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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2018

La activacin cvica, no la ilusin de ganar, clave para avanzar

Antonio Antn
Rebelin


Los deseos y la apariencia ganadora no son suficientes para ganar. Es necesaria la amplia participacin democrtica y popular . El estmulo de aparecer con los ganadores es insuficiente y a la larga contraproducente. La motivacin para la participacin cvica y democrtica debe estar incrustada en la mejora de la situacin real de la mayora social, en las aspiraciones ciudadanas de libertad e igualdad. A veces, el optimismo histrico y cierto utopismo son positivos y necesarios, siempre de forma comedida y como complemento de dos criterios bsicos para definir una estrategia poltica emancipadora: el realismo analtico y la voluntad transformadora fundada en las demandas cvicas y una tica de los derechos humanos.

La subjetividad popular, con sus aspiraciones e ilusiones, es fundamental para el cambio. El problema viene cuando la pertenencia al campo ganador o su simple apariencia sustituye a la activacin cvica, fundamentada en las demandas populares, como motor de cambio, realista y justo.

Esa inevitabilidad ganadora de la estrategia o la teora propias se ha utilizado por todas las corrientes polticas e ideolgicas, particularmente por el marxismo, al menos hasta el derrumbe del bloque sovitico, para ganar credibilidad y cohesin. Tiene efectos de generar creencias e identidad colectiva en torno a un liderazgo, ofrecer garantas de acceso al poder y conquistar (o prometer) ventajas. Pero esa actitud tiene poco recorrido, justo hasta la presencia de dificultades e incoherencias, con el riesgo de prdida de confianza popular.

El problema adicional hoy es el rellenar esa imagen ganadora a travs de la pertenencia a una dinmica histrica comn, el populismo (o el nacionalismo), donde se integran tendencias antagnicas, desde la derecha extrema hasta la izquierda, pasando por corrientes nacionalistas, junto con otras con objetivos democrtico-igualitarios o, simplemente, centristas y populares. Esa particular pretensin de avanzar a travs de la apariencia ganadora, sumando tendencias contradictorias por su sentido poltico, tiene una base frgil y no sirve para el objetivo deseado de fortalecer la dinmica de un cambio de progreso.

Es el objeto de esta reflexin, todava ms pertinente ante los sntomas de estancamiento de las fuerzas del cambio y, en todo caso, de la necesidad y la dificultad de una colaboracin crtica con el Partido socialista, cuya disposicin estratgica y de alianzas no est clara, y afn de poder garantizar el cambio poltico y gobiernos de progreso. A pesar de que el concepto de ganar se va desplazando a un ganar compartido con otras fuerzas progresivas, o sea, el sujeto poltico y su representacin institucional se complejiza, la cuestin a debatir es la inconsistencia de algunos argumentos deterministas sobre quin, en base a qu y por qu va a ganar y sus efectos contraproducentes.

Ampliar la base social del cambio, pero democrtico y de progreso

En su origen, en el siglo XIX y primeros del XX, as como en general en Latinoamrica y en EE. UU. (con Roosevelt y recuperado por Sanders), esa palabra populista conllevaba una base social ms amplia (campesinado, autnomos, pequeo-burguesa y clases medias) que la clsica clase obrera industrial, as como un sentido social liberal-progresista, anti-oligrquico y popular-nacional antiimperialista. Es el significado menos restrictivo que todava tiene all ese significante.

Es bueno dirigirse y representar a las amplias mayoras sociales aunque no necesariamente en todo y siempre. El totalitarismo y el nacionalismo excluyente tambin han gozado de mayoras ciudadanas. Por tanto, no es el criterio nico. Influye tambin el contenido tico-poltico de las decisiones mayoritarias, su actitud ante los valores universales que podemos definir como los derechos humanos. Es una tensin entre tica (con deliberacin compartida) y democracia (participativa y pluralista).

No obstante, en la cultura europea y tras la experiencia nazi-fascista y de la actual extrema derecha, el populismo tiene una connotacin autoritaria y todava es ms importante la diferenciacin y el antagonismo con esa corriente poltica. Y la pugna del populismo de izquierdas por la resignificacin y/o apropiacin del autntico sentido de populismo no tiene mucho inters frente a la confusin interpretativa y poltica generada por esa palabra polismica.

Dividir los campos sociopolticos entre, por un lado, populistas, metiendo en l esas reacciones oligrquicas de extrema derecha y xenfobas y los nuevos-viejos nacionalismos junto al llamado populismo de izquierdas, y, por otro lado, no populistas o tradicionales (liberales, conservadoras, socialistas o de izquierdas) genera confusin analtica y desorientacin poltica. Es mejor identificar a esas corrientes con la denominacin de derecha extrema o neofascistas (o, en su caso, centristas y nacionalistas) y no llamarles populistas con la connotacin embellecida de que son populares. Abundara en la diferenciacin del llamado populismo de izquierda o progresista, aunque, evidentemente, ya no se podra presumir de pertenecer a una tendencia histrica ganadora.

Cabe el interrogante: Por qu algunos autores prefieren ostentar el perfil ganador, adscribindose a un espacio o momento -populismo- tan problemtico y contradictorio, y subordinar a ello el sentido poltico sustantivo del proyecto de cambio, democrtico y de progreso? En el terreno poltico concreto la direccin de Podemosy sus aliados han evitado esa implicacin. En Espaa, al considerar, con todas sus contradicciones, socio preferente a la propia socialdemocracia. Y en Catalua, al diferenciarse claramente del etnopopulismo de Puigdemont y el neo-nacionalismo espaolista de Ciudadanos y Partido Popular.

Una dbil fundamentacin terica

En el terreno terico y de la supuesta supremaca intelectual y analtica a nivel general todava algunos analistas defienden el simbolismo de la pertenencia a esa supuesta corriente ganadora, compartiendo trayectoria ascendente con las fuerzas emergentes de derecha extrema y nacionalistas xenfobas, ambas autoritarias e insolidarias. A la hora de la identificacin poltica con un campo comn de populistas frente al resto, as como la clasificacin de las fuerzas polticas, los objetivos y las alianzas, priman un aspecto secundario, la lgica del idealismo dialctico (antagonismo discursivo), por encima de su contenido sustantivo y su enraizamiento social. No diferencian claramente entre la dicotoma nosotros / ellos de corte nacionalista, supremacista, dominador y autoritario y la oposicin abajo / arriba de carcter popular, democrtico, igualitario y anti-oligrquico (similar al convencional conflicto social renovado).

Adems, hay que clarificar una dinmica con apariencia intermedia: movimientos populares de supuesta defensa nacional, con un sentido ambivalente, anti-establishment (pero para recomponer el poder) y reaccionario (para garantizar mayor dominacin y divisin de la mayora popular). As, dentro de su diversidad, tienen ese componente doble: frente al poder establecido (neoliberal) u otras potencias y frente a otros segmentos ms vulnerables: inmigrantes, extranjeros, diferentes Ese nacionalismo ms o menos excluyente es lo que hay que evaluar en concreto.

La motivacin de la insistencia en la garanta de ganar es reforzar el liderazgo a travs de representar lo ganador. Su argumento: su lgica o su tcnica es la ganadora, no tanto la justeza de su proyecto. As, el antagonismo es lo que gana; sin reparar en qu tipo de antagonismo y entre qu actores. Y el discurso es lo que construye realidad; sin valorar adecuadamente la base de poder, relaciones sociales y culturales, existente en unos y otros. La capacidad articuladora del pueblo se le da al discurso, o sea, a la lite que lo elabora.

No es un simple error coyuntural, es una arraigada deficiencia terica y poltica que lastra las capacidades prcticas y estratgicas de la emancipacin popular. Es normal la tentacin desde los establishments de desprestigiar las dinmicas progresistas metindolas en el mismo saco que todos los ismos (populismo, extremismos antes, comunismo o radicalismos, etc.). Lo que no tiene mucha explicacin es revalorizarlo desde posiciones de progreso y no construir una posicin poltica ntida y diferenciada. Pero, veamos los precedentes histrico-tericos.

Ya Laclau, en los aos setenta, reconociendo la existencia del populismo de clases dominantes y el populismo (socialista) de clases dominadas, justificaba esa actitud de sumar y mezclar bajo la misma palabra ambas corrientes antagnicas. Su inters era hacer valer la supuesta supremaca histrica ganadora del conjunto populista frente al bloque de poder neoliberal tradicional. Para l el populismo de izquierdas superaba y subsuma a las corrientes socialistas y comunistas, definidas como perdedoras; es decir, el populismo de izquierdas sera posmarxista y reflejara el estadio superior de la lucha por la democracia y el socialismo, como recuerdan ahora autores como M. Monereo.

As, a la dialctica en abstracto le aada no solo la confrontacin democrtica sino tambin la pugna por el socialismo. Pero eso puede definir al populismo de izquierdas en su lucha por la igualdad, no al populismo en general, ambiguo o incompleto en su definicin poltica. Para justificar la supremaca aplicativa de su populismo como lgica de antagonismo no se queda en esa interpretacin del populismo de izquierdas, sino que incorpora la confrontacin de las derechas (y centristas) y de los nacionalismos; es decir, recupera el esquema identitario de la dialctica antagonista de nosotros / ellos de C. Schmitt, idelogo del nacionalismo supremacista totalitario.

Por ello, para el populismo terico, el carcter ganador lo da no a una tendencia poltica concreta, reaccionaria o progresista, sino a la suma de todas ellas que apelan a un pueblo indeterminado, es decir, a unos intereses y demandas ambiguos y a definir por el discurso de la lite correspondiente. Su adversario terico, por un lado, es el consenso liberal tradicional, no el radicalismo nacionalista, reaccionario, autoritario o xenfobo emergente sobre el que prima su afinidad procedimental de la dialctica de confrontacin y la construccin discursiva de la realidad, la poltica o el sujeto. Pero, por otro lado, combate el determinismo economicista que fijara los intereses de las capas subordinadas como base para construir el pueblo, cuestin que, segn su crtica, limitara la voluntad constructivista de la lite promotora del discurso y su capacidad articuladora. Y tiene parte de razn, pero se va al otro extremo idealista, sin pararse en el actor concreto y su prctica relacional.

Por tanto, ese enfoque se desliza hacia la irrealidad y el desarraigo popular real, ya que destaca la formacin del sujeto de cambio con la infravaloracin de sus condiciones materiales y culturales de existencia, de su experiencia sociopoltica, de las relaciones de fuerza existentes, y con la sobrevaloracin de la capacidad constructiva de un pueblo a travs de la accin poltica discursiva de un liderazgo o la gestin institucional derivada de la misma, no de la activacin cvica del mismo.

Adems, esa posicin prioriza la validez de su lgica antagnica, complementada por la transversalidad en los campos secundarios, y su construccin idealista arbitraria de su pueblo, sin profundizar en su contradiccin con lo que denomina populismo de clases dominantes. En el terreno poltico genera desorientacin al desconsiderar lo sustantivo: el sentido poltico de cada actor y proceso.

La lgica populista define una manera de construir la poltica y el sujeto pueblo: la dialctica idealista, el antagonismo de contrarios articulado por el discurso. Es la vuelta a Hegel que ya he criticado en otra parte (ver El populismo a debate, ed. Rebelin). Frente al estructuralismo determinista (econmico, biolgico, tnico o poltico-institucional), el posestructuralismo postmoderno no es la solucin. Ambos, en realidad, tienen una fundamentacin idealista a superar. Es ms sugerente otra corriente de pensamiento que denomino de realismo crtico y con hermenutica social, ms multilateral y que pone el acento en la experiencia popular real, las relaciones sociales, los vnculos comunes vividos por la gente y su cultura, as como su adecuada interpretacin. Aparte de otros precedentes de la teora crtica, podemos citar a Gramsci y, en particular, para explicar los procesos de contienda sociopoltica y los movimientos sociales, a pensadores como E. P. Thompson, Ch. Tilly y R. Jessop.

En definitiva, el enfoque populista es incompleto o indefinido en su contenido estratgico y programtico. Es decir, para superar su ambigedad necesita asociarse con una ideologa o teora poltica sustantiva, encarnarse en unos sujetos concretos. As, lo que existe son populismos especficos: reaccionarios o progresistas, autoritarios o democrtico-republicanos, de derecha extrema, centro o izquierda, nacionalistas o estatistas, segregadores y racistas o inclusivos, etc. Por tanto, hay dos discusiones. Una, sobre los dos fundamentos tericos o metodolgicos: carcter y alcance de la polarizacin y el antagonismo dialctico y su combinacin con la transversalidad, el consenso o el universalismo, y papel del constructivismo voluntarista, superador del mecanicismo, pero sin llegar al realismo crtico y social. Otra, sobre la funcin poltica concreta de un populismo particular, con el sentido sociopoltico y tico de su impacto transformador y su mayor o menor definicin poltica, sincretismo y eclecticismo.

Pluralidad poltico-ideolgica en las fuerzas del cambio

Existe una gran crisis de las izquierdas, incluida la socialdemocracia, pero sera excesivo apropiarse bajo el rtulo de populista todas las heterogneas tendencias sociopolticas en los pases europeos desde Grecia hasta Portugal, pasando por Francia, Alemania y Reino Unido. Incluso en Espaa el carcter poltico-ideolgico de los partidos polticos o lites asociativas alternativos es muy diverso, considerando el conjunto de Podemos, Izquierda Unida, las convergencias (catalana, gallega, valenciana, vasca) y las candidaturas municipalistas de los grandes (y pequeos) ayuntamientos del cambio, as como los distintos movimientos sociales progresivos, en particular el movimiento feminista.

Pues bien, todo ese conglomerado democrtico y de progreso hay que diferenciarlo claramente del populismo de derechas, empezando por el nombre. Pero, adems, tampoco encaja bajo el nombre de populismo de izquierdas, ni se ha conformado discursivamente, sino relacionalmente, con su participacin pblica, democrtica y cvica.

En lo que s ha tenido un papel ms relevante el discurso y el liderazgo de una lite ha sido con la configuracin de una nueva representacin poltica -Podemos-, no tanto en sus convergencias y candidaturas municipalistas, ms abiertas y plurales . Pero, sobre todo, esa manera populista no ha sido el determinante para la conformacin sociopoltica del movimiento popular o las mareas cvicas, desde el movimiento 15-M hasta el actual movimiento feminista o incluso la formacin del electorado indignado, ya casi configurado desde el ao 2011.

Su activacin y su articulacin sociopoltica no han dependido tanto de un relato previo, sino de procesos de indignacin ante realidades de injusticia o discriminacin interpretados desde unos valores democrticos y de justicia social y con un alto nivel participativo y asociativo de base. Ha sido, sobre todo, la experiencia de confrontacin con los poderosos por sus polticas regresivas e impositivas en el contexto de crisis socioeconmica y precariedad, que desde 2010, han vivido millones de personas con su articulacin sociopoltica y su cultura igualitaria y solidaria. As, se han reafirmado en ella y han dado paso a su representacin poltico-institucional en las llamas fuerzas del cambio, con credibilidad suficiente para ser cauce institucional de sus demandas.

Ahora, hay una limitada movilizacin social, aunque se ha reactivado, especialmente, a travs del movimiento feminista. Es el ltimo gran ejemplo positivo de una amplia contestacin cvica que, enraizada en su lucha por la igualdad de las mujeres y contra la violencia machista, ha desbordado su marco especfico y ha supuesto una amplia unidad popular y democrtica de demanda de reformas feministas sustantivas, sociales y legislativas.

Hay tambin una importante presencia institucional de las fuerzas del cambio y un nuevo clima poltico con el gobierno socialista. Garantizar el avance hacia un cambio de progreso supone una reelaboracin estratgica alternativa y unitaria, pero, sobre todo, una amplia participacin popular.

La confrontacin no es entre populismo (ganador) y no populismo (perdedor)

A nivel europeo, a pesar del giro derechista, tambin es empricamente problemtico que vayan a ganar las formas populistas (de extrema derecha), hasta el nivel de imposicin de regmenes totalitarios y la destruccin de la U.E. liberal. Ese vaticinio desconsidera lo fundamental: que las estructuras de poder neoliberal de EE.UU. y la U.E. siguen siendo dominantes, que comparten algunos objetivos comunes con las presiones neofascistas, en particular para reforzar su capacidad de control operativa frente a la amplia deslegitimacin social, aunque con una limitada capacidad de poder progresista o de izquierdas. El reajuste principal viene por la pugna nacionalista (o neo-imperialista) entre los grandes pases (o grupos de pases) por la nueva jerarquizacin y control en la estructura mundial de poder geoestratgico y econmico.

Por tanto, es contraproducente, desde el punto de visto analtico y estratgico, la posicin de aprovechar una supuesta fuente de legitimidad como fuerza emergente ganadora a travs de compartir el mismo campo que la tendencia reaccionaria-autoritaria-segregadora y prooligrquica neoliberal. Ese objetivo de aparentar ser fuerza ganadora (cosa habitual en cierta izquierda radical catalana), con esa demostracin emprica de supuestos aliados tambin ganadores tiene poco recorrido. Justo hasta la evidencia social y poltica de los resultados nefastos de sus polticas y su gestin y el carcter continuista del nuevo proceso de similar dominacin oligrquica y subordinacin popular.

Pero el mantenimiento de esa idea de compartir un momento o un proceso populista comn tiende a no preparar las capacidades polticas para enfrentarse a esa tendencia reaccionaria neofascista o nacionalista neoliberal e idealizar las expectativas propias. Y el riesgo es la adaptacin de la actividad a esa prioridad de la apariencia de ganar como reclamo de lealtad y cohesin del proyecto poltico de cambio. Es lo que tambin ha ocurrido en sectores de izquierda catalana deslumbrados por la expectativa inmediata de un cambio ganador (frente al Estado), sin valorar su realismo y su sentido.

En definitiva, hay que afinar estos anlisis del doble conflicto social y nacional. Son errneos los fundamentos tericos y programticos nacional-populistas que alimentan la polarizacin identitaria y el idealismo discursivo. Son contraproducentes para una solucin progresista en lo social y solidaria en lo nacional, superadora de la confrontacin de ambos bloques de poder neoliberal y nacionalistas que es la apuesta que empieza a abrirse camino.

 

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid y autor de El populismo a debate, ed. Rebelin @antonioantonUAM


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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