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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-08-2018

Posmachismo & Posmodernidad
Machismo y antifeminismo

Teresa Maldonado
http://ctxt.es

Al revs de lo que sucede con el machismo, el antifeminismo es siempre explcito y no puede ser inconsciente o inadvertido para el sujeto que lo defiende.


El machismo y el antifeminismo no son exactamente lo mismo. Identificar los matices que los distinguen creo que puede ayudarnos a clarificar algunos debates y a entender algunas cosas que (nos) pasan. Cierto que ambos fenmenos convergen en los mismos sujetos con mucha frecuencia, pero son cosas por lo menos analticamente diferentes. La mayora de individuos, grupos, prcticas, costumbres o instituciones que son machistas suelen tener tambin componentes anti-feministas, pero parece ms adecuado reservar el adjetivo antifeminista para calificar a individuos o grupos de tales que se expresan consciente y explcitamente en contra del feminismo como planteamiento poltico articulado.

A pesar de que a veces se habla de la ideologa machista, el machismo es ms actitudinal que programtico; tiene que ver con una actitud vital que incluye desde acciones, conductas y ademanes, hasta aspectos de la personalidad u opiniones no especialmente sistematizadas; conductas y opiniones no slo sostenidas por hombres, cierto, tambin en ocasiones son mujeres quienes las ponen en prctica (coincide en esto con el antifeminismo, que tambin puede ser enarbolado por mujeres). Pero el machismo puede darse en alguien que desconozca completamente la existencia del feminismo y sus planteamientos en favor de la igualdad de gnero, aunque es verdad que esto no tener noticia del feminismo resulta cada vez menos probable. Por supuesto, tambin puede ejercer de machista alguien que conoce y rebate (o intenta rebatir) los planteamientos feministas, seguramente es lo ms habitual. Pero lo chocante es que encontramos machistas bastante evidentes tambin entre personas, generalmente hombres, que conocen mnimamente el feminismo, algunas de sus aportaciones, de sus anlisis y los aceptan! o eso dicen.

El colmo de la paradoja: puede haber y hay hombres que ponen en marcha por ejemplo el mecanismo de mansplaining para subrayar la importancia del feminismo de formas profundamente machistas por el paternalismo, la condescendencia o la arrogancia que despliegan (pensaremos que inconscientemente) ante personas, generalmente mujeres, perfectamente conscientes de esa importancia y que conocen bastante ms a fondo que el disertador en cuestin los desarrollos tericos feministas, sus vericuetos, laberintos y complejidades. Esto sucede. Igual que sucede que hay personas, generalmente hombres, que conociendo y aceptando en un plano intelectual general algunos anlisis feministas, resultan ser precisamente desde un punto de vista feminista unos impresentables en determinados aspectos de la vida privada.

En este punto es crucial la consideracin feminista de que lo personal es poltico. El famoso eslogan alude entre otras cosas a la coherencia personal entre lo que suscribimos en el plano terico y la prctica concreta que desplegamos en nuestra cotidianeidad; sera conveniente que estos feministas recin convertidos le dieran una vuelta al asunto. Hay talleres y cursos. En el fondo de este fenmeno, adems de una incapacidad de autocrtica notoria, lo que hay es un desconocimiento supino de la profundidad y el alcance del sistema sexo/gnero en la configuracin de las identidades, de lo que somos. Luego retomar este asunto.

Conocer la existencia del feminismo y mnimamente sus desarrollos tericos es un prerrequisito para ser antifeminista. Aunque no sea lo ms habitual, en pura teora puede darse el caso de una persona que en sus actitudes y conductas cotidianas no sea especialmente machista y, sin embargo, tenga una postura (intelectual, filosfica, poltica) netamente antifeminista; por ejemplo, porque desde una defensa de la complementariedad de los sexos no acepte la necesidad de promocionar el valor de la igualdad. Una persona as, generalmente un hombre (antifeminista, pero no brutal o especialmente machista) podra ejercer un machismo de baja intensidad como el de la caballerosidad en el trato hacia quienes el machismo considera el sexo dbil; es un machismo de menor intensidad, desde luego, que el presente en un asesinato machista o en una violacin.

Muchas actitudes masculinas perdonavidas, condescendientes, paternalistas o de defensa enftica y sobreactuada de las mujeres podran encuadrarse aqu. Es evidente que estas actitudes se acercan mucho a las de algunos (supuestamente) pro-feministas (pero realmente) machistas que veamos ms arriba. (El machista de izquierdas converge con el antifeminista de derechas?).

Caben tambin, claro, las otras combinaciones: no tener noticia del feminismo y no ser particularmente machista; o por supuesto conocer bien el feminismo, suscribirlo de p a p y no tener actitudes ni opiniones machistas. No hace falta extenderse sobre estas variantes tan poco problemticas.

He mencionado antes la consideracin feminista de que lo personal es poltico. No es ajeno a todo este embrollo que el feminismo, a diferencia de otros movimientos sociales y polticos, apunta a nuestras vidas y nuestros cuerpos de una forma muy directa. Cierto que la cuestin de la coherencia vital no atae slo al feminismo: sera muy poco serio declararse decrecentista y tener dos coches o viajar semanalmente en avin; anticapitalista y especular en bolsa; ecologista y usar slo agua embotellada. Pero durante mucho tiempo se ha fraguado un imaginario segn el cual la tarea poltica tena que ver con organizar el mundo o, mejor dicho, la parte pblica del mundo, y no la vida privada. Ha sido el feminismo el que ha esgrimido eslganes como el de las compaeras latinoamericanas en los aos 80 y 90 exigiendo democracia en el pas y en la casa. O aqul otro que peda obrero, trabaja, no seas patrn en casa. Ha sido el feminismo el que expresamente ha conectado lo pblico y lo privado como espacios, ambos, de sustancia poltica, poniendo de manifiesto que el poder opera tambin en el mbito privado.

Este ejercicio de redefinicin de lo poltico ha aadido complejidad al asunto. Segn el enfoque feminista, susceptible de anlisis poltico es no slo aquello que hacemos (que puede y suele ser regulado legalmente) sino tambin aquello que somos, nuestra identidad y subjetividad (estrechamente vinculado con lo que hacemos pero ms difcil de regular en trminos legales aunque el patriarcado se sirve de otros medios para establecer cmo-debemos-ser). Si a esto aadimos el inters trasformador que define al feminismo, se percibe con nitidez la complejidad aadida a la que me he referido: siempre es ms fcil dejar de hacer que dejar de ser; tambin empezar a hacer algo que no habamos hecho nunca antes es ms sencillo que empezar a serlo que nunca habamos sido: repartir en casa las tareas domsticas (cosa que cada vez hacemos ms) es ms fcil que dejar de ser un hombre prepotente en el trato con las mujeres. O un baboso en contextos de ligoteo. Es ms fcil hablar a favor del feminismo con superioridad de macho alfa que dejar de ser un macho alfa. Es ms fcil, siendo varn, disfrazarse de mujer en carnaval que ser discreto y dar un paso atrs o permanecer calladito en determinadas circunstancias en el espacio pblico. Es ms fcil (y ms vistoso) para un hombre de izquierdas heterosexual combatir de boquilla el antifeminismo expreso de la derecha que pararse a percibir (para poder combatir) el propio machismo en el trato con las mujeres o los gays. Es ms fcil para algunos hombres dar lecciones de feminismo que pasar a un discreto segundo plano y aceptar que las mujeres sean las protagonistas, no (slo) por compensar la deuda histrica digamos sino porque en un altsimo porcentaje, de feminismo, en general y muy a menudo en particular, ellas saben ms. Bastante ms, incluso. Y a veces toca callar y aprender. Y no se hunde el mundo.

Al revs de lo que sucede con el machismo, el antifeminismo es siempre explcito y no puede ser inconsciente o inadvertido para el sujeto que lo defiende. Hoy es muy raro encontrar antifeminismo explcito en la izquierda. No siempre fue as: en sus orgenes el feminismo fue descalificado por la izquierda masculina como burgus y destructor de la unidad de clase, por enfrentar a mujeres y hombres de la clase obrera y querer establecer adems una alianza antinatura (decan) entre mujeres obreras y burguesas. A este respecto hay que recordar el detalle de que fueron los varones de la clase obrera quienes establecieron un pacto interclasista con los patronos acordando con ellos el salario familiar que sacara a las obreras de la fbrica y las llevara al hogar para encargarse de sus labores, o sea, de atenderlos a ellos y a su prole a cambio de manutencin. Un aspecto de la historia no demasiado conocido ni difundido, estudiado, entre otras, por Heidi Hartmann y Carole Pateman.

Como digo, los varones de izquierda suelen ser hoy menos antifeministas que machistas, pero (y este es otro aspecto crucial) tendern casi siempre a no reconocer su machismo. Sin que se trate necesariamente de una decisin consciente, les sale ms a cuenta ser machistas sibilinos que antifeministas explcitos (eso es una conquista feminista: a un varn de izquierdas mostrarse explcitamente antifeminista no le sale hoy gratis ni barato, le acarrea multitud de crticas y rechazo de su entorno; y no siempre es fcil llevar eso a cuestas, por muy machomn que pueda ser el sujeto en cuestin). De forma similar, la derecha es muy a menudo machista, pero sobre todo es expresa y caractersticamente antifeminista (o lo ha sido hasta hace poco: a partir de ahora, el xito de la movilizacin feminista va a tener como consecuencia que sea menos habitual la defensa de posiciones explcitamente antifeministas1). Tambin la derecha reniega por lo general de su machismo, como por cierto de su clasismo: salvo en casos de fanatismo extremo, el machismo y el clasismo no son actitudes que los sujetos acepten con gusto de s mismos2.

Respecto al machismo, hay otra cuestin un tanto colateral pero muy relacionada con todo esto: la tendencia (antifeminista, por cierto) que ha venido presentando al feminismo como lo contrario del machismo, entendiendo por tal lo mismo que el machismo pero al revs, de manera que seran ambos igual de odiosos e indefendibles. Obviamente, esta infundada apreciacin (creo que hoy en franco retroceso) simplemente buscaba desacreditar al feminismo, aunque ha tenido que hacerlo, ojo, dando por supuesto que el machismo es sin discusin indefendible. El eslogan feminista de muchos carteles en las manifestaciones del 8M lo vea y lo contestaba con gracia: ni michismi, ni fiminismi. Todo el mundo debera saber ya que el feminismo no es machismo al revs, sino lucha organizada y argumentada contra el machismo. El feminismo, ms que lo opuesto del machismo es lo que se opone al machismo. Matiz crucial.

Feminismo es el nombre de un planteamiento poltico tericamente muy articulado y elaborado, que denuncia y busca combatir terica y prcticamente el machismo en todas sus manifestaciones y grados. Pero tambin tiene y tuvo el feminismo que rebatir sobre todo en sus inicios los planteamientos antifeministas que pretenden cuestionarlo y acallarlo. Porque una vez que el feminismo echa a andar, el sistema de poder que llamamos patriarcado pone a trabajar toda su maquinaria de auto-legitimacin para desacreditarlo; ntese, sin embargo, que lo hace bsicamente por la va de ridiculizar y deslegitimar a las feministas (que si somos feas y ese tipo de cosas tan sesudas) ya que argumentos le cuesta ms encontrar.

En resumen, el feminismo se opone tanto al machismo como al antifeminismo; siempre que hay avance feminista, hay antifeminismo reactivo; machismo lo hay, haya feminismo o no, en todas partes (en la izquierda, en la derecha y en el centro, arriba y abajo, en Oriente y en Occidente, en el Norte y en el Sur, en la poblacin paya y en la gitana, en la autctona y en la migrante, en la familia tradicional y en la comuna hippy, en el barrio rico y en el barrio pobre, en el independentismo y en el unionismo, en el chalet adosado y en la casa okupada, en las instituciones del Estado y en los movimientos antisistema); los planteamientos expresamente antifeministas son, hoy en da, ms difciles de encontrar en la izquierda que en la derecha; en general, antifeministas hay menos obviamente segn el feminismo va gozando de mayor xito social3.

El feminismo, adems de cosas ms importantes como contribuir a humanizar la vida de todas las personas, se ha caracterizado por haber ideado eslganes muy potentes, muy imaginativos, llenos de contenido, paradjicos muchas veces, de esos que hacen pensar un rato. A algunos de ellos me he referido ya en las lneas precedentes. Quiero mencionar uno ms, para terminar: el que afirma que no hay nada ms parecido a un machista de derechas que un machista de izquierdas. De verdad todava hay quien lo ponga en duda? Pues eso parece.




Notas:

(1) Conviene aqu, sin embargo, distinguir derecha liberal y derecha conservadora. La derecha liberal es mucho menos antifeminista que la conservadora; puede hasta suscribir expresamente alguna versin light del feminismo liberal. En cambio, la derecha conservadora (generalmente vinculada a concepciones religiosas ms o menos integristas y/o fundamentalistas) tiene en el antifeminismo explcito una de sus seas de identidad, tal y como se ha podido comprobar desde el minuto cero en las declaraciones con las que el nuevo lder de la derecha espaola sin complejos ha ido marcado territorio. Aun as, si no estoy equivocada, ha preferido denostar lo que los Obispos y otros agentes ultraconservadores denominan ideologa de gnero ms que declararse en oposicin frontal al feminismo con ese nombre: eso hoy le sale caro hasta a la derecha ms recalcitrante.

(2) [Mnimo excursus]: tampoco el racismo, cuando es actitudinal y no programtico, suele ser reconocido. Pero en la palabra racismo convergen lo que estoy llamando actitudinal y lo programtico o doctrinario. La ultraderecha despliega actitudes y afirmaciones (doctrina, programa) racistas, aunque pocas veces dice literalmente somos racistas o defendemos el racismo (dice otras cosas como los inmigrantes nos invaden o los gitanos no quieren integrarse, ese tipo de falsedades racistas. Por seguir con la analoga: frente al clasismo (que es, insisto, ms que un programa una actitud por lo general no reconocida y hasta re/negada) el trmino anticomunismo, en cambio, se referira principalmente a lo que estoy llamando programtico y suele ser expresa y orgullosamente defendido por la derecha.

(3) No slo eso: a raz del enorme xito de las movilizaciones del ltimo 8M, hemos asistido a una considerable proliferacin a diestra y siniestra (inconcebible hace bien poco) de personas autoproclamadas feministas. Eso representa un indudable xito del feminismo a la vez que pone de manifiesto un peligro obvio en el que ahora no voy a entrar. Por lo dems, parece que los pocos aunque ruidosos antifeministas expresos compensan su escaso nmero con una increble competicin por mostrarse cada cual lo ms fantico y extremista posible, en una pattica versin del clsico adolescente masculino a ver quin la tiene ms larga.

Teresa Maldonado es directora general de Promocin de la Igualdad y No Discriminacin, rea de Polticas de Gnero y Diversidad del Ayuntamiento de Madrid.

Fuente http://ctxt.es/es/20180822/Firmas/21271/Teresa-Maldonado-feminismo-machismo-antifeminismo.htm



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