Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-08-2018

La Cuestin Catalana

Izquierda Socialista Federal y Republicana


Se cumplen ya diez aos del inicio de una crisis que ha hecho que el entramado del sistema creado por el rgimen del 78 comenzara su cada en barrena. Las polticas gubernamentales austericidas y el asedio a las gentes ms desfavorecidas, negndoles los mnimos derechos a una sanidad, vivienda y educacin llevaron a la poblacin a umbrales de pobreza que nadie habra pensado en alcanzar desde el final del Franquismo y la instauracin del Estado del Bienestar. A travs de recortes presupuestarios basados en directrices de la Troika de dficit cero y con la alianza de una banca rescatada dispuesta a recuperar sus activos a cualquier precio, la sociedad civil sufri el paro, el desahucio, la desatencin bsica en gas, electricidad y agua, e incluso desnutricin infantil, creando un escenario desolador. Un austericidio amparado por la Unin Europea y ejecutado contra otros pases hermanos como Grecia o Italia. A ese contexto se sum la corrupcin sistmica instalada en todas las administraciones pblicas, incluyendo a la familia real, a travs de negocios oscuros con otros pases, Arabia Saud, Marruecos, etc. y la empresa-tapadera Noos, implicada en una oscura trama de comisiones.

Las movilizaciones espontaneas del 15M, en toda la geografa del pas, y la aparicin de grupos de activismo reivindicativo como lo fue el Frente Cvico pusieron un nimo de esperanza en una sociedad que no quera una cara A o una cara B de un mismo disco, sino cambiarlo por completo. Fue un momento en el cual los partidos de la transicin se encontraron por primera vez con el pie cambiado ante una sociedad que comenzaba a organizarse y a ejercer un inicio de contrapoder paralelo como demostraron las manifestaciones por la dignidad (2014) y Rodea el Congreso (2012) en Madrid.

Este inicio de catarsis y de puesta en duda de las instituciones tuvo en Catalunya dos momentos destacados. El primero fue la forma en la cual el 15M quiso llevar a la calle sus reivindicaciones en la acampada en pl. Catalunya de Barcelona (2011) y en las plazas principales de las ciudades catalanas, creando espacios de discusin, reivindicacin y dilogo de una sociedad en transformacin. La segunda fue la accin en el Parlament de Catalunya. Ambas iniciativas fueron reprimidas con violencia y verbalizadas por el poder autonmico como "limpieza". Estas dos situaciones llevaron contra las cuerdas a Convergencia i Uni, coalicin del rgimen austericida quien tambin sufra la misma crisis sistmica corrupta que el resto de instituciones del pas. No olvidemos que esta coalicin, formada por el rgimen del 78, nutri sus primeras filas con alcaldes, funcionarios y personajes vinculados con el franquismo. La red clientelar de Convergencia, construida en los ms de veinte aos de poder personalista de Jordi Pujol, se extenda desde las localidades ms pequeas de la Catalunya interior hasta los principales ayuntamientos y diputaciones provinciales, asentando sus races en un gobierno de ms de veinte aos en la Generalitat. Esa red empez a generar una trama de corrupcin, paralela a la que se estaba extendiendo en otras CCAA gobernadas tambin por partidos del rgimen del 78. Una trama, puesta lentamente al descubierto por la investigacin judicial, que fue sibilinamente insinuada y escenificada por Pascual Maragall en el Parlament con el famoso "3%" espetado al entonces candidato y sucesor de Jordi Pujol, Artur Mas.

Bajo ese contexto, el sistema, el rgimen del 78, para sobrevivir empez su proceso de transformacin, reinventndose a si mismo siguiendo los esquemas ms gatopardistas. Lo hizo primero a travs de la abdicacin en "diferido" del rey Emrito en una estrategia seguramente orientada a proteger la figura del borbn de un posible enjuiciamiento y a proteger a la institucin monrquica a travs de Felipe VI el preparado, supuestamente limpio de este barrizal, en lo que se pudo denominar como Transicin 2.0.

Su segunda mutacin se caracteriz por la divisin celular de los partidos tradicionales, generando la aparicin de dos partidos supuestamente transversales tanto por la izquierda, como por la derecha, asegurando as una forma de canalizar el descontento y evitar frmulas rupturistas. Estos nuevos partidos prometan renovacin pero sin cuestionar apenas los cimientos bsicos sobre los cuales se apoyaba el rgimen del 78. Uno de ellos, adems, creado por la banca y el Ibex-35 para defender sus activos ante la prdida del soporte popular a un ritmo frentico del PP, su hasta entonces aliado natural. Dos partidos que han basado hasta ahora su estrategia, desde ngulos y perfiles diferentes naturalmente, en la ambigedad frente al sistema, en una grandilocuencia populista, y en escenografas puramente mediticas.

Sin embargo el sistema necesitaba una tercera transformacin y esta haba de tener su epicentro en Catalunya, dado que desde aqu la tradicin obrera haba sido uno de los motores de lucha en el pasado y tambin en el convulso presente. Esa tercera transformacin tena que estar orientada a conseguir dos objetivos. El primero era partir en tres a la poblacin vctima de la crisis pero ya organizada a travs los de movimientos sociales que cuestionaban al sistema y a sus gobernantes No nos representan- y que podan crear un poder hegemnico y paralelo capaz de alcanzar la ruptura. Esa particin, en la mejor tradicin del Divide et Impera, y tomando la cuestin nacional como casus belli, provocara la inmediata alineacin de unos y otros hacia posiciones centrpetas o centrfugas, y tambin en posiciones equidistantes, agredidas verbalmente tanto por tirios como por troyanos. El segundo objetivo era eludir o ocultar tras una cortina de humo las investigaciones judiciales y las sentencias condenatorias que afectaban, no por casualidad, a los partidos que representaban los aspectos ms nacionalistas espaol o cataln - del espectro ideolgico, y a las polticas ms austericidas y neoliberales. De esta manera, los causantes de la crisis, situados en los extremos de la cuerda, creaban un vrtice capaz de absorber energas, dividir complicidades, consumir tiempo e informacin, y relativizar cualquier otro problema presente en la sociedad.

El colaborador interesado fue el de la antigua Convergencia, renovada tan solo por una sucesin de nombres, pero cambiando el discurso hacia un Independentismo de carcter populista, como una forma de "blsamo de fierabrs" que todo lo haba de curar. Desde ese momento puso en funcionamiento todo su aparato propagandstico para crear su propia escenografa de un Estado nuevo Ideal, aunque las bambalinas dejaran ver que este sera diseado con un corte neoliberal y conservador. Hoy sabemos que realmente todo el guion del proceso era falso, dado que en el momento esencial de las jornadas del 26 y 27 de octubre no haba ni una sola de las condiciones necesarias para construir un nuevo estado. La UE, en esta situacin, no mostr las mismas disensiones que en el caso de la antigua Yugoslavia y la comunidad internacional respondi con un silencio atronador a la teatralizacin secesionista interpretada por Puigdemont.

Pero por desgracia esta tercera transformacin del sistema tuvo el soporte de una izquierda que fue incapaz de comprender que estaba colaborando no en la ruptura sino en la mutacin del gen del 78. Enfrascada en un imaginario revolucionario de saln se sum a la maquina propagandstica del procs, seguramente atrada y embriagada por los atractivos cantos de sirena de la "renovada" casta convergente, alimentada desde el nacionalismo espaolista e ingenuamente confiada en poder controlar la situacin y ser contrapoder en el nuevo estado. Esa ingenuidad qued manifiesta en la confianza con la cual dej pasar el vaco de poder en Catalunya en los das 26 y 27 de octubre. Un vaco de poder usados tradicionalmente por la izquierda para ejercer con claridad un contrapoder al sistema. Una ingenuidad que tuvo su "recompensa" en las elecciones del 21D donde el partido del 3% resucitaba de sus cenizas y quedaba en situacin de formar govern, dejando a la CUP en porcentajes y diputados similares en nmero al partido represor del 1 de Octubre, el PP, y a una Catalunya en Com frenada en su expansin debido a su propia ambigedad de denuncia de quien estaba realmente al frente del Procs, y por supuesto a la nefasta accin de la anterior direccin de Podem Catalunya, su socio electoral, purgada por Pablo Iglesias primero y refrendada en votacin de las bases despus, cuando vio que los daos producidos eran ya irremediables.

Desgraciadamente esa izquierda no ha sido capaz an de entender que analiz el contexto pensando en la revolucin de octubre del 1917 cuando en realidad lo que tenan ante sus ojos era el 18 Brumario de Napoleon III. Y si de puertas adentro quizs lo ha entendido, de puertas afuera ha sido incapaz de hacer autocrtica, rectificar y abandonar el espacio neoliberal, vaporoso y ambiguo del procs convergente. Una izquierda incapaz de comprender la razn por la cual el cinturn Rojo de Barcelona fue naranja el 21D, balbuceando tan solo explicaciones parecidas a las de la derecha catalana ms rancia representada en el discurso xenfobo del president Torr: incultura, colonialismo, etc.

Lamentablemente las personas de la sociedad civil en Catalunya han sufrido las consecuencias de esta situacin. En primer lugar toda aquella parte de la sociedad que confi en la palabra de Convergencia y que arriesg su integridad fsica en la jornada del 1 de octubre. Esa parte de Catalunya sufri la violencia del rgimen del 78, pero la sufri engaada por un partido poltico que tan solo buscaba su salvacin personal, la continuidad en el poder y que jams pens en el pueblo que deca proteger y representar. La sufri engaada y confiada en la creacin de un estado para el cual no haba nada preparado como as han dicho por activa y por pasiva los principales implicados en el engao y por si fuera poco con la explicacin de que iban de farol. Un partido, no lo olvidemos, que no haba dudado en arrojar la misma violencia del rgimen del 78 sobre el 15M en pl. Catalunya, ni en aplicar modlicamente el austericidio durante toda su labor de gobierno.

Y hay otra parte de la sociedad catalana, la misma en muchos casos que se ilusion con el 1 de octubre, que sigue an sujeta a la violencia de un Sistema que no ha cesado en su ataque. Y es que durante todo este periodo del procs hasta el da de hoy el austericidio ha continuado, los deshaucios han continuado, los recortes en sanidad y educacin han continuado, la corrupcin ha continuado y la violencia represiva est preparada para actuar cuando as lo requieran las circunstancias, como se ha visto en los medios de comunicacin.

Entendemos que el cambio de sistema no puede ser gestionado desde una pelea dramtica entre las oligarquas Espaola y Catalana. La izquierda no puede ir a remolque de decisiones tomadas por los monos voladores del Sistema, PPSOE y Convergencia, ni ponerse en posiciones de tomar partido por uno o por otro que no vayan ms all de denunciar la violencia sistmica policial y judicial. Es intil plantear tcticas de posiciones que ingenuamente pretendan buscar una puesta en contradiccin de las incoherencias sistmicas, dado que el Sistema se regenera y muta a travs de sus propias contradicciones y por tanto siempre encontrar el nicho adecuado para mantener sus estructuras bsicas. Basta con repasar el siglo XIX y el siglo XX para encontrar ejemplos. La izquierda no puede caer en la ingenuidad de que ser capaz de domar a la bestia gatopardista, en algn momento indeterminado e indefinido, ayudndola a devorar a sus hijos. Eso es reproducir, por ejemplo, la misma situacin creada en 1914 cuando las diversas izquierdas nacionales de Francia, Alemania, Inglaterra e Italia, dieron soporte a la aprobacin de los presupuestos de Guerra de los partidos burgueses, desembocando en el apocalipsis de la I Guerra Mundial, y hundiendo al movimiento obrero internacional, provocando as los exaltamientos patrios representados en Pars al grito de A Berln y en Berln por el A Paris. Ya sabemos en que acabo no la incoherencia del sistema, que volvi a mutar encontrando su nicho en el Fascismo casi sin haber acabado la Gran Guerra, sino de las izquierdas, desgraciadamente cmplices de haber sembrado los campos de Europa de cadveres.

Por tanto, debemos ignorar los cantos de sirena de las derechas nacionales. Debemos retomar con fuerza los conceptos que se han ido abandonando, como lo es la Lucha de clases. Tenemos que ser conscientes que la ruptura ha de ser de Sistema, y por tanto del rgimen del 78 y si al final fuera necesario, de Estado, y que el cambio no vendr jams por el camino inverso provocando la divisin nacional de la clase obrera, ya demasiado fraccionada en terminologas y neologismos postmodernistas que obvian el concepto bsico de explotacin.

Cualquier otro planteamiento nos llevar a posiciones en las que la derecha, neoliberal y conservadora, amparada en la cortina de humo nacional, se colocar en posiciones estratgicamente hegemnicas que le permitan continuar con polticas austericidas y autnticamente expoliadoras. Basta mirar el resultado de las elecciones del 21D y contar los escaos ideolgicamente neoliberales y conservadores para darse cuenta del triunfo de sus posiciones, en un momento como ya se ha dicho de crisis de rgimen y sistema en todas sus estructuras, y contestada en la calle por la clase trabajadora, los parados, los jubilados y todos los movimientos sociales, frente a una izquierda, con complejo de Peter Pan, que pensaba que este era el momento idneo para ser hegemnicos. La realidad, una vez ms, ha enseado su lado ms duro.

Hasta cundo la izquierda y/o la supuesta izquierda ser mero espectador, en esta situacin? Hasta cuando pondrn freno a la nica solucin territorial posible, el modelo Federal?

Fuente: http://www.isofyr.org/index.php/584-la-cuestion-catalana



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter