimas y comunes al resto de su clase en todos los Estados Unidos, el deseo de que los viejos valores comunitarios no se perdiesen en medio de este mundo complejo, duro, extrao y fragmentado que se ha engullido al que conocieron en su infancia y su juventud; el deseo de que la familia siguiese formando parte del entronque afectivo y prctico con la comunidad, y el que sus hijos tuviesen alguna oportunidad y un futuro mejor Nada raro ni insensato, nada fuera de lo comn, deseos compartidos por la inmensa mayora de los trabajadores norteamericanos. Lo que encuentra Hochschild detrs de los miedos y del sentimiento de extraeza y exclusin, son salarios de hambre, familias desestructuradas y rotas por la crisis y la miseria, y un sueo americano imposible ya de materializar.

Cuando yo era nio, si te parabas en la orilla de la carretera con el pulgar levantado, siempre te recoga alguien / Si alguien tena hambre, se le daba de comer. Exista la comunidad. Y sabes quin ha terminado con todo eso? / El Gobierno de la nacin (pg. 19)

Lo que hay detrs de estas afirmaciones de un trabajador del Misisipi, vctima de un desastre medioambiental (como detrs de decenas de testimonios recogidos a lo largo de este autntico viaje de iniciacin), es, en efecto, nostalgia de los buenos tiempos ya desaparecidos, miedo por un presente incierto y desabrido, y, sobre todo, rabia y frustracin especialmente, frustracin, las palancas emocionales con las que conectan las sencillas recetas y la radicalidad del lenguaje anti-sistema del Tea Party (por ms que las medidas de desregulacin en materia de proteccin medioambiental apoyadas por los republicanos hayan sido la causa de su ruina); su vinculacin es bsicamente emocional, este trabajador confa en las sencillas y empticas respuestas de la ultraderecha a esos miedos y a esa ira, frente al general desprecio que siente de una buena parte de los sectores liberales, ilustrados y urbanos.

He ah nos viene a decir Arlie Russell Hochschild, el porqu las gentes que ms se beneficiaran de las leyes federales, emanadas de un gobierno central fuerte, o de los programas de subsidios y ayudas pblicas provenientes de ese mismo gobierno, generalmente arbitradas por los sectores demcratas ms liberales, rechazan de modo tan paradjico y tan visceral esa misma idea. Es una distancia emocional y es justamente esa brecha emptica y emocional la que hay que superar, si queremos devolver a esos sectores de la clase obrera a su tierra; no solo all, sino tambin aqu, en Europa.

Los estados gobernados tradicionalmente por los republicanos son ms pobres, registran ms madres adolescentes, un ndice de divorcio ms elevado, peor salud, ms obesidad, ms muertes traumticas, ms bebs que nacen con bajo peso y ms fracaso escolar. Sus habitantes viven una media de cinco aos menos que los de los estados demcratas [etc.] (Pg. 26). No importa. Los datos objetivos ya no bastan; tampoco negar la evidencia, afirmar, por ejemplo, que las migraciones masivas y descontroladas no generan problemas en las regiones receptoras, pues claro que generan problemas, y muy graves; o repetir impertrritos los mantras habituales de la izquierda, que los ricos y el Capital tienen la culpa de todo, que hay que tener una vida sana, etctera, etctera Todo eso es verdad, s, pero la verdad ya no basta.

Si no hay una conexin emptica y emocional con las masas de trabajadores que se sienten despojados de su tierra, extraos en ella, por duro y paradjico que nos parezca, por cargados que estemos de razones, no bastar.

Veo toda esa pasin, les deca Trump a sus auditorios enfervorecidos. La vemos nosotros; vemos toda esa pasin nosotros? O les seguiremos diciendo cmo deben sentirse ante cada acontecimiento del mundo, de qu deben alegrarse o no, o en qu deben creer o no creer, qu deben ver o qu no deben ver, o cmo deben comportarse y no deben comportarse (incluso en la intimidad); en suma, lo que es correcto y lo que no es correcto, como los nuevos curas de la modernidad que se arrogan el derecho de repartir las credenciales de salvacin, las de buen ciudadano o buen demcrata, las de buen padre o buena madre, la de ser sensible, consciente e inteligente o la de ser racional y sensato.

En fin, Extraos en su propia tierra: rquiem por la derecha estadounidense, de Arlie Russell Hochschild, en la cuidada traduccin de Amelia Prez de Villar, es una lectura necesaria y apasionante que nos da una visin distinta de lo que ya sabemos y conocemos, ofrecindonos una brjula fiable para adentrarnos en una compleja regin de los fenmenos sociales y polticos, en la que las emociones y las percepciones apasionadas son ms importantes que los datos y la realidad objetiva. Sus veinticinco pginas finales de bibliografa, no hacen ms que enriquecer la valiosa informacin ofrecida a lo largo de ese viaje al corazn la ultraderecha norteamericana, en compaa de su autora, a travs de sus pginas.




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