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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-08-2018

Las izquierdas y las elecciones de lo desconocido

Boaventura de Sousa Santos
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Se estn acelerando las urgencias tpicas del inicio de un ciclo electoral que se prolongar entre finales de agosto y finales de octubre. Estas urgencias son particularmente desafiantes para las izquierdas brasileas porque su principal candidato, de todos el mejor posicionado en las encuestas, est preso y puede llegar a ser considerado inelegible.

Las irregularidades obvias del proceso Lula da Silva han tenido algunos efectos sorprendentes. La obsesin punitiva fue en este caso tan excesiva que el sistema judicial degrad su imagen y su legitimidad, tanto nacional como internacionalmente, a un nivel y con consecuencias que, por ahora, son difciles de evaluar. A su vez, la imagen poltica y humana de Lula sali de esta hybris poltico-judicial fuertemente fortalecida y mejorada. Vctima de una flagrante injusticia y, para muchos, un preso poltico, Lula da Silva (tal vez el preso poltico ms famoso del mundo) vio aumentar exponencialmente su crdito poltico y su popularidad entre las clases populares. Paulatinamente, los errores o desaciertos de los gobiernos del PT por l hegemonizados en el periodo 2003-2016 fueron siendo minimizados u olvidados (a lo que tambin contribuy el agravamiento de la crisis y econmica y la poltica de austeridad que entretanto recay sobre las clases populares) y Lula da Silva se fue consolidando como el precandidato con diferencia mejor posicionado para ganar las prximas elecciones presidenciales. Ello a pesar de estar preso, no poder conceder entrevistas ni grabar videos y ser muy probablemente inelegible en los trminos de la llamada ley Ficha Limpia.

Si el objetivo poltico-judicial era destruir la imagen del expresidente, todo lleva a creer que la estrategia seguida por la lite conservadora fall y que incluso fue contraproducente. Sin embargo, ha alcanzado con xito su objetivo principal: retirar a Lula da Silva de la prxima contienda electoral y hacerlo sin una alteracin cualitativa del rgimen poltico y sin niveles incontrolables de perturbacin social. Aunque este objetivo podra haberse alcanzado tan solo parcialmente. En efecto, queda la duda sobre la influencia que el expresidente puede tener en la eleccin del prximo presidente de la Repblica y en la gobernacin del pas en el prximo ciclo poltico.

Ms all de este factor de imprevisibilidad, deben considerarse otros dos: el endurecimiento general del rgimen poltico y las dificultades de construccin de hegemona tanto a la derecha como a la izquierda.

El endurecimiento general del rgimen poltico

En los ltimos meses el rgimen poltico se ha endurecido considerablemente. Ha aumentado la violencia poltica, de la que la manifestacin ms visible fue el asesinato de la diputada municipal Marielle Franco el 14 de marzo de este ao. Adems, han ocurrido otras ejecuciones de lderes polticos locales, ha aumentado la violencia contra lderes sociales, sobre todo en el medio rural, se ha acentuado el verdadero genocidio de jvenes negros y pobres de las periferias urbanas, se ha decretado la intervencin militar en el Estado de Ro de Janeiro con el pretexto de la lucha contra el crimen organizado, se han perseguido judicialmente a profesores e investigadores con acusaciones sorprendentes contra los resultados de su investigacin cientfica (por ejemplo, en el mbito de los efectos dainos para la salud pblica derivados del uso irregular de agrotxicos en la agricultura industrial).

El golpe institucional que llev a la destitucin de la presidenta Dilma Rousseff en 2016, a la prisin a Lula da Silva y a la gestin global de la operacin Lava Jato ha consolidado un rgimen de excepcin que, de forma similar a lo sucedido en otros pases, parece ocurrir en una supuesta normalidad democrtica. Sin cambiar cualitativamente, el rgimen poltico ha acentuado sus rasgos reaccionarios y autoritarios, hasta el punto de que es plausible considerar a Lula da Silva un preso poltico a pesar de que esto ocurra en un rgimen formalmente democrtico. He defendido que la democracia brasilea, ya de por s una democracia de baja intensidad, se ha transformado en una democracia de bajsima intensidad. Esto significa que el carcter socialmente excluyente y polticamente restrictivo de las libertades democrticas se ha acentuado en los ltimos tiempos. Sin convertirse en un rgimen dictatorial de tipo fascista, ha abierto espacio a fuerzas polticas neofascistas, fuerzas de extrema derecha que usan los instrumentos polticos que restan de la democracia para hacer apologa de prcticas tpicas de la dictadura (apologa de la tortura, justificacin de la violencia extrajudicial contra poblaciones pobres racializadas, retrica de violenta intolerancia contra lderes polticos de izquierda, etc.). La cara ms visible de esta pulsin neofascista es Jair Bolsonaro, militar en la reserva, diputado federal. Despus de Lula da Silva es el precandidato a presidente de la Repblica mejor posicionado en las encuestas. Se trata de un populista de extrema derecha tan mal preparado para dirigir el pas y tan improbable vencedor de las elecciones como lo era Donald Trump pocos meses antes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos en 2016.

Otros rasgos del endurecimiento del rgimen poltico se refieren al modo en que se ha acentuado el protagonismo del sistema judicial en detrimento del Legislativo y del Ejecutivo y a la consiguiente judicializacin de la poltica. El Poder Judicial es hoy en Brasil el principal factor de la inseguridad jurdica que afecta a todos y sobre todo a las grandes mayoras que ms necesitan un sistema judicial accesible y comprometido con los objetivos constitucionales de defensa de los derechos civiles, polticos, econmicos y sociales. Este endurecimiento no se puede explicar sin considerar el papel de la crisis econmica, una crisis de rentabilidad del capital que impuso el fin de la poltica de conciliacin de clases que los gobiernos del PT, y muy particularmente Lula da Silva, haban defendido y practicado (el llamado lulismo o lulapetismo).

Las lites dominantes, con el apoyo activo del imperialismo estadounidense y del capital financiero global, estimularon (cuando no provocaron) la crisis financiera y poltica del Estado para imponer una versin ms agresiva del capitalismo, socialmente ms excluyente y ms dependiente de la creacin de poblaciones desechables, en la prctica, subhumanas, a travs del recrudecimiento de la dominacin colonialista (racismo, exterminio de jvenes negros, colonialismo interno, violencia contra quienes luchan por la tierra y por el territorio, ya sean campesinos, pueblos indgenas y afrodescendientes, poblaciones ribereas y piscatorias) y de la dominacin patriarcal (aumento de la violencia contra las mujeres, liquidacin de las conquistas de los aos ms recientes por la igualdad y por el reconocimiento de la diferencia).

Esta fue la condicin impuesta por las lites nacional e internacionalmente dominantes para no recurrir a un rgimen explcitamente dictatorial. Cabe sealar que el contexto en el que se produjeron los fascismos en Europa era muy distinto. En ese momento se trataba de contener un movimiento obrero muy militante y muy organizado o de neutralizar el peligro comunista. Las amenazas a la dominacin capitalista se perciban entonces como portadoras de una dimensin existencial que hoy no tienen. Por el contrario, la dominacin capitalista, colonial y patriarcal parece hoy temer menos que nunca posibles enemigos. Consigui, al menos aparentemente, una hegemona por va de la cual el lema de las izquierdas de los aos 1920 socialismo o barbarie se sustituy por el lema capitalismo o barbarie, al mismo tiempo que las barbaridades cometidas por el capitalismo se vuelven cada vez ms evidentes y peligrosas, atentatorias del ms elemental derecho humano, el derecho a la vida, por no hablar siquiera del derecho a una vida digna.

Dificultades de construccin de hegemona tanto a la derecha como a la izquierda


Histricamente, las fuerzas polticas de derecha siempre mostraron ms unidad en los momentos decisivos que las de izquierda. A menudo, ni siquiera tuvieron que preocuparse de detallar las condiciones de su unidad porque siempre contaron con un apoyo sorprendente para la conquista o el mantenimiento del poder poltico: la divisin entre las fuerzas de izquierda. Esta asimetra no deriva de una deformacin intrnseca que impida a las izquierdas realizar diagnsticos correctos en los momentos decisivos y tener en cuenta las perspectivas a medio plazo en las urgencias de autopreservacin a corto plazo. Deriva ms bien de otra asimetra constitutiva de las sociedades capitalistas, colonialistas y patriarcales en las que vivimos puesto que la opcin (consensual) por el rgimen poltico democrtico dej de poder contemplar la opcin por un rgimen econmico alternativo al capitalismo, el socialismo. A partir de entonces, la derecha, cuando gobierna, detenta el poder poltico, econmico y social, mientras que la izquierda, cuando gobierna, detenta el poder poltico, pero no el poder econmico ni el poder social. Esta asimetra permite a la derecha tener, en general, ms certezas en los momentos decisivos, por ejemplo, la de mantener intacto el poder econmico y social incluso cuando se ve obligada a perder el poder poltico. Por el contrario, las fuerzas de izquierda tienden a sobrestimar su poder cuando estn en el gobierno (como si el poder poltico, por s mismo, conllevase el poder econmico y social) y a subestimarlo cuando estn en la oposicin (la prdida del poder poltico se ve como una prdida total e invita a refugiarse en estrategias aislacionistas de supervivencia partidaria). Este desequilibrio es factor de confusin y miopa oportunista en los momentos en los que la clarividencia de objetivos estratgicos jerarquizados sera ms importante.

En Brasil, esta asimetra es hoy ms visible que nunca, aunque se deben tener presentes los antecedentes que llevaron al suicidio de Getlio Vargas en 1954 y al golpe militar diez aos despus. En la crisis que se instaur tras las elecciones de 2014, la derecha estuvo siempre ms unida que la izquierda. En el momento en el que, debido a la crisis internacional, tuvo claro que su poder econmico estaba en peligro decidi que, para salvaguardarlo, era preciso reconquistar en pleno el poder poltico, es decir, poner fin a la poltica de alianzas con los gobiernos del Partido de los Trabajadores que haba mantenido desde 2003. De ah el golpe institucional que llev al impeachment de la presidenta Dilma Rousseff, a la prisin injusta de Lula da Silva y al desmantelamiento rpido y agresivo de las polticas ms emblemticas del periodo anterior. La facilidad con la que la derecha quit de en medio al petismo muestra que el periodo anterior se asent en un equvoco. Lo que para el PT era una poltica de conciliacin de clases ms o menos duradera, para la derecha era una mera poltica coyuntural de alianzas. El odio clasista y racista que se propag de inmediato como gasolina ardiendo es prueba de ello.

Pero tambin se hizo evidente que la unidad de las fuerzas de derecha era sobre todo una unidad negativa, es decir, una unidad para eliminar la presencia del petismo de la escena poltica. La unidad para construir una alternativa positiva (la configuracin especfica de las relaciones entre el poder poltico, el poder econmico y el poder social) tendra que tener otro ritmo, el ritmo del ciclo electoral de 2018.

Tomadas por sorpresa (lo que, en s, ya es significativo), las fuerzas de izquierda tardaron cierto tiempo en reaccionar, sobre todo porque ya venan divididas en lo que respecta a la evaluacin de las polticas y las prcticas de gobierno de los gobiernos petistas. Sin embargo, los excesos de la contrarreforma facilitaron la emergencia de una unidad entre las fuerzas de izquierda, de igual forma una unidad negativa: el consenso de repudio al ritual sacrificial del que fue vctima Lula da Silva y, en consecuencia, el consenso en la campaa Lula Libre y en la reivindicacin de su derecho a ser candidato en el ciclo electoral de 2018.

El ciclo electoral est entrando en su fase decisiva y las asimetras anteriormente anotadas estn, de nuevo, bien presentes. En lo que se refiere a la derecha, muchos analistas subrayan la falta de una unidad positiva patente en la ausencia de un candidato obvio para el liderazgo poltico del prximo periodo poltico. En mi opinin este anlisis est equivocado. La aparente falta de unidad es una trampa bien urdida para garantizar que la segunda vuelta de las elecciones presidenciales se juegue entre dos candidatos de derecha. En el momento en que esto ocurra, la derecha dejar bien claras sus opciones. A menos que las condiciones econmicas internacionales se deterioren acentuadamente, optar por una poltica conservadora sistmica en detrimento de una poltica de ultraderecha con una pulsin antisistmica. Obviamente, no est garantizado que esta estrategia resulte plenamente. Las dinmicas de la poltica del resentimiento actualmente en vigor pueden liberar los demonios del populismo de extrema derecha. En cualquier caso, esta solucin garantizar lo principal, la congruencia mnima entre el poder poltico democrtico de bajsima intensidad y el poder econmico y social de carcter particularmente excluyente y represivo.

En lo que se refiere a las fuerzas de izquierda, a medida que se intensifica la lgica electoral, la falta de unidad positiva (para garantizar una alternativa poltica mnimamente de izquierda) se vuelve cada vez ms patente. La lgica tacticista de supervivencia partidaria a corto plazo parece dominar y la paradoja ms chocante para cualquier observador atento parece escapar a los lderes de los partidos: la paradoja de pregonar la unidad de las izquierdas en la segunda vuelta y, al mismo tiempo, hacer cualquier cosa para que no haya candidatos de izquierda en la segunda vuelta. En este mbito, la responsabilidad del PT es particularmente fuerte por ser el principal partido de izquierda y tener como precandidato al poltico ms aventajado en las encuestas, aunque esta precandidatura no pueda convertirse en candidatura. Las asimetras entre izquierda y derecha que he sealado arriba son ahora particularmente dramticas.

Si es cierto lo que afirm arriba que lo que el PT vio como conciliacin de clases era, para, la derecha, una mera alianza poltica coyuntural, resulta particularmente incomprensible que se insista en polticas de alianza con las fuerzas de derecha que apoyaron el golpe institucional, cuando es evidente que ahora no hay ninguna condicin para la conciliacin de clases, ni siquiera como ilusin creble. Es decir, las condiciones que permitieron al PT ser la izquierda hegemnica en el periodo anterior dejaron de existir. Por tanto, tendra sentido que la hegemona se reconstruyese sin alianzas con la derecha y, por el contrario, con alianzas construidas horizontalmente con otras fuerzas de izquierda y centroizquierda. En cambio, impera el tacticismo de la supervivencia partidaria en el prximo ciclo poltico, aunque ello implique desperdiciar la oportunidad de elegir un presidente de la Repblica que detenga el vrtigo de la exclusin y la represin que se abate sobre las mayoras empobrecidas y racializadas. Sin embargo, esta posicin es ms compleja que el puro tacticismo. Constituye el ncleo de la identidad poltica que Lula da Silva forj para el PT en las ltimas dcadas. El hecho de estar actualmente preso hace que Lula da Silva sea ahora ms que nunca el garante de esa identidad. El poslulismo y el lulismo no pueden coexistir. De algn modo, el PT es rehn de Lula y Lula es rehn de Lula.

No obstante, cabe sealar que Lula da Silva es un lder con genio poltico. A partir de una celda est influenciando de manera decisiva la conduccin de la poltica brasilea. No es fcil encontrar en la historia contempornea otro lder carismtico que logre ampliar su aceptacin popular (subir de manera tan espectacular en las encuestas) a pesar de estar preso desde hace varios meses y tras sufrir una campaa de demonizacin meditica y judicial sin precedentes. Ciertamente dice mucho sobre Lula de Silva, pero tambin revela algunas complejidades insondables de la estructura social brasilea y del modo en el que el pblico recibe los mensajes mediticos que se difunden.

La apuesta de Lula da Silva es la ms arriesgada de todas las que ha hecho hasta ahora. Consiste en permanecer en la disputa electoral el mayor tiempo posible y confiar en que, en caso de ser declarado inelegible, habr una transferencia masiva de votos al candidato que l indique, ciertamente el candidato a vicepresidente en su chapa electoral, Fernando Haddad. Probablemente solo as se garantizar la presencia de un candidato de izquierda en la segunda vuelta. La hiptesis ms segura para esto ocurriera habra sido un entendimiento entre Lula da Silva y Ciro Gomes (PDT), una hiptesis que se descart (definitivamente?). Si la apuesta de Lula tiene xito, la derecha tendr que reevaluar la eficacia y los costes polticos del golpe institucional, ya que sin l tal vez asumiera el poder en estas elecciones de manera ms segura y limpia. En caso de decidir no adulterar an ms el juego democrtico, seguramente deber invertir todo en agravar los costes polticos de la reversin de las leyes (la contrarreforma) que logr aprobar durante el interregno del golpe institucional.

Si la apuesta de Lula falla y un candidato de derecha resulta elegido, las clases populares van a ver an ms agravadas sus condiciones de vida y con ello el genio poltico de Lula no podr dejar de cuestionarse. Se seguirn intensas disputas en el seno del PT y probablemente algunas escisiones. Se abrir entonces el periodo pos-Lula.

A la luz de los acontecimientos, todo indica que, sobre la base del PT, no ser posible, por ahora, pensar en una renovacin de las fuerzas de izquierda a partir de una nueva poltica de construccin de hegemona. Fuera de la izquierda hegemonizada por el PT, el PSOL est construyendo una alternativa junto com el movimiento Vamos, procedente del Frente Pueblo Sin Miedo, el MTST (Movimiento de los Trabajadores Sin Techo), la APIB (Asociacin de los Pueblos Indgenas de Brasil) y el Partido (PCB) Brasileo. Los candidatos a la presidencia de la Repblica son Guilherme Boulos (presidente) y Sonia Guajajara (vicepresidenta). Esta candidatura apuesta por la renovacin de las izquierdas con base en nuevas lgicas de alianza y articulacin programtica, con la excepcin de alianzas con las fuerzas de derecha. Parece, pues, estar sacando las conclusiones correctas de todo lo sucedido en los ltimos aos. Sin embargo, debe ser cada vez ms consciente de que tal renovacin solo es pensable tras las elecciones de 2018 y su construccin es totalmente contingente, en la medida en que depender de los resultados electorales, por ahora imprevisibles, y de las consecuencias sociales que de ellos se deriven. En el plano de la contingencia, ciertamente debe estar incluida la posibilidad de la creacin de un nuevo partido, un partido que sea tambin un partido de nuevo tipo, un partido-movimiento, construido internamente por mecanismos de democracia participativa para ser verdaderamente nuevo e innovador en el mbito de la democracia representativa. En la base de ese partido estarn eventualmente movimientos y organizaciones sociales, as como los sectores ms movimentistas del PSOL y los sectores de izquierda del PT y de otros partidos. Para que esta apuesta tenga sentido es necesario que el trabajo poltico de base de las fuerzas sociales y polticas de izquierda siga siendo posible en el prximo ciclo poltico. La ausencia de las amenazas al capitalismo que existan hace cien aos parece indicar que se mantendr el rgimen democrtico de bajsima intensidad. Sin embargo, debe considerarse una incgnita perturbadora. Al fin y al cabo, el fascismo y el neofascismo tienen razones que la razn desconoce.

Traducin: Antoni Aguil, para Other News, aa partir del original enviado por el autor el 22 de agosto de 2018.

Fuente: http://www.other-news.info/noticias/2018/08/brasil-las-izquierdas-y-las-elecciones-de-lo-desconocido/


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